Disclaimer: YOI no me pertenece, esta historia comprueba mi punto.
Advertencias: Rated M. Este fic contiene BL, angst y violencia explícita. No apto para todos así que si no te sientes cómodo con temas subidos de tono y/o el tema del canibalismo aplicado a este tipo de criatura que es Otabek, eres libre de buscar algo más acorde a tus gustos para leer.
E de Entender
Mi nombre es Otabek Altin, kazajo, 17 años según lo que dicen los papeles de identificación que poseo aunque he tenido desde hace un tiempo la duda de que sean reales. Se supone que vengo de una familia común, con abuelos normales y antepasados igualmente normales. Pero la palabra normalidad ha perdido sentido de un tiempo a esta parte y creo que ya no debe ser usada con tanta simpleza. ¿Qué es lo normal? ¿Qué es lo extraño? Son algunas de las preguntas que me hago a mí mismo mientras camino a solas por el bosque que rodea un costado de la ciudad.
Debería regresar porque tengo variadas actividades que hacer, pero no quiero. Cuando estoy entre los árboles es que me siento libre. Es cuando dejo de preocuparme de aquello que se esconde dentro de mí y que pugna por salir cada vez que tiene la oportunidad. Es extraño, no lo comprendo, siempre he sabido contenerme a mí mismo y a mis emociones, es algo que aprendí desde pequeño, pero estos últimos meses ha sido un suplicio. Siento que las emociones se agolpan primero en mi pecho y luego llenan mi cabeza sin dejarme pensar.
En la soledad que me promete la naturaleza todo debería ser normal, hasta que un olor más que conocido me hace girar el rostro para todos lados. No ahora. A mi garganta le cuesta tragar saliva y fuerzo a mis pies a caminar en la dirección contraria a lo que siento. Pero hay algo más poderoso que mis deseos y eso es lo que hace que termine regresando sobre mis pasos hasta dar con una figura que se apoya con la mano en uno de los troncos mientras recupera el aliento.
–¿Qué haces aquí? –pregunto incapaz de sonar amable. No es que no quiera verte, te extraño y mucho. Pero este era mi momento de estar en paz y tu presencia elimina por completo el significado de esa palabra.
–¡Te encontré! –resaltas como si fuera la mejor noticia del día, no lo es por supuesto.
Cruzado de brazos te veo intentando acercarte a mí y doy un paso hacia atrás. Tu mirada dolida me dice que te estoy hiriendo pero es que pareces realmente no entenderlo. El rechazarte es el daño menor que puedo hacerte, ya lo has vivido y tu cuerpo guarda un eterno recuerdo de la primera marca que te dejé. Lo puedo atisbar a través de la camiseta sin mangas con la que vas vestido ese día. ¿Por qué demonios no puedes usar ropa normal? Prendas que no me hagan ver tu piel dorada tan directamente, que no me obliguen a relamerme por el mero deseo de tocarte.
La atracción que generas en mí es de lo que pareces no enterarte. ¿Qué te hace creer que puedo controlarme lo suficiente cuando te tengo cerca? Pero eres demasiado confiado, o demasiado idiota, y de todos modos te acercas a medida que camino hacia atrás sin ver donde voy, la vista fija en tus ojos que me exigen cosas que no les puedo dar. Que no debería querer darte pero no es tan solo el anhelo físico el problema entre nosotros. Cuando siento el suelo cambiar de forma tras de mí entiendo que voy a caer de golpe, en mi forma actual mis reflejos no tienen nada de especial, así que caigo pesado hacia atrás y por mala suerte no termino con una contusión en la cabeza.
–¡Beka! –exclamas con esa voz tuya que reconocería en cualquier lugar del mundo.
Te siento acercarte a mí y cierro los ojos. Realmente no quiero verte. Duele mucho. Pero mis oídos te escuchan mientras te agachas a mi lado y cuando tu mano roza mis párpados mi cuerpo tiembla de pies a cabeza.
–¿Hasta cuando vas a huir de mí? –preguntas en un tono tan triste que me obliga a abrir los ojos y a mirarte con seriedad.
