La luz le daba directo en los ojos. Frunció un poco el ceño y comenzó a abrirlos lentamente con un poco de dificultad debido a la intensidad de los rayos del sol. Terminó de abrirlos completamente viendo la ventana junto a su cama que permitía la entrada de la luz. ¿Cama? Movió su cabeza con cuidado hacia un lado. Una gran cortina blanca la rodeaba evitando entender en dónde estaba. Un dolor intenso le hacía sentir que su cabeza se partiría en dos. Se llevó una de sus manos a la frente al sentir que algo presionaba su cabeza. Al momento en que su mano tocó el objeto se dio cuenta que se trataba de un vendaje. Acomodó sus brazos a los costados de su cuerpo para sentarse sobre la que, ahora que lo notaba, era una camilla, pero al momento de hacer el mínimo esfuerzo para levantarse lanzó un desgarrador grito de dolor dejándose caer sobre su espalda con una lágrima recorriendo el camino del ojo hasta su nuca.
Llevó su mano a las costillas, donde provino el dolor. Intentó calmar su respiración mientras lágrimas furtivas seguían saliendo. La cortina a su izquierda se abrió para dejar ver a Madame Pompfrey acercándose a toda velocidad cerrando nuevamente la cortina tras de si.
-Oh, mi niña, veo has despertado. No te muevas ya, podrías lastimarte aún más. Mira que una fractura así en la costilla no es cualquier cosa. Tus dedos fueron más sencillos de tratar; un par de hechizos y listo. Pero esa costilla, sí que me ha dado guerra.-
El parloteo de la mujer la abrumaba. No tenía fuerzas para hablar y aún se sentía un poco desorientada. Creía estar en Hogwarts pero nada a su alrededor presentaba algún tipo de daño.
-Casi lo olvido. Espera un momento.- La mujer salió y escuchó unas voces del otro lado. La enfermera volvió. –El Profesor Dumbledore estará aquí en un momento. No debe tardar.-
Hermione frunció ligeramente el ceño. ¿Había escuchado bien? No, debió haber sido una mala pasada de su imaginación.
-Tranquila, querida. No has hecho nada malo, sólo vendrá a hacerte unas preguntas. Descansa un poco mientras llega.- Dijo
¡Pfff! ¿Algo malo? ¡Claro que hay algo malo! La mujer dice que un Albus Dumbledore vendrá a verla –Supongo que debes tener sed.- Tomó un vaso con agua de la mesa junto a la camilla. Deslizó su mano bajo la cabeza de Hermione y la levantó con cuidado para verter el agua en su boca. Una vez terminado el proceso dejó el vaso ya vacío en su lugar y se fue dejándola sola nuevamente.
Después de unos minutos, la cortina se abrió dejando ver a un hombre anciano, de una penetrante mirada azul, detrás de unos anteojos de media luna.
-Buenas tardes señorita. Me da gusto ver que ha mejorado.-
-¿Profesor Dumbledore?- Susurró lentamente.
-El mismo.-
-¿Estoy muerta?
-Oh, cielos, no.- Aseguró como si se tratara de algún chiste. -Pero me temo que casi lo logra. Han sido cuatro días completos de atentos cuidados. De no ser por el ardua labor de nuestra querida enfermera, dudo mucho que estuviéramos teniendo esta conversación.-
Hubo un silencio por unos momentos mientras Hermione procesaba lo que el hombre le había dicho. Dumbledore pareció entender que necesitaba un momento así que se lo concedió. Al darse cuenta que sus pensamientos no la harían hablar, continuó.
-Supongo que Madame Pompfrey le informó el motivo de mi visita, señorita…-
-Granger.-
–No quiero parecer entrometido, señorita Granger, pero supongo que entenderá mi preocupación al enterarme que alguien ajeno al colegio apareció dentro del castillo, cuando yo mismo he hecho los encantamientos que lo impiden.- Lo miraba expectante escuchando atenta lo que fuera a decir.
