Hola a los queridos lectores ocultos xDDDD

Ojalá que estén bien todos, porque lo que es yo... me estoy muriendooo ;O;

O sea, no tanto, pero el dolor de garganta es insoportable x.X

En fin, vengo a subir otro capítulo a esta historia que de repente de la nada sale de mi imaginación xP

ATENCIÓN: Digimon no me pertenece, he pedido prestado a sus personajes para hacer esta historia.


Abrió lentamente los ojos, molesto por los rayos de sol que atravesaban la cortina y llegaban directamente hacia su rostro. Rodó hacia el otro extremo de la cama y se tapó debajo de las sábanas, en un intento por huir de ese calor que lo buscaba. "5 minutos más…" pensó, mientras cerraba con fuerza sus ojos, sin las ganas de querer levantarse; pero igualmente una parte de él sabía que no se volvería a dormir. Resignado, se destapó por completo, esperando que su cuerpo se acostumbrara al ambiente más helado que el que tenía bajo las mantas, y abrió los ojos. Lo primero que vio fue el cielo blanco, tal como en su habitación; y después su mirada se desvió hacia las paredes verdes, como las de su habitación… pero ésa no era su habitación.

Hacía algunas semanas que tenía dos lugares a los que podía llegar a dormir: una en su hogar de la infancia, junto a su querida madre; y la otra donde su novia Sakuya a la que, después de días de conversación, convenció de esa idea, previo acuerdo sobre su estadía: avisando con anterioridad, iría a pasar la noche con ella, algunos días en la semana o en el fin de semana, para disfrutar el tiempo con las dos mujeres más importantes de su vida. Era un sistema que le acomodaba a todos y así nadie tenía mucho de qué quejarse, además que su madre y la castaña se llevaban maravillosamente bien. A medida que se quedaba a dormir con ella, había dejado algunas cosas en la que sería su habitación, y ella insistió en que tuviera los mismos colores que su habitación de toda la vida, a lo que finalmente accedió. Tenía que reconocer en ese momento que fue una buena decisión, porque ahora el lugar le era sumamente acogedor… además de que ambos se la habían pasado de maravilla cuando pintaron el lugar…

Con una energía renovada al recordar ese caótico y divertido día, se levantó de la cama y se dirigió a tomarse una ducha refrescante para el día que le esperaba. Después de eso se vistió y se contempló en el espejo, chequeando que no haya nada fuera de lugar: la camisa blanca, la corbata roja con líneas negras, el vestón azul marino, los pantalones grises, los zapatos negros. Antes de salir del lugar, se dirigió hacia una mesita de madera a tomar la maleta en donde llevaba los cuadernos, pero después recordó que la noche anterior había preparado un bolso deportivo en la que había dejado alguna ropa sucia que quería lavar en su casa; así que traspasó los materiales que sabía que iba a necesitar ese día al bolso y salió del lugar. Apenas miró al frente suyo, notó que Sakuya también había salido al mismo tiempo de su habitación con su uniforme impecable y listo: un blazer azul marino, como el de él; una blusa blanca con una corbata roja con líneas negras, una falda tableada de color gris por sobre las rodillas que dejaba al descubierto sus piernas bien formadas, tapadas sólo por unos calcetines blancos. Con su maleta negra en la mano, le sorprendió un poco verlo allí, pero también le pareció en cierto sentido algo cómico

-Al parecer nosotros estamos conectados por cosas del destino- le comentó, con una sonrisa

-No alcanzaremos a tomar desayuno si queremos llegar a tiempo a la escuela – le dijo Kouichi

-¿Te parece si compramos algo para comer en la tienda?

Él asintió, y salieron del departamento de la muchacha. Mientras bajaban en el ascensor, Sakuya lo besó en los labios de forma traviesa. "Eso es por los buenos días que me debes" le susurró, provocativa. Ese simple contacto entre los dos le dejó sin aliento, deseando que hubiera durado más, pero se contuvo. Ya en la calle se dirigieron a una tienda cercana al lugar, en donde compraron unas crepes (que al chico le fascinaban) y un jugo para cada uno. Con ello emprendieron camino a la escuela.

