Ya había pasado una semana, pero dos cosas no habían cambiado. Su auto seguía siendo un desastre y la Dra. Abadeer seguía sin dar la cara. Finn ahora llevaba una especie de espada de madera por todos lados. Jake había pasado ocupado, y se había hecho amiga de varias personas. Y su enfermero favorito había llegado un día después de ella. Ya se sentía un poco más en ambiente.

"Peps, ¿puedes ir a ver cuál de los internos me toca hoy?" Le dijo al enfermero. Él de inmediato se fue. Era bajito y su cabello rojo.

Cuando regresó trajo un chico gordito con él. "Su nombre es Steve, pero por alguna razón le llaman T.V." Informó el enfermero. Bonnibel asintió.

"Bien, ahora harás lo que diga, para que seas un cirujano como yo." El chico asintió. "Tú harás todo, desde el inicio hasta el final. Yo seré la interna y tu el adjunto. Y en caso de cirugía te asistiré, ¿estás listo?" El chico asintió regocijado, hoy era su día de suerte.

Su beeper empezó a sonar, avísandole de la catástrofe que se aproximaba. Jake corrió a la entrada del hospital con otras personas que Bonnibel aún no conocía. Sobre su uniforme vestía una especie de capa amarilla y guantes al igual que los demás.

Las ambulancias empezaron a llegar.

"Hombre herido de bala, múltiples impactos en el abdomen. Signos vitales, inestables." Decía el paramédico entregándole a Jake el paciente quién no perdió tiempo y entró al hospital. Venían tres ambulancias, lo mismo sucedió. La diferencia eran las atrocidades que le habían ocurrido a las personas.

Un hombre alto y fornido llegó corriendo con una niña en brazos. Venía cubierto de sangre. Esa fue la señal para Bonnibel, salió corriendo a recibirlo pero el hombre no se detuvo, entró al hospital y la llevó directamente a una sala que estaba vacía. Empezó a colocarle el oxígeno y eso preocupó mucho a la pediatra.

"Señor no puede estar aquí." Le dijo entrando.

"No me interesa lo que digas, Fionna tiene que salir de esto." Le dijo rebuscando entre los cajones.

Su cabello negro estaba pegado a su frente debido al sudor, vestía un pantalón militar color verde y una camisa verde musgo, que ahora estaba llena de sangre. Miro su pierna. Tenía una bala.

"Necesita que vean esa herida, así que le pido que salga de esta habitación y yo me haré cargo de la niña." Le dijo Bonnibel empezando a tomar todos los signos vitales lo más rápido que podía.

"¡Llama a Finn! No confío en ti, rosadita." Contestó molesto.

Un tic apareció en el ojo de Bonnibel. "Estoy más que capacitada así que-"

"¿Qué demonios sucede aquí?" Musitó estresada una chica alta de ojos verdes y cabello castaño con dos coletas y lentes. "Vete de aquí Marshall, deja a Fionna aquí con la doctora Bubblegum."

El susodicho le miro con odio en el rostro. "Ella es nueva en este hospital." Contestó sin hacer caso.

"El hecho de que sea nueva no importa, ella es exitosa a nivel global, además este hospital pasará a ser parte de la cadena de hospitales y clínicas de Candy Kingdom. ¿Me equivocó?" Dijo con voz pasiva-agresiva. La oji azul no sabía que responder. Aún no había tenido la oportunidad de hablar con el jefe de todos los departamentos.

Marshall paró de inmediato. "Creí que mi padre era dueño de este hospital." Dijo.

"Si, lo es. Pero las cosas cambian." Musitó ella, empezando a echarlo del cuarto.

Media ves él estuvo afuera. Bonnibel pudo cuidar a la pequeña. Todo el rato la chica que había entrado la observaba en silencio, analizándola.

"Soy la jefa de todos los departamentos." Soltó de repente. "Ya tienes mi autorización, sólo debes hablar con él idiota de afuera y su hermana. Después de eso será pan comido tú camino." Dijo viendo como Bonnibel se movía de allá para acá.

"No sabía que iba a ser tan fácil." Respondió mientras limpiaba las heridas.