-¿Cuál es su nombre?-
-Hermione.- ¿Su nombre? Hacía casi siete años que la conocía y preguntaba por su nombre.
-Y dígame, ¿Cómo hizo para aparecer aquí?-
-Yo… no aparecí.- Tenía demasiadas preguntas pero algo que le impedía pronunciar cualquier palabra que no fuera para responder a lo que Dumbledore preguntaba.
-¿Entonces cómo llegó aquí?-
-Yo… Nunca dejé el castillo, Profesor.-
La miró con curiosidad, como si fuera a encontrar la verdad en algún lugar de su rostro -¿Puede decirme lo último que recuerda?-
-Estaba en medio de la batalla cuando vi un hechizo dirigirse a Harry. No podía dejar que le hicieran daño; no cuando habiendo llegado tan lejos, así que me interpuse entre él y el maleficio.-
-¿Harry?-
-Harry Potter, Señor.- Seis años seguidos de haber ganado la copa de las casas gracias al favoritismo del hombre hacia Harry, y ahora resulta que no sabe quien es.
Dumbledore pareció sorprenderse de lo que ella había dicho -¿Potter ha dicho?-
-Así es.-
Apartó la mirada de ella y miró a la nada por un momento antes de volver a verla. -¿Dónde se desarrolló esta batalla de la que me habla?-
-En Hogwarts.-
-¿Cómo ha dicho? ¿En Hogwarts?-
-Sí, señor.-
Dumbledore la miró sin creer lo que sus oídos habían escuchado - Esta usted segura?
-Por supuesto, Profesor.
-Y este amigo suyo, Harry, ha venido con usted?
-Pues no lo se.
-¿Cuándo nació Señorita Granger?-
Quería preguntar qué clase de pregunta era esa, pero otra vez tuvo esa sensación de algo que la obligaba a responder-Diecinueve de Septiembre.-
-Si, si, pero ¿De qué año?-
Hermione lo miró sin entender su pregunta entes de responder. -1979.-
El anciano volvió a desviar la mirada absorto en sus pensamientos. Comenzó a caminar de lado a lado lentamente mientras ella lo miraba curiosa.
-Señorita Granger, ¿está usted consiente de dónde se encuentra?
-Hace unos minutos hubiera asegurado que en Hogwarts, pero supongo que estoy equivocada.-
-No, no, por supuesto que no. Está usted en lo correcto, pero no me refería al lugar en el que está, sino al Hogwarts en el que se encuentra.- Ella lo miró sin contestar, no sabía que decir.
-¿Cómo dice?- Era imposible lo que el hombre sugería. No llevaba ningún giratiempos encima durante la batalla. Además, aunque tuviese un giratiempos, no se pueden recorrer distancias tan largas. Algo le faltaba, había algo que no estaba viendo. ¡El hechizo! Por Merlín, ¡qué tonta! ¿Cómo no lo había pensado antes?
-¿Qué año es este, Profesor?- Lanzó temiendo a la contestación que pudiera llegar
-1978.-
Hermione dejó caer su cabeza mientras soltaba un suspiro y cerró los ojos. Lo único que le faltaba: retroceder veinte años en el tiempo. ¿Ahora cómo regresaría? No podía pedir ayuda a nadie, la mandarían directo a San Mungo... Un momento, Dumbledore le creyó.
-Profesor, ¿Realmente cree en lo que le estoy diciendo?-
-Completamente.-
-Pero, acabo de decirle que...-
-No encuentro razón alguna para desconfiar de su palabra, señorita Granger.- Una sonrisa pícara se dibujó en su rostro. -No hubiera podido mentir aunque quisiese.- Dijo esto último con un poco de humor en sus palabras.
Hermione comprendió. Una poción inolora, insabora e incolora. -Nada mal.- Pensó. -Entonces, ¿Qué haré? No puedo quedarme aquí.. Cada segundo que paso aquí, es un riesgo para todos.-
-Estoy consciente de ello. Pero me temo que tengo la mas mínima idea de que se hace en estos casos. Le aseguro que no es algo con le que se trate todos los días.