-Aún no puedo entender – le dijo la muchacha – por qué te gustan tanto las crepes de frutas que venden aquí…

-Si lo supiera te lo diría – respondió Kouichi con honestidad – pero en verdad no sé por qué me gustan tanto

-Recuerdo que cuando nos conocimos también estabas comiendo una de ésas – comentó de casualidad Sakuya.

Ella tenía razón, pensó el muchacho. Mientras seguían caminando, Kouichi se sumergió en sus recuerdos, trayendo a la mente el momento en que se topó con su actual novia hace algunos años atrás…

"El sol pegaba fuerte ese día. El verano se estaba despidiendo dando a la comunidad de Tokyo uno de los domingos más calurosos del año, y un joven de 14 años de cabellos oscuros y ojos azul profundo trataba de caminar rápido por su vecindario para llegar pronto a su casa. Venía con una bolsa de papel, repleta de las compras que le pidió su madre para poder hacer una cena deliciosa esta noche, y en la otra mano estaba comiendo su dulce favorito: una crepe. Estaba revisando mentalmente la lista que le había dado su madre, haciendo memoria de lo que compró y asegurándose de que no había olvidado nada, cuando en una esquina chocó con alguien con fuerza, botándolo y esparciéndose todas las cosas al suelo.

-Auch… - se quejó de dolor el chico por la caída y, sin fijarse mucho con quién había chocado, comenzó a recoger todo lo esparcido

-Disculpa por esto – escuchó la voz de alguien, y cuando levantó la vista del suelo se encontró con una joven de más o menos su edad, con el pelo castaño amarrado en dos coletas y ojos violetas. También estaba agachada, recogiendo algunas de sus compras y mirando con pena el lugar en el que el dulce que había disfrutado antes se hallaba en el suelo, ya desperdiciado

-No te preocupes – le respondió – fue mi culpa, no me fijé mucho a dónde iba

-Yo tampoco me fijé, estaba distraída – contestó, entregándole la última lata de conserva que estaba en el suelo. Después se paró, lo ayudó a él mismo a pararse, y después sacudió su ropa: unos shorts cortos de jeans y un top blanco. Aún seguía mirando apenada el lugar en el que el dulce estaba tirado, cosa que notó el peliazul.

-No te preocupes por eso, lo importante es que no le pasó nada a nadie – la consoló. Como respuesta ella le sonrió, algo agradecida. Hubo un silencio un poco incómodo entre los dos, que ninguno sabía cómo romper

-Bueno… gracias – le dijo Kouichi, e iba a proseguir con su camino cuando…

-¡Oye, oye! Disculpa, pero ¿Tu vives por aquí, verdad?

-Ehhh… si – respondió, extrañado

-¿Podrías ayudarme a llegar a esta dirección? – y le mostró un papelito en donde salía anotada una dirección, conocida para él. Afortunadamente quedaba de camino hacia su casa, así que accedió. Los dos comenzaron a caminar, y ninguno pronunciaba una palabra. Kouichi se preguntaba de dónde era la chica, al ver que no conocía la ciudad.

-Entonces… - habló ella, buscando un tema de conversación - ¿Tú vives hace mucho tiempo aquí?

-Sí, prácticamente toda mi vida… ¿Y tú?

-No, soy nueva aquí. Llegué recién ayer con mis padres y mi hermano. – "eso lo explica todo", pensó él

-¿Se mudaron?

-Si, en realidad somos originarios de Hokkaido. Mi padre con mi tío son dueños de una empresa de telecomunicaciones que se ha vuelto muy popular y decidieron expandir el negocio. Pero para ello se necesitaba a un presidente que dirigiera la compañía en esta ciudad y mi papá se ofreció a venir.

