Capitulo 2

Vida

- SÍ… Correcto… Está bien… - Decía un oficial mientras hablaba por teléfono. - Adiós… - Colgó - ¿Cuál es tu nombre, pequeño? – Le decía el oficial de policía a el pequeño Al.

- A-Alphonse Elric… - Dijo entrecortado, mirando al suelo.

- ¿Y el nombre de tu hermano? – Volvió a preguntar el oficial.

- E-Edward… Elric… - Dijo con un poco de tristeza en su voz.

- Edward… Elric… - Pronunció mientras escribía en unos formularios. – Bien, pequeño. ¿Dónde está tu madre?

- Está muerta… - Dijo serio, lo que sorprendió al Oficial. – Está en el cementerio.

- ¿Y tu padre? – Preguntó otra vez.

- Nos abandonó a mí y a mi hermano poco antes de que mi madre enfermara y muriera… - Vuelve a respondes serio.

- Lo lamento mucho, pequeño… Listo. – Dijo firmando aquellos papeles – Ahora tu hermano puede ser internado en el hospital. – Le sonrió al pequeño.

- ¡¿Enserio?! – Gritó con alegría Al. El oficial asintió – Muchas gracias… Emm…

- Oficial Hughes. Maes Hughes. – Sonrió.

-¡Muchísimas gracias, oficial Hughes! – Dijo felizmente Al, saliendo de la central de policías y corriendo hacia el hospital. – Debo ir a ver a mi hermano. – Pensaba mientras corría con unos papeles en la mano.

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- ¿Dónde…Estoy?... – Miró hacia la derecha y pudo ver una ventana, con vista hacia un gran edificio blanco que se conectaba con el que se suponía que estaba ahora. Miró hacia la izquierda y pudo ver una mesa pequeña, llena de vendajes y un par de tijeras, una puerta y una pared blanca. – Un hospital ¿Eh? – Observó su propio cuerpo. Un escalofrío recorrió por él. No tenía su brazo derecho desde la mitad de su antebrazo… Faltaba su pierna izquierda desde un poco más arriba de la rodilla. Pensó atemorizado. - ¿Qué ocurrió? ¿Qué me sucedió? – Luego de pensar unos momentos recobró la calma - Claro… El accidente… - Se sentó en su cama – Esa sensación… El sentimiento de aguda angustia del que quieres librarte… Pero sabes que no puedes… Que hagas lo que hagas es inútil… - Unas cuantas lágrimas rodaron por sus mejillas – Esa sensación… Era la muerte… - Dice mientras seca sus lágrimas – Pero… - Sonríe – Estoy… Vivo… - Las lágrimas vuelven a aparecer, pero a él no le importa, estaba vivo. Estaba vivo, se alegraba de ello, Llorar es parte de vivir ¿No?

- ¿Edward-Kun? – Tocaron a la puerta. - ¿Edward-Kun, estás despierto? – Edward secó sus lágrimas.

- S-Sí, pasa. –

- Tienes una visita – Sonrió una enfermera abriendo la puerta. Al apareció en el umbral, sorprendido por el estado de su hermano.

- ¡Hermano! – Corrió hasta él. – ¿Qué le pasó a tu brazo…? ¿Y a tu pierna…? –

- Creo que estaban muy dañados… Tuvieron que amputarlos…- Dijo observando los lugares donde antes estaban su brazo y su pierna.

- Hermano… - Alphonse bajó la mirada con tristeza.

- Al, ¿Qué juguetes te gustan? – Preguntó Edward repentinamente, mirando por la ventana.

- ¿Qué…Juguetes…?... – Dijo lentamente Al.

- ¿Pronto será tu cumpleaños, no? No quiero que legue ese día y no tener nada que regalarte – Le sonríe cálidamente a su hermano menor, quien se abalanza a él dándole un igualmente cálido abrazo. –

- Hermano… Te quiero… - Decía el pequeño, mojando las ropas de Ed con sus lágrimas.

- Yo también te quiero, Hermano – Correspondía el abrazo con su único brazo. - ¿Qué tal si descansas un rato? Te has preocupado mucho por mí, Hermanito. – Sonríe a su hermano, que había parado de abrazarlo y secaba sus lágrimas con la manga de su camisa, mientras Ed despeina sus cabellos con su mano izquierda –

- Sí… - Asiente con la cabeza y le sonríe a su hermano mayor.

Unos días después.

- Tu hermano se ha recuperado muy rápido, podremos darlo de alta hoy en la tarde – Le decía una enfermera a Al. – Tienes suerte pequeño – Despeina sus cabellos con una mano, sonriéndole – Tu hermano es muy fuerte.

- Gracias, Fujimaki-Sama – Agradece cortésmente.

- Sólo llámame Miyuki ¿Ok? – Sonríe nuevamente.

- Sí – asiente felizmente.

- ¡Alphonse! – La voz de su hermano mayor lo hizo reaccionar rápidamente. – Lo siento, Miyuki-San – Se despidió y luego partió a la carrera hacia la habitación de Edward. Se sorprendió cuando vio para qué lo llamaba su hermano. Un pequeño pastel con 1 vela se posaba en la mano de Edward.

- Feliz cumpleaños, hermano – Sonrió felizmente – Estando aquí internado no pude hacer mucho… Lástima que no pude comprarte un regalo… - Puso su mano detrás de la cabeza.

- No importa, hermano… Que tú estés vivo es el mejor regalo que me podrían dar… - Sonríe, derramando algunas lágrimas.

- Hermano… - Lo mira con ternura - ¿Qué tal si pides un deseo? – Sonríe cálidamente.

- Sí. – Dijo Al, luego sopló la vela de su pequeño pastel y cerró los ojos. De repente, una hoja de papel entró por la ventana, un papel que decía ""Automail" y una dirección de una ciudad llamada "Resembool".

- ¿Automail? – Pregunta Edward, tomando la hoja de papel que vio de reojo y que ahora volaba por la habitación. – ¿Resembool? ¿Al, donde queda Resembool? – Le preguntó sorprendido a su hermano pequeño.

- A unos cuantos kilómetros, ¿Por qué preguntas? – Cuestiona confundido.

- ¿Te importaría hacer un pequeño viaje conmigo? – Dijo decidido con ojos llenos de decisión.