Por las palabras dulces que nos hieren...
Muy bien, henos aquí con el capítulo número dos de este fic.
No hay mucho que decir, supongo que primero que nada me gustaría agradecer a aquellos que leyeron el primer capítulo y han seguido con éste. Tambié aprovecharé para hacer unas cuantas aclaraciones respecto a las edades de otros de los personajes: El Pokemon Trainer (que en esté fic llamaré Dyre) tiene 15 años; Ness tiene 13, Lucas 12, Nana y Popo (a quienes manejo como gemelos) tienen 11 y el menor de todos será Toon Link, con 10 años.
Disclaimer: Los personajes del Smash no me pertenecen y no obtengo ninguna clase de beneficio económico de esto (lo que sigue siendo obvio)
Sin más aclaraciones absurdas por el momento, inicio el segundo capítulo:
AMOR UNILATERAL
Capitulo 2
Sólo amigos
Es incoherente, ilógico, irracional, me provoca, me descontrola... Ike me descontrola.
Pit no es suyo, no es de nadie y no tiene derecho a reclamarme, ¡a insinuar que yo pretendo algo más con él!
Me acerco a Pit porque disfruto su compañía (por algo es mi amigo), me alegra poder pasar tiempo con él, como me alegra pasar tiempo con Zelda, pero no significa que busque algo más con ello. ¡Claro que me interesa! Me importa lo que piensa y lo que siente, pero es lo mismo una y otra vez. A veces me pregunto si Ike ha considerado que no toda forma de cariño tiene que ser necesariamente un... enamoramiento o algo así, que existen los amigos. Además, ¡Pit es todavía un niño!
Hasta hace unos minutos todo estaba bien, acabando la práctica de tiro, íbamos a cenar, cuando Peach y Zelda pidieron hablar con Marth y Pit de... lo que sea que estuvieran hablando. Así terminamos compartiendo la mesa sólo Ike y yo mientras los esperábamos, no había razón para que eso simbolizará un problema.
Hasta que él abrió la boca.
Algo similar a "últimamente has pasado mucho tiempo con Pit" fue el principio de lo que terminó como una... ¿discusión? con ese mercenario irracional. Sólo practicamos, porque somos de los pocos arqueros aquí, así como él, Marth y yo practicamos siendo de los pocos espadachines, pero eso no significa que yo tenga "intenciones ocultas con Pit" como Ike quiere pensar.
Puede quejarse cuanto quiera sobre cómo entreno con él, o cómo le ayudo con un simple tiro, que si es "demasiado cerca" o no, eso finalmente no le incumbe, y se lo dije, por lo menos yo no voy por allí pidiéndole que me cure las heridas sólo porque "no quiero ir a ver a Doctor Mario", o me quedo dormido en su hombro o... de acuerdo, tal vez esté algo celoso, pero... ¡Como sea!
¿Qué derecho tiene él de decirme lo que puedo y no hacer con Pit?
Es... irónico que lo piense, tal vez porque yo mismo me he sentido molesto cuando se acerca demasiado a Marth, y puede que no haya estado bien reclamárselo, pero...
Terminaré llenando este diario de "peros".
Puedo seguir justificándome, lo cierto es que no puedo evitar sentirme culpable después de alguna discusión, menos si ésta fue con un amigo y no lo sé, igual no puedo darle la razón a Ike mas, probablemente, yo quiera igual que él que... que deje de coquetear con la persona que me gusta.
Lo que empezó como simplemente una seria discusión terminó con ambos de pie, mirándonos como si deseáramos matarnos uno a otro y, en vez de eso... hicimos una escena de la que seguramente ya toda la mansión se enteró, saliendo del comedor sin dar cuenta a nadie del porqué. No es como que tengan que saberlo, ¿cierto?
Ahora mismo me siento como un idiota por actuar así, usualmente soy tranquilo, pero Ike tiene la increíble capacidad de irritarme en formas que ni siquiera antiguos enemigos lograron, debo darle crédito por eso, porque ni siquiera tiene que intentarlo. Debo admitir que preguntarme porqué somos amigos sólo me hace sentir peor conmigo mismo.
Uno suaves golpecitos en su puerta, hicieron a Link salir de sus pensamientos, guardando el diario y la pluma que había estado usando en uno de los cajones de su cama (de cualquier forma, no es como que tuviera que preocuparse de que alguien lo leyera, después de todo, casi nadie en la mansión puede leer hylian).
—Ya voy.
Al abrir la puerta encuentra nada más y nada menos que al pequeño ángel frente a él, a quien no puede evitar ofrecerle una sonrisa algo consternada, sabiendo de antemano la posible razón de su visita.
