"Cuando un libertino desea a una mujer es capaz de luchar con quien sea para tenerla, aunque su oponente sea Dios mismo"

Los personajes de esta historia no son de mi pertenencia, salvo aquello se mi propia invención, son de CLAMP yo solo hago esto por diversión y ocio.

Capítulo 2

El encuentro

El White Sky era uno de los clubes más sofisticados de la ciudad londinense, con sus paredes blancas y ventanales que daban directo hacía el parque de la ciudad, era un club social solo para hombres y muchos preferían aquel lugar para pasar un buen rato con amigos, otros lo aprovechaban para hacer negociaciones, y por supuesto tenía salones de juego donde se reunían para hacer sus mejores apuestas en las cartas.

-Bill, otra botella de coñac-pidió Shaoran tras vaciar lo poco que quedaba en la copa de su amigo.

-¿Quieres vengarte por lo de la última vez?-preguntó su amigo al alzar una ceja-te recuerdo que tolero más fácil el alcohol amigo mío, no como tú que tras unos tragos de más andas tambaleándote por los pasillos y creyendo poder levantar cada falda que encuentras en las esquinas.

Shaoran miró a su amigo enfurecido y cuando el cantinero Bill le había dejado una nueva botella se dispuso a servirse otro trago y llenar de igual manera la copa de su amigo.

-Lo siento, pero no beberé más está noche, mañana me marcho a casa de mi prometida con mis padres y no pienso pasar ese trayecto quejándome de los dolores de cabeza, y mucho menos de escuchar a mi novia si se da cuenta que estuve bebiendo demás-dijo al rechazar que le sirvieran otro trago más.

-Cobarde, o es que ya te dejas dictar por las reglas de tu mujercita-se jactó Shaoran y comprendió que había molestado a su amigo-vamos, o ¿es que tienes miedo?

-JA-bufó él y con esto se bebió de un solo trago su bebida sirviéndose nuevamente.

-Así que Eriol te vas mañana, ¿pero no es el compromiso en la próxima semana?

-Su madre quiere hacer una cena familiar antes, algo más intimo-le comentó.

Su mejor amigo y socio Eriol Hiragizawa se había lanzado la soga al cuello al pedir la mano en matrimonio de una joven de sociedad a la cual él había quedado completamente enloquecido, porque al menos eso pensaba Shaoran, que debía de estar loco para estar haciendo lo que hacía. Eriol solo era un año mayor que él y se conocían desde que eran adolescentes cuando sus tiempos de juergas a penas habían empezado. El era un hombre atractivo, que con sus ojos azul cobaltos tan profundos como el mar capturaban los suspiros de todas las mujeres, de pelo azabache, era tan alto como él, aunque no tan corpulento, solo un poco más delgado.

No podía negarlo, nunca antes había visto tan feliz a su amigo hasta que conoció aquella joven, incluso sonreía más de la cuenta, como si quisiera gritarle al mundo lo afortunado que era. Aunque también recordaba lo devastado que había estado hacía unas semanas atrás cuando le confesó a Shaoran que su relación con la muchacha no iba bien, que ella había dado todo por terminado, pensó en alegrarse por su amigo, ya que creía que se liberaba de un problema mayor, pero no era así, cada día se le veía más malhumorado, provocaba a cualquiera para que peleara con él, incluso varias veces se enfrentó a él solo para desahogarse. Pero días después vino corriendo hasta su casa para darle la noticia de que se casaba, y esa noche bebieron hasta no más poder.

-Aún no lo puedo creer, el mayor de los libertinos deja sus andares-le decía Shaoran al servirse otra copa más.

-Tú también lo harás, algún día quizás.

-Dios que me libre-dijo poniendo cara de espanto, Eriol río a carcajadas.

-¿Tanto miedo le tienes al matrimonio?

-¿Miedo? Me conoces mejor, sabes que eso simplemente no es lo mío, no soy hombre de una sola mujer-sonrió y le sirvió otro copa a su amigo.

-No tienes remedio Shaoran, pero deja que pase…y verás-Shaoran lo miró confundido.

-¿Qué pase qué?-quiso saber.

-Que te enamores-río a todo pulmón al escuchar tal cosa, de verdad su amigo se había vuelto loco.-ahora lo ves así, pero deja que aparezca esa mujer por la cual serías capaz de dar todo y dejarlo todo con tal de complacerla.

-Te recuerdo que esa persona pudo haber sido tu querida prometida-Eriol frunció el ceño y apretó un poco más de la cuenta la copa que se llevaba a los labios. En realidad el prefería olvidar aquello.-ves, tu silencio lo dice todo…podría ser yo el que estaría comprometido en estos momentos.

Las suaves facciones de Eriol se borraron completamente mostrando solo su enfurecido rostro, apretaba los dientes tratando de no golpear a su mejor amigo, aunque sabía muy bien que él solo lo estaba molestando y se estaba saliendo con la suya.

-Si, aquella noche en el baile ella estuvo todo el tiempo conmigo, riendo, mostrándose muy amigable-decía Shaoran al sonreír con sorna, le gustaba fastidiar a su amigo y más con esa historia-y a decir verdad, no parecía querer saber nada ti después de los cotilleos que escuchó sobre tu vida y tus andares.

-Pero al parecer, nadie le había informado ti-estaba apretando los puños.

-No creo que no-río otra vez.

