Vuelve a las raíces
I
Sora
Extendió su mano derecha sobre el tronco de Goshimboku, en el justo lugar donde hace ya más de quinientos años había dormido un chico con orejas de perro.
-Inuyasha-llamó en pensamiento. Inmediatamente, y como por arte de magia, el templo y sus alrededores desaparecieron quedando solo un espacio vacío con Goshimboku nada más frente a ella soltando sus flores a su alrededor .
-pensé que no vendrías-esa voz ronca la reconoció al instante. Sonrió.
-no dejaría de venir-dijo ella y lo miró. No había cambiado casi nada, se mantenía joven, pero tenía un aire más maduro en su semblante, después de todo él había dejado de ser un niño desde el momento en que la tomó como mujer aunque definitivamente seguían teniendo sus altos y bajos.
-¿Qué pasa, onna?-preguntó él con una expresión extrañada-Daijoubu desu ka?-
-Daijoubu-dijo ella mientras mecía su cabeza de arriba abajo, lentamente-han pasado once años, Inu chan-entonces su voz se hizo algo nostálgica-y dieciséis desde que te conocí-
-mucho tiempo, pero parece que no hubieses cambiado mucho-
-¿A qué te refieres con eso?-ella alzó una ceja con una expresión de molestia. Inuyasha tragó duro-¿me estás diciendo que todavía parezco una niña?-
-¡claro que no!-dijo él al notar el cambio de aroma repentino de la azabache.
-¡entonces crees que soy una anciana!-
-¡Iie, Kagome, no me malinterpretes!-
-¡entonces…!-
-OH, vamos Kagome, ya estás grande para hacer estos escándalos-
-mira quién lo dice, Señor Maduro-
-chistosita-le dijo antes de soltar una sonora carcajada-¿Cómo está ella?-preguntó, su semblante se tornó serio.
-ella… ha crecido mucho, realmente, siempre ha querido conocerte-le decía.
-¿qué le haz dicho?-le preguntó con anhelo.
-solo lo necesario. Que tú y yo jamás pudimos estar juntos por y que era mejor así-su mirada expresó la tristeza de su alma.
-¿ella no te pregunta nada más?-dijo él mientras le tocaba los hombros.
-creo que ella se da cuenta de mi tristeza… me duele recordar ese día-dijo ella-a veces me gustaría enseñarle la conexión de Goshimboku para que pudiera verte y abrazarte-Inuyasha la abrazó con fuerza, compartiendo el dolor.
-pero es mejor que no sepa nada…-dijo él, resignándose-dime… ¿Cómo es? ¿Ha cambiado algo?-su voz sonaba ansiosa y es que lo estaba. Él jamás la vio crecer, jamás pudo oír su voz diciéndole 'Otousan' y el único consuelo que le quedaba era que su mujer le describiera a su pequeña o le contara alguna anécdota de ella. Kagome rió levemente.
-ella es muy hermosa, Inuyasha, ayer se cortó el cabello-comentó-a mi no me gustó mucho que se lo cortara, se veía aún más linda con el cabello largo-dijo mientras hacia una mueca-dijo que le molestaba cuando iba a clases de Kendo-
-¿sigue con el Kendo?-y aunque fuese una pregunta parecía más una afirmación.
-hai, sabes, ella es demasiado terca e impulsiva…. como tú, Inuyasha-le sonrió.
-te recuerdo que tú también eres terca e impulsiva-contestó él con picardía.
-quizá-dijo ella.
-¡Okaasan!-escucharon una voz a lo lejos. Kagome sonrió y miró a Inuyasha que seguía la voz con los ojos brillantes.
-es tu hija-le dijo mientras entrecerraba sus ojos y acariciaba las mejillas del hanyou con una sonrisa en sus labios y continuó-jamás has oído su voz ¿verdad?-el hombre la miró con ojos centelleantes mientras asentía fervientemente.
