Besos
-A menos que pienses que haya alguna forma para que haya sobrevivido- dijo la princesa mientras observaba a su hermano. El joven seguía mirando a un lado sin decir nada.
No pudo evitar recordar a esa chica, ni su oferta.
-Yo tengo poderes curativos.
-Yo puedo curar tu cicatriz.
-Es agua del Oasis de los espíritus, la estaba guardando para algo importante.
-No, claro que no hay manera en la que pudiera sobrevivir- respondió enojado mientras miraba a Azula, he intentaba no demostrar el odio que sentía. La chica, no muy convencida vio a otro lado, y se fue del lugar. Sabía que su hermano le ocultaba algo.
Zuko se quedó ahí y volvió a tirar un poco de pan en estanque para que los pato-tortugas volvieran después de haber sido asustados por su hermana.
-Yo puedo liberarte- había susurrado ella.
Cerró los ojos y recordó su tibia mano sobre su mejilla, su dedo sobre sus labios. Puso un dedo sobre ellos e imagino lo que sentiría ser besado por esa chica, seguramente sería algo suave, como su piel; dulce, como su olor; pero sobretodo cálido… Cálido como su alma.
Abrió los ojos y suspiró resignado, sabiendo que nunca la besaría. Maldijo su suerte… Maldijo el tener que conformarse con los fríos besos de Mai.
Ya había recuperado su honor, pero ahora deseaba algo más… Sus besos.
