Descargo de responsabilidad: Los personajes de Naruto pertenecen a ese humano medio genial llamado Masashi Kishimoto, yo hago esto sin fines de lucro, solo para entretenernos todos juntos (?).
Pues a petición de la mayoría de los reviews, aquí está la continuación y conclusión del antes oneshot.
Dedicado con todo mi corazón KakaHinesco para ti que me dejaste un lindo review (uchihinata-20, Invader Zam, vdevenganza, Zumekqi, kds, dniiz, RankaxAlto, andy'hina, murasaki, abrumada, golin, Guest de Jul 5, KattytoNebel, AliEla). Interesada(o) en el arte KakaHina(?) te informo que tenemos grupo en Facebook y Whattsapp de esta pareja crack pero linda, por si quieres entrar. Solo dilo para que nuestra maravillosa admin golin pueda agregarte.
Advertencia: Recuerda que el fic está ambientado después de la invasión de Pain en Konoha.
Sin más, vamos al final n_n
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Por el corazón [Última parte]
Lu Hatake
Corazón. Un extraño órgano que se alojaba dentro de las personas, algo físico nada más, de forma piramidal y no como comúnmente los enamorados lo dibujaban en los árboles o en los pergaminos personales; dos semicírculos que terminaban en forma de pico. Entonces, si era algo meramente físico, solo un órgano vital del cuerpo humano, ¿Cómo es que las personas se quejaban de tener el corazón roto o que les dolía por alguna desilusión? Los ninjas médicos podían revisar el corazón y no encontrar nada. ¿Entonces de donde venía ese dolor? No era lógico.
Lo cierto era que la vida raras veces era lógica.
—Probablemente por mi corazón –susurró el peliplateado más para sí mismo.
Ella al parecer pensó que no había escuchado bien porque era totalmente imposible que aquél Jōnin hubiera dicho eso. ¿Por su corazón? Su oído debía estar totalmente mal.
—¿Disculpe? –sí, definitivamente no lo había escuchado bien. Hinata tenía que volver a preguntar para estar segura.
—Ah, dije que probablemente debamos iniciar por la base –rió ligeramente mientras se rascaba la nuca.
La ojiperla sonrió de medio lado y asintió una vez.
Volver a montar un departamento no iba a ser una tarea fácil. Kakashi le indicó que primero debían mover las rocas para despejar el suelo, así que hicieron eso. Pasaron como treinta minutos cuando terminaron aquél pequeño paso. Ambos estaban un poco cansados, apenas empezando a sudar, pues el sol aún no estaba tan caliente a esas horas de la mañana.
—¿Necesitan material? –pasó una carreta de caballos con un par de señores ejecutándola y se detuvo a un lado de ellos.
Como estaban en días de la reconstrucción de la aldea pasaban esas carretas llenas de material para ofrecer a quienes lo necesitaran. Entre todos armoniosamente se estaban ayudando para volver a tener una aldea hermosa.
—Sí –respondió Kakashi –Tablas, clavos y un par de martillos.
—Goenji, dáselos.
El otro hombre fuerte dejó caer varias tablas al suelo, una caja de clavos y dos martillos.
—Listo. Estaremos pasando por aquí dentro de una hora por si necesitan algo más –le informó el hombre a modo de despedida.
—Gracias –dijeron Hinata y Kakashi al unísono.
Kakashi tomó una tabla con una mano, y el martillo y la cajita de clavos con la otra.
—Hinata, trae una tabla hacia acá –le ordenó él.
—Hai –musitó con entusiasmo. Era la primera vez que ayudaba en la reconstrucción de una casa así tal cual. La mayor parte del tiempo se la había pasado llevando alimentos de aquí para allá, rescatando algunas personas de los escombros o limpiando las calles, pero nunca había participado en la labor de hacer una vivienda. No era que no quisiera, era que no la dejaban. Nada más acercarse los ninjas o civiles le decían "No se preocupe, Hinata-sama, esto es un trabajo para hombres, usted podría lastimarse" y cosas así. Por eso, el hecho de que Kakashi la dejara ayudar la ponía feliz, la hacía sentirse más útil de lo que ya se consideraba y le gustaba que no la tratara como una damisela delicada, como usualmente los demás hacían.
La joven llevó la larga y pesada tabla a donde estaba Kakashi, colocándola junto a él.