-Pero gracias de todos modos, por tu propuesta tan escandalosa que le hiciste al insinuarla para llevarla hasta el balcón. No pudiste ser menos calavera con ella…al intentar…

-No pude resistirme-le interrumpió el ambarino-quería ver como reaccionabas, antes al menos competíamos por una misma mujer para ver quien la conquistaba primero…pero con ella…

-Supe que sería diferente desde el principio, sabía muy bien que ella no se complacería con solo ser mi amante, y yo la quería para mí, la salve de tus garras y al mismo tiempo sabía que me condenaba a mi mismo-Shaoran lo miró a los ojos, y pudo ver como estos brillaban de emoción y de placer al hablar de ella-Ella es el tipo de mujer con la que uno se casa, y no me importó, la quería, aunque eso significara tener que casarme….

-Deja las cursilerías amigo, o harás que se me revuelta el estómago-Eriol pidió una botella más, al fin de cuentas ya ambos estaban cayendo en la borrachera.

-Ya me entenderás Shaoran, cuando pases por lo que yo-alzó su copa para que hicieran un brindis.

-Por tu felicidad-anunció Shaoran que bebió su copa de un solo trago.

-Por que la encuentres igual, para así bufarme de ti cuando solo seas capaz de correr tras una única falda-y río antes de beber de su copa, pero Shaoran no bebió, pues era lo menos que quería.

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No pudo soportar las ansias al llegar y ver a su madre esperándola en el umbral de la puerta, salió corriendo del carruaje con las lágrimas bañando sus mejillas y la abrazó tan fuerte, tratando de recuperar todos los abrazos perdidos durante esos años. No podría ser más feliz al tener a su madre ahí, Nadeshiko se separó un poco para verla mejor, aunque las lágrimas hacían que viera un poco borroso, besó cada una de las mejillas de su hija enumeradas veces, la besaba y volvía abrazarla, parecía no terminar. Tantos años sin tenerla a su lado, necesitándola siempre, ausente de sus consejos, de sus mimos, pero ahora la tenía ahí.

Su madre no dejaba de apretarla contra su pecho, como si no quisiera soltarla nunca, y no dejaba de sonreír y llorar al mismo tiempo.

-Deja que respire mujer-escuchó decir detrás de su madre, era Fujitaka su padre, los años hacían presencia en él, en sus cabellos castaños las canas se asomaban, y algunas arrugas alrededor de sus ojos y la frente.

-Papá…-sólo pudo gimotear porque soltó a su madre para parar en los brazos de su padre, los cuales fueron más fuertes y oprimieron sus costillas, pero sin hacerle daño.-cuanto los extrañe-dijo entre cortada contra el pecho de su padre. El acariciaba su cabeza cubierta por el velo de novicia, y le susurraba que dejara de llorar, que se tranquilizara un poco, aunque ella percibió cierta ronquera en la voz de él.

-Bienvenida a casa-dijo una voz desde el interior de esta, levantó la mirada para encontrarse con sus dos hermanos, los cuales estaban parados en medio de la sala, era cierto lo que su madre le había contado en las cartas, Touya era una viva imagen de su padre cuando joven, los mismos ojos marrones y pelo castaño, y Yue pues siempre había sido diferente, tenía unos ojos grises muy profundos, y el pelo parecía casi blanco, su madre decía que era algo de familia, que su abuelo era así igual, y ambos eran tan altos como su padre.

Les dio una cálida sonrisa, y Yue extendió sus brazos para recibirla, como siempre él era más cariñoso con ella que su hermano mayor, pero se sorprendió cuando Touya la atrajo hacía sí y le palmeó la cabeza, ella lo miró añorando viejos tiempos. Sin embargo, el no dijo nada, solo se limitó a sonreírle.

-Sacaremos tus cosas del carruaje, andando Yue-dijo su hermano, arrastrando al otro consigo.

Respiró hondo y observó a su alrededor, se sentía tan cálido estar en su casa, lloró desde que entraron al pueblo. Vivía en una villa no muy lejos de Coventry, a donde debía ir después de su estadía. Era un lugar hermoso, rodeado de montañas verdes, con bosques donde los árboles parecían tocar el cielo, en primavera los jardines de las casas se bañaban de flores, cada una de un color diferente, y eso le encantaba. Era cierto, su familia pertenecía a los altos rangos de la sociedad, pues su padre había heredado el título de duque por parte de sus abuelos, pero ellos siempre habían preferido vivir en el campo y no en la arrebatosa ciudad, allí estaban tranquilos, y no interfería en los negocios familiares.

Su casa, era en realidad una hacienda, sus terrenos se extendían a los límites del valle hasta llegar al río que la atravesaba, después seguían las demás villas. Poseían una caballeriza y en la parte de atrás cultivaban algunos alimentos. Era una casa bastante grande, de dos pisos, la escalera se encontraba en el salón y llevaba a las habitaciones, todo el lugar decorado con los toques de su madre, dando un ambiente bastante acogedor y familiar, las cortinas blancas con bordeados de flores decoraban las ventanas, y algunos cuadros, en la mayoría con paisajes colgaban en las paredes del pasillo. Sin embargo, todo eso ya no le pertenecía, uno de los sacrificios de hábito era vivir en la pobreza, así que ella no podía aprovechar los bienes de su familia, que aunque por derechos son suyos, no puede reclamar. La verdad es que no le importaba hacerlo, era feliz con lo poco que tenía.

-Oh…mi pequeña-decía su madre al acariciar su mejilla-estas hermosas-Sakura se sonrojó un poco-ven siéntate, has de estar cansada. Tus hermanos se ocuparan de llevar tus cosas a tu antigua habitación.-la llevó hasta el mueble grande donde tomó asiento junto con sus padres.

-Han de saber que no me quedaré por mucho…

-Acabas de llegar hija, así que no hables de partida-dijo su padre al interrumpirla-La hermana Sol María nos explicó todo en una carta que recibimos hace poco, así que solo permítenos disfrutarte el tiempo en que estés aquí.

