Situación inversa

Desde el "cumpleaños" de Sesshomaru habían pasado ya muchas lunas. Todo seguía prácticamente igual, Rin molestando a Jaken, Jaken molestando a Sesshomaru, y él tan silencioso y misterioso como siempre.

-¡HOY ES MI CUMPLEAÑOS!- exclamó Rin como si quisiera que todo el mundo se enterara.

"¿Cómo demonios lo sabrá?", se preguntó Sesshomaru, y de pronto se acordó de cuando se lo habían "celebrado" a él. "Hmph. En ese caso, le seguiré la corriente". Por su parte, Jaken le negaba a la niña lo que ésta había afirmado.

-NO LO ES- dijo Jaken.

-¡SÍ LO ES!- le respondió Rin

-¿Pero cómo lo vas a saber?

- Simplemente lo sé- contestó ella reteniendo las lágrimas, triste de que nadie le creyera.

Sesshomaru tenía que hacer algo, no se podía quedar callado para siempre.

-Es el cumpleaños de Rin, Jaken- dijo mirando a su sirviente de mala manera.

-¡Hai! Amito bonito si usted lo dice entonces tiene que ser la pura verdad.

Rin estaba saltando, cantando, no pedía nada, nunca lo hacía ya que era una niña realmente humilde y buena.

La situación hacía ver que no era necesario regalarle nada, pero, ¿y si ella se molestaba con él después? Sinceramente no la quería ver triste, pero estaría lastimando su orgullo si era capaz de darle presentes a una niña pequeña y además humana. Bueno, en algo al parecer tenía razón Naraku, y es en que ella es su punto débil.

Él no iba a buscar flores ni piedritas y menos a hacer un dibujo. Se imaginó haciéndolo y un escalofrío le recorrió por la espalda. Humillación. Él no llegaría a esos límites. Sus compañeros lo vieron irse a un rumbo desconocido sin decir cuándo iba a volver, o que si se quedaran allí.

Optaron por quedarse ahí, en medio del bosque.

-Jaken-samaa

-Qué quieres- respondió con desgana.

-¿A dónde se fue Sesshomaru-sama?

-No lo sé, acaso tú le viste diciéndomelo- contestó malhumorado- desde que llegaste tú se han limitado considerablemente las veces en las que acompaño al amo bonito a sus misiones todo porque tengo que cuidar a una débil humana como tú.

Por suerte Rin no escuchó el final de lo que ella consideró un largo discurso y se fue a la mitad de éste.

Así pasaron las horas y él no volvía, lo que hacía a Rin suspirar con tristeza. Si tan sólo le hubiera dicho a Sesshomaru antes que lo único que quería era que él se quedara todo el día a su lado.

"Por fin lo encontré" se dijo. Le parecía perfecto. Sin humillarse, ni pagar a nadie. Había hallado un pequeño diamante en la tierra, que a la luz del día desprendía muchos colores, lo más probable es que le gustaría por eso. Después se le ocurrió una idea y, como no sintió la presencia de su medio hermano cerca de ella, fue rápidamente donde Kagome a pedirle una cinta para el pelo. Efectivamente tenía una, de color verde manzana. Ya no le caía tan mal. Unió la preciosa gema con la cinta. Eso haría que la extraña colita que tenía Rin en el pelo se viera aún más adorable.

Ya estaba anocheciendo, Rin con cada segundo que pasaba se sentía más triste y Jaken no sabía qué hacer. Él ya había llegado, sólo que con lo silencioso que era no se dieron cuenta.

-Rin- dijo el youkai.

-¡Sesshomaru-sama!- exclamó la niña haciendo que las lágrimas que tenía en los ojos parecieran de felicidad. Se abrazó a sus piernas y permaneció así por un gran rato, contenta de tenerlo a su lado. Ella no se había dado cuenta de que le había puesto algo en el pelo, y él de alguna manera no podía comentárselo.

Había un río cerca y fueron a tomar agua de él, y en ese momento Rin se vio reflejada en el agua, con algo bonito brillando en su cabeza con un lindo lazo. Pensó, pensó y volvió a pensar y no recordaba habérselo puesto.

-Feliz cumpleaños, Rin- dijo Sesshomaru, revelando que era él quien le había dado el obsequio.

"Así que no estaba buscando a Naraku, ni matando onis…" pensó Rin. "Estaba buscando un regalo para mí". Cuando lo terminó de asumir ya estaba saltando alrededor de Sesshomaru, abrazándolo, y con una expresión que él nunca olvidaría.

-¡Arigato gozaimasu!- repetía y repetía la niña, feliz.

Él no decía nada, mirándola.

-Quédese a mi lado, por favor- le dijo ella con ojos suplicantes.

-Siempre que quieras-respondió Sesshomaru, consciente de lo que podían significar esas palabras en unos cuantos años.