El último sinsajo.

Capitulo 2.

Ya está. Ahí estaba la elegida. Effie acababa de pronunciar el nombre. Era mi nombre.

Me olvidé de cómo respirar. Sentí como mi cuerpo no me respondía, el sentido del oído tampoco me funcionaba ya que miraba a la multitud moviendo sus bocas y no oía nada. Maysilee poco a poco me soltaba la mano, la miro y ella comienza a llorar.

La multitud se abría a mi paso, entonces dos agentes de la paz me dirigen hacia el escenario. Ni siquiera me dí cuenta de que estaba caminando hasta que llegué al pie de las escaleras que me conducirían al escenario.

Mi oído seguía sin funcionar. Subía escalón a escalón mirando a la multitud, seguía sin comprender lo que me esperaba, o quizás ya lo sabía sólo que me resistía en creerlo.

Al fin llegué arriba donde Effie seguía con su cara de terror. Entonces me rodeó con sus brazos y me condujo lentamente hacia mi puesto. Su susurro despertó mis oídos y preferí que no lo hubiera hecho.

-Pase lo que pase no mires a tu madre, ¿me has entendido? No te des la vuelta- y me coloca en mi puesto.

Ese susurro le podría costar mucho pero igualmente se arriesgó. Luego ya unos segundos más tarde cuando mi mente ya se había despejado, entendí de por qué me había dicho eso y de por qué preferí quedarme sorda en este momento.

-¡Prim!- gritaba mi madre desesperada. -¡Prim! ¡No! ¡Soltadme los dos!- seguía y oí como una silla golpeaba el suelo. –Peeta, nuestra hija, haz algo por favor, ¡Peeta no dejes que se lo lleven! ¡Prim!- ahora gritaba y sollozaba.

"Callate mamá, por favor." Era lo único en que podía pensar. Aquí no puedo llorar, además era yo la que salí de mi casa, valiente, sin tener miedo a que mi nombre saliera. Entonces entendí el miedo de mis padres, ahora yo también lo sentía. Intenté ponerme rígida para disimular que estaba temblando.

-Katniss, amor. Todo irá bien. Por favor cálmate. Han dado justo al blanco, a nuestro punto débil, pero todo irá bien- mi padre hace una pausa, supongo que para levantar a mi madre del suelo y abrazarla y acurrucarla entre sus brazos. Entonces susurra. –Estamos aquí contigo. – eso era para mí.

Ahora sentía la necesidad de estar ahí. Quería que me acurrucara también entre sus brazos junto a mi madre. Luego, luego ya habrá tiempo para eso.

Effie se aclara la garganta. Me mira de reojo y me dedica una mirada de consolación, disimula y mira hacia atrás y creo que ve que mi madre ya se había calmado un poco aunque seguía oyendo como se retenía sus sollozos. Oigo hablar a Effie y se me olvidó completamente esta parte.

-¿Alguien se ofrece voluntaria en el lugar de Primrose Mellark?- pregunta.

Sabía que mis padres se morían por hacerlo, entonces me di cuenta de que no eran los únicos.

Entre las chicas, había unos cuantos brazos alzados, dispuestos a tomar mi lugar. Esto no podía estar pasando. No podían hacer esto. Me tuve que contener más para no derramar ninguna lagrima. "¿De verdad estas chicas estaban dispuestos a tomar mi lugar? ¿Estarían dispuestos a morir en mi lugar?" pensé.

No me pude contener en mirar atrás a mis padres, que tenían la misma expresión de sorpresa en sus rostros derrumbados. Me encuentro con los ojos de mi madre, rojos. "No, esto no puede ser".

-¡Vaya!, cuantos voluntarios.- Effie exclama sin ganas.

Miré fijamente a los que tenía los brazos alzados, la mayoría provenía de atrás, de los mayores. Entonces lo entendí todo. Me fijé en una de ellas y me acuerdo perfectamente de su cara.

Fue ella quién llevó a su hermana pequeña en mi casa, la chiquilla tenía fiebre y estaba muerta de hambre. Mis padres les abrieron la puerta de nuestra casa en la Aldea de los Vencedores y ni siquiera dudaron en darles de comer y medicina. Cuando ya se iban mi madre también les empaquetó una bolsa llena de pan, frutas y un cazo lleno de sopa caliente y les dijo que no dudaran en volver si necesitaban algo.

Me fijé en las demás y las reconocía a todas. Algunas también fueron a mi casa y otras nos las encontramos en las calles cuando mi madre y yo paseábamos para repartir un poco de pan.

Ahora lo entendía todo. Eran capaces de salvarme la vida como agradecimiento por lo que mis padres hicieron por sus familias. Pero sé que mis padres no hicieron lo que hicieron para que ellos se sintieran en deuda con nosotros.

-¡No! –grito intentando mantener una voz decidida –No quiero pedir voluntarios.

Miro a mis padres, tristes pero orgullosos.

-¿Estás segura Prim?- me decía Effie. –Es decir, Primrose

Asiento con la cabeza y Effie me mira triste y obliga a las demás chicas que bajen sus manos.

-Ahora el turno de los caballeros. ¿Quién será el afortunado?- y se dirige para coger otra papeleta. Papeleta que condenaría otra vida y sólo espero que no sea la de un niño de doce años. No sería capaz de matarlo.

Miro como tiemblan los niños, escuálidos, veo como intentan mantenerse de pie aunque sé que a la mayoría le está costando mucho. Effie pronuncia el nombre y cierro los ojos.

-Brent Tanner. –exclama y busca el chico entre los cientos que se encuentran delante de ella.

Yo también lo busco. Aunque después lo dudo porque tendría que mirarle a los ojos y pensé lo irónico que seria "Hola, encantado de conocerte. Ahora tengo que matarte".