-Quisiera ir a mi habitación, y si fuera posible darme un baño…

-¿Por qué hablas así pequeña?-se quejó Nadeshiko-esta es tu casa, no tienes porque pedir nada, anda, le diré a una de las criadas que preparé tu baño, debes estar cansada.

-No-se negó, el hecho que estuviera en su casa, no significaba que debía de cambiar ciertas costumbres que había adquirido al vivir en el convento, como el hecho de que solo dependía de ella misma y Dios, y de nadie más. Pero al mirar el rostro de su madre se apresuró a explicarse-lo siento madre, es solo que en el convento todas tenemos que hacer nuestros propios quehaceres, nadie nos prepara baños, nosotras hacemos todo, no quería que pensaras…

-Esta bien, pero entiende, que mientras estés aquí yo voy a consentirte, así que no más que discutir, ve a tu habitación que yo me ocupare para que te preparen el baño.

Sin más ni menos se dirigió a su habitación, ¿qué podía hacer? No podía negarle eso a su madre, y más sabiendo que ella lo hacía con todo el placer del mundo, podía dejar que lo hiciera, a fin de cuentas eso la haría feliz.

No tardo en bajar después de arreglar todo en su antigua habitación, se había dado un largo baño, se sentía tan bien después de aquel largo viaje. Bajo a cenar cuando su madre la llamó, se puso uno de los vestidos grises que tenía que no dejaban apreciar su cuerpo, y que le cubría hasta el cuello.

-¿No te asfixias con eso?-se burló Touya al verla sentarse junto a él en la mesa. Algunas cosas no cambiarán.

-Déjala tranquila-la defendió Yue.

-Que va, tengo que aprovechar en máximo su presencia, ¿o crees que un mes será suficiente para jactarme todo lo que no hice en nueve años?-dijo riendo, mientras se servía del puré.

-Yo también te extrañe hermano-comentó Sakura con sarcasmo al empezar a servirse.

-¿Es sarcasmo lo que noto en su voz hermana Sakura?-ya basta, ahora se burlaba de ella.

-Por favor, dejen de comportarse como niños-les reprendió su padre, que a pesar de su tono se estaba divirtiendo con la situación, realmente su pequeña hija les hacía tanta falta, la casa no era igual sin ella.

-Hermano, ¿no crees que estas bastante grandecito para esto? Al parecer te falta madurar…-Touya la miró enfuruñado.

-Encontrar una esposa es que le falta-comentó su madre que había estado en silencio todo ese tiempo, todos la miraron y rieron juntos.

-Es cierto hermano-decía Yue tratando de controlar sus carcajadas-deberías ya sentar cabeza…

-El burro hablando de orejas-dijo a la defensiva.

-Ah no Touya, yo al menos tengo novia…-Sakura lo miró al enterarse de esta novedad-así, es Carolina Fiennes, ¿te acuerdas de ella? Hija de los señores Fiennes los vecinos de Tomoyo, quizás no la recuerdas porque se fue a estudiar en el extranjero, pero hace unos pocos tres años regresó, y yo la empecé a cortejar hace poco en realidad…

-Dile la verdad querido hermanito, que de cierta manera la pobre se vio acorralada después que la acosaras y que es ahora que te ha dado el si-Touya rió al ver el efecto que había tenido ese comentario sobre él, pues casi le cae encima a no ser que su padre lo controlara.

-Al menos tiene novia ¿no?-se burló Sakura tratando de defender a Yue como él siempre lo hacía por ella.-pero hablando de novias y boda, recibí antes de salir del convento una carta de Tomoyo diciendo que se casa, por sus palabras parecía estar muy contenta.

-Yo diría que más bien desgraciada-comentó su hermano mayor algo malhumorado. Ella no comprendía por qué de aquel comentario tan ácido, así que él prosiguió-estará feliz, es cierto, pero se casa con un libertino en todo el sentido de la palabra.

-Como si tú no lo fueras-dijo Yue al llevarse un pedazo de pollo a la boca.

-Pero no uno de tan mala categoría como él, por favor, ha de tener mujeres a montón…

-Si sigues así, asumiré que estas celosos-esta vez Yue había marcado su día de muerte al decir eso. Pero no era que él estuviera celoso, es solo que era igual que una hermana para él, además ya el tenía su propio dolor de cabeza con faldas que no lo dejaba en paz, pero no consideraba que su prometido fuera apto para ella.

-No comprendo-dijo al fin Sakura, que no entendía nada, pero para dejar eso prosiguió-en fin, se que ya estas horas no será prudente de mi parte visitarla, así que Touya mándale a comunicar que estoy aquí, para así poder verla mañana temprano.

-Está bien-se resignó.

La cena transcurrió con las mismas emociones y alegrías al aire, riendo de los insólitos comentarios de Yue, disfrutando de la presencia de cada uno. Algunas horas después, cuando hubieron tomado un poco té, se dispusieron a ir a dormir. Sakura les dio las buenas noches a todos antes de entrar a su habitación. Sacó de su baúl uno de sus pijamas, ya que aún no había tenido tiempo de acomodar todas sus pertenencias. Cuando ya estuvo preparada para dormir hizo su oración como todas las noches y dejo que los brazos de Morfeo la acurrucaran en un abrazo tibio.

Los rayos de sol ya se asomaban por su ventana, estiró todo su cuerpo tratando de despertar, sentía que había dormido más de la cuenta, y así era porque al ver por su ventana se dio cuenta que debía ser media mañana. Hacía mucho que no dormía tanto, pues en el convento era estricto estar despierto a una hora específica. No le gustaba estar quieta, así que ayudaría ese día al menos en la cocina, si es que su madre se lo permitía. Se dispuso a hacer su oración cuando escuchó que desde la planta baja alguien decía, mejor dicho gritaba su nombre, con un tono algo molesto y resentido. Escuchó pasos en el corredizo y cuando abría la puerta de su dormitorio algo o alguien se abalanzó sobre ella abrazándola tan fuerte que casi la deja sin respiración.