-A demás, no tengo donde quedarme, ni ropa, ni dinero.
-Por eso no se preocupe. Puede quedarse en el castillo el tiempo que sea necesario. No creo que requiera de dinero, aquí tendrá comida a su disposición. Siempre y cuando sea dentro de los horarios ya establecidos, claro.
-Se lo agradezco, Profesor. Pero no es necesario. No me quedare.
-Y a donde piensa ir si puede saberse? Usted misma acaba de decirme que no sabe a donde ir.
-Lo se, pero no puedo quedarme aquí. Me encontraría con gente que conozco en el futuro y no creo que sea lo mas adecuado.
-No tiene por que dejarse ver. Este Castillo cuenta con cientos de lugares en los que puede quedarse. Y solo necesita uno.
-Gracias, Profesor. No dejare que me vean, no existiré, solo usted sabrá que estoy aquí.
Tres Gryfindors se encontraban en sus respectivas camas. Sirius estaba acostado horizontalmente en su cama dejando caer su cabeza por un costado.
-Demonios, James. Crei que seria diferente.-
-y que esperabas?-
-No lo se, crei que nos enviarían a encontrar escondites de mortifagos o infiltrarnos para obtener información.
-Claro, Sirius, y un chico de séptimo grado que no ha llegado ni a mitad de su ultimo año es el mejor candidato. Anda ya.
-Estamos haciendo algo. Es mejor que quedarnos y de brazos cruzados.
-Por Merlin, Remus. No estamos haciendo nada, solo escuchamos la información que llega y ni siquiera no dejan saber todo. Nada mas alguien dice algo interesante y nos echan con la escusa de "Ya es muy tarde". Sin contar las reuniones que nos perdemos por
estar en la escuela.
-Ya escuchaste a Dumbledore, tenemos que concentrarnos en nuestros deberes por ahora. Como esperas luchar para la orden si a penas sabes desarmar a tu oponente?
-No lo se, solo quiero salir de aquí. No finjamos que no hay amenazas en la escuela... Oh vamos, saben que varios Slytherins no son de fiar. Como si no estuvieran ya entre las tropas de Voldemort.
-Creo que estas exagerando las cosas.
-No, Remus. Algo de razón si que tiene. Sabemos perfectamente que Dumbledore intenta protegernos. Vamos, que si por el fuera no estaríamos en la orden. Pero sabe que nos necesita, que no puede darse el lujo de negar la entrada a cualquiera que quiera ofrecerse.
-Ya no podemos fiarnos de cualquiera. Debemos estar alertas a cualquier extraño. Por ejemplo, la chica del corredor. No les parece extraño? Nadie la conoce, ni siquiera la he visto por los corredores. Y que aparezca asi de la nada, no me da buena espina.
-Si, es extraño que solo apareciera. Pero... sus heridas, eran terribles. No habia visto algo semejante en mi vida.
-Calro, Remus. Un mortifago que no cumple con sus encargos no es un eficiente servidor a Voldemort. Debió considerar que merecía alguno motivación para cumplir sus cometidos.
-Y que si no se trata de un mortifago? Que si es uno de esos magos desaparecidos y de alguna manera ha logrado escapar antes de que la maten. Aunque, por lo visto, han estado a punto.
-Deberíamos ir a la enfermería. A ver como sigue. Ha estado inconsciente por días, creo que en cualquier momento despertará.
-Bien. Alguien sabe donde esta Peter?
-Dijo que iría a la biblioteca.
-Un viernes?
-Si. Quería estudiar para sus exámenes, dice que esta saliendo pésimo.
-Bueno, vamos o no?