Y le vi. Caminando entre los dos agentes de paz con cara de decidido. Era alto, como unos veinte centímetros más que yo, fornido, con el cabello color castaño (proviene de la Veta, seguro) pero sus ojos, sus ojos no pertenecían a la Veta. Eran unos ojos de azul marino, creo, ya que cuando miraba hacia mi en el escenario, el sol me permitió ver como esos ojos brillaban al encontrarse con sus rayos, brillaba como dos zafiros.

Me puse tensa cuando Effie lo colocó a un metro de distancia de mí y ella se puso en medio. Sí, era alto y cuando me apretó las manos tuve miedo en sentir su odio, tenía que matarme para sobrevivir. Pero me equivoqué, fue un apretón suave y cálido. Entonces decidí que no, "no puedo matarlo yo".

Lo primero que me encontré fueron los brazos de mis padres extendiéndome. Era el momento y comencé a llorar.

-Hay que escapar- dice mi madre segura. –Peeta, hay que llevárnosla lejos de aquí.

-¿Escapar?, ¿de verdad piensas que esa es la mejor solución? Piénsalo un momento. –decía mi padre preocupado por las acciones que mi madre podía tomar. –Katniss ni siquiera llegaríamos con vida en la alambrada porque sé que es allí donde piensas escapar.

-¿Y qué quieres que haga, Peeta? Fue como revivir el peor pesadilla de mi vida. Oír el mismo nombre sólo que esta vez no puedo hacer nada. – mi madre suelta rendida. –No puedo hacer nada. Me siento inútil y la peor madre de todas. No puedo hacer nada para salvar a mi pequeña, a mi Prim.- comienza a llorar.

-No llores por favor mamá, no llores. –pero luego sentí que eso solo sirvió para hacerla llorar más.

-Fue lo mismo que le dije a mi madre. – decía entrecortada.

-Hay que pensar con claridad. Ha pasado lo que tenía que pasar. Nuestra hija es uno de los tributos y hay que aceptarlo. Katniss, mírame. – agarra el rostro de mi madre. –Ahora la vamos a mantener con vida, aún no sé cómo pero lo haremos. Como lo hicimos con nosotros.

Entonces algo no me encajaba.

-No. No soy el único tributo del Distrito 12. También está Brent. No quiero que me pongáis por encima de él. También hay que intentar salvarlo. –le miro fijamente, seria. –Prometédmelo. Los dos somos iguales de victimas.

-¿Estás preparada?. –de repente entra por la puerta el tío Haymitch. –Será interesante trabajar contigo pequeña.

-Oh, veo que ya me has puesto un apodo. ¿Y al otro?. – le pregunto vacilante.

-Ya pensaremos en algo, queda un largo viaje hasta el Capi….- se detiene ante su error. –Al Distrito 13, me refiero.

-¿De verdad piensas que no nos vamos a ofrecer a ser los mentores de este año Haymitch?. – salta mi padre dándole un codazo. –Creo que estamos presenciando otros efectos secundarios del licor que llevas en la mano.

Mi madre seguía rodeándome con sus brazos, como si eso detuviera que me llevarían de su lado. Me besa la frente, esta vez distinto al beso de esta mañana, este beso era un beso desesperado. Entonces comienza a hablar.

-Este año tendrán lo que querían desde hace muchos años.- miro a mi madre, decidida. -Sus vencedores favoritos volverán a pisar los Juegos del Hambre. –coge a mi padre de la mano. – Y se arrepentirán de ello.

Tuve miedo. "¿Qué le estaba rondando por la cabeza?". Lo único que sé es que será una locura. Una locura que volverá a poner muchas vidas en peligro.

-Entonces no hay nada más de que hablar, ¿no Katniss?. – sonríe Haymitch. –Volvemos a jugar. Ellos acaban de mover su ficha y ahora nos toca a nosotros.

Había mucha gente en la estación. Mi madre me rodeaba con sus brazos al lado de mi padre que de vez en cuando tenía que empujar algunos periodistas que se pasaban de listo. Estaba viendo los titulares de mañana: La hija de los dos vencedores, bueno mejor dicho, la hija de los amantes trágicos estará en la arena para luchar por su vida igual que lo hicieron sus padres en el pasado. Deduje que era un titular demasiado largo a si que me limité en "La hija de los amantes trágicos es un tributo".

Intenté buscar los ojos azules de Brent y me dí cuenta de que Haymitch y Effie también estaban rodeándolo de los periodistas. Me sentí mal. Pensará que no es justo luchar conmigo, porque en el fondo sabe que mis padres intentaran mantenerme con vida y no a él.

Quise hablar con él cuando nos dejaron solos en el vagón donde estaba el comedor. Había unos manjares exquisitos y pensé que Brent saltaría a por ellos, asi que mientras comería hablaría con él.

Me equivoqué. Se despidió de mí para irse en su habitación y me dejó allí plantada. Supongo que quería estar solo, estará pensando en su familia, si fuera yo también lo haría pero no es así. Mis padres están aquí conmigo, y lo estarán hasta que me lleven en la arena. Quizá eso también sirva de razón para que me quiera matar.

Me senté en un sofá bastante cómodo, y cogí un racimo de uvas. Las empecé a contar, "¿serían estos los mismos días que me quedan para disfrutar de mi familia?", dejé de pensar en ello.

Pensé en intentar escuchar la conversación entre mis padres con Haymitch y Effie en el vagón de delante, pero cuando empecé a caminar hacia la puerta algo me llamó la atención.

En la ventana, había una silueta. Me acerqué para mirarlo mejor. Entonces lo reconocí.

Era un sinsajo.