-¡Realmente estas aquí!-decía aún sin soltarla, pero como si hubiera recordado algo de repente se alejó de ella y la miró furiosa-pero no creas que no estoy molesta, porque si lo estoy, ¿cómo puede ser que recibiera un recado por parte del lacayo de Touya de que habías llegado, y ni siquiera te dispusiste a hacerme la visita ayer?-dijo todo aquello de una sola vez, faltándole el aire.

-Por favor Tomoyo respira-le dijo con una sonrisa sin poder evitarlo, pues el rostro molesto de su amiga le causaba bastante gracia-primero, ni yo misma sabía que vendría, todo fue planeado por mis superioras, lo supe un día antes.

-¿De verdad?-preguntó dudosa.

-Es cierto, eran mi familia que sabían sobre esto, pero yo no…

-Entonces….-puso sus manos en las caderas y dio un fuerte bufido-quiere decir que Touya y Yue sabían de esto, y no me dijeron nada….entonces el asunto es con ellos-y como si estuviera intenciones de hacer una guerra por ello se dirigió hacía la puerta enfuruñada.

-Espera… ¿es así que piensas recibirme enojándote con mis hermanos?-Tomoyo giró de redondo y miró a su mejor amiga, a la que tanto tiempo tenía sin verla.

-Estas preciosa amiga-dijo Tomoyo-bueno exceptuando el hecho de que te has acabado de levantar, aún tienes algunas ojeras, tu pelo esta digamos que…algo revuelto…

-Tomoyo-le interrumpió en su análisis matutino.

-Solo bromeaba-dijo con su peculiar sonrisa que es capaz de contagiar a los demás. Tomoyo se había convertido en una mujer, no había duda sobre ello, con su pelo negro largo que le llegaba a la cintura, su piel de porcelana y esos ojos de una amatista que parecían arrastrarte consigo en un ensueño. Era hermosa, una deidad para los hombres. Vestida con aquel vestido rosa típico para las damas inocentes que hacía poco habían sido presentadas en sociedad.

-Espérame abajo, me alistaré y en unos minutos me reúno contigo, tenemos mucho de que hablar…

-Si…-se aclaró la garganta para continuar-mucho de que hablar…-y mostró entonces una tímida sonrisa, que Sakura no llegó a entender.

Al bajar las escaleras Sakura encontró a su amiga en la sala discutiendo con sus hermanos sobre el hecho de que ésta no fuera avisada con anterioridad sobre su llegada.

-De Touya lo esperaba, el haría cualquier cosa por verme molesta-y lo fulminó con la mirada al ver que este reía para sí-cosa que al parecer ha logrado, pero de ti Yue…nunca-decía al suavizar su tono.

-Tómalo como una sorpresa-sugirió Yue-porque así lo fue ¿no? Además estamos muy seguros que si hubieras sabido de esto hubieras vuelto la casa al revés tan solo para hacer una fiesta de bienvenida.

-Pero…-iba a protestar, pero se calló al instante porque ellos tenían razón, hubiera dado por sentado que hubiera realizado una fiesta donde reuniría a todos los amigos de la familia. Se sintió frustrada al saber que no podía discutir y más por darles a ellos la razón.

-Ves Tomy-le dijo Touya utilizando el diminutivo de su nombre como siempre solía hacer-al fin de cuentas no hicimos nada mal.

-¿Qué te parece si salimos a caminar un poco Tomoyo?-sugirió Sakura al acercarse a ellos para terminar de una vez por toda con esa absurda discusión-aún no he salido a explorar los alrededores.

-Por supuesto-dijo sonriendo.

-Llevaré algunos panecillos para el camino-se dirigió a la cocina y poco después regresó con una pequeña canasta cubierta por un pañuelo-por ni nos da hambre-dijo alzando sus hombros.

Ambas salieron de la casa y se dispusieron a caminar por todo el sendero de la haciendo Fujitaka. El aire fresco llenó los pulmones de Sakura y disfrutaba del ambiente, de su hogar. Podían ver las colinas y las demás casas, los árboles, e incluso si guardaban silencio podían escuchar el susurro de un río al correr, el cual no estaba lejos del lugar donde se encontraban. Decidieron parar bajo la sombra de un árbol para así poder comerse los panecillos.

-Entonces….te casas-dijo al fin la esmeralda al no poder contener más su curiosidad. Tomoyo la miró y sus ojos brillaron con intensidad.

-Así es…-suspiró-ya te había comentado de él en mis anteriores carta, su nombre es Eriol Hiragizawa, oh! Por Dios, es un hombre espectacular, demasiado atractivo no puedo negarlo-y sonrió aun más de lo que ya podía hacer-como te comenté lo conocí en una de las fiestas de la ciudad, cuando pase una temporada en casa de mis tía Florencia, hermana de mi padre ¿recuerdas?-Sakura lo afirmó con un movimiento de cabeza, no quería interrumpirla-En fin, ya había sido avisada por las demás damas que se encontraban allí de su habilidad de conquista, y por supuesto yo no quería saber nada de hombres como él, que solo buscan mujeres para divertirse-Sakura casi se atraganta con su panecillo al escucharla hablar de esa manera-Lo siento, creo que debería pensar mejor que palabras usar…

-No te….-tosió-preocupes, continua.