—Escucha, primero formaremos una pared de esta manera… –daba las indicaciones pacientemente tratando de ser explicativo, cuando terminó se bajó la máscara despreocupadamente y se puso un par de clavos entre la boca para sostenerlos y empezar a martillar contra la tabla. No sabía si ella lo estaba observando, pero suponía que en esos momentos Hinata debería estar sonrojada o enamorada de él al verlo sin su famosa máscara negra. Cuando terminó de clavar esa pieza volteó hacia ella. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Hinata estaba contemplando lo que él hacía, como estudiándolo, después imitó a Kakashi y fue por el martillo y se puso los clavos detenidos entre sus labios para empezar a martillar. Pero no estaba sonrojada ni nada, no tenía corazones en los ojos ni le estaba pidiendo matrimonio o alguna otra proposición. Nada. Ella estaba tranquila estrellando el martillo contra los clavos como si fuera la cosa más interesante del mundo.
Kakashi se quedó un poco sorprendido, un poco sin poder creérselo realmente. Ella no lo estaba mirando. ¿Era enserio? ¿Realmente era enserio? ¿No le iba a decir nada? ¿Ni una miradita tímida o un sonrojo? Lanzó un suspiro de cansancio, ella definitivamente era diferente a todos. Una característica más que agregar a su lista sobre Hyuga Hinata; le era totalmente indiferente el rostro de Kakashi.
"Hyuga, eres tan rara", pensaba cuando la veía.
—Ten cuidado con eso –le advirtió él cuando vio lo que ella tenía entre la boca –No quisiera que te lastimes.
Hinata negó con la cabeza lentamente en señal de que no había de qué preocuparse y siguió con su operación.
Por los siguientes veinte minutos lo único que se escuchó fueron golpes fuertes contra los clavos. El ruido lastimaba un poco sus oídos pero Hinata hacía su mejor esfuerzo para ser rápida y precisa. Después de un rato Kakashi terminó con su parte y se sentó en el suelo un momento.
Por la posición del sol, el shinobi calculó que más o menos debían ser las once de la mañana.
—Ayer dijiste algo como que ya tienes a alguien que te proteja –abordó él, haciendo tema de conversación sin mirarla.
—Hai –contestó con simpleza, concentrada en su tarea.
—¿Puedes decirme quién es esa persona?
—Creo que todo mundo lo sabe, Kakashi-sensei –terminó con el penúltimo clavo.
—Da la casualidad de que hay dos personas con la letra "N" al que puedes considerar tu protector. Pero creo que me inclino más por cierto chico celoso de cabello castaño.
Hinata lanzó una risilla ligera ante el comentario.
—Nii-san no es celoso.
—Eso lo dices porque no viste cómo me miró ayer que estábamos caminando después de ir al orfanato.
Hinata detuvo su tarea y volteó a verlo, interesada.
—¿Cómo lo observó? –inquirió, confundida. El sensei se estaba subiendo la máscara negra que cubría la parte inferior de su rostro.
—Él estaba enojado. Supongo que no le pareció nada bien verme junto a ti.
—Bueno… Nii-san siempre tiene esa mirada –lo excusó con una sonrisa nerviosa.
Kakashi solo se encogió de hombros.
—¿Naruto ha hablado contigo por casualidad, Hinata-chan?
Hinata abrió grandes los ojos y enrojeció enseguida, tragando saliva con fuerza.
—N… n… no, ¿p… por qué t… tendría que hablar c… conmigo Na… Naruto-kun?
Kakashi tensó la mandíbula. No la había escuchado tartamudear tanto desde hace mucho tiempo, desde que ella era una genin probablemente, en los exámenes de ascenso a chunin. Recordaba que cuando ella fue promovida tuvo una misión con el equipo 8, sin Kurenai y él mismo como el Jōnin encargado, para buscar una de las guaridas de Orochimaru. Por todo lo que duró la misión ella no tartamudeó en ningún momento… hasta que llegó Naruto. Entonces todavía estaba totalmente perdida por el rubio de ojos azules como en años atrás. Por alguna razón le había molestado sus tartamudeos provocados por el tema de su alumno rubio.
—No puede ser –fingió estar preocupado – ¿Entonces no han hablado?
—Yo… no sé a qué se refiere, Kakashi-sensei –volteó a otro lado, evadiendo totalmente el tema de su declaración de amor, porque era seguro que el peliplateado ya lo sabía, es decir, ya toda la aldea estaba enterada de eso.
Encontró más clavos a su lado así que tomó algunos de ellos y comenzó a martillar rápidamente, intentando ocultar su vergüenza pero en su desesperación accidentalmente se dio de lleno en el dedo pulgar. Gimió sonoramente y dejó caer el martillo al suelo. Se levantó, viendo su dedo con preocupación que se estaba poniendo algo azul.