—Hola, Pit —saluda de buena gana.
—Ah... hola —responde sin su usual ánimo, mirando en algún punto del suelo, sin saber cómo comenzar—. ¿Todo bien?
Link se limita a sonreír más ampliamente, algo aliviado por la presencia del chico frente a él. Sale de su cuarto y, cerrando tras de él la puerta, hace un ademán a Pit para que lo siga.
—¿Te molestaría si damos un paseo?
Sin confiar mucho en su voz, Pit niega con la cabeza siguiendo los pasos de Link.
—Es tarde —piensa el príncipe viendo la charola con comida en sus manos, con un gesto un tanto preocupado en su rostro mientras se debate sobre si tocar o no la puerta frente a él. Sólo un par de golpes suaves sobre la madera resultaron suficiente para hacer salir a Ike.
—¿Qué! —fue el grito molesto del mercenario, aparentemente no esperando encontrarse con Marth al abrir, sintiéndose ahora algo culpable por haber asustado al chico frente a él—. Oh... Marth, yo...
—Perdona —susurra el menor, reprendiéndose internamente por haber disturbado a Ike, mirando nuevamente hacia la charola en sus manos—. No quería molestarte, sólo pensé que tendrías hambre —concluyó extendiendo la bandeja—. Será mejor irme.
—E-espera —pide, tomando una de las manos de Marth que sostenían la bandeja, haciendo al chico levantar la mirada para encontrarse con la de Ike—. No sabía que eras tú, no debí gritarte... ammm... por favor, pasa.
Marth asiente en silencio, dejando que las manos de Ike lo guíen dentro de la habitación.
Terminaron caminando lado a lado recorriendo el pasillo sin decir palabra hasta llegar al jardín, el lugar favorito de Link. Al llegar a cierto árbol, Link se extendió para poder tomar un par de manzanas ofreciendo silenciosamente una de ellas a Pit, quien la tomó un tanto desconcertado por el comportamiento del rubio que ahora se encontraba sentado bajo el árbol invitándole con un gesto a unírsele.
La luz de la luna parecía reflejarse en la piel de Link dándole una especie de aura de luz, mágica, espectacular, por la que Pit no podía dar crédito alguno. Un ser que ha conocido tanto ángeles como diosas, nacido en AngelLand, general de un ejercito de centuriones que de igual forma conoció el Hades... jamás nada le había robado el aliento como la figura frente a él lo hacía ahora. Y debía agradecer internamente a la noche por ocultar su sonrojo y convertirse en su cómplice y verdugo al dotar de tal luz a aquella que en sus tierras era considerada la forma más cercana a sus dioses.
Los ojos azules de Link tomaban todo el cielo estrellado por sorpresa y vaya que debieran envidar de ellos su luz todas las estrellas, porque no había por ese momento algo que fuera tan bello como él. La luz platinada de la luna hacía brillar cada uno de sus rubios cabellos, así como resaltaba el blanco de su piel, haciéndole lucir majestuoso... sublime.
—Perdón, por la escena de hace un rato —se disculpó súbitamente el hylian, sin siquiera mirar a su interlocutor, sino más bien a la luna que ahora se posaba sobre ellos.
Pit no podía contestar, no podía siquiera hablar. Cada suspiro de su aire era robado de su pecho antes de que llega a él, tan solo por contemplarle.
—Ike y yo... no logramos ponernos de acuerdo en muchas cosas —musitó el rubio aún con una tenue sonrisa triste en sus labios—. No es la primera vez que discutimos, pero sí la primera de la que los demás se enteran.
—No sabía que ustedes...
—Es normal que los amigos discutan —interrumpió, finalmente mirando a Pit—. Es sólo que hay veces que por más que quieras evitar una pelea, no puedes sólo darle la razón al otro.
—¿Por qué...? —comenzó dudando— ¿por qué discutieron?
La puerta esta cerrada con seguro, las luces están apagadas...
Cada vez que Ike se molesta hace eso, entra en su cuarto, cierra toda posible entrada, incluyendo las ventanas, y apaga todas las luces, todas excepto la lámpara de luz cálida en el buró al lado de su cama, la cual evidentemente nunca es suficiente ya que apenas sirve para distinguir las siluetas en la habitación. ¿Por qué hace eso? Dice que le ayuda a pensar mejor.
Después de haber entrado y dejado la cena que Marth le trajo junto a la lámpara, Ike se ha limitado a caminar de ida y vuelta frente al príncipe, quien lo mira desde su lugar, sentado sobre la cama.