-Debido a ciertas circunstancias que pasaron esa noche-quería obviar el comentario que le había hecho el mejor amigo de su prometido, ya que no le parecía correcto mencionarlo-él se comportó conmigo como un perfecto caballero y me dio a entender que iba a cortejarme y estaría dispuesto a romperle la nariz a cualquiera que intentara acercárseme. Las semanas siguieron pasando, y él se mostraba más gentil, más romántico, y sus besos… -carraspeó un poco-pero ninguna propuesta matrimonial, hasta que un día lo confronte, nos gritamos él uno al otro…pero sucedió algo que no tenía pensando, que en ningún momento había calculado, por más que lo deseara, y seré honesta contigo Sakura porque confío en ti, y espero que no me juzgues.

-Esta bien, cuéntame lo que sea-y tomó las manos de su amiga como gesto de que podía confiarle cualquier cosa.

-Eriol siempre ha sido conocido por su libertinaje-la esmeralda no se sorprendió pues ya había escuchado ese comentario por parte de su hermano mayor-pero yo siempre lo he preferido llamar "especialista en mujeres"-y sonrió de manera divertida-yo quería ser diferente, porque yo quería que el me amase y se quedara conmigo, pero eso noche no pude contener mis deseos hacía él y él mucho menos hacía mi, e hicimos el amor, me prometiste que no me juzgarías-dijo Tomoyo esto último al ver la cara de espanto de su amiga.

-Por Dios Tomoyo, ¿qué has hecho? Quieres decir que no…

-No soy virgen Sakura, si es a eso que te refieres-comentó asqueada por la actitud de ella. Sakura se llevó ambas manos a la boca sin dar crédito a lo que escuchaba, pero comprendió que ese no era el tipo de comportamiento que esperaba Tomoyo por parte de ella, así actuaría una monja, no su mejor amiga, debía encontrar un equilibrio entre amabas.

-Lo siento, pero…es más la manera tan ligera que lo dices, como quien comenta sobre el clima-quería hacerle entender que era un tema muy serio, y que no debía tomársela a la ligera.

-¿Puedo entonces continuar?-Sakura asintió-esa noche después de lo sucedido no supe de él por algunas semanas más, no entendía el por qué, llegué a pensar que nunca me quiso, y que como había conseguido lo que quería ya no me necesitaba a su lado. Yo regresaría a casa en poco tiempo, y no le comentaría a nadie sobre lo que había pasado, a pesar de todo no quería comprometerlo, no quería que se casara conmigo por obligación siendo arrastrado a la fuerza hasta el altar, quería que el me lo pidiera…entonces antes de regresar acá él se presentó ante mi tía diciendo que se casaría conmigo, no dio razones solo fue en mi busca al verme parada en la escalera y corrió a abrazarme, me sentía la mujer más feliz sobre la tierra, y también esa misma noche cuando estábamos tomando el té junto con mi tía y ella hablaba muy alegre sobre los futuros preparativos le dijo al oído que estaba…-suspiró y aguardó un poco antes de seguir-le dije que estoy embarazada.

Esta vez Sakura no dijo nada, no parpadeaba, no hacía ningún gesto, pero se dijo así misma ¿quién soy para juzgar a los demás? Además de algo estaba muy segura porque lo veía en los ojos de su amiga que ahora amenazaban con llorar, y al abrazarla se dio cuenta que Tomoyo lloraba, pero de felicidad.

-Un hijo…es una bendición-decía al soltarla.

-Vas a ser tía-le dijo Tomoyo aún radiante de alegría, acarició su vientre que aún no mostraba señas de su estado.-porque así es que te llamará, tía, eres como mi hermana Sakura, y no sabes lo importante que es para mi que estés conmigo en estos momentos, no le he contado a nadie más sobre esto, no por vergüenza, pero no quiero estar en la boca de las viejas chismosas de por acá, y menos que hablen que mi madre no me dio una buena crianza, y como el hecho de no estar con mi padre me afectó…

-Esta bien, entiendo-la detuvo Sakura riendo.

-Ya quiero que lo conozcas, y veas lo tanto que me ama y así cualquier cosa errónea que pienses sobren él se disipe. Llega hoy por la tarde, haremos una cena familiar y el próximo sábado será el compromiso, así que espero verte allá, ya que se me hará un poco difícil venir a visitarte por los preparativos y eso…

-¿En el compromiso?-la interrumpió Sakura-Es que…entiende Tomoyo hay algunas normas que debo cumplir no puedo…

-Ah no-dijo al ponerse de pie y dejando aturdida a la pobre esmeralda-Vas a ir y punto, no puedes hacerme esto, y se acabó la discusión.-se cruzó de brazos y le dio la espalda, a veces Tomoyo solía ser tan quisquillosa-además-se volteó para mirar a su amiga-tus padres y tus hermanos irán, no puedes quedarte sola en la hacienda, ¿o sí?

Ella tenía razón, no era prudente que ella se quedara sola en casa, y si su familia asistiría no le encontraba nada de malo en eso. Tomoyo sonrió triunfal al observar de que había ganado esta vez, y no como pasó temprano en la mañana en casa de su amiga con sus dos hermanos.

Poco antes de llegar a la puerta de la casa Tomoyo la detuvo al tomarla de la mano y haciendo que esta la mirase.

-¿Eres feliz Sakura?-fue una repentina pregunta pero supo de inmediato a qué se refería, colocó su otra mano sobre la de Tomoyo y con una sonrisa auténtica le respondió.

-Claro que sí, se que quizás no entiendas porque elegí este camino, no hay razones para preocuparse, me siento feliz conmigo misma y en paz con Dios-sabía bien que su amiga a pesar de conocer la historia detrás de todo esto no lograba entender porque su ella seguía con todo esto, porque la fin de cuentas la última palabra la tenía Sakura, sin embargo sabía que ella no lo hacía por obligación, sino porque eran sus deseos. Complacida con su respuesta la dejo marcharse y se despidió de ella en la puerta.