-joudoma, debo irme-anunció él mientras tomaba con sus propias manos una de las de ella y la llevaba a sus labios, besándola suavemente, cerrando los ojos para sentir el tacto con más detenimiento.
-ano…-Inuyasha sonrió al ver la expresión de su rostro.
-¡Okaasan! Doko da?-la voz indiscutible de su hija se hacía mucho más clara.
-ai shiteru, anata-dijo suave y rápidamente.
-ai shiteru,joudoma-contestó él y soltó las manos de su mujer mientras su figura desaparecía junto a aquel espacio en blanco.
Kagome abrió los ojos lentamente, otra vez sentía aquel espacio vacío dentro de su corazón, aquel que solo se llenaba con la presencia de Inuyasha. Aparto la mano del árbol milenario dando un profundo suspiro.
-Ofukuro?-Kagome sintió que alguien se detenía tras ella-¿qué haces junto a Goshimboku?-la pelinegra giró sobre sus talones para ver a su hija tras ella.
-solo recordaba-contestó sonriente a una niña de once años, con los ojos rasgados y del color del sol, cabellos cortos y del más profundo negro. Aquella pequeña era Sora. La niña alzó una ceja y ladeó la cabeza.
-¡Okaasan, prometiste que iríamos a la feria!-reclamó mientras inflaba sus mejillas y fruncía el ceño. Definitivamente eso era un puchero. Kagome rió al verla hacer ese gesto.
-vamos entonces-le dijo mientras traspasaba la cerca del Goshimboku.
-¿y tus cosas?-preguntó la niña.
-lo tengo todo en el bolsillo-decía señalando su bolsillo derecho. La niña sonrió ampliamente mostrando su bien cuidada dentadura.
Esa acción hizo que a Kagome le diera un vuelco en el corazón.
-¡Tomoko chan!-exclamó Sora mientras corría al encuentro de una niña de cabellos oscuros y ojos azulados.
-ohayou yaa, Sora chan-saludó la niña.
-vamos a ver que hay-la niña de los ojos de sol tomó de la mano a la otra niña y se dispuso a marchar cuando su madre dijo.
-Sora, tú no te mandas sola, hija-su voz sonó severa, sin embargo la niña sabía que no estaba molesta sino más bien era como un recordatorio de lo que debía hacer, algo fácil de deducir: 'Recuerda que debes pedir permiso y decirme a dónde vas'.
-lo recuerdo Okaa-sonrió la niña-daremos unas cuantas vueltas ¿verdad, Tomoko chan?-le dijo a la niña junto a ella.
-yo cuidaré de Sora chan, Kagome sama-añadió la niña, algo que causó que ambas mujeres sonrieran abiertamente y que su miga se pusiera roja y tuviera una expresión molesta en su rostro.
-yo sé cuidarme sola-masculló Sora.
-estaremos aquí antes de que se haga muy tarde-decía la niña que, sinceramente, parecía ser más refinada que su amiga.
-vallan a divertirse, niñas, las veremos aquí en una hora-señaló la otra mujer.
-¡hai!-voces al unísono.
-¡venga, vamos a subirnos a la montaña rusa!-exclamó Sora mientras daba la vuelta, arrastrando consigo a Tomoko, y se alejaban corriendo.
-¡¿llevan dinero?!-exclamó Kagome, cayendo en la cuenta de que si no tenían dinero no iban a poder subirse a ningún juego.
-¡lo tengo todo!-exclamó su hija ya a varios metros de distancia. Y luego, simplemente desaparecieron entre la multitud.
-Sora, tiene mucha energía ¿no crees?-comentó la madre de Tomoko. Kagome sonrió y miró a la mujer.
-ella se parece mucho a su padre, a Inuyasha-le dijo-él tenía la misma energía monstruosa que tiene Sora, a veces pienso que ni duerme en la noche-comentó entrecortado.
-es cierto, energía monstruosa-repitió-ella tiene sus ojos. Inuyasha tenía los ojos dorados, pero sacó tu cabello-
-hai…-
-dime, Kagome chan, ¿ella no sabe nada de su herencia?-preguntó con total calma.