—Eres una pequeña muy descuidada –musitó Kakashi levantándose y caminando hacia ella –Déjame ver –le ordenó con voz ronca, tomando su mano y estirándola para verla mejor hacia la luz. Se encontró con una mano más pequeña que la de él, y suave, muy suave, con las uñas sin pintar, bien recortadas y limpias.
—Yo puedo curarme s… sola –decía Hinata estirando su mano de regreso, pero el Jōnin se lo impedía.
Así que ahora tartamudeaba con él. Kakashi levantó una comisura de sus labios levemente, satisfecho.
—¿Qué pasa? ¿Por qué tan nerviosa? –bajó la mirada para observarla fijamente, pues ella era más bajita que él.
A Hinata le pareció que estaban muy cerca, la mirada de él era tan fija e intensa que sentía la necesidad de apartar la vista pero no podía. De no ser por la altura del shinobi, ella pensaba que bien podrían besarse… ¿Pero qué? ¿En qué estaba pensando? "No pasa nada", se dijo en su fuero interno "Kakashi-sensei solo está preocupado por mí". Hinata estiró su mano hacia atrás, quitándose el agarre de Kakashi, luego se dio media vuelta y se sentó sobre la pila de tablas de madera para curarse el dedo con algo de ninjutsu médico.
El peliplateado lejos de sentirse ofendido, fue a sentarse también, a un decente metro lejos de ella.
—Después de Naruto, ¿A quién amas? –inquirió él viendo al frente mientras se recolocaba la máscara negra para volver a ser el misterioso Hatake Kakashi.
—¿Qu… Qué? –su voz se oía en un hilito frágil y a un segundo de romperse.
—Es obvio que lo amas –aseguró con simpleza –¿Cuál es la siguiente persona a la que más amas en tu vida?
Después de unos segundos; contó al menos veintitrés, Hinata no habló, no dijo nada. Ni siquiera se escuchaba su respiración. Probablemente ya ni siquiera estuviera ahí. La mirada bicolor de Kakashi seguía mirando al frente sin vacilar. Pensaba que si tan solo tuviera unos cinco años menos, tal vez Hinata por alguna razón provocada por él mismo lo voltearía a ver. Pero ésta era la realidad y no podía zafarse de ella.
—Hanabi –escuchó su voz cantarina. Volteó enseguida y se dio cuenta de que ella seguía allí, a su lado, a un decente metro de él, no fueran a hablar mal de ella las malas lenguas –Hanabi es la primera persona que más amo –decía mientras jugueteaba con un clavo entre sus dedos –Y después sería mi hermano Neji. ¿Y usted, Kakashi-sensei?
El Jōnin se quedó medio perdido en sus pensamientos por unos segundos. No era Naruto. El primero no era Naruto. Qué indiscreto y grosero había sido con ella, ¿cómo se atrevía a dar las cosas por hechas? Una vez más, Hyuga Hinata; la chica débil pero fuerte, lo hacía sentir como un verdadero tonto.
—No –negó con la cabeza, recordando la pregunta –A nadie. Ya están muertos.
Un silencio frío pareció instalarse entre ellos, o eso le parecía a Kakashi pero al verla supo que no, que era su mente la que le decía eso, porque Hinata estaba cálida, miraba hacia el sol mientras seguía jugando peligrosamente con ese maldito clavo. Esperaba que ella dijese algo, que ella podría amarlo, o preguntarle si no amaba a alguien más que estuviera vivo por ahí, un primo lejano, una tía segunda o algo así. Pero ella no decía nada. Solo estaba callada mirando la bola de fuego suspendida en el cielo.
—Quisiera ser la primera persona que alguien ame –admitió Kakashi mientras la veía.
Hinata giró sus ojos pálidos hacia él y pareció sonreírle con ellos, pero con la boca no, al parecer lo veía con curiosidad, como preguntándose, "¿Es este en verdad Kakashi-sensei?".
—Encontrará a esa persona. Ya lo verá –le prometió y por un microsegundo pareció creérselo, pero luego volvió su mirada a la aldea destruida y recordó sus guerras; tanto físicas como internas, y supo que ella mentía para hacerlo sentir mejor. Sonrió de medio lado, burlándose tristemente de él mismo.