-Ya veo…

-Así que por eso estamos aquí. Quería dar una vuelta para conocer el lugar, pero me perdí tratando de regresar a casa – le explicó, un poco apenada. Kouichi no hizo más que sonreír. - ¿Y tú? – preguntó la muchacha, curiosa - ¿Vives con tus padres?

El muchacho tragó saliva. Eso era una historia un poco larga…

-No, vivo sólo con mi madre

-¿Tu papa murió?

-No, ellos se separaron. Mi padre se casó nuevamente y tiene su vida propia con su actual mujer. Antes también vivíamos con mi abuela, pero ella falleció hace unos años.

-Lo siento mucho – le comentó, un poco entristecida. Siempre perder a un ser querido resulta doloroso.

-No te preocupes, eso fue hace tiempo. Además sé que ella es más feliz y, en parte, me contó un gran secreto antes de morir, del que no sabía nada de nada

-¿Qué cosa? – volvió a preguntar. Sí que era curiosa. Kouichi sonrió ante aquel pensamiento y, reviviendo todas las emociones que tuvo en ese lejano momento, le respondió:

-Tengo un hermano gemelo

-¿¡Que! – exclamó ella, sorprendida. Kouichi no pudo evitar reírse ante esa reacción. Bueno, nadie se espera que le digan que hay una persona parecida a sí mismo en alguna parte, ¿verdad? - ¿Es en serio?

-Por supuesto que sí. Yo también estaba sorprendido en un inicio, pero después de preguntarle a mamá supe la verdad: los dos fuimos separados cuando pequeños, y él vivía con papá. – la miró y vio cómo sus ojos se agrandaron, expectantes. Era una buena audiencia, así que continuó el relato. - No dudé y me propuse encontrarlo. No tenía muchas referencias en mi casa para buscarlo, pero mi mamá me ayudó un poco. Y un día finalmente los ví, a él y a mi hermano.

-¿Y le hablaste? ¿Él acaso sabía que tú eras su gemelo?

Aquí resultaba algo complicado de contar, pues en ese momento sucedieron sus aventuras en el digimundo y eso no se puede describir con facilidad, pues no había certeza de que la muchacha le creyera; pero tampoco quería mentirle…

-Primero hablé con mi hermano. Le conté todo lo que sabía, pero al inicio no quiso creerme. Después de un tiempo me creyó… supongo que por eso que llaman "intuición de gemelos" – la muchacha asintió, dándole a entender que comprendía lo que quería decir – Después hablamos con papá, los dos. Se mostró muy emocionado al volver a verme, al parecer; y le conté cómo mi mamá no se encontraba muy bien. Accedió a ayudarnos de forma económica y a que mi hermano fuera a visitar a mi mamá. Ahora las cosas son distintas, y ya no me siento tan solo en este mundo – terminó, riendo un poco respecto del último comentario…

-Bueno, sin duda es una historia singular – sonrió la muchacha - ¿No le guardas algo de rencor a tus padres por no haberles dicho de esto antes a ti y a tu hermano?

-Muchas veces me he preguntado eso, pero no… Supongo que no es fácil decirle a un niño que tienes un hermano gemelo en alguna parte de la ciudad que vive con tu padre biológico, así que esperaron a que creciéramos para contarnos la verdad, pero después lo olvidaron… la verdad no sé el real motivo por el que no nos dijeron la verdad ni a mí ni a mi hermano, pero creo que todos tenemos derecho a equivocarnos…

-Qué admirable eres – le sinceró la muchacha, hecho que lo hizo sonrojarse un poco. – si… si lo piensas en cierto sentido, también esto fue un calvario para ellos dos.

-¿Por qué lo dices?

-Porque creo que no es fácil para ningún padre el separarse de sus hijos, y negar el hecho de que existan. Un hijo siempre es hecho por el fruto del amor entre dos personas, y si te separan de esa persona tan importante, es muy doloroso… ¿Cómo estará él? ¿Lo estarán cuidando bien? ¿A quién se parecerá? ¿Sabrá que existo? Esas preguntas deben de ser… realmente horribles para un padre que no ha visto a su hijo en años, en cualquier circunstancia, ¿no crees?