Ambas mujeres se sentaron en una banca.
-Iie, ya te lo dije Eri chan, ella no puede saber nada… sin conciencia de sus poderes estará a salvo-tono serio.
-¿y nunca te has puesto a pensar que quizá sería mejor decírselo? Quiero decir, si ella descubre quién es realmente… podría odiarte por habérselo ocultado-
-durante estos once años siempre me pregunté lo mismo… pero cualquiera de las dos opciones es peligrosa, una más que otra. Y las heridas que pueden abrirse pueden ser más o menos grandes… dependiendo-decía ella. Ahora encontraba interesante sus zapatos color negro-La primera opción era ocultárselo, al ocultar su origen ella está a salvo de cualquier ser sobrenatural a costa de…-
-que te descubra-finalizó Eri.
-hai, así es-afirmó y luego un suspiro largo-la segunda opción era decirle la verdad, como es la verdad cualquiera hubiera querido tomar ésta opción, pero su precio era la vida de Sora. Al tener sus poderes sería un imán para los seres sobrenaturales, la pondría en el ojo del huracán-otro suspiro-prefiero saber que está a salvo, ya suficiente tenemos con que yo haya sido la guardiana de la Shikon no Tama y que haya heredado los poderes de Midoriko. No quiero agregar nada más a todo esto-
-cierto… se me había olvidado-musitó su amiga-aun sigo sin entender cómo te las has apañado para mantener el secreto en secreto, alejar a los malos sin que Sora se dé cuenta y ser doctora la mitad del día, cinco días a la semana-
-yo tampoco lo sé-comentó y luego ambas rieron.
-¿Cómo que no lo sabes? Algún secreto, quizá un conjuro para no estresarte-bromeó.
-¿conjuro para el stress? Pues te diré que no funciona para nada. Casi siempre estoy estresada-respondió ella con una sonrisa.
-no sé cómo aguantas-
-ni yo-dijo -¿has sabido algo de Yuka y Ayumi?-cambio sorpresivo de tema.
-Houjo kun habló con Yuka ayer, por cierto él te manda saludos, quería verte pero se iba a Osaka hoy a primera hora-agregó-Yuka está bien, está encinta de nuevo ¿puedes creerlo?-Kagome rió-este es su tercer hijo, dijo que quería vernos en Kioto en nueve meses para el nacimiento-
-seguramente será igual de bello que Eijirou y Takato-comentó.
-ella quiere una 'bella'-
-si, a ese par le vendría bien una hermanita-comentó sonriente-¿y Ayumi?-preguntó.
-ya sabes, Estados Unidos, ella está bien, me mandó un e-mail, dice que Richard es un buen hombre y que le quiere mucho, pero es algo lento…-
-lento, un hombre lento sería Inuyasha, él tardó dos años antes de dar el primer paso a una relación formal-se mofó-Richard es un buen chico, por lo que cuenta, es solo algo tímido-
-lo mismo le respondí, que es tímido-
-pero más vale que se apresure-comentó con cierto tono que aseguraba su malicia en el comentario siguiente-o ella se cansará y lo dejará-
-en eso estoy de acuerdo-contestó con el mismo tono.
Sora se tambaleó un poco al bajar del carro siendo sujetada por Tomoko.
-nunca más me vuelvo a subir a esa cosa-decía una y otra vez, sentada en una banca tratando de enfocar su vista. Hasta ahora solo había conseguido que las cuatro Tomoko se volvieran dos.
-por eso dije que nos subiéramos a la rueda de la fortuna-le dijo mientras se sentaba a su lado y le palmoteaba la espalda suavemente.
-no lo repitas-le dijo antes de inhalar profundamente y luego soltar el aire de sus pulmones. Así sucesivamente hasta que cada figura era una y no dos.