—Quisiera amar a alguien más –deseó ella mientras miraba el astro rey, sorprendiendo a Kakashi que levantó la vista para observarla, pues no supo en qué momento tiró su mirada al suelo sucio –Quisiera… no sentir esto. Pero… -sonrió de medio lado como una muñeca descompuesta –No puedo controlar mi corazón.
—Podrías, no sé… –se encogió de hombros –…controlarlo a la fuerza. Eres una kunoichi –una leve sonrisa fue formándose en el rostro blanco de ella mientras lo veía hablar –El corazón solo es un órgano, no puede manejarte, al contrario. Podrías intentar manejarlo a él. Es solo un corazón, ¿no? No tiene un ojo Sharingan para decirte que sientes y que no sientes, tampoco tiene un Rinnegan ni es especialista en Genjutsu… -Hinata lanzó una pequeña risita y Kakashi se sintió ridículo, era verdad, no sabía ni qué estaba diciendo.
—Sí –asintió –Creo que podría controlarlo a la fuerza. Debería intentarlo al menos.
—Eres una kunoichi –le repitió él, como animándola.
—Lo soy –decía con diversión.
—Debes forzar tu corazón –recomendó mientras le mostraba cómo apretaba su puño.
—Forzaré mi corazón –prometía entre sonrisas.
—Y tú… ¿Crees que podría amarme? –dijo en un susurro débil mientras la veía.
Hinata entornó los ojos hacia Kakashi, mirándolo confundida y hasta descolocada por lo que había escuchado.
Kakashi se sintió idiota. ¿Su corazón forzado podría amarlo? ¿A él? Estaba de broma, ¿verdad? Él, un ninja que poco más de diez años le faltaban para convertirse en un veterano y retirarse, un pervertido que a todos los lugares salía con sus libros de dudosa procedencia, un flojo, un vago que siempre llegaba tarde a todo y que además, por si fuera poco, era mayor que ella.
Aquello fue como encender la mecha de un cohete. Ahora todo iba a explotar. Ahora todo se iba a volver cenizas grises que una vez fueron una posibilidad. "Ve, Hinata, corre lejos de mí".
—Creo… creo que debería irme –declaró un poco asustada mientras se levantaba de allí –Hace calor y probablemente estemos deshidratados. Voy a traer comida de mi casa, Kakashi-sensei, volveré en un rato –le dijo apresuradamente viéndolo lo menos posible mientras se alejaba de él.
El hombre se levantó de su sitio y empezó a reanudar su trabajo para así no pensar en lo patético que era. Tomó todas las tablas apiladas, martilleó con fuerza metiendo los clavos en la madera casi de un golpe. El sudor cubría su cuerpo pues eran cerca de la una y media de la tarde y el sol estaba fuertísimo. Pronto ya no podía más y tuvo que quitarse la máscara, el protector ninja y la camisa negra que vestía. La base del departamento ya estaba casi finalizada. Usó un par de clones para conseguir alzar las cuatro paredes.
Los señores de la carreta de materiales pasaron otra vez y le dejaron más tablas de madera, y se fueron no sin antes recomendarle que se diera un descanso para comer algo, pues lo veían muy fatigado.
Cuando dieron las tres el sol estaba insoportable, pero Kakashi sabía que no podía quitarse más prendas. Estaba martillando contra una pared, subido en lo alto del techo, cuando de un momento a otro se mareo terriblemente y se fue hacia atrás, dejándose caer de lleno contra el suelo de madera. Ni siquiera pudo acumular chakra para sostenerse. Su cuerpo lánguido rebotó un par de veces y su cabeza pareció partirse en dos contra lo que era el piso de madera que hacía rato había terminado. Su vista se volvía borrosa por momento y respiraba agitadamente mientras sentía que su cuerpo pesaba unas dos toneladas y media.
Sin poderse levantar contemplaba el techo aún sin terminar. Quería acabarlo hoy para ya no tener que dormir bajo el cobijo del cielo, pero aquello parecía imposible. Supuso que sería otra noche igual de fría.
Estúpida Hyuga.
Para empezar él no tenía deseos de reconstruir su departamento, él simplemente estaba ayudando a sus compañeros aldeanos, era su deber porque aparte de no tener nada qué hacer, era soltero y sin compromiso, lo que le daba toda la disponibilidad de tiempo. Seguramente aquél día pudo haberlo dedicado a cosas mejores.