—¿Qué...? —comienza suave, pero pronto es interrumpido por la voz más fuerte de Ike.
—No quiero —es suficiente para hacer saber a Marth que a partir de ese momento lo mejor es que guarde silencio—. Sé que no está bien, pero... el sólo pensar en lo cerca que a veces están él y Pit me hace sentir ganas de... de... ¡Agrr!
Lo siguiente fue un seco golpe con el puño cerrado sobre la pared, algo que Marth de verdad odia que Ike haga, pero que igual pasa cada vez que de verdad se desespera, usualmente en situaciones como esas, cuando está molesto y no encuentra las palabras para expresar aquello. Después viene un simple suspiro, sacando los rastros de impotencia.
—¿Nunca has tenido una persona especial?
La repentina pregunta del mercenario quiebra con toda la serenidad del príncipe a quien ni siquiera ha mirado, pues ha manteniendo la vista donde había golpeado. Marth, que normalmente es centrado y aparentemente imperturbable se sabe ahora mismo sin poder para ocultar su desconcierto siendo esa precisa persona quien formulara dicha cuestión... ¿De verdad Ike nunca lo ha notado?
—Alguien que desearías que sólo tuviera ojos para ti, y que aún pudiendo tener a todos los demás te elija a ti sobre ellos. Esa persona que cada vez que te mira con una sonrisa en su rostro te derrite el corazón, pero que cuando se llena de alegría hablando de alguien más no puedes evitar sentir... ¿celos? ¿Alguna vez has sentido que podrías olvidarte del mundo si tan sólo ese alguien nunca dejara de mirarte para mirar a alguien más?
Ante cada palabra, Marth había sentido la opresión de su pecho crecer y crecer, como si un enorme peso se hubiera posado sobre él impidiéndole respirar, mas aún deseando hacerle saber al hombre frente a él quién era su "persona especial", corto de su aliento toda palabra antes que saliera y suprimió una mueca de dolor reemplazándola con una tenue y triste sonrisa de sus labios y un apenas asentimiento con la cabeza, ahora mismo incapaz de mirar a Ike.
—Sé que no está bien, pero... a veces me gustaría poder ser lo más importante para él —concluyó el mercenario con una sonrisa, mirando hasta entonces a su amigo.
Pobre príncipe... ¿hasta cuándo podrás soportar todo mostrando una sonrisa? La tristeza siempre es grande cuando tus sentimientos no llegan a la persona que amas.
—Es sólo que... los dos estamos interesados en personas con las que el otro tiene... demasiado contacto y... es complicado —confesó Link.
—Entiendo —respondió el pequeño ángel, mirando con tristeza la manzana entre sus manos—. ¿Estás... celoso de Ike?
La observativa cuestión de Pit trajo para Link, primero, sorpresa, ya que no contaba con la perspicacia de Pit, pero seguido a ello, una sonrisa serena que sólo servía para contestar a la pregunta sin necesidad de palabras. Ahora, Link mira también su manzana, sintiéndose completamente trasparente ante el general y luego de un suspiro, da el primer mordisco, recordando que de hecho tenía algo de hambre.
—Quiero a Marth —fue la frase con la que inició el hylian al terminar el bocado, sin saber lo que implicaría para Pit escuchar aquello—, tanto como Ike te quiere. Discutimos porque él piensa que me he estado "sobrepasando" contigo...
—¡Pero eso no es cierto! —interrumpe Pit con urgencia, mostrando en sus mejillas un rojizo que la noche apenas y lograba ocultar—. A mí me gust... me gusta estar... contigo y...
—Está bien, me alegra escuchar eso —dice el hylian al notar que Pit había dejado de hablar y aparentemente no podía continuar su oración—. También me hace muy feliz estar contigo, lástima que Ike no pueda darse cuenta que sólo somos amigos.
—Sí, es una lástima, ¿no? —su voz parece quebrarse—, que Ike no se dé cuenta.
¿Cuánta fuerza requiere suprimir la urgencia de llorar? Pobre ángel, tu hermoso corazón ha resultado tu mayor debilidad. Al menos eres fuerte.
—Marth... —nombró Ike después de un largo silencio entre ambos, sentándose junto al chico—. ¿Estás bien? —roza delicadamente la mejilla del chico para hacerle mirarlo.
El noble sonríe nuevamente por el roce, aún cuando éste se sintiera como un madero en brasas sobre su piel. Ike le quema, le consume. —Arrasa con toda mi lógica —piensa, mas asiente, con la esperanza de ser lo suficiente convincente, deseando a la vez cosas opuestas: que Ike deje de tocarlo... y que Ike no deje de tocarlo.