-Daijoubu desu ka?-
-hai, hai… ya puedo ver bien-le dijo suavemente antes de levantarse-¡lo juro, nunca más me subo a una montaña rusa en mi vida!-
-eso ya lo dijiste, Sora chan-comentó la niña que se levantaba tranquilamente de la banca-¿ahora a dónde vamos?-preguntó.
-yo elegí primero, te toca a ti-contestó. Tomoko sonrió ampliamente.
-¡vamos a la rueda de la fortuna!-exclamó. Sora rió ante la repentina explosión de su amiga.
-¡Oe, mira ahí está la torre de Tokio!-exclamó Sora pegada a la ventana.
-mira, mira por allá está mi casa-decía la otra mientras señalaba otra dirección.
-¡y por allá está el Templo!-
Ambas rieron sin saber el por qué, quizá por lo infantil del momento. Bueno, después de todo seguían siendo unas niñas, si tan solo tenían 11 y 10 años.
-¿Cuántas vueltas?-preguntó Sora.
-creo que son unas cinco, ya vamos por la segunda-respondió-dime, Sora chan, ¿Qué vas a hacer mañana?-preguntó.
-¿Por qué?-
-¡pero si mañana es tu cumpleaños!-exclamó.
- lo sé-contestó con una sonrisa-Okaasan me habrá comprado una torta muy bonita, mis tíos vendrán a celebrar al templo y la abuela dice que hará un festín enorme por mis once años-rió.
-¿te regalaran una shinai nueva?-preguntó la niña-la otra la tienes toda astillada-
-no lo sé, pero de todas formas tengo las que están en el gimnasio-
-Hai, por cierto, ¿Kentaro Sensei va a inscribirte para el torneo?-
-mmm… mira, el dice que soy buena, eso es muy obvio, yo diría que soy excelente-
-que no crezca tu ego, onegai-musitó.
-¡Keh!-fue su respuesta-bueno, la cuestión es que él no está muy seguro, porque los competidores son mayores que yo y por eso estaría en desventaja. Él cree que debería esperar un par de años más antes de entrar a una competencia estatal-
- bueno, yo creo que está bien así-comentó-así puedes superar tu 'excelente'- Sora sonrió al notar el tono de burla que había utilizado Tomoko.
-hai, hai, nadie me va a superar-se burló ella.
-engreída-bufó.
-y a mucha honra-rió.
-¿nunca te quitas eso?-preguntó unos minutos después, cuando ya iban a la mitad de la cuarta vuelta, señalando el pendiente en forma de colmillo que llevaba su amiga.
Sora frunció el ceño y lo tomó como tratando de protegerlo.
-Okaasan me lo dio, pertenecía a Otousan, él me lo regaló antes de tener que irse… es lo único que tengo de él y lo llevó desde que tengo memoria-le confesó de forma seria.
-tu Otousan-repitió-¿nunca lo has visto?-Sora negó con una sonrisa.
-pero está bien, porque Okaasan dice que él me amaba y me sigue amando con todas sus fuerzas-respondió admirando el colmillo-Okaasan me contó que cuando tuvieron que separarse él no quería hacerlo, se negaba rotundamente a dejarnos, pero luego tuvo que hacerlo… Okaasan y Otousan se amaban mucho, y estoy seguro que ellos me aman aún más-
-¡por supuesto que te quieren, eres su hija!-
-hai, yo soy su hija-afirmó, aunque no tenía la necesidad de hacerlo-a veces quisiera tener una foto de mi Otousan o algo más, a veces sueño con que va a volver. Quiero conocerlo, así que cuando tenga más edad pienso pedirle a mi Okaasan que me ayude a buscarlo-y el movimiento de la rueda se detuvo. El encargado abrió la puerta del compartimento para dejarlas bajar del juego.
-Okaasan-llamó mientras subían las escaleras del templo.
-dime, Sora-le dijo suavemente, dirigiéndole una mirada breve puesto que debía estar al pendiente de dónde ponía los pies o sino se iba a caer de lo lindo.
-¿a Otousan no le gustaba tomarse fotos?-preguntó. Kagome detuvo su andar para mirarla directa y detenidamente.
