Disclaimer: Los personajes mencionados pertenecen a Rumiko Takahashi, excepto Takeshi que le pertenece a Sherrilyn Kenyon.

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PODER LIBERADO

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無力な

(Sin Poderes)

- Hay algo en ese joven – pronuncio Kagome sin dejar de mirar como ambos desaparecían después de entrar al bosque – hay algo en él que es tan antiguo que no puedo explicarlo con claridad… hay algo…

- ¿Qué podría haber señorita? – pregunto Miroku con curiosidad.

Kagome no dejaba de mirar detrás de su hombro como si alguna fuerza extraña la jalara para seguir a aquellos extraños.

- No lo sé – respondió ella – pero…

Abrió los ojos con sorpresa al ver a los extraño regresar de lo profundo del bosque, tuvo un extraño presentimiento que no pudo definir claramente, iba a ocurrir un cambio, pero no sabía si para bien o para mal.

Takeshi llego hasta el lado de Kagome, y con una inclinación respetuosa ingreso a la cabaña con confianza. Soujiro no se separo de él y tranquilamente tomaron asiento otra vez en la cabaña. Inuyasha gruño, ¿Por qué habían vuelto? Un escozor recorrió su espalda, eso no auguraba nada bueno, debía haber una razón de su regresada.

- ¿Cuál es su nombre señorita?

- Kagome, joven…

- Takeshi.

Kagome ingreso a la cabaña con temor, se sentó junto a Sango que mantenía en su regazo a la pequeña Kirara. La gata estaba tranquila con los extraños, y Kagome bajo las defensas con esto, Kirara tenía un buen instinto y se erizaba frente a seres malignos o de malos pensamientos.

- Señorita, pudo observar con claridad que usted… esconde un poder impresionante.

Inuyasha paro las orejas.

- Lo malo es que está atrapado por un sello. Señora Kaede, me imagino que usted se abra dado cuenta de ello ¿verdad?

Kaede asintió con preocupación, el hombre había notado lo bien escondido que estaba este sello con solo un vistazo, debía ser poderoso. Ella había demorado alrededor de días para notar este detalle, y estaba segura de que Miroku no estaba ni enterado.

Takeshi sonrió al verla afirmando con la cabeza. Todos contuvieron la respiración.

- ¿Un sello? ¿Por qué no me lo dijo, anciana Kaede?

Ella suspiro – No me correspondía, se supone que eso solo le correspondía a mi hermana – Kaede volteo con resentimiento a ver a Takeshi – Ella configuro ese hechizo antes de morir probablemente. Sin que me diera cuenta.

- ¿Kikyo?

- Ella deseaba ser una humana fervientemente como las demás, así que me imagino que aseguro su futuro sellando la inmensidad de sus poderes – Kaede – suspiro, era verdad, su hermana mayor anhelaba con todo su corazón no haber sido la guardiana de la perla, esa podría haber sido una razón para haber realizado tal hechizo que perduro en su alma, la pregunta era en qué momento lo había hecho.

- Señorita Kagome, hay una manera para quitar este hechizo, a base de entrenamientos para sus poderes espirituales. Yo puedo ayudarla con eso – los ojos de Takeshi brillaron e Inuyasha salto de donde estaba sentado.

- ¡De ninguna manera!

- Inuyasha…

- ¡No, Kagome! Este hombre, no me fio de él, tiene un aroma antiguo y perverso. Te llevara con él y quien sabe que te hará, quien sabe si tal vez es un secuaz de Naraku.

- Puede estar seguro, efebo Inuyasha que no soy nada de lo que menciona. Soy un sacerdote y un guerrero, no tengo tal maldad albergando mi corazón.

- ¡No me fio de ti ni un pelo! – grito Inuyasha. Kagome estaba confundida, el hombre si bien tenía un aura poderosa y antigua, había algo que le daba escalofríos. Alguna esencia que no coordinaba correctamente con él.

- ¿Qué quiere decir? – pregunto ella con timidez.

- Viaje con nosotros señorita, yo la entrenare para controlar y liberar sus poderes espirituales. A Soujiro no le molestara su presencia.

Kagome abrió los ojos con sorpresa y hubo dos gritos de negación.

- ¡No! – Inuyasha volvió a saltar con rabia mientras junto a él Shippo saltaba a sus brazos con pesadez, el niño se aferro a su blusa con lágrimas en los ojos.

