Muy bien les traigo la segunda parte del three-shot. antes que nada quiero agradecer a Ashabi por betear esta historia, mi XVñera favorita te quiero mucho.

También agradezco esas sesenta visitas y los tres follows, no los esperaba por el tipo de historia que estoy manejando pensé que no llegaría a las diez visitas ni a un mísero follow xD Han calentado mi corazoncito de Slytherin.

ADVERTENCIA: tengan a la mano un bote de basura para que puedan vomitar las personas que tengan estómago sensible a la mención y descripción de escenas con mucha sangre.

Los dejo leer:

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«¿Cómo habíamos llegado a esto?».

Lo último que recuerdo antes de despertar dándome cuenta de que estaba amarrado a una silla, con los pies sujetos a las patas, las manos colocadas sobre los reposabrazos dando lugar a que, con una intravenosa, bombeara mi sangre a una pequeña bolsa desde mi brazo, como las que te ponen en los hospitales cuando haces donación, es que estaba con los chicos cenando en la casa de Naruto; festejábamos la graduación.

«¡Al fin habían terminado todos con la tortura de la universidad!».

Esos niños eran mi adoración, se merecían la fiesta que les había organizado. Sin embargo, todo festejo se volvió turbio cuando el primero en caer desmayado fue Sai. Estábamos en gran comer, compartiendo anécdotas y riendo. Claro estaba que yo solo sonreía bajo la máscara disfrutando de ver a los muchachos liberados de toda tensión: era su noche.

Sai se desplomó sobre su plato de un momento a otro; lo primero que se me vino a la mente fue que estaba tan ebrio que ya no pudo aguantar. Pero eso quedó descartado cuando el siguiente en caer fue Naruto, quien venía de la concina con otra botella de vino en la mano. El ruido que hizo la botella al impactar con el piso fue desconcertante.

«¿Qué demonios está pasando? ¿Están todos borrachos?».

Y así, poco a poco, fueron impactando contra el piso los niños que consideraba mis hijos… Cuando fui el siguiente solo pude ver al responsable de todo eso dirigirme una sonrisa llena de maldad, era lo único que se veía ya que traía antifaz, mientras agitaba la mano despidiéndose de mí. Lo último que vi antes de caer en la inconsciencia fue que se estaba quitando dicho antifaz… no llegué a observar su rostro.

—Por Dios… ¿Qué fue lo que pasó? —pregunté al aire, observando el cuarto en el que me encontraba— ¡¿Hay alguien aquí?! ¡Quién quiera que seas, más te vale sacarme de aquí!

«Silencio. El más puro y cruel silencio».

—¡No me ignores, maldita sea! —Me estaba empezando a desesperar, pues veía que la maquina seguía succionando mi sangre y mi cuerpo estaba empezando a sentir las repercusiones de estar siendo desangrado.

Aunque me llegó una duda enorme... Si estaba en un cuarto iluminado con poca luz, amarrado a una silla, con mis extremidades entumidas… ¿cuánto tiempo se supone que llevaba en ese lugar? ¿Los muchachos estaban conmigo?

No tenía idea alguna y me frustraba toda la situación. Ya no pude seguir esperando respuestas que sabía que no iba a obtener y caí en la impotencia de saberme en una situación que no tenía pinta de nada bueno, que no auguraba más que muerte. Me dejé llevar por esos sentimientos provocando que me agitara en la silla; me estaba haciendo daño en las manos y la aguja que tenía en el brazo, por el movimiento brusco, me lastimaba la vena a tal grado que la sentía enterrarse más y desgarrar.

No fue una idea muy buena porque la sangre empezó a fluir con más fuerza y la piel se me empezó a poner morada en esa parte. Estaba completamente seguro de que no faltaba nada para que perdiera, otra vez, la inconciencia y era lo que menos quería.

No obstante, la puerta de la habitación en la que me encontraba se abrió con una lentitud haciendo un ruidito chirriante… tenebroso. A pesar de la luz que había en la habitación, no alcanzaba a ver al ser que había abierto la puerta.

—Sí que eres idiota, Kakashi. —Escuché una voz provenir desde la oscuridad; puse atención tratando de reconocerla, no pude— ¿Quién en su sano juicio, viendo que tiene una enorme aguja en el brazo, se movería sin importarle morir?

Me limité a aparentar tranquilidad, cosa que no sentía, y levanté una ceja en pose desafiante. No le iba a mostrar cuán asustado estaba, prácticamente estaba a la deriva.

—¿No hablas? —soltó con una pequeña risa. ‹‹¿Quién eres?››—. Ahora resulta que no hablas cuando se nota que lo quieres es morir, Hatake. Dígame algo, profesor… ¿Quiere jugar por su vida o quiere morir de una vez?

