Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son de su creador Masami Kurumada.


Esa mañana no había sido exactamente la mejor para Aioria, por quinta vez en un lapso de dos semanas un gato callejero no lo había dejado dormir. A eso se le sumaba el que tuviera que levantarse temprano debido a los cursos inter-semestrales que estaba tomando.

Tratando de tomar las cosas con calma Aioria decidió desayunar para poder dirigirse a la universidad. Se sorprendió al ver que su hermano no estaba pero supuso que tal vez Aioros se había adelantado.

Mientras se dirigía a la universidad un par de niños comenzaron a jalar de su camisa.

- Lo sentimos señor - dijeron los niños cuando Aioria volteo - creímos que era otra persona.

- ¿Qué? - preguntó Aioria, pero los niños sólo se echaron a correr.

Sin saber que había sido eso Aioria continuó con su camino, no tardó en pensar que probablemente esos niños buscaban a su hermano; se preguntó el por qué pero esa duda fue remplazada por una que solía hacerse, ¿por qué la gente lo confundía con su hermano?

Al principio no había tanta molestia en eso, suponía que era normal, su hermano sólo era mayor por tres años y eran muy parecidos físicamente. La molestia llegó después, cuando la gente comenzaba a confundirlos muy seguido y parecía que sólo lo hacían cuando felicitaban a Aioros.

Aioria solía enterarse de las "grandes hazañas" de su hermano gracias a esas confusiones. Cosas como que construía muebles, bajaba gatos de los árboles, o era voluntario en hospitales era lo que por común escuchaba de su hermano.

Dejando el tema de lado, Aioria decidió concentrarse en sus estudios y al menos durante el resto de la mañana eso dio resultado. Ya en la tarde, un poco cansado por los estudios decidió sentarse a comer en la cafetería de la universidad; un par de minutos después se le unió Afrodita, que también estaba tomando cursos.

- Sólo digo - Aioria mordió su manzana - ¿acaso Aioros y yo nos parecemos tanto?

- Claro que no, Aioros es valiente, fuerte, amable y tú... tú eres tú.

- Gracias por el apoyo Afrodita - Aioria entrecerró los ojos.

- Generalmente la palabra con la que llaman a Aioros es...

- Héroe, ya lo sé - dijo Aioria interrumpiendo.

Antes de que alguno de los dos pudiera hablar, un grupo de chicas se acercó a ellos; una de ellas tocó suavemente el hombro de Aioria.

- Disculpa, sólo queríamos invitarte a nuestra fiesta este fin de semana.

- Eso suena genial - Aioria sonrió - pe...

- Espera -una de las chicas miró a Aioria - él no es Aioros, es su hermano.

- Bueno, en ese caso, ¿quieres decir a tu hermano de nuestra invitación?

- Sí, la invitación es sólo para él - dijo la chica que había interrumpido.

Una vez que las chicas se retiraron Afrodita comenzó a reírse muy fuerte mientras que Aioria sólo lo miraba molesto.

- ¿Quieres dejar se reírte? - preguntó al ver a su amigo un poco más calmado.

- Tienes que admitir que eso fue divertido.

- Ves, a eso me refería, me confunden con él, pero sólo lo hacen cuando lo felicitan, o lo invitan a fiestas, o le dan comida.

- ¿Creí que estabas orgulloso de tú hermano?

- Lo estoy, es sólo que esto es molesto.

- Tal vez deberías de pintarte el cabello - Afrodita empezó a reír - así nadie te confundiría con él.

- Eres de gran ayuda - dijo Aioria en tono sarcástico - creo que iré a casa.

Camino a su casa Aioria pensaba en su plática con Afrodita; era cierto, su hermano era un héroe, no sólo para él sino para todos en el vecindario y eso era algo que él no se lo podía quitar a nadie. No le molestaba todas las cosas buenas o grandes que su hermano hacía, tal vez lo que le molestaba era que la continua confusión de los demás con su hermano le recordaba continuamente que él no hacía algo que valiera una felicitación o tal vez un pastel.

Sin querer Aioria había llegado a la conclusión de que tal vez era tiempo de cambiar y ser más como su hermano, un héroe.

Al llegar a su casa un nuevo propósito estaba en su mente. Aventó su mochila al suelo y tan pronto como entró a su casa salió en busca de una oportunidad para ser un héroe. Estuvo más de dos horas cerca del centro comercial buscando algo, pero nada aparecía; lo único interesante que le había pasado era que había tratado de ayudar a una anciana con sus compras, pero esta lo golpeó al pensar que se trataba de un ladrón.

Desesperado, Aioria fue en busca de sus amigos con la esperanza que que alguno necesitara de su ayuda, pero eso fue inútil. Mu estaba en el hospital donde trabajaba; Aldebaran, Saga y Kanon estaban en una triple cita (algo que sin duda lo dejó boquiabierto); no había buscado a Afrodita debido a que este se había burlado de él; Death Mask estaba con Shura jugando videojuegos, además de que ambos lo habían corrido por interrumpir su juego; Milo acompañaba a Camus y Shaka a comprar un libro (y a pesar de que Milo necesitaba ser salvado del aburrimiento en el que estaba decidió quedarse debido a que no le gustaba que Camus fuera tan amable con Shaka, e incluso que se ofreciera a pagar su libro cuando Camus no le compraba ni un chicle a Milo).

Deprimido y triste, Aioria decidió regresar a casa. Al entrar vio su mochila acomodada a un lado de las escaleras y la luz de la cocina prendida; al ver su reloj Aioria supo que no se trataba de su padre, pro lo que decidió ir a saludar a su hermano.

- Hola Aioros - dijo con tono melancólico mientras buscaba comida en el refrigerador.

- ¿Cómo estuvo tu día? - preguntó Aioros mientras echaba zanahorias picadas a su sopa.

- Bien, supongo, ¿y el tuyo?

- Igual. Pasé la mañana con los gemelos y Kanon me dijo que le podía poner estas cosas raras a la sopa para que quedara mejor - Aioros le enseñó a su hermano un chile jalapeño - no recuerdo como me dijo que se llamaban, creo que es un pimiento pequeño o algo así.

- Déjame ver - al examinar el alimento Aioria miró a su hermano y después le quitó la bolsa de chiles que tenía - esto no es un pimiento, es un chile. Provoca mucho ardor, ¿lo echaste en la sopa?

- No, era lo último que iba a poner, ¿cómo sabes que es eso?

- En el restaurante del tío de Shura trabajaba un chico al que le gustaba poner este tipo de cosas en la comida. Una vez Milo y yo comimos uno y casi morimos.

- Bueno, me alegra que me dijeras - Aioros sonrió - sabes Aioria, eres mi héroe.

Ante el comentario de Aioros, Aioria río. Su hermano mayor en ocasiones podía ser muy ingenuo y a los demás les gustaba gastarle bromas, en especial a los gemelos, así que Aioria sonrió al imaginar que tal vez para todos Aioros era el héroe, pero había ocasiones en las que el héroe necesitaba ser salvado.


COMENTARIOS:

Gracias por leer y el comentario; es bueno saber que las historias son bien recibidas.

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