En ese momento recordó lo desanimada y triste que se veía su madre muchas veces antes de que haya ocurrido todo, y le dio la razón a la muchacha. Nunca había esperado que alguien externo a su círculo de amigos le dijera eso. Le agradaba esa chica.

-¡Ah! Aquí es – señaló la chica hacia una casa blanca, con un patio espacioso. Kouichi miró bien la dirección, para asegurarse de que se hallaba en el lugar correcto, por si acaso, pero no: ahí vivía la muchacha. – Bueno – se dirigió a él. – Muchas gracias por acompañarme hasta acá.

-No hay de qué – respondió educadamente el chico. El viaje fue ameno con esa desconocida a pesar de que, precisamente, era una desconocida.

-Ojalá que nos volvamos a ver – se despidió la chica con una sonrisa, antes de cerrar la reja y dirigirse hacia la puerta. Kouichi esperó a que cerrara la puerta de su casa, antes de retirarse hacia la suya propia.

Normalmente una persona no le cuenta su vida personal a alguien que conoció hace apenas 5 minutos, pero había algo en ella que le inspiró la confianza suficiente y le daba una sensación de tranquilidad en su interior… sin embargo hay algo que le está molestando desde que abandonó su hogar…

Un momento…

-¡Diablos! – exclamó contra sí mismo - ¡Olvidé preguntarle su nombre!

Podría volver a su casa y pedírselo… ¿pero cómo? Podía imaginarse que serían sus padres quienes fueran a la puerta a atenderlo, ¿pero qué les diría? "Buenas Tardes, resulta que hace unos minutos me topé con su hija en la calle y la acompañé hasta acá; y creo que es una chica muy linda, agradable y simpática, y quise volver acá sólo para preguntarle cómo se llamaba"… Si es ridículo sólo el imaginarlo, debe de ser peor si lo lleva a cabo... Además, volviendo a la realidad, su madre debe de estarlo esperando ya, y no quería que ella se preocupara. Así que borró toda idea de su mente sobre regresar a esa casa y buscar a la muchacha… pero no olvidó la conversación que tuvo con ella, hecho que recordó durante todo el camino hasta llegar a su casa junto a una sonrisa en su rostro, detalle que no pasó inadvertido a su madre.

-¿Por qué vienes tan feliz, hijo? – le preguntó su madre, desempacando las cosas.

-Por nada, mamá – le explicó su hijo, aún con la sonrisa en el rostro – sólo estaba recordando algo…

Y ese algo quedó dando vueltas en su cabeza varias veces durante la noche. La chica de ojos violáceos, con su energía, su sonrisa y sus ideas siguieron en sus pensamientos, mientras él imaginaba cómo sería ella durante el resto del día ¿Sería buena hija? ¿Siempre sonreía de esa manera? ¿Tendría la misma edad que él? ¿Qué hobbies tendría? ¿Querría mucho a sus padres? ¿Molestaría a su hermano menor? ¿Estaría con alguien? Muchas interrogantes surgían en su cabeza, pero había una que encabezaba todas: ¿Cuál era su nombre?

Al día siguiente, sin habérselo propuesto, daría respuesta a muchas de esas interrogantes, que aún daban vuelta a su cabeza. Llegó al salón y saludó a alguno de sus compañeros, pero apenas se sentó, no dejó de pensar en ella, ignorando incluso a su propio hermano cuando lo saludó. No cambió mucho la situación cuando el profesor entró a su salón y todos sus compañeros se fueron a sentar, y ni siquiera el anuncio que tenía preparado ese día hizo que despegara su mirada de la ventana:

-Chicos, desde el día de hoy una nueva alumna se integrará al salón, así que pido de parte de todos una buena actitud con ella… puedes pasar – terminó el docente, y alguien apareció por la puerta, provocando el murmullo de varios de sus compañeros. Fue una voz femenina muy conocida lo que hizo sobresaltar al muchacho y dirigiera su vista hacia la nueva alumna…