Las palabras de esa persona me habían dejado helado. Ya había aceptado que iba a dormir, pero no pensé que mi secuestrador fuera alguien tan enfermo como para proponerme jugar en un momento de vida o muerte.

—Ya sé que tiene muchas dudas que serán respondidas a su debido tiempo. Porque siendo sinceros, la vida es mucho mejor cuando tiene drama. —Se quedó callado unos segundos antes de impactar la palma de su mano sobre su frente— ¡Pero qué mal estoy! Sí tú y tus adorables niños no van a durar mucho tiempo vivos —dijo con burla desmedida—. ¡Qué empiece el juego, señores!

Agradecí al dios de turno que me hizo naufragar en el mar de la oscuridad.

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—¿Dónde están todos?

Mi voz hacía eco entre las cuatro paredes. No negué que me llamó mucho la atención el hecho de abrir los ojos y encontrarme sentado en el piso frente a una ventana enorme y con una aguja —odiaba esas cosas—, atravesando mi vena de forma dolorosa.

Ya me había cansado de gritar, de maldecir a todo el mundo porque tenía hambre, mis tripas me estaban reclamando la falta de ingesta y el brazo me dolía horrores.

—'ttebayo. Creo que me volveré loco sino llega alguien a explicarme lo que está pasando.

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«Corre, corre, corre».

Me repetía la mente mientras mi respiración se agitaba más por el esfuerzo. Estaba tratando de bajar las escaleras, pero era algo muy difícil con un pie torcido y con el muslo con una herida grande.

—¡Sasuke! ¡Por aquí! —escuché su tierna voz y me dolía saber que pronto nuestras vidas serían arrancadas.

«Si hubiera hablado cuando tuve tiempo, hubiera podido morir sabiendo que Sakura había sido mía en todos los sentidos».

Pero no. Estábamos encerrados en una casa enorme, secuestrados por un enfermo que nos había dicho por bocina que teníamos una hora para encontrar las llaves que habrían todas las puertas y ventas de la casa antes de que empezara la cacería.

Las reglas eran simples: vive encontrando las llaves antes de la hora o muere como un vil animal en manos de su cazador.

«Ya pasó la hora».

El primer grito que llegó a mis oídos fue el de Sakura pidiéndome ayuda, pero no la encontraba por ningún lado. No me había topado con ninguna de las muchachas y me imaginaba lo peor.

—¡Dime dónde estás! —grité una vez bajé de las escaleras.

No volví a escuchar su voz. Sin embargo, un fuerte grito retumbo por toda la casa y se hizo el silencio. Ese grito me había erizado la piel… Kakashi. Fue de Kakashi ese lamento. Llegó del segundo piso e iba a ayudarlo cuando una mano se posó con fuerza en mis hombros.

Volteé esperando lo peor y me encontré con Sai… con lo que quedaba de él. Tenía su dedo índice en la boca diciéndome que no hiciera ruido, pero eso no era lo que me dejó impactado: su cara estaba desfigurada. Tenía sus labios cocidos, las mejillas tenían tres heridas horizontales simulando bigotes de conejo y su ojos… solo tenía uno. La sangre que salía del hueco donde se supone que iba el ojo, bañaba la mitad de su cara.

—Estamos jodidos. —dije con la mirada desorbitada.

Él solo se limitó a asentir. Claro, no podía hablar.

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Sollozaba con fuerza tratado de esconderme. Todo era una horrenda pesadilla.

—Oh… Sakura… Hinata… —me lamentaba al recordar cómo había encontrado sus cuerpos: mutilados.

La primera estaba con el estómago pegado a la superficie de una mesa de madera con solo ropa interior puesta, pero sus manos y pies estaban amarrados hacia atrás, su cabeza había sido atravesada por un tubo que tenía un pico en uno de sus extremos, su cabello había sido rapado dándole un toque más macabro. Ella no era contorsionista por lo que se notaba que sus miembros fueron dislocados; era obvio que lo que le dio fin a su alma fue el tubo de metal. Sus ojos, sus bellas esmeraldas se encontraban colgando de sus cuencas; tenía la boca abierta… Sí, su boca era lo que conectaba con el cadáver de Hinata. Ésta fue desnudada por completo y, su cuerpo, puesto de pie frente al de Sakura; uno de sus senos fue cortado por los costados hasta que pudiera entrar por completo a la boca dislocada de Haruno, su otro seno y frente estaban ilesos. En cambio, su espalda… —Otro sollozo se escapó de mi garganta—; la piel de su espalda había sido removida con un bisturí dejando todos sus tejidos al aire hasta el inicio de sus glúteos. La pequeña capa de grasa que cubría su columna ya no estaba. A ella la atravesaba otro tubo metálico que fue colocado desde su intimidad saliendo por la cabeza, aunque el cabello cubría la salida del metal. Sus ojos estaban cerrados como si hiciera una mueca de placer.

