Los personajes no son mi propiedad son de Stephenie Meyer.
Dirigir la vida.
La vida es como un juego de ajedrez,
tú decides que pieza mover.
Desde que tenía memoria podía ver como mi madre se partía la espalda día a día; noche tras noche para traer sustento a casa. Siempre supe que no era fácil, a pesar de mi inocente edad de 4 años. Cada noche que mamá llegaba a las 8:00 pm trataba de no molestarla y dejarla descansar, podía hacerme comida solo; no muy elaborada, pero debía ser autosuficiente para que mi mamá pudiera dormir al menos cuatro horas. Una mujer de veinte años con un niño de cuatro; claramente embarazada a los dieciséis en un total acto de inmadurez.
Dos trabajos para sustentar un niño y algunas necesidades básicas suyas. A pesar de los prejuicios de la gente ella es mi mas grande heroína y el mejor ejemplo que podía tener.
Cuatro años mas tarde, me levantaba temprano para ir al colegio, era muy consciente de que para muchos niños este era el mayor suplicio del mundo, pero para mí el colegio era la única manera de ser alguien mejor para ayudar a mamá y cuidarla cuando yo fuera mayor.
Recuerdo que ese día estaba soleado y alegre; se podía sentir el presagio de algo bueno; y así fue. Al comienzo creí que eran aves cantando para recibir el nuevo día con su hermoso amanecer. Al removerme en la cama desperté a mamá, no sé cómo con aún todo el cansancio por el exceso de trabajo aun podía estar lo suficientemente pendiente de mi.
Mamá se levantó, le pregunté que era eso, ella tenía un semblante de confusión. Aun no entiendo como lo supo, pero fue directamente a abrir la puerta del departamento y …allí estaba ese pequeño bultito en la puerta de la casa.
A pesar de estar solita en el suelo del pasillo envuelta en una delgada mantita, ella reía alegremente con esos enormes ojos azules llenos de felicidad que nos inspeccionaban con la más grande curiosidad, no puede evitar sonreírle a esa cosita. Mamá la tomó en brazos y la llevó dentro; con nuestra vida difícil vivíamos dos y bien podíamos vivir tres a partir de ese día en que llego mi hermanita. Alice.
Desde muy pequeños sabemos que va a llegar un momento en el que debamos escoger nuestro camino, y así ser las personas a cargo de nuestra vida…y la de algunas personas más…pero yo no creí que ese momento iba a llegar a mis once años.
Siempre habíamos sido mi mamá, mi hermanita y yo. Los tres contra el mundo; solos pero juntos.
Mi infancia no había sido fácil, pero fui feliz, soy feliz y haré todo lo posible para que Alice y mi madre vivan una vida feliz.
Nunca ah sido fácil, pero el año en que cumplí los once todo empeoró, mamá enfermo y no pudo seguir trabajando; ver a mi hermanita de tan solo tres años llorar por hambre, era algo que no quería que nadie viviera; pero en esos años era poco lo que podía hacer. Mamá empeoraba su estado al vernos sufrir de ese modo, pero no la culpo, ni jamás lo aré, la amo tanto como amo a mi hermana.
Que podía hacer un niño de once años para alimentar a su familia: solo sacar buenas notas y esperar, era lo único que hacía, estudiar. En el colegio me daban comida para lleva a casa y compartirla con mi familia, aunque insípida, era comida y era un lujo que no nos podíamos permitir por nuestra cuenta.
A los trece años tuve el primer impulso por trabajar, cuando le conté mi idea a mamá se negó rotundamente, decía que debía concentrarme en los estudios, ella quería que fuera "más".
A los diecisiete me di cuenta de que si quería un futuro iba a necesitar dinero para pagar mis estudios. Aun si conseguía todas las becas todas las becas que traía el pertenecer a una familia de tres con un solo ingreso monetario y buenas notas no conseguiría pagar el porcentaje que nos correspondía.
Al pasar los años esto ya no era suficiente, mamá empeoraba y no podíamos ver un especialista para saber que tenía. Cuando cumplí los dieciocho salí como el mejor de mi clase, pero a pesar de haber trabajado desde los dieciséis, no podía costear ni una centésima de mi universidad, ni mucho menos los doctores para mamá.