"Me quiero rendir", pensó al tiempo en que cerraba los ojos, preguntándose si no se habría roto algún hueso. Estaba bien rendirse, llevaba rindiéndose casi una vida. Se rindió con su padre, con Obito, con Rin… con muchas personas. Estaba mejor solo, siempre lo había estado. Tener compañía era demasiado complicado para él. No quería matar a más gente a causa de esa mala y oscura suerte que lo rodeaba como bruma y que hacía que sus seres queridos se fueran lejos de él, tan lejos que ya no podía alcanzarlos.
¿Para qué tener a la chica Hyuga a su lado? ¿Para que muriera? Gracias, pero no, ya había enterrado a suficientes personas para tener el corazón tan lleno de huecos y no iba a agregar un agujero más. No la iba a matar a ella también.
"Naruto, quédate con ella y que sean muy felices", después de todo, ese nuevo siglo le pertenecía a la nueva generación de ninjas de Konoha mientras que él ya debería estar muerto, enterrado y con su nombre escrito tal vez en el monumento para los caídos.
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Sus oídos estaban bien. Por más que se engañara, sí había escuchado todo correctamente. Las palabras eran verdad y se repetían celosamente en su mente una y otra vez, como un cinema personal dentro de su cerebro gris.
Por el corazón.
Por ahí empezar. Por ese maldito órgano que a todos los hacía sufrir, incluso a ella, una de sus predilectas.
Hinata cerró los ojos con fuerza y sacudió levemente su cabeza para espabilar y concentrarse en lo que estaba haciendo frente a la estufa. ¿Por qué fijarse en ella? Un ninja como él debería estar con alguien a su altura, alguien especial debería amarlo, no una chica media rota y tartamuda como ella.
Y tú… ¿Crees que podría amarme?
Lo cierto era que él no tenía a nadie que lo ame. Y si se ponía de correcta y precisa, pues ella tampoco. Había pasado ya como una semana del ataque de Pain en la aldea y los ojos azules no le habían dado ninguna respuesta, no lo había visto ni una sola vez, era como si él jugara a las escondidillas con ella de una manera cruel y dolorosa. Su hermana Hanabi algún día lejano se casaría al igual que su hermano Neji, y ella se quedaría sola con el clan.
El vapor ligero comenzó a salir de la pequeña olla y Hinata apagó el fuego. Tomó una pequeña vasijita de plástico y vertió en ella algo de la sopa que había preparado para después acomodarla en la cajita de bento que aparte traía consigo arroz blanco, huevo cocido con caras de pollito, brócolis verdes, tomates pequeños y algunas frutillas cortadas. Tapó todo y luego amarró una tela azul marino en torno al bento para que se conservara caliente.
Cuando salió notó que el cielo estaba cubierto por unas densas nubes que lograban ocultar por completo al sol, provocando que se viera más tarde de lo que era. Por un momento pensó en no volver con Kakashi-sensei, lo admitía, pero luego de pensar y pensar mientras ayudaba en las labores de limpieza se decidió a disculparse por su tardancia llevándole el bento, pues aparte de que le había prometido regresar también había dicho que llevaría comida.
Con indecisión ponía un pie tras otro, caminando con normalidad, intentando no acobardarse. No sabía lo que le diría, no sabía cómo llegar a saludar y decir algo como: "Hey, Kakashi-sensei, estoy de vuelta con la comida, olvidemos el tema anterior". Pero no podía dejarlo solo sin cumplir con su palabra principal; que le ayudaría a reconstruir su casa.
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Su pecho desnudo subía y bajaba con tranquilidad mientras él dormitaba. Podía sentir que uno de sus omóplatos le dolía al igual que la nuca y parte de su espalda baja. Él no se daba ni cuenta que unos pálidos ojos sin iris habían llegado hace un momento y lo contemplaban con escrutinio, observando entre sonrojos y miradas inocentes que no cabía duda de que él era uno de los mejores Jōnins que tenía Konoha, pues sus músculos eran visibles y fuertes, producto de misiones y tardes de entrenamiento para mantenerse en forma, su rostro descubierto y con los ojos cerrados parecía estar en perfecta paz y ella pudo notar un lunar en su barbilla al que anteriormente no le había prestado atención.
Kakashi pareció moverse un poco entre sueños y luego abrió ligeramente sus orbes.
—Esa posición no se ve muy cómoda –escuchó una voz al lado de él y con suma dificultad giró su rostro para ver de quién se trataba. Ahí sentada a su lado estaba Hyuga Hinata con lo que parecía ser un enorme bento entre sus manos. Sus mejillas estaban tenuemente rosas y pensó que sería por el sol, pero sobre ella no había rayos amarillos y se dio cuenta de que estaba nublado. Entonces cayó en la cuenta de que se había quedado dormido, no supo por cuanto tiempo, pero no debió ser mucho, quiso suponer.