-¿a qué viene esa pregunta?-respondió con sutileza.
-solo curiosidad-respondió ella-es que quiero saber cómo era…-Kagome sonrió.
-tu Otousan, a él no le gustaba sacarse fotos, cada vez que llevaba una cámara a cuestas él se alejaba lo más que podía-rió.
-¿enserio?-preguntó entre incrédula y divertida.
-hai, si veía una cámara por ahí, huía como un cobarde-Sora rió-y por eso no tengo fotos de él-le dijo-a excepción de esa fotos que nos tomamos accidentalmente en la cabina-pensó y luego sonrió al ver la expresión de su pequeña. Se había desilusionado-pero te diré, tú Otousan era muy peculiar, tenía un carácter… que ni te cuento, pero era un buen hombre, siempre preocupado por mi seguridad. Él tenía el mismo color de ojos que tú. Dorados-
-¿a si?-preguntó mientras retomaban su marcha. Kagome asintió.
-y tenía la misma miradita que pones cuando te enojas-Sora volvió a reír-era dedicado a lo que creía… a veces era un extremista otras veces era cariñoso, enojón, celoso, maduro… a mi me daba tanta risa, es que era como un niño en cuerpo de adulto-
-¿tan inmaduro era cuando lo conociste?-preguntó ella sorprendida.
-hai, era bastante inmaduro, pero… también era maduro para muchas cosas-le contestó-yo tenía quince cuando lo conocí y digamos que cuando nos conocimos no nos llevábamos para nada bien-rió cuando estuvieron bajo el torii-de hecho, él me odiaba-
Sora paró en seco.
-¿te odiaba?-repitió.
-hai, aunque no sé si era realmente cierto… él era un orgulloso-suspiró-su orgullo siempre le impedía expresar lo que sentía, pero aunque no podía decir las cosas con palabras lo hacía con acciones inconscientes-miró a su hija-cuando tú naciste, él estaba tan inquieto que pensaron que terminaría haciendo un agujero en el piso y varias veces intentó entrar a la habitación-rió, recordaba los comentarios de sus amigos a la perfección y la cara avergonzada que había puesto el hanyou.
-aún no entiendo porqué se separaron-comentó.
-cuando seas más grande entenderás los motivos, aún eres muy pequeña-Sora infló los cachetes y frunció el ceño-no es para que te ofendas, cariño-apresuró a decir.
Aún era temprano, apenas comenzaba a amanecer cuando sintió que alguien se agachaba a su lado y le soplaba el oído una y otra vez.
Frunció el ceño y emitió un gemido de molestia.
Sopló más fuerte.
Se movió más hacia la pared.
Otra vez soplaron. Más fuerte.
Entonces volteó su rostro y abrió los ojos con una pequeña sonrisa en el rostro.
-Ohayou gozaimasu, Okaa-saludó adormilada.
-Ohayou, cariño-le respondió su madre antes de depositar un beso en la frente de la niña-¿Cómo amaneció mi cumpleañera?-preguntó con una sonrisa.
-cansada…-contestó mientras frotaba sus ojos con el dorso de sus manos.
-bueno… el cansancio se te quitará pronto porque abajo hay una gran torta esperándote-le susurró antes de levantarse y caminar animadamente hasta la puerta-y es de chocolate-dijo antes de desaparecer de su vista. Sora se levantó de un salto de la cama al procesar las últimas palabras de su Okaasan. Chocolate. Se relamió los labios antes de dirigirse a su armario y sacar ropa al azar.
Un peto de tirantes a rayas naranjo con amarillo, obviamente sobre otro que hacía de sostén (obvio, tiene 11 años, comienza el desarrollo), unos pantalones un poco más abajo de la rodilla, sus calcetines y sus zapatillas favoritas.