–Tienes que alejarte de mí, ¿Qué no entiendes que todavía estás a tiempo? –mis ojos se humedecen en la desesperación que siento.
Pero también estás ciego a eso y en vez alejarte terminas sobre mí abrazándome con más fuerza de la necesaria. He de destacar que al menos eso tienes, puedes defenderte bien, a pesar de que tu cuerpo no vaya a crecer más. La verdad es que no podemos seguir así. Mis manos se encargan de alejarte de mí. Me cuesta varios forcejeos y quejas tuyas pero logro quedar sentado y contigo a menos de medio metro de distancia. Puedo ver tu expresión, y aunque sé que terminaremos ambos llorando no me detengo a meditar en los sentimientos. Lo que necesitas es conservar la vida, y eso no te lo puedo dar…
–Déjame, ¿Entiendes? No quiero verte, no quiero pasar tiempo contigo. No te quiero. Vete de una vez y regresa a tu casa con las personas que sí te aprecian –decir todo eso me rompe internamente. Pero era necesario.
–¡Mientes! Beka… Maldita sea, ¿Por qué eres así? Sabes que yo no puedo... –mi mano se cierra sobre tu boca para callarte, a ninguno de los dos le va a ayudar el que estés a punto de repetir lo que me has dicho más de una vez.
Sabes que yo no puedo vivir sin ti. Y ya verdad es que yo tampoco, pero esto que supuestamente es mi nueva vida no es algo que pedí ni es algo que quisiera conservar.
–No volveré a repetirlo, ¡Largo! –alzo la voz comenzando a desesperarme por lo terco que eres. Siempre complicas todo cuando te comportas así.
–¡Pues no pienso irme a ningún lado idiota! –exclamas y nuevamente intentas abrazarme.
No puedo con esto, en serio. Es demasiado para cualquiera. Es un empujón lo primero que te propino. Uno demasiado fuerte pues tu cuerpo a pesar de estar sentado se tambalea. Rápidamente me levanto, sin ofrecer las disculpas que me gustaría pedirte, pero es que estás ciego a la gravedad de la situación. Me giro para caminar lejos de ti pero vuelves a acercarte, esta vez tus brazos no me regalan caricias, sino que me empujas hacia adelante haciendo que me tambalee.
¿Que no ves que ya no sé controlarme como antes? El enojo me llena en ese momento y me giro para propinarte un puñetazo en el estómago que te deja sin aire. No… Vete antes de que te siga haciendo daño. Asustado de mí mismo vuelvo a dejarte allí y camino rápido entre los árboles, pero te hacen falta solo unos segundos para recuperarte e ir tras de mí. No sé lo que harás así que no me preparo lo suficiente, y es tarde cuando tu mano me agarra del hombro para girarme y ofrecerme directo el golpe de tu puño sobre mi mejilla.
El dolor no es tan malo. Me hace sentir vivo en ese momento. Un atisbo de sonrisa me recorre los labios mientras me limpio la nariz. Eso hace que pierdas la concentración al creer que ya me convenciste y entonces contraataco. Pero no soy capaz de medirme, ni de dirigir bien el golpe, es tu boca la que recibe de lleno mi puño esta vez…
Y entonces sé que estamos arruinados.
–Vete… Por favor –te pido tratando de contener la respiración mientras me cubro la boca y nariz con las manos. Pero eres un canadiense idiota y testarudo, y vuelves a la carga con el labio roto y arremetiendo contra mi como si se tratara de un juego de rugby.
Rodamos por una pequeña pendiente en la que pierdo el equilibrio luego de que empujes todo tu cuerpo contra mí. Hasta hace un tiempo podíamos simplemente jugar así y no había más consecuencias que unos rasguños y tal vez unos cuantos hematomas. Ahora es diferente. Yo soy diferente, y al ser diferente te obligué a cambiar también.