—¿Qué hora es? –preguntó muy apenas, sintiendo la boca seca, mientras se volteaba de lado para ayudarse a levantar a la mitad.
—Son como las cuatro y media de la tarde. La… lamento la demora, Kakashi-sensei, p… pero… yo…
—Está bien, lo importante es que estás aquí –él sonaba distante, un tanto frío. Hinata pensó que era normal, probablemente él se sentía un poco incómodo con ella, se mordía el labio inferior con fuerza al sentirse una mala persona, además de que estaba sumamente nerviosa. Kakashi se irguió a la mitad e hizo uso de todas sus fuerzas para quedar sentado con la espalda recta y sus rodillas flexionadas para cruzar las piernas.
—Se ve cansado, Kakashi-sensei –observó ella. Colocó el bento en el centro y lo destapó todo y además puso una botella de agua, ofreciéndole los palillos a él –Es todo para usted –le indicó viéndolo a los ojos sin alguna expresión en particular salvo un leve sonrojo –Tómelos –lo instó en vista de que el no alzaba la mano para tomar los palillos de madera.
Con algo de duda, Kakashi los aceptó después y empezó a comer algo de una manzana cortada en trozos.
—¿Por qué está así? –le preguntó tímidamente.
—¿Sin camisa? –levantó una ceja.
"Tan cansado", iba a decir ella pero se arrepintió ante el peligro de que le contestara que se debía a que pensó que ella ya no volvería mientras observaba todo lo que Kakashi había avanzado en la construcción, las bases de las paredes estaban listas y firmes al suelo; el cual estaba terminado, solo faltaba rellenarlas y hacer las divisiones, también faltaba terminar el techo. Se sintió irremediablemente culpable por no haber regresado a tiempo para ayudarlo.
—Sí –musitó mientras hacía lo posible por no voltear a ver ni una minúscula parte de la piel desnuda del sensei que tenía en frente.
—Tenía calor. Pero veo que ya se nubló. Los días así me gustan.
—A mí también –sonrió.
Kakashi se estiró un poco para alcanzar el arroz con la mano cuando lanzó un gemido pequeño de dolor y mejor regresó a su posición anterior.
—¿Qué le duele? –se preocupó.
—Lo que pasa es que estaba arriba –señaló con el índice –Y caí. Creo que tenía mucha hamb… sed.
—Lo siento… es todo mi culpa –aplanó sus cejas hacia abajo y luego recordó en la posición que lo había encontrado –Oh, no, ¡¿Cayó de espalda?! –se escandalizó, abriendo los ojos como platos. Se levantó para ir detrás de él de inmediato y revisarlo.
—Sí, pero estoy bien, no hay nada de qué preocuparse…
—¡Kakashi-sensei! –exclamó aterrorizada, con su voz dulcemente intranquila detrás de él –Está lastimado.
—Hinata, en verdad estoy… –su voz se congeló al instante cuando sintió los dedos de ella sobre la parte superior de su espalda, tocando algunos puntos que le hicieron sentir dolor pero no lo demostró porque su cerebro no lograba como que procesar bien el hecho de que sus pieles se estaban tocando, aunque fuera de una forma insignificante y aparte médica.
Ella estaba sentada detrás de él, con las rodillas flexionadas mientras que sus brazos estaban extendidos y deslizaba suavemente las yemas de sus dedos que hacían un poco de presión para detectar dónde se había lastimado, en cuando sintió que la espalda de Kakashi se tensó por la parte donde estaba el omóplato izquierdo supo dónde aplicar su curación.
—Lo encontré –escuchó su voz detrás, con el pasar de los segundos estaba sintiendo cómo había logrado localizar el punto de su dolor para contrarrestarlo con ese chakra verde especial, provocándole dejar escapar un suspiro de alivio.
Sintió cuando su operación se terminó porque sus dedos lo dejaron libre y luego ella se levantó para volver a su lugar, frente a él.
—Tienes un tacto tan suave –exclamó mientras volvía a comer algo de arroz.
Hinata quiso hacer que no escuchó eso y se acomodó un mechón de cabello rebelde tras la oreja. Sin quererlo miró por el rabillo de ojo el pecho del ninja. Su piel era clara, tenía una delgada cicatriz en el pectoral izquierdo, secuela de alguna batalla pasada. También pudo notar un pequeño tatuaje en color negro en el lateral de su costilla izquierda, estaba en letras pequeñas y cursivas con finos trazos, sin embargo no alcanzaba a leer el nombre.