A simple vista pareciera que las dos estaban disfrutando de sexo sadomasoquista, ya que de frente no se notaba nada raro. Cuando llegabas a la altura de las dos era cuando veías con consternación lo que en realidad había sucedido.

Para alguien que hubiera estudiado forense esa imagen hubiera sido de admirar y analizar con tiempo. Sin embargo, para mí era un sinónimo de que cada vez faltaba menos para mi muerte.

—No entiendo cómo es posible que anoche estábamos celebrando nuestro fin de curso en la casa de Naruto y hoy nos encontramos en esta carnicería.

Mi voluntad decayó al encontrar otro bulto en el pasillo. La luz que entraba de la ventana me hizo saber quién era.

—¡Karin! —Me acerqué llorando a ella, pensando que estaba muerta.

La estreché entre mis brazos no importándome que lo suyos se desprendieran al hacerlo. No ahogué el llanto y desconsolación que me envolvió al sentirla respirar con esfuerzo. Seguía con vida, pero esta no tardaba en huir. Mejor para ella, ya no tendría que sufrir más el terror.

—I…no —me susurró en el oído—. Cui..dado con el…ell…

Un ataque de tos la azotó con fuerza y yo solo pude sostenerla contra mi pecho sabiendo que estaba en las últimas.

—Ino… Por favor…

Sabía lo que me pedía pero me negaba a hacerlo, era cruel de mi parte negarle lo que habíamos acordado cuando nos vimos en la cocina buscando las llaves.

—No, zanahoria. Me es imposible hacerlo —sollocé con dolor.

Su cuerpo se convulsionó e hizo un arco hacia atrás, nuestros ojos se conectaron y los suyos se abrieron con asombro.

—Ojalá te pudras en el infierno… —murmuró con fluidez. Su corazón había dejado de latir.

Sin embargo, no supe a quién se había dirigido sus palabras. De repente, un escalofrió recorrió mi cuerpo. Puse atención en la mirada vacía de Karin, me acerqué a ellos notando algo raro. Estaban reflejando algo.

«¿Qué es eso?».

Se me hacía difícil distinguir…

«Oh por Dios».

Apreté el agarré que tenía sobre el cuerpo de la pelirroja no despegando mi mirada de sus ojos. Si no estaba alucinando, había alguien acuclillado a mí lado, pero a una distancia que no me hacía sentirlo. Empecé a temblar a rogar despertar; me empeñaba a seguir creyendo que estaba dormida. Una estruendosa carcajada fue mi respuesta.

—Es demasiado estúpido clamar por algo que desde un principio se te negó, cerda.

—Tú… pe-ero, pero… —Las lágrimas corrían sin control por mis mejillas; la sorpresa marcaba mis facciones.

—Me aburres, ¿sabes? Siempre lo hiciste.

No pude contestar por el tremendo jalón de cabello que me dio. Solté el cuerpo de Karin y llevé mis manos a la cabeza tratando de zafarme de su agarre.

—¿Por qué lo haces? —pregunté—. ¡Somos tu familia!

—A veces se tienen que hacer sacrificios para obtener lo que deseas.

Hizo más fuerza en el agarre y tarde me di cuenta de sus intenciones.

—¡NO LO HAG…!

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~…~

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Su cabeza junto a sus antebrazos rodaron por el suelo al aventarlos. Su largo cabello rubio, que se estaba tiñendo de rojo, se esparcía por donde pasaba.

—Lo que uno tiene que hacer por sus gustos —dije con la voz enronquecida por la excitación.

Ya había acabado con todas y fui misericordioso en los actos, aunque no quiere decir que fui menos artístico. Me fascino el arte que creé con los cuerpos de Ten-Ten a quien había metido en una pecera de dos metros de largo por uno y medio de ancho llena de ácido, oír sus gritos cuando iba metiendo su cuerpo poco a poco me había llevado a otro nivel que lamenté cuando su cabeza se desintegró dejando un silencio aburrido; el cuerpo de Sakura y Hinata fueron mis segundos favoritos. Ellas tres fueron las que encontré… Me había adelantado en la cacería cuando apenas llevaban media hora buscando las llaves. Las otras dos fueron muy monótonas, cualquiera podía quitar brazos y cortar cabezas, pero nadie podía crear un bello arte como yo.

«No me resistir la tentación de crear algo magnífico con paciencia y dedicación».

—Los hombres no correrán con la misma suerte.


Eso ha sido todo ^^ Lo sé, lo sé estoy medio loca, pero sin locos no hay historia xD

Gracias por llegar hasta aquí. El siguiente capítulo será para el 28 de este mes que el cumple de Sakura.

Nos leemos el martes con el final de esta mini historia.