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Si pudiera gritarle al mundo la calidez que podía sentir en su corazón en ese momento, lo haría sin pensarlo, no podía creer que un hombre como él, que solo le importaba complacer sus necesidades más básicas, había encontrado una mujer que era capaz de perturbarlo día y noche. Él que se consideraba un experto en mujeres encontró su mayor debilidad en aquellos ojos amatistas que lo miraban en ese instante con esa sonrisa sutil, y que sus mejillas se enrojecían de vez en cuando, cada vez él se detenía a observarla, se quedaba absorto admirando sus suaves facciones, la delicadeza de sus labios, y esa piel de porcelana que deseaba su contacto.

-La cena está servida señora Daidouji-dijo el ama de llaves, una señora de mediana edad y baja estatura.

Eriol y su familia habían llegado aquella tarde a casa de su futura suegra con el fin de que ambas familias pudieran conocerse mejor. De cierto modo admiraba a Sonomi Daidouji, madre de su prometida, quién después de la muerte de su esposo hacía ya algunos años había tenido que cargar con la responsabilidad de mantener a delante los negocios de su marido y criar a una hija bajo las costumbres. Era una mujer fuerte y determinada, así se la había descrito Tomoyo en otras ocasiones y era algo que podía observar con tan solo mirarla. Aún a sus cuarenta y tres años era una mujer hermosa, lo cual había heredado su hija también, amable y muy cariñosa, a pesar de que tenía que mostrarse muy seria en otros momentos, para no perder la autoridad que había adquirido durante esos años de lucha.

-Entonces señores, pasemos a la mesa-les invitó Sonomi, los novios esperaron que sus padres salieran, y cuando Tomoyo se disponía a pararse sintió como Eriol la jaló suavemente del brazo haciendo que esta terminara sentada en su regazo, y haciendo que esta soltara un suave gemido.

-Eriol-exclamó sorprendida, además temía que sus padres los encontrara en aquella posición poco decente para una dama.

-Shhh…silencio pequeña, o harás que se enteren-dijo con su pícara sonrisa, fue inevitable para Tomoyo ver como los ojos de su prometido se volvían más oscuros debido a la pasión escondida detrás de ellos. Este acarició con ternura su mejilla, la que tanto deseaba tocar mientras reprimía sus deseos al escuchar a sus padres hablando sobre los preparativos de la boda.- ¿Qué me has hecho chiquilla?

Aquella pregunta hizo que Tomoyo enrojeciera más, y su corazón latía a mil por hora. Llevó sus manos al cuello de Eriol para que sus rostros estuvieran más cercas. Sentía como el tibio aliento de Eriol acariciaba su rostro, y sus narices se tocaban. Eriol cerró sus ojos y acarició sus mejillas con la punta de su nariz, y cuando llegó a su cuello inhaló su inmaculado aroma a flores silvestres. No pudo más y unió sus labios con los de ella, no era necesario decir con palabras como ambos anhelaban ese momento, si con sus caricias podían describir lo tanto que se amaban y se necesitaban. Ella ahogó un gemido al percibir como la lengua de Eriol se abría paso en su boca para darle entender que era suya y de nadie más.

-Te deseo-le dijo Eriol aún sin separar sus labios.

-La….-aclaró su garganta, aún aturdida por el beso-…la cena amor, nuestros padres…

-Ellos pueden esperar-ella río pues Eriol al parecer hablaba muy enserio, pero no podían, al menos no ahora, después cuando terminara la cena y todos fueran a dormirse ella dejaría la puerta de su habitación entre abierta para que el asistiera a verla.

-Tranquilo, más tarde será, no querrás decepcionar a mi madre esta noche-dijo besando de manera rápida los labios de su prometido.

-Maldición-se quejó sabiendo que no podía ser, llevaba tantos días deseándola, de tenerla debajo de su cuerpo, y ahora que la tenía tan cerca no era posible. Tomoyo se puso de pie y arregló un poco su vestido y le extendió una mano, juntos salieron de la estancia y se reunieron con su familia en la mesa.

La cena transcurriría de una manera muy agradable, ambas familia se llevaban muy bien, los señores Hiragizawa era personas muy simpáticas y agradables, y conversaban de la alegría que los embargaba por el hecho de que su único hijo sentara cabeza, pues pensaban que quizás nunca lo haría. Consideraban a Tomoyo como su salvación, y reían cada vez que lo mencionaban sin dejar de decir que Eriol se sonrojaba cada vez que lo decían, acto que había conseguido aprender por estar tanto tiempo con su prometida.

-Tomoyo-se dirigía Sonomi a su hija-¿pudiste ver a Sakura esta mañana?

-Si, esta preciosa mamá, ya la verás, me aseguró que vendría al compromiso-le comentó y al darse cuenta de que los presentes no participan en este tema decidió añadir-¿recuerdas que te hablé de ella Eriol? Mi amiga Sakura.

-Ahora recuerdo-mencionó antes de llevarse una copa de agua a los labios-la que está en el convento, ¿no es así? Que es monja.

-Bueno, en realidad no es monja aún, es novicia solo esta esperando que la soliciten para entonces iniciarse como monja-dijo Tomoyo.

-Pero ¿ya no está en el convento?-preguntó Eriol.

-Esta de visita con su familia por una temporada, luego irá a Coventry-dijo esto último un poco desanimada.

-Debe estar muy entregada en lo que hace-añadió la señora Hiragizawa-es hermoso ver como las jóvenes de hoy aprecian esa vida, ya que son muy pocas que lo hacen.

