Aviso: Harry Potter lamentablemente no me pertenece, todo el crédito se lo lleva la maravillosa de J.K Rowling, gracias a ella pude encontrar las tres ships de mi vida: Drarry, Scorbus y Ronmione(?)

*

Capítulo uno.

Malfoy Manor tenía un aspecto fantasmal y oscuro. O era así como lo recordaba Rubeus Hagrid.

Harry Potter caminaba a pasos lentos, admirando la mansión, con el entrecejo fruncido. Se suponía que iba a ser llevado a un lugar mejor, no a una casa embrujada.

"¿H-hagrid? ¿es aquí?" pregunta, sus ojos verdes brillan por la incertidumbre.

"Eh, sí, pequeño Harry" murmura, rascándose la barba.

Potter tiene que hacer todo lo posible para que en su rostro no se muestre el terror y la curiosidad al estar ahí. Las puertas se abren con un ruido-que-pone-piel-de-gallina, y entran silenciosamente, las paredes mostraban las pinturas de personas irreconocibles, pero se notaba que todos poseían una belleza y carisma extraordinaria. Harry nunca había visto a personas así.

Si la mansión fuera un poco más alegre e iluminada, sería un buen lugar para quedarse.

"Es extraño no encontrarse con ningun elfo, a pesar de ya ser bastante tarde" Hagrid detiene el paso, observando su alrededor, "los Malfoy te esperan en eda habitación, tienes que entrar solo, Harry"

"¿Por qué?"

"No creo que sea buena idea que entre, no tengo una buena amistad con ellos"

¿Eso significaba que no volvería a verlo?

"P-pero, Hagrid, no los conozco, ¿y si son malas personas?"

Hagrid bufa, y se pone de cuclillas para darle unas palmaditas al niño. "Harry, no son malas personas, tan solo son muy estrictos en cuanto a algunas cosas, su hijo, Draco, no es tan fuerte como su padre, no te preocupes—"

Y la puerta estaba abierta, mostrando el gran comedor con cuatro personas en ella.

El hombre de cabellos rubios largos fue el primero en hablar, "Rubeus Hagrid, trae contigo a Harry Potter"

La unica mujer en la habitación dio un asentimiento débil, con una sonrisita dirigida a Harry. Eso fue como una señal de hacerle caso y entrar a la habitación.

Sus pasos fueron tímidos, las miradas gélidas clavándose hasta lo más profundo de su alma. Solo existían tres rubios, mientras que un hombre de negro (en toda la palabra), lo observana con seriedad, pero se sentía como si le lanzara maldades tan solo con la mirada.

"¿Se puede saber porqué traes contigo a Potter envés de Dumbledore? ¿Qué clase de estupidez es esta?" El rubio mayor pregunta con veneno, Harry ya presentía que lo odiaría en un futuro cercano, o quizá ya lo hacia desde que abrió la boca.

"Lo siento mucho, Malfoy" responde Hagrid con sarcasmo, "pero todos los aptos para usted estan sumamente ocupados, yo era el único que estaba disponible para la misión"

La mujer se acerca al hombre, colocándole una mano en su hombro, tranquilizandolo.

"Me parece una maravilla que haya traído al niño sano y salvo, *se* lo agradecemos mucho, pero ahora solo queremos hablar con Harry, puede retirarse" habla esta vez la mujer, su voz es mucho mejor que la del hombre. Sonaba como una mujer y madre preocupada por la sanidad mental de su familia.

"Gracias, señora Malfoy." Hagrid abraza a Harry antes de marcharse, incluso siendo observado por los nuevos personajes en la vida de Harry. "Cuidate, Harry, nos veremos en Hogwarts en unos días"

Y se fue, con sus pisadas escuchándose a la lejanía. Entonces, las puertas se cerraron con fuerza.

Solo por ese entonces, Harry nunca tuvo ese tipo de impulso por correr a su libertad. Esas personas y esa mansión no era lo que esperaba en realidad.

Pero quizás ahí seria tratado mejor que con sus tíos.

"¿De verdad es ese Harry Potter?" una voz le sobresalta, el chico un poquito mayor que él había hablado, "bueno, creo que es mejor que la loca de Astoria"

"¡Draco!" le riñe su madre, enfadada por el vocabulario de su hijo.

El hombre de negro mueve los dedos en el aire, clara señal de que estaba aburrido por la actitud de Draco.

"Bienvenido a tu nueva vida, Harry Potter" comenta tranquilamente, "espero que los siguientes ocho años sean una buena forma de poder recrear tu nueva vida a tu manera, con algunas restricciones, claro está"

Harry estaba confundido, aquella familia era muy extraña, a su parecer. Los únicos agradables eran la madre de Draco y el mismo Draco, aunque este último parecía siempre tener una cara de disgustado o molesto por todo.

"Te llevare a tu habitación, mañana seguiremos hablando sobre este tema" la mujer camina, abriendo las puertas con sigilo, Harry estaba asombrado.

Draco también les siguió, dejando a los hombres en el gran comedor.

"Dormidas aquí a partir de ahora, espero y no te desagrade tanto este nuevo entorno. Queremos hacer todo lo posible para que te sientas cómodo."

"M-muchas gracias, señora Malfoy" cabizbajo, entra a la habitación, perfectamente pulcra y muy triste.

"Llamame Narcissa, querido, nada de formalidades entre los dos" su voz es tan cariñosa que hace a Harry querer llorar.

Nadie durante sus once años le había hablado con ese cariño. Su mente aun no procesa el trato. Narcissa parece ser la madre que nunca tuvo.

"Buenas noches, Harry" Narcissa cierra la puerta, con la mirada de Draco encima de él.

Ojos grises. Cautivadores. Peligrosos. Los ojos de la serpiente perfecta.

"Bienvenido a tu nueva vida, Harry Potter" escucha murmurar a Draco Malfoy antes de que la puerta se cerrase completamente.

*

Pregunta!: ¿Harry Gryffindor o Slytherin?¡Hasta la próxima! (Y disculpen cualquier error, a veces es difícil acordarse de las personalidades y otras cosas cuando pasa mucho tiempo desde que has visto algo de Harry Potter/)