El lazo que nos une es tan fuerte que cuando al fin nuestros cuerpos se quedan quietos, contigo abajo mío, aunque sé que debería alejarme y dar el primer paso lejos, termino inclinando mi rostro para tomar tus labios con furia. Esa a la que soy propenso últimamente. El sabor glorioso de tu sangre es lo que me invita a probarla en esos momentos. Tu te quejas pero correspondes al gesto, inconsciente de lo que estás despertando en mí. Ya deberías saberlo, ¿Por qué no lo entiendes? ¿Por qué... ?
–Vete… Por favor… –esta vez mi voz es un ruego hambriento. Puedo sentir como mi cuerpo se cambia así mismo por algo tan simple como haber tomado apenas una probada de todo lo que tienes para ofrecerme.
–¿Beka? –veo el miedo en tus ojos al llamarme y me doy cuenta de que al fin comprendes el peligro y la situación. Tratas de quitarme de encima, pero ya es tarde.
No estoy seguro de a quién debería culpar. Llegados a este punto, uno de los dos es quien siempre elimina las esperanzas de que la vida pueda volver a la normalidad. El miedo en tu expresión luego de ver el cambio en mis ojos solo alimenta el nuevo sentimiento que ya despertó por completo. De una incomprensible furia viene un deseo incontenible, insano y enfermo que me nubla el pensamiento a pesar de seguir consciente.
–Te dije que te fueras… –repito en tiempo pasado, mi tono de voz se escucha más grave a mis oídos pero ya no me sorprende. No hay marcha atrás.
Esa camiseta te queda bien. Me deja a la vista el inicio de tu torso, tus perfectos hombros y tu apetecible cuello. Ese que tiene mi marca desde hace unos meses y del que sé que soy dueño como si fuera lo natural el apoderarse de otra existencia de ese modo.
Esta vez mi sonrisa no te hace feliz. Pero tu lo quisiste así. Mi lengua es la primera que va bajando por tu cuello mientras sigues en vano reclamando por algo que no puedo darte ya, no puedo protegerte, no de mí mismo al menos. Mi espina parece sentir la electricidad a medida que voy dejando pequeñas mordidas que con mis ahora afilados dientes generan hilillos de sangre que me hacen simplemente desear más y más.
No pasa mucho tiempo antes de que tus reclamos se vuelvan quejidos de dolor, que terminan siendo gritos cuando me descubro rompiendo la carne en tu hombro. Desearía comerme incluso ese tatuaje que tienes ahí pero me contengo y sigo con las otras partes de tu piel. Tu aroma está inundando todos mis sentidos y sirve para enardecer mi más oscuros anhelos. No quiero que sufras, pero verte llorar y gritar por mí es una de las cosas más hermosas que he tenido el placer de ver cuando me alimento de ti.
Quiero que lo disfrutes también. Quiero que entiendas que agradezco la delicia que eres y por eso mismo te beso, a la fuerza en esos momentos, compartiendo tu sabor a pesar de saber que no eres precisamente dado a las comidas crudas. Eres tú el que parece no entenderlo pues sigues forcejeando y tratando de huir de mí. Ya es tarde, ¿No lo dije ya?
Tu sangre. Tu carne. Todo lo que eres. Me pertenece.
–Jean…
Notas Finales:
Hi! Aquí estamos con un nuevo capítulo.
Gracias por leer y también por los comentarios. Esta historia es un long fic, pero no tan largo. Tiene alrededor de 10 capítulos si es que todo va bien y no tengo que seguirlos cortando a la mitad.
En este capítulo, contado desde el punto de vista de Otabek, podemos ver cómo va cambiando su mente y los problemas que tiene para manejar su condición, esa necesidad que tiene por alimentarse de su presa (JJ) y otros detalles de como ha afectado todo esto a su relación, aunque todavía no se explica del todo como es que terminó así, pero eso vendrá en una próxima entrega.
Por si las dudas, en este punto, Otabek tiene 17 años y Jean 18. Aproximadamente.
Se siguen agradeciendo los comentarios desde ya.
Otra vez gracias a Maiev-S que betea esta historia no importa cuanta sangre tenga.
Saludos!