-Perdón por el cambio de tema tan brusco-decía Eriol-pero he recordado que debo comentarle algo señora Daidouji…

-¿Por qué tanta familiaridad hijo? Llámame Sonomi-le interrumpió. Eriol sonrió tan pícaro como él bien sabía hacer, no pudo evitarlo y sintió cierto codazo proporcionado por su prometida quien estaba junto a él.

-Como decía Sonomi-continuó obviando aquel incidente-desearía si no fuera molestia alguna que recibieran a mi amigo, Shaoran Li Lord de Brighton, a quien le he dicho que venga antes que los demás invitados.

-Entiendo Eriol, deseas que tu amigo este cómodo acá, has de entender que contamos con suficientes habitaciones para alojar a nuestros invitados y a los que no, se alojaran en los hoteles que están en el pueblo.-respondió Sonomi.

-Lo se, he apreciado muy bien su maravilloso hogar, pero lo que no quisiera es que a mi amigo, el cual es como mi hermano, así como es para Tomoyo su amiga Sakura, que tuviera que alojarse en un hotel. Por eso le dije que viniera un día antes, espero que no sea molestia alguna.

-Para nada querido, para nada-le sonrió y así continuaron con la velada, y dos de ellos ansiosos que acabara para disfrutar de la poca intimidad que tendrían por la noche.

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Hacía ya una semana que estaba en casa, compartiendo con su familia recuperando así el tiempo en que habían estado separados. Aquella tarde quería disfrutar de la puesta del sol, el cual podía admirarse desde lo alto del claro, así que salió de casa. Quería disfrutar del pasto, del aire fresco, de la pureza de la naturaleza, por eso no fue en caballo como ya hacía algunos días. Llevaba puesto uno de sus vestidos que la cubría completamente, pero este no era de cuello alto, por lo cual este se encontraba expuesto, pensó que no molestaría a nadie vestida así, ya que la única que podría reprocharla era la Hermana Sol María y ella no estaba allí.

-No puedes pensar así hermana Sakura-se reprochó así misma, pero no podía evitar sentirse libre aquella tarde.

Caminó más de lo debido hasta llegar a lo más alto, y miró a todo su alrededor, era una bendición poder observar tal escena desmesurada de belleza. Desde aquel lugar podía ver el río que atravesaba el pueblo, los árboles que parecían estar amontonados, y todo estaba tan verde, el pasto brillaba, si es que así se podría decir, y el sol se ocultaba detrás de las montañas y el cielo se tornaba de un color rojizo suave. No pudo evitar sonreír al contemplarlo y agradecer a Dios por sus regalos tan maravillosos como era ese, y no le dio importancia a aquel carruaje que se acercaba en el camino.

Estaba cansado de estar sentado en el carruaje, como quería llegar esa misma tarde antes que anocheciera no había hecho ninguna parada en el camino, y tampoco habían comido nada. Lord Brighton se encontraba observando el paisaje por la ventanilla, al menos era agradable la vista que recibía, un lugar hermoso sin duda, y al parecer igual sus habitantes, al menos aquella mujer que parecía disfrutar de la naturaleza. No pudo evitar que esta llamara su atención, más lo hacía por aquella ridícula vestimenta que llevaba puesto. Un vestido de color gris que le cubría hasta los tobillos y las muñecas, su cintura pequeña se dejaba entre ver en aquel vestido, aunque como era muy desahogado no podía apreciar sus pechos. Debía ser alguna criada, lo deducía por los harapos que llevaba puesto. Le divertía como su cabello castaño y largo jugaba con el viento y debido a esto se les veía algo enmarañado. Le pidió a su chofer Christopher que se acercaran un poco más a la joven para verla mejor, e hizo que detuviera el carruaje.

Era pequeña, quizás máximo llegara hasta la altura de su pecho, pero no había duda de que era una mujer hermosa, de facciones delicadas y de unos ojos…. ¿de qué color serían? No podía apreciar eso por lo lejos que estaban, y no sabía por qué había sentido aquel impulso de salir y acercarse a ella para ver el color de sus ojos. Se reprimió así mismo por desear aquello tan ridículo y estúpido, no obstante no pudo evitar desearla, de ver lo que se escondía debajo de ese vestido. Hacía mucho tiempo no sentía esto con tan solo ver a una mujer, mejor decir nunca había sentido tales impulsos tan arrebatadores por conocer a una mujer, tenía ganas de llevarla en su carruaje tenerla para él durante largas noches, y comprendió que su cuerpo así lo quería.

Tenía que hacer algo o sino pasaría unas terribles noches en casa de la nueva familia de su amigo. Y una sonrisa se dibujó en su rostro y llamó a su chofer.

-Búscamela Christopher-dijo señalando a la joven que se encontraba no muy lejos de ellos.

Estaba acostumbrado que su señor le hiciera esa clase de peticiones, varias veces lo había hecho allá en la ciudad, así que no le incomodo.

-Así será señor-dijo este al bajar.

-Sin importar el precio-terminó diciendo antes de que se alejara para que le quedara muy en claro que la deseaba para él sin importar lo que costase.

Comprendió porque su señor quería a esta mujer en específico, de lejos no podía apreciarla muy bien, y mucho menos en aquel espantoso vestido que no le venía nada bien, pero lo entendió todo al mirarla. Era una mujer hermosa, y su señor estaría completamente complacido con él cuando la llevara a su lado.

-Buenas tardes señorita-aquel saludo la había sobresaltado, no se había dado cuenta de que estaba acompañada, y mucho menos cuanto tiempo llevaba aquel carruaje detenido en medio del camino. Pensó que quizás habían tenido problemas y por eso se detuvieron allí.

-Si, ¿en qué puedo ayudarlo?-era inevitable que su alma de caridad no saliera a flote, y mucho menos reprimir el querer ayudar a los demás, a quienes le necesitaban.