Necesitaba un trabajo mejor, ya no me podía conformar con el sueldo de dependiente en una tienda. Tenía que hacer algo
Después de todo un día de rechazos en las entrevistas de trabajo, me decidía a volver a casa. Caminaba bajo el aguacero que caía implacable sobre mi cabeza, cuando se presentó frente a mi como una aparición: "El Abismo". Dos palabras, un letrero con letras en rojo neón, pero a pesar de lo llamativo del letrero no fue eso lo que llamó mi atención. El "se busca empleado" me gritaba desde esas puertas negras. Entré en lo que yo pensaba era solo otro lugar en el que tenía oportunidad de trabajar…que equivocado estaba.
Al entrar vi lo que a mi parecer era la eterna versión humana de "Betty Boop" pero con unos muy buenos años más de edad-Madame Jeanine-. Pedí por el empleo, pero su reacción fue algo rara, como casi de…¿satisfacción? No es lo que normalmente esperas de alguien a quien vas a solicitar empleo. Supuse que fue por encontrar al fin a un empleado, pero ¿tan desesperados estaban?, como siempre supuse mal.
Me preguntaron si estaba dispuesto a trabajar de noche, que con mi apariencia sería más que suficiente; aun me tenían en el vestíbulo que hasta ese momento me di cuenta de cómo era realmente la decoración paredes aterciopeladas, arañas de cristal, el mejor estilo de los años 20…un burdel de los años 20. De repente todas las piezas encajaron en mi cabeza "con tu apariencia es más que suficiente".
Desde esa noche que por el día soy Edward Cullen, hijo y alumno ejemplar; pero por la noche soy Vampiro, el más exitoso y requerido stripper de todo Brooklyn.
Mamá no sabía nada, ella pensaba que trabajaba en un bar; un simple barman; pero si ella supiera lo que de verdad hacia, se colocaría peor de lo que está, si eso es posible.
Pero soy yo el que compra las cosas que necesitamos, soy yo el que paga el médico de mamá y soy yo quien paga mi universidad.
Extrañaba el pasar tiempo con mamá, ahora lo único que podía hacer era mirar su cuerpo en una cama de hospital, no es justo que tal vez nunca vuelva a escuchar su voz, sus consejos, sus te amo y cuando nos decía que éramos su mayor orgullo a pesar de haber sido una tonta adolescente. No es justo que con tan solo treinta y cuatro años se le este acabando la vida.
-Edward. ¿Por qué te vas tan temprano? No me gusta quedarme sola por favor…-suplicó la pequeña, me dolía el alma verla hacer eso cada noche pero tenía que hacerlo, no podía quedarme.
-Recuerda que te amo ¿si?, volveré antes de que te des cuenta. Prometo que cuando llegue te avisaré y podremos dormir juntos toda la noche-era la única manera de ponerla conforme, aún le tenía miedos a los ruidos en la noche. La abracé como cada noche, como si mi vida se me fuera en eso: y en cierto punto era así, perdía mi niñez cada noche y esa era mi forma de aferrarme a ella.
Me fui de allí antes de que tuviera tiempo de tan siquiera pensar en arrepentirme una noche mas. La señora Pattie estaba en nuestro pequeño living, era una adorable ancianita que me ayudaba a cuidar de Alice, no tenía hijos y se podía notar en los ojos el vacío de ello. A veces sentía como si fuera mi abuela, me gustaba pensar que éramos una familia; ella mi abuela que siempre me quiso y apoyó a mamá en su embarazo, queriendo a su primer nieto y luego esperar a mimar al segundo…pero mi vida no pudo ser así; ella era solo una señora de gran corazón que se apiadó del chico de dieciocho años; casi huérfano; que cuidaba de una niña de once, la historia se repetía, un niño cuidaba de otro.
Al despedirme de ella creo que pude ser capaz de ver en su mirada el que ella sabía algo, pero sabía que era solo mi subconsciente que gritaba porque alguien me dijera que ya no necesitaba hacer eso, y que me obligara a dejarlo.
Me encamine a lo que irónicamente se había convertido en mi abismo personal, en el que mi espíritu, niñez e inocencia se hundían cada noche.
Bajo las escaleras, abro las puertas, me cambio. Me paro en el escenario, se abren las cortinas, los gritos y la música ensordecen mis pensamientos.
Y es ahí donde pierdo parte de mi inocencia.
No se pueden llegar a imaginar lo que me costó este capítulo, quería que tuviera todo lo que había preparado para Edward y quería que se sintiese de alguna forma todo lo que él había vivido. Espero que haya funcionado y esto les deje satisfechos de alguna forma porque siendo sincera lloré de forma inimaginable con Edward.
Nos leemos
Tay.