-Buenos días…

No podía creerlo… ¡en verdad era ella! Su cabello castaño, sus ojos violetas, su sonrisa de princesa. Al parecer era cosa del destino de que ellos dos se volvieran a topar…

-Mi nombre es Sakuya Kunogi… espero que nos llevemos bien – se presentó la chica, mirando a todos en el salón, hasta que detectó la mirada de unos ojos profundos que ya conocía. A él le dirigió una mirada alegre, transmitiéndole el gusto que sentía por haberlo encontrado de nuevo. El muchacho le respondió de la misma manera

-Muy bien, siéntate al lado de Kinomoto – le señaló el maestro. Vió cómo su hermano gemelo levantaba su mano para guiar a la muchacha, y sonrió para sí. Si el destino quería que se conocieran… no iba a negar ese destino."

-Kouichi… Kouichi…

Escuchó que alguien lo llamaba, lo que hizo que aterrizara al presente. Observó a la castaña al lado suyo, y no pudo evitar sentirse intrigado al ver a la muchacha con una sonrisa burlona en su rostro

-¿Qué ocurre?

- Kouichi, por Dios…. ¿No sientes algo extraño, algo que te falta?

No sabía a qué era lo que se refería. Estaban ya cerca de la escuela, venía con su bolso deportivo, con el jugo de naranja que había comprado en la tienda, con las llaves de su casa en el bolsillo, con…

Un momento…

¿Por qué tenía una mano libre? ¿No se supone que había estado comiendo una crepe en el camino? ¿O se la había comido sin él darse cuenta de ello?

Su consternación debió de reflejarse en su rostro, pues la chica al lado suyo no pudo evitar reírse de buena gana.

-Estabas tan concentrado que en un momento lo soltaste y cayó a la tierra – contestó ella a la pregunta que aún no había formulado – Lo siento mucho, pero te quedaste sin desayuno – le dijo como una niña de 8 años, mientras mordía con placer un pedazo de su propio dulce. Kouichi tuvo una idea malvada…

-Entonces… yo no seré el único que se quede sin desayunar hoy – y antes de que la joven pudiera reaccionar, de un movimiento hizo que ella soltara su propia crepe y la botara al suelo. Sakuya se quedó estática, observando anonadada cómo su delicioso desayuno ahora era comida para las hormigas; mientras que su pareja continuaba con su camino, por un lado disfrutando de la dulce venganza, por el otro lado sintiendo pena por su chica. Cuando se dio cuenta que ella no le seguía el paso, volteó a ver en dónde estaba, y notó que aún no se había movido y que una especie de aura maligna la rodeaba… rayos, algo estaba planeando…

-Kouichi…-dijo mientras levantaba su cabeza lentamente – de ésta no te salvas… - y comenzó a correr hacia el chico para agarrarlo y castigarlo. Sabiendo que ocurriría algo así Kouichi comenzó a correr y a tratar de perderla entre los chicos que se estaban acercando hacia un edificio blanco y moderno, más conocido por ellos como su escuela.

-¡Kouichi Kimura, vuelve acá! ¡Esta vez no te vas a escapar de mí! – le gritó Sakuya, mientras intentaba no perderlo de vista. Kouichi no pudo evitar sonreír ante la adrenalina que lo embargaba, mientras se adentraba en el colegio, esquivando chicos y compañeros de clase mientras intentaba perder a su molesta novia. Sabía que había hecho mal y que tendría que compensarla, pero no negaba que los días junto a ella eran románticos y entretenidos, cosa clave para él. Compartían una relación sin igual, no podía negarlo; y que si fuera por él, jamás lo cambiaría…


Y? Qué tal? ^^

Espero que les hayan gustado y, si ustedes quieren me dejen un review aquí -^^-

Saludos a todos! En especial a algún chileno o mexicano, que esta semana celebramos nuestra independencia (aunque aquí en Chile no es precisamente la independencia, pero... ustedes me entienden xP?

Que les vaya bonito!