Se ajustó el colgante, que por cierto ni para dormir se sacaba, y peinó su cabello ahora corto. Le gustaba como quedaba corto, pero se le hacía extraño verse al espejo sin esa larga melena que la había caracterizado hasta hace un par de días atrás. Se sonrió, cumplía once. Entonces miró hacia su cama. Una muñeca de cabello negro y ojos oscuros en kimono estaba tirada.
-Kakkoi, vamos a comer torta-le dijo. De acuerdo, podía ser bastante altanera y podía llegar a actuar como lo haría un chico, pero era CHICA y tenía pleno derecho a tener una muñeca como juguete favorito.
Bajó las escaleras de tres en tres con la muñeca en brazos. Quería comer torta de chocolate. Rico, chocolate. Se relamía mientras avanzaba rápidamente hacia la cocina.
Chocolate, chocolate, chocolate…
Sora entró a la cocina prácticamente corriendo y solo se detuvo cuando algo salió disparado hacia ella.
-¡Omedetou!-exclamaron voces de mujeres. Sora vio coma un montón de papelitos de colores caían al suelo y a su Okaa y a su abuela sonriendo a su lado.
En la mesa había un desayuno como para diez personas y una gran torta adornaba el centro de la mesa con once velitas bien puestas en ella.
-¡arigatou!-exclamó segundos después. Ambas mujeres rieron y llevaron a la niña a la mesa. La señora Higurashi, ahora conocida como abuela, encendió cada una de las velitas de la torta.
Cumpleaños feliz,
Te deseamos a ti,
Feliz cumpleaños,
Sora,
Feliz cumpleaños a ti.
Cantaron.
Aplausos.
-pide un deseo, cariño-le dijo su Okaa. Sora miró la torta que traía escrito: 'Feliz cumpleaños, Sora'. Cerró los ojos y pidió su más grande anhelo.
Luego sopló las velas, que se apagaron totalmente al primer intento.
Más aplausos.
Luego, simplemente, comenzaron a comer tranquila y amenamente su gran desayuno. Sora devoraba grandes cantidades de chocolate con una sonrisa de oreja a oreja comparable con el gato de Alicia en el País de las Maravillas.
-¡rico!-decía ella cada cinco minutos antes de engullir alguna otra cosa o tomar de su tazón de leche.
-Sora, te vas a atragantar-le advirtió su Okaasan. Acto seguido, la susodicha, se golpeaba el pecho mientras tosía con fuerza. Su madre y su abuela le daban palmaditas en la espalda para calmarla.
-toma líquido, Sora-le dijo su abuela pasándole el tazón que aún contenía un poco de leche. Sora lo tomó con los ojos humedecidos y trago de una. La tos cesó.
-ten más cuidado, hija-le reprochó su madre.
-gomen nasai-dijo ella mientras pasaba una mano detrás de su cabeza y reía nerviosa.
Sora levantó la pañoleta, dándole vueltas una y otra vez, era amarilla. Se la puso alrededor del cuello, sin quitarse el colmillo aunque sí dejándolo medio oculto.
-¿Cómo me veo?-preguntó.
-te vez muy linda, ese color te queda fantástico-respondió su abuela-especialmente porque combina con el color de tus ojos-la niña rió.
-está súper linda, Okaasan-le dijo a la mujer frente a ella que le sonrió ampliamente. La niña tomó otro paquete un poco más alargado. Ella sospechó que era.
-ese lo compramos tu abuela y yo-comentó Kagome. La niña mostró sus dientes en una gran sonrisa antes de hacer pedacitos el papel del envoltorio.
-¡SHINAI!-exclamó, aún sabiendo lo que era antes de abrirlo, se emocionó de todas formas.
-¿te gusta?-preguntó su abuela.
-¡me encanta!-exclamó-¡ahora haré picadillo a Kentaro Sensei!-decía mientras golpeaba el aire una y otra vez, emocionada-¡Kakkoi, vamos a arrasar!-le dijo a la muñeca que se apoyaba en las piernas de su madre-¡Okaasan! -
-dime-decía ella mientras recogía a la pequeña muñeca.