- ¡No te vayas Kagome! – de todas manera ella no quería separarse de su grupo. Es verdad, tenia discusiones con Inuyasha siempre pero lo quería demasiado como para alejarse demasiado tiempo de él. Sin contar de que adoraba a Shippo con su alma y quería con todo su corazón a Sango y a Miroku que son como sus hermanos mayores.

No podía aceptar esa oferta.

- Hazlo Kagome.

Ella volteo con sorpresa al ver a la anciana Kaede, la sacerdotisa mayor con el rostro desganado que solamente asintió tras sus palabras. Muy confundida pregunto él porque quería que se fuera con estos desconocidos.

- El joven Takeshi tiene la capacidad de liberarte de este conjuro Kagome. Yo ya estoy muy anciana y mis poderes ya no son como los de antaño, sin contar que los necesitaras para vencer a Naraku, te ayudara mucho tener tal poder.

- ¡Si ese es el caso, que lo haga Kikyo! Si ella configuro el hechizo es capaz de disolverlo.

- No, Inuyasha. Este conjuro se aferra al alma. Recuerda que Kikyo ya no pertenece a este mundo, si ella disuelve su propio hechizo morirá por la energía.

El medio demonio no dijo nada.

- Moryokuna, ese es el nombre del conjuro que la sacerdotisa que mencionan, realizo – dijo Takeshi – un hechizo que se realiza justo al momento de morir, reúne la energía del cuerpo, la almacena en el alma de tal forma que los poderes espirituales se comprimen y no aparecen. Es una verdadera suerte que se manifestaran en ti, señorita Kagome, sus poderes rebalsan el sello.

Kaede asintió y miro a Kagome con suplica – acepta, muchacha.

Kagome no supo que decir, miro a su alrededor, sus amigos tenían un rostro de horror, no querían verla partir. Ella enfoco su vista en Sango que aferraba a su gatita. Sango era mujer y poderosa, mucho más poderosa que ella, sabía moverse y manejar la espada. Dominaba desde su nacimiento el veneno, sin contar que su fuerza no tenía limites por cargar aquel boomerang gigantesco.

Sin contar que Shippo siempre permanecía con Sango porque sabía que ella lo protegería. Kagome no tenia tal poder, pues siempre era salvada por sus amigos, era doloroso saber que sería una carga para ellos.

- No puedes irte – Inuyasha le gruño y ella lo observo con dolor.

- Soy una carga, si manejo mis poderes podre ayudarlos a enfrentarse contra Naraku, pero ahora… soy simplemente un estorbo.

El medio demonio no hablo pero susurro algo que la hizo llorar pues sabía que era cierto – Prometiste estar a mi lado.

- Si, y es una promesa que no deshonrare – ella sonrió con lagrimas saladas recorriendo su rostro – pero… entenderás mi deseo por ser más fuerte, no quiero que siempre estén salvándome. Es hora de que yo los salve a ustedes con mis poderes.

- Señorita Kagome, usted siempre nos salve aunque no lo crea – espeto Miroku con dolor al ver que una de sus amigas se alejaría de ellos por tiempo indeterminado.

- Gracias monje Miroku – Kagome volteo a ver al sonriente Takeshi y a su acompañante callado – Los acompañare.

- ¡Eres una tonta! – Inuyasha salió de la cabaña con rabia mientras dentro nadie emitió un solo sonido, muy dolida por su reacción, Kagome solo negó con la cabeza mientras Shippo no dejaba de llorar silenciosamente en su regazo.

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- Los extrañare muchachos, realmente lo hare.

- Y nosotros te extrañaremos a ti, Kagome – respondió Sango con dolor.

Shippo sorbió su nariz – Vuelve muy fuerte Kagome.

Ella solo sonrió – Por supuesto, Shippo, me convertiré en alguien lo suficientemente fuerte para protegerte ¿de acuerdo?

- Si – Shippo volvió a llorar en el hombro de Sango mientras esta lo consolaba inútilmente.

Miroku abrazo a Kagome y le entrego las riendas del caballo de Kaede – Vuelve con bien.

- Así lo hare – con dolor, se subió en el caballo mientras Takeshi tomaba la soga del caballo. Soujiro subió detrás de Kagome en el animal mientras la chica lo ayudaba. Con una última despedida, dejo atrás a sus amigos. En la escena, el medio demonio que tanto quería no estaba con ellos, y eso destrozaba su corazón. Kagome no supo que Inuyasha los estaba siguiendo hasta el final de la aldea, donde se perdieron en el follaje mientras Inuyasha se detenía en el borde de un árbol.

- Hasta luego – susurro Inuyasha.

Esto no era una despedida.