Asi los cuatro jovenes se levantaron de las camas y salieron de la habitacion rumbo a la enfermeria. Al llegar se dirigieron a la cortina blanca que daba la privacidad requerida al paciente dentro de ella. Corrieron la cortina hacia un lado para dejar al descubierto una camilla de hospital vacia y bien tendida.
-Puedo ayudarles en algo?
-Madame Pompfrey! Si. La chica de hace unos dias... Ya ha despertado?
-Remus, querido. Oh, si. Se le ve mucho mejor.- Dijo con entusiasmo
-Y donde esta?
La mujer tuvo un cambio en su actitud, no podria decirse que exactamente. -El profesor Dumbledore se ha encargado personalmente del asunto.
-Podremos verla?
-Creo que lo mas conveniente seria que consultasen con el director.
-Bien, pues gracias.
El castaño salió de la enfermería seguido por sus amigos y juntos se dirigieron a la oficina del director. al llegar llamaron a la puerta y abrieron después de recibir una invitación desde dentro.
-Profesor.
-Remus, muchacho. Que se te ofrece?
-Vera, fuimos a ver a la chica, la de hace unas noches en el corredor. Pero no estaba en la enfermería y Madame Pompfrey no supo responder muy bien donde podíamos encontrarla.
-Y pudiera saber cuales son sus asuntos con la chica?
-No tenemos ningún asunto, señor. Es solo que, al encontrarla no estaba en buenas condiciones, obviamente. Y nos gustaría saber como sigue.
-La señorita se encuentra perfectamente. Solo necesita tiempo para descansar y estar seguros que sus lesiones no causaran mas problemas.
-Y donde podemos encontrarla?
-La joven ha sido enviada a casa.
-A casa?
-Así es. Si me disculpan tengo unos asuntos pendiente que resolver.
-Si, claro. Gracias, señor.
El grupo se dio la vuelta y regresaron por el camino en que habían llegado, pero antes de llegar a la puerta de la oficina Sirius se dio la vuelta, armado de valor para hacer aquella pregunta de la cual ya sabia la respuesta.
-Profesor.
-Si?
-Yo... Bueno... Me gustaría saber cuando empezamos, cuando empezamos de verdad. A ir a sus misiones o por lo menos poder ir a todas las reuniones.
-Ya se los he dicho. Ahora necesito que se concentren en la escuela, que aprendan todo lo que puedan.
-Pero señor, soy de los mejores en clase.
-No es suficiente. Escucha, muchacho. Hay magos y brujas muy hábiles y de enorme poder, con años invertidos en estudiar todo hechizo de ataque y defensa que se conoce. Por desgracia, no todos ellos están de nuestro lado, hay algunos que utilizan sus habilidades y conocimientos para servir al señor tenebroso y mientras haya al menos uno de ellos de su lado, no enviare a un grupo de jóvenes a luchar contra cosas horribles y oscuras a las cuales nunca se han enfrentado y que muy probablemente los supere.
-Claro, señor, gracias.- Sus canas de salir a derrotar mortifagos como un gran héroe no se apagaron. Pero sabia que Dumbledore, tenia razón y estaba consciente que aun le falta bastante para ponerse a un nivel de combate.
Salió de la habitación y cerro la puerta tras de si.
-Que paso?
-Nada, cosas de la orden.
-Nos dejara ir?
-Ni de chiste.
-Que pasa, Remus?
El joven alzo la mirada y en su rostro se presentaba un seño fruncido del que seguramente no se había dado cuenta.
-No nos esta diciendo toda la verdad.
-Dumbledore?
-Si. Primero aparece una chica a mitad del corredor sin razón alguna con heridas alarmantes. Cuando queremos ir a verla no esta en la enfermería y Madame Pompfrey nos envía directo a Dumbledore. Cuando venimos y preguntamos por ella nos nos dice a donde la ha enviado y...
-A casa.
-Si, y podrías decirme tu donde queda eso exactamente? ...Además esta mintiendo sobre haberla enviado a casa.
-Aja, y tu como sabes eso?
-Porque la vi.