De repente elevó la mirada y se halló a Kakashi viéndola mientras comía. La Hyuga se sonrojó súbitamente al verse descubierta y bajó su mirada, jugando a entrelazar y liberar sus dedos de manera nerviosa.
—Es el nombre de mi padre –le explicó al notar el lugar dónde había estado ojeando.
—M… me gustaría hacerme uno con el nombre de mi mamá, creo que son lindos. ¿Duelen mucho?
—Si amas mucho a tu madre, entonces no va a dolerte nada –le aseguró terminando con el arroz para empezar a vaciar la pequeña vasijita de sopa.
—¿No lleva un tatuaje de su madre? –preguntó curiosa, inclinando la cabeza a un lado.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no la conocí. Murió cuando nací.
—Lo siento.
Kakashi se limitó a encogerse de hombros, indicándole que no había problema con ese tema.
—Hyuga Hinata –habló él al tiempo en que había terminado todo el bento que ella le había hecho –Ya puedes casarte. Cocinas fenomenal –sonrió.
La kunoichi se ruborizó y lanzó una risilla nerviosa mientras se apretaba los dedos unos con otros para intentar seguir adelante y no dejarse vencer por la vergüenza. Kakashi empezó a recoger todo mientras Hinata se levantaba y veía hacia el cielo. Había pasado cerca de media hora.
—Deberías irte –la voz de él la sacó de sus pensamientos y volteó para verlo. "Deberías irte de mí…" pensó, "…no quiero matarte" –No tarda en llover. Continuaremos mañana, yo estoy cansado y además he comido mucho.
—Mañana vendré muy temprano, lo prometo. Esta vez… lo prometo en verdad.
Tomó la cajita de bento con una mano y luego observó a Kakashi que le daba la espalda para ponerse la camisa e incluso la máscara. La Hyuga hizo una nota mental de conseguirle ropa limpia para mañana y también una lona por si llovía.
—Si gusta, usted podría ir al complejo Hyuga para ducharse y eso –le ofreció.
—Eres muy amable, pero estaré bien. No tarda en llover –rió ligeramente. Hinata sonrió –Lo bueno que ésta parte del techo –señaló con la barbilla –está terminada, así que supongo que pasaré bien la noche.
—Yo insisto, Kakashi-sensei –no se sentía nada cómoda dejándolo allí a la intemperie.
Kakashi se acercó a Hinata y tomó su rostro entre sus palmas cálidas y húmedas al tiempo en que se inclinaba hacia ella quien lo veía con una mirada huidiza ante tanta cercanía.
—Te estoy diciendo que estoy bien –le aseguró casi estampándole su aliento en el rostro –¿Vienes mañana? –y nuevamente la miraba de esa forma intensa, con sus ojos bicolores; oscuro como pasado y rojo como la sangre.
—Sí –contestó lo más firme que pudo pero se ruborizaron sus mejillas en cuanto habló. Kakashi la liberó y entonces retrocedió un par de pasos.
—Nos vemos mañana, entonces –finalizó él.
Hinata solo pudo asentir y dar media vuelta, intentando no tropezarse con sus propios pies, pues su mente estaba media nublada, al igual que el cielo.
Kakashi la observó alejarse y pensó que él no podría matarla ni loco. Hinata corría con una suerte nata para seguir viviendo. Recordó cuando Hinata y él murieron en la invasión de Pain. Recordó cuando la Hyuga fue cristalizada por Guren y que a punto estuvo de romperse en mil pedazos, cuando estuvo a unos centímetros de perder la vida a manos de su primo Neji en los exámenes de ascenso a chunin. En todas esas ocasiones ella se había salvado, había bailado con la muerte una canción y luego la había dejado para ir a sentarse de nuevo a la banca y esperar otro turno. Chica de soles y lunas. Fuerte y débil. Inmune a los encantos Hatake.
"Cambio de opinión", se dijo mentalmente "Vuelves a ser mía, Hinata-chan".