-Verá, mi amo esta dispuesto a pagar por sus servicios-le dijo el hombre de cabellos blancos y ojos grises, ya las arrugas invadían su frente y la línea de sus ojos. Entonces comprendió que se habían equivocados, su supuesto amo buscaba criados, y ella vestida de esa manera parecía uno, pero no le importaba que la confundieran.

-Lo siento, pero no necesito trabajar-y con una sonrisa que hizo al hombre admirarla más continuó diciendo-usted y su señor han hecho una mal conjetura.

A pesar de lo admirado que había quedado al verla, se fastidió cuando esta lo rechazaba.

-Quince libras le ofrecerá por sus servicios.

-No necesito el dinero, señor.

-Veinte libras entonces-Sakura se sorprendió al escuchar esa cifra, no había nadie que pagase tanto por los servicios de un criado.

-Con eso podría contratar a todo un servicio de criados-dijo ella empezando a desconfiar un poco de ese hombre y de su supuesto señor, que seguro era aquel que estaba en el carruaje esperándolo, no pudo ver como era debido a lo lejos que estaban.

Christopher se fastidió más al darse cuenta que ella había malentendido todo, cría que la quería para criada, molesto la miró y sin importarle si se ofendía o no le dijo.

-Usted ha entendido mal señorita-Sakura arco una de sus cejas castañas-el no la quiere como criada, el desea que usted le ofrezca sus servicios esta noche.

Ofendida, molesta, asqueada, todos esos sentimientos juntos hicieron que la esmeralda lanzara un bufido, no podía creer que la estaban confundiendo de esa manera, era algo inaceptable. Sentía que sus mejillas explotarían de tanto que le ardían.

-Mucho menos eso señor-sentenció y se volteó para irse.

-Que sean treintas libras, es más mi amo le pagará la cifra que usted quiera, el Lord de Brighton es un hombre muy generoso-muy furiosa Sakura giró sobre sus talones y aquel hombre pudo ver como sus ojos verdes centellaban.

-Pues su "amo"-decía dándole énfasis a esa palabra-podrá meterse su título por el…-y ella misma se calló llevándose las manos a la boca, era imposible que estuviera haciendo tales comentarios, se sentía ofendida y humillada, pero no podía permitirse llegar hasta ese punto, debía controlarse. Y de cierta manera se sentía enojada hacia ese tal Lord Brighton.

El hombre pensó que con tan solo mencionar el título de su señor ella accedería a complacerlo como muchas otras lo hacían, pero esta no y ya sentía que perdía su tiempo.

Y sin prevenirlo, sin darse cuenta que algo así sucedería, sintió un fuerte punta pie en su pierna proporcionada por aquella mujer, se agachó y oprimía su pierna derecha donde había recibido el golpe.

-Maldita mujer…-susurró con dolor al ver que esta corría perdiéndose de vista.

Caminó cojeando hacía el carruaje donde su amo lo esperaba, y se encontró que este se explotaba de la risa mientras él recibía las consecuencias de los deseos de su amo.

-Es el mejor espectáculo que he recibido en estos días-dijo secándose las lágrimas de risa-¿cómo se siente ser vencido por una mujer?

Él solo hizo una mueca, el señor se lo tomaba todo como si fuera una broma.

-Lo siento señor, pero la joven no quiso venir.

-De eso pude percatarme-no estaba enfadado, pero si decepcionado, no entendía el porque no estaba acompañado en esos momentos de aquella joven tan irrespetuosa y que aumentaba en cada instante su curiosidad. Ahora tenía que encontrar a alguien más para tranquilizarse esa noche, pero estaba seguro de que a esta la encontraría, al menos él pondría su empeño en eso. La deseaba, no había duda alguna.-vamonos-le dijo Shaoran.

Antes que su chofer subiera y tomara las riendas del caballo lo detuvo para preguntarle algo que no podía quedar en el aire.

-¿Si señor?

-¿De qué color son sus ojos?-le preguntó Shaoran.

-Verdes mi señor-le respondió dándose cuenta lo maravillado que había quedado su amo con esa joven.

"Verdes" pensó Shaoran en el camino, y sin percatarse de ello, ella ocupó la mayor parte de sus pensamientos en el transcurso del camino que les faltaba por recorrer. Tenía que conseguirla, no sabía la razón, quizás por su coraje, talvez por el simple hecho de haberlo rechazado, pero ansiaba conocerla, ver que se escondía detrás de toda esa vestimenta. Si no conseguía a alguien para esa noche, tendría que darse un largo baño de agua fría.

Continuará….

Hola mis queridos lectores, aquí les traje una nueva reseña de esta historia. Al fin se encuentran, quizás no como Shaoran lo hubiera preferido, pero ¿qué pasará cuando se entere de que a la joven a la cual su chofer le propuso tan escandalosa propuesta no es más que la mejor amiga de la prometida de Eriol y para los colmos novicia?

No paso muchas cosas, pero no quiero adelantar los hechos, tengo muy bien planeada como se desarrollara esta historia. Me divertí bastante escribiendo las últimas escenas, espero que lo hayan disfrutado. Y aunque no me baso en las demás relaciones, espero haberlos motivado un poco aunque sea con la escena de Tomoyo y Eriol.

Les agradezco a todas que han empezado a leer mi historia, gracias por el apoyo ^^

Pronto tendrán el tercer capi, espérenlo con emoción.

No prometo con publicar cada cierto tiempo, pues no quiero llegar a decepcionarlos si me llego a demorar pero trataré de actualizar lo más pronto posible. Quiero seguir el ritmo con el que empecé.

Cuídense y hagan todo lo que yo no haría ^^