"No cantes victoria tan rápido, aún hay cosas que discutir. Como tu método de enseñanza para los internos." Le dijo. "Y créeme que eso molestará a más de uno de los adjuntos." Dijo dándole unas vendas y gasas.

Bonnibel sonrió. "No importa, me ganaré los corazones de todos aunque sea lentamente. Al inicio no lo aceptan, pero media vez prueban mis métodos, ya no los abandonan."

La chica suspiró. "Suerte con eso. Conozco a mi gente." Después de eso se marchó.

La niña que estaba en cama comenzó a temblar incontroladamente. Bonnibel tomó el teléfono que estaba en la habitación. "Llamen a Cardio, lo necesito urgentemente."

Informó a Peppermint para que reservara un quirófano. Fionna estaba sangrando de nuevo, tenía una herida profunda en la parte de las clavículas, posiblemente su arteria subclavia estaba comprometida.

Y no era solamente eso, tenía una herida en la cabeza, lo que significaba tener que llamar a Neuro. Perfecto, trabajar con dos adjuntos que no conocía aún. Steve llamó a Neuro.

Una chica de tamaño normal aunque un poco más bajita que Bonnibel apareció, tenía su cabello rojo en una coleta.

"¿Cuál es la situación aquí?" Dijo muy seria. Empezó a tomar su pulso y rápidamente pidió que le dieran cierta medicina.

"Tú el gordito, ve y pide un TAC cerebral y llama de inmediato a la jefa de neuro." Le ordenó la chica pelirroja.

"Luego de que tengas los resultados, ve y prepárate para operar." Le dijo Bonnibel. El rostro del interno mostró alegría.

"Es mejor que no entres al quirófano. A la Dra. Abadeer no le gustará." Intervino rápido la cardiologa. El interno rápidamente asintió, con decepción. La pediatra sintió un poco de incomodidad.

Bonnibel lo explicó lo más rápido que pudo mientras iban camino al quirófano. Ambas empezaron a lavarse las manos hasta los codos, adentro ya habían estabilizado a la chica. Ambas se pusieron su gorro quirúrgico, curiosamente la pelirroja tenía un estampado de flamas y el de Bonnibel era de dulces.

"Lindo gorro." Le dijo Bonnibel a la pelirroja.

"Gracias." Se limitó a decir. Luego la miró fijamente. "¿A caso no te han dicho que el tono rosa es muy chillante para un cirujano?" Sin más entró al quirófano media vez estuvo lista.

La oji azul suspiró frustrada. Luego escuchó unos pasos apresurados y unas voces discutiendo.

"Debes revisar bien que no tenga ningún coagulo o hematoma, no toques nada innecesario."

"Marshall sabes que soy neurocirujana, confía en mí." Decía apresuradamente, una voz que le parecía conocida a la pediatra. "Phoebe estará adentro también, ten fé en nosotras."

"Oh así que ese es el nombre de la chica de cardiología." Pensó Bonnibel.

"Lo sé, es solo que.. es Fionna y tú sabes que ella es la única cosa en el mundo que es capaz de volver a Gumball un asesino en serie."

"¿Gumball, mi hermano?" Se cuestionó internamente la peli rosa. Luego descartó la idea, su hermano era muy tranquilo.

"Soy tu hermana Marshall, además sé hacer a la perfección mi trabajo." Contestó. "Y amo a esa niña tanto cómo tú. Ahora sal de aquí porque no está permitido que un miembro familiar directo lleve su caso."

"Gracias Marceline." Fue lo último que escuchó. La puerta se abrió y a Bonnibel se le fueron los colores.

Marceline estaba entrando, tenía las manos ocupadas haciéndose un moño con su cabello tan largo. Se puso un gorrito negro con notas musicales de colores.

"Oh no tú otra vez." Dijo volteando los ojos.

"Bueno pues yo tampoco estoy muy feliz de verte." Contestó la susodicha dándole la espalda ofendida.

"Sólo mantente fuera de mi camino ¿si? Esa niña no puede morir hoy." Dijo mientras se lavaba las manos.

Bonnibel se colocó los guantes con la ayuda de la enfermera que estaba en la puerta.

"Nadie muere en mi guardia." Dijo sin mirarla y entrando al quirófano.


Gracias por sus lindos reviews. Hasta aquí el segundo capítulo, espero lo hayan disfrutado!