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Caminaba a pasos lentos por las calles de Konoha hacia el complejo Hyuga como su destino mientras veía cómo algunos aldeanos se reunían en grupos pequeños alrededor de un fuego caliente y otros se dormían a plena calle. Ya era tarde y el cielo nublado hacía parecer que ya estaba anocheciendo. A lo lejos observó que el puesto de Ichiraku Ramen ya estaba restaurado. Sonrió de medio lado al pensar que Naruto estaría feliz cuando escuchara la noticia, pero cuál fue su sorpresa que del puesto iba saliendo el mismísimo Uzumaki con una gran sonrisa en su rostro apiñonado. Los ojos azules se encontraron con los pálidos de ella y por un momento el corazón de Hinata dio un vuelco peligroso. Le sonrió casi imperceptiblemente pero lo hizo. Sintió que sus piernas se quedaban sin fuerzas y un hormigueo subía por todo su cuerpo, pero aquello no duró más que unos cinco segundos, porque Naruto apartó la vista de ella y siguió su camino, probablemente hacia su casa, pues ya era tarde. La sonrisa de ella fue arrancada como si fuera una calcomanía de mal gusto en su rostro pálido, y volvió a quedar seria con sus ojos inexpresivos.
Él la ignoró.
Hinata se quedó casi como una estatua; inmóvil. Sus ojos seguían donde mismo, mirando a unos ojos azules imaginarios. Después de un momento pudo asimilar lo que había pasado y tiró su mirada al suelo. No sentía ganas de llorar y se dijo que tal vez era porque ya se esperaba algo así. Para los demás y para ella era notorio el amor que había en los ojos azules para la chica de los ojos jade, no era tonta, se daba cuenta de las cosas también.
Apretó los labios para intentar darse fuerza y seguir caminando, pero no pudo mover ni un pie. Estaba totalmente congelada. No sabía siquiera cómo moverse. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Qué era lo que estaba haciendo? Una gota cayó sobre su frente y resbaló por ella. Hinata miró el cielo y se dio cuenta de que estaba empezando a llover, fue entonces que recordó que iba en dirección a su hogar.
Estaba por reiniciar su camino cuando de repente sintió que alguien la observaba, miró hacia atrás por encima de su hombro y descubrió a Kakashi a unos metros con un paraguas extendido, él parecía haber presenciado la escena y la observaba mientras estiraba una mano en su dirección para ofrecérsela desde lo lejos. Los ojos de ella se volvieron frágiles y los sentimientos afloraron en ellos, eliminando su inexpresividad. Kakashi estaba allí, ofreciéndole su mano, su amor e incluso su corazón. ¿No lo había dicho él una vez? ¿No había dicho que ella podría empezar por reparar su corazón? ¿No le había preguntado si el corazón de ella podría amarlo?
Hinata sonrió muy poquito, apenas fue un leve estiramiento de labios pero giró sobre sus pies y decidió aceptar lo que él ofrecía a la distancia mientras sus pasos pequeños pero seguros caminaban hacia él, hacia el hombre que nadie amaba pero que tal vez ella podría amar.
Kakashi seguía con la mano derecha estirada y Hinata, antes de llegar a él, estiró su mano izquierda hasta que sus dedos se rozaron, se tocaron, hasta que sus manos se entrelazaron estando el uno frente al otro bajo el paraguas que les atajaba la lluvia.
—Creo que sí –respondió Hinata mirando sus único ojo visible, pues estaba en público y tenía la máscara y el protector puestos en su lugar –Creo que sí podría amarle –exclamó casi silenciosamente y hablándole de usted mientras lo veía a los ojos con algo de vergüenza pero sin más miedo.
Debajo de su máscara negra se ocultaba una leve sonrisa en el hombre del Sharingan implantado. Le pasó el brazo izquierdo sobre sus hombros delgados y la instó a seguir caminando junto a él, indicándole que la acompañaría.
—¿Estás forzando tu corazón en este momento? –le preguntó en el camino.
—Lo estoy forzando, Kakashi-sensei –respondió sintiendo la brisa de una lluvia fresca sobre su rostro que la hacía sentir tranquila. Se preguntó si era cosa de la lluvia o de Kakashi, de cualquier manera se dijo que se sentía lindo el que alguien la buscara con un paraguas para resguardarla de la lluvia, era algo que nadie había hecho por ella.
"No lo forzarás dentro de poco" prometió Kakashi en su mente al tiempo en que caminaba con ella por la calle semi-oscura.
Espero que les haya gustado esta continuación y conclusión de Por el corazón, la verdad creo que me salió media larga, espero que no les moleste. Denme sus críticas narrativas porque, no sé, creo que estoy fallando en eso.
Gracias otra vez a quienes me dejaron reviews y favs, en verdad los amo X3
Por cierto, no se me olvida que les debo la actualización de La asistente de Rokudaime Hokage, please, un poco más de paciencia T3T
Nos leemos en otro KakaHina.
Besos de Lu para ti~