-quiero ir afuera a practicar-le dijo radiante.
-con tal de que tu práctica no se extienda hasta que tus tíos lleguen, está bien-le dijo mientras le pasaba la muñeca que la niña recibió con mucho cuidado.
-¡arigatou!-exclamó y salió corriendo de la habitación.
Kagome sonrió nostálgica cuando escuchó la puerta corrediza cerrarse.
-ayer hablé con él-le dijo a su madre.
-¿Cómo está?-preguntó.
-bien, aunque extrañándonos… yo igual lo extraño-le dijo-sabes… ayer Sora me preguntó sobre él y le conté algunas cosas, pero sin ponerlo en evidencia tampoco… nunca le vi la cara tan iluminada como entonces, a pesar de su expresión de encanto cuando vio la Shinai… esa expresión no se compara con la que vi. Okaasan, a veces me siento tan culpable…-
-OH, Kagome no tenían opción, yo también creo que es lo mejor-le dijo suavemente-pero de que tienes que contarle la verdad-luego miró la expresión aterrorizada de su niña-desde luego cuando sea más grande… cuando sea capaz de defenderse por completo-
-lo sé… pero me entra cierto pánico-dijo ella mientras acariciaba un pedazo de papel de regalo-¿Qué tal si me odia?-preguntó al fin.
-Sora no podría odiarte-apresuró a decir-ella comprenderá el porqué y lo aceptará. Pero eso solo ocurrirá si le cuentas absolutamente todo-
-tengo pensado contárselo cuando cumpla los quince-dijo ella-a esa edad yo empecé a descubrir mis poderes, creo que sería bueno que ella lo supiera a esa edad-
-estoy de acuerdo, quince es una buena edad-le apoyó.
Sora recorrió su espada de bambú con cuidado, sosteniendo con fuerza su muñeca. Caminaba directo hacia la pagoda del pozo abandonado. Por allí nunca pasaba nadie y podría practicar, gritar y saltar todo lo que quisiera.
Entonces, al llegar frente a la pagoda, notó algo que la perturbó.
-los Ofuda-dijo ella suavemente. Subió la pequeña escalinata y miró con detenimiento las puertas. Los Ofuda que, desde que tenía memoria, habían mantenido sellada la puerta de la pagoda estaban rotos. Frunció el ceño y con decisión abrió la puerta corrediza.
Estaba oscuro, esa pequeña pagoda solo contenía una escalera, tierra y un pozo antiguo y destartalado. Pero lo que le llamó la atención fueron los pedazos de papel, que seguramente eran más Ofuda, y los restos de madera que estaban regados por todo el piso.
Tragó duro antes de bajar la escalinata.
-esto es raro, Kakkoi-le dijo a la muñeca que sostenía en una mano. Blandió la shinai frente a ella por costumbre. Sentía curiosidad, nunca había estado dentro de ese lugar, aunque no había nada llamativo.
Entonces se inclinó hacia adelante, mirando el interior del pozo polvoriento. Pestañeo varias veces ¿Qué estaba haciendo? Y estaba dispuesta a enderezarse y marcharse de ese lugar cuando sintió un extraño vértigo.
Sintió que Kakkoi se resbalaba de su mano y que ella se precipitaba a un lugar muy oscuro.
Perdió la conciencia.
Sora abrió los ojos por segunda vez en ese día, miraba un cielo limpio y unos pajaritos que jugaban sobre ella.
-Itai…-dijo cuando se sentó, le dolía el cuerpo. Miró hacía un lado, su shinai estaba justo a su lado. La tomó y se levantó quejándose cada cinco minutos-¡Okaasan!-llamó cuando agarraba una liana y comenzaba a escalar hacia la superficie sosteniendo apenas su espada-¡Abuela!-siguió llamando, pero no hubo respuestas.
Ahora se estaba asustando. Frente a ella había un bosque… no había ni señal del templo. Sora comenzó a temblar ¿Dónde estaba?
-¡Okaasan!-llamó de nuevo, pero nada. Entonces se relajó, tomó aire y frunció el ceño, tomó la shinai con firmeza y la colocó frente a ella como en las prácticas y comenzó a avanzar hacia la espesura. Solo esperaba encontrar a alguien que le ayudara.
Miró hacía todas direcciones pero nada más veía árboles y más árboles. Ahora se preguntaba por qué no se pudo quedar con su familia en casa. Maldita la hora en que salió a practicar.
-¡tienes que ser más rápido, niño, o serás presa fácil!-era la voz de un hombre. A Sora le latió el corazón con fuerza. Ayuda. Y su supuesta tranquilidad se esfumó de pronto y sus pasos se hicieron más rápidos, casi iba trotando… corriendo…-¡trata de leer mis movimientos!-escuchó ésta vez más cerca.
-¡hai!-era otra voz, menos gruesa que la anterior, la de un niño.
Sora apartó unos arbustos que estorbaban su paso y cuando salió a la luz, se quedó de piedra.
Aquellos que habían estado tan ensimismados en lo que hacía su contrincante se fijaron, especialmente por el ruido que había hecho al salir de entre los arbustos, en la niña que se había quedado pasmada, viéndolos.
Entonces se fijó, uno de ellos tenía los ojos dorados, como ella.
Continuará...
Espero les haya gustado, este es el primer capi. de Vuelve a las raíces, que solo consta de siete capítulos, decidí subir porque tenía tiempo y como ya tengo escrito los siete capis. pues lo subí XD. Para los lectores de Realidad, lamento mucho mucho no subir capitulos, ya van más de dos meses que no subo el treceavo capítulo, pero no he podido escribirlo por cuestiones de colegio y... debo serles sincera... por falta de imaginación. Por eso les pido más pasciencia, cuestión que estoy segura ya no tiene XD. Pero bueno... espero me entiendan.
Y tras pedirles que me dejen reviews, dejen revieews plis XD, los dejo con el vocabulario...
Vocabulario jápones del capítulo I:
Ai shiteru: Te amo.
Anata: Es un susfijo para la palabra tú de forma formal. Puede utilizarse con gente superior a ti o de una mujer a su esposo. Algo así como cariño.
Ano: Es como una expresión de duda, así como um…, también puede ser bien con algo de inseguridad. Arigatou: Gracias.
Chan: Susfijo japonés. Se agrega a un nombre y es un modo afectuoso de referirse a una persona, usado generalmente entre una persona mayor y una más pequeña, entre amigos, jóvenes y parejas de enamorados. Otras veces se usa como burla.
Daijoubu desu ka?: ¿Estas bien?
Daijoubu: Estoy bien.
Doko da?: ¿Dónde estás?
Gomen nasai: Lo siento mucho.
Hai: Si.
Iie: No.
Itai: Ouch, ¡ay!, expresión de dolor.
Joudoma: Dama hermosa.
Kakkoi: Grandioso, es el nombre de la muñeca de Sora.
Kendo: Arte marcial en el cúal se usa la katana como arma.
Ofuda: Amuleto japonés hechos de papel. Los Ofuda son papeles rectangulares con antiguas escrituras en kanji utilizados para convatir seres sobrenaturales, crear barreras espirituales o como punto de referencia.
Ofukuro: Madre en forma casual.
Ohayou: Buenos días.
Ohayou gozaimasu: Muy buenos días.
Ohayou yaa: Hola, para los amigos.
Okaa: Ma'.
Okaasan: Madre.
Omedetou: Felicitaciones.
Onegai: Por favor.
Onna: Mujer.
Otousan: Padre.
Sama: Susfijo usado para referirse a personas de alto rango.
Sensei: Maestro, profesor.
Shikon no Tama: Esfera de las cuatro almas. La perla de shikon.
Shinai: Espada de bambú utilizada en el Kendo.
Sora: Cielo.
Tomoko: Amigable.
Torii: Es el portal sagrado de los Templos.