—¿Estás seguro?
Marth vuelve a asentir al perder el roce de Ike de su mejilla, aunque sintiendo ahora la mano del mercenario sobre su pierna.
—Tú siempre apareces cuando lo necesito, me escuchas y terminas por decir exactamente lo que necesito escuchar. Marth... si algo está pasándote, puedes decírmelo.
—Tú, Ike, tú estás pasándome. Con un sólo toque trozas mi cordura y lo peor de todo es... —coloca su mano sobre la otra más fuerte sobre su pierna— que ni siquiera lo notas.
—Es sólo... amor unilateral —susurra, consciente del peso de sus palabras.
—De entre todos, no puedo creer que eso pueda pasarte a ti —contesta con verdadero desconcierto el mayor, haciendo a Marth mirarlo inquisitivo—. Es decir, ¡sólo mírate! Eres inteligente, fuerte, noble, ¡eres un príncipe! y... tal vez no está bien que yo lo diga, pero realmente desvías la mirada de todos en cuanto entras a una habitación, no me imagino a alguien que no pueda quererte.
—Es difícil escucharte decir todo eso al saber que jamás llegarás a corresponderme. Es doloroso en el instante que me haces dudar y desear tirarme en tus brazos, entregarme a tus palabras cuando sé que realmente no puedes... —ahora sentía sus ojos empañarse ligeramente ante el pensamiento, usando todas sus fuerzas para mantener su leve sonrisa— no puedes sentir nada más por mí.
—Además, eres un gran amigo —termina Ike con una sonrisa sincera.
Aunque lo invitó a su cuarto y cerro tras de sí la puerta con cerrojo, aunque las luces están apagadas y la mano de Ike está sobre su pierna... la palabra "amigo" termina por borrar toda posibilidad.
—Si ya estás mejor —comenzó diciendo el noble, como en un suspiro—, es tarde y creo que debería ir a dormir un poco.
—¡Oh, claro! Gracias por haber venido y por escucharme, de verdad lo aprecio.
—Descuida, para eso están los amigos, ¿no es así? —poniéndose de pie—. Y... no creo que debas molestarte con Link. Recuerda que un ave siempre es más feliz fuera de su jaula, si limitas demasiado a Pit, dudo que le alegre.
Ike lo mira un tanto desconcertado al principio mas, como siempre con Marth, consigue tomar sus palabras como un consejo amistoso, algo así como un "es por tu propio bien", por lo que termina sonriendo.
—Supongo que tienes razón —pensativo, se acuesta en su cama recargando la cabeza sobre sus manos entrelazadas—. Gracias por la cena. Que tengas buenas noches.
—Descansa —susurra ya en el umbral de la puerta, justo antes de cerrarla con cuidado.
Aún con esa dulce sonrisa triste en sus labios, pasando el cuarto de Link, a unos cuantos pasos de su propia habitación, se recarga contra la pared. Suspira. A veces Ike encuentra la forma de decir las cosas más dolorosa de oír para él, porque lo hace quererlo más y a la vez le hace saber que no tiene oportunidad.
—Ojalá fuera tu mirada la que lograda desviar al entrar a una habitación —piensa para sí, cerrando los ojos un momento.
Pero la calma no dura mucho, los pasos apesadumbrados que recorren el pasillo llaman su atención y, al abrir los ojos, descubre a quien ya esperaba ver.
—Pit —llama un tanto preocupado, pero suficientemente suave como ofreciendo confort.
Pit levanta la mirada al sonido de su nombre para encontrarse con su mejor amigo, a quien realmente necesitaba ver en ese momento, considerando como las simples palabras de Link habían logrado devastar en tantas formas el castillo de sus ilusiones. Acelerando apenas el paso para alcanzar a Marth, tan pronto se encontró lo suficientemente cerca, se abrazó de él, sin decir palabra alguna.
—Ya... tranquilo —susurra Marth, acariciando el cabello castaño en forma de consuelo—. Todo está bien... ya pasó.
Pit sólo se abraza más fuerte de él, dejando escapar un doloroso suspiro, sintiendo de nuevo la urgencia de gritar en desesperación, mas en vez de eso, terminó temblando de impotencia en los brazos de Marth.
—Él... él dijo... —balbucea entre sollozos, interrumpiendo sus propias oraciones sin llegar a completar ninguna—. Él sólo... él nunca...
—¿Pasó algo?
El sonido de la otra voz sobresalta un tanto al otro par. Cuando Marth voltea, descubre al entrenador pokemón, Dyre, prácticamente frente a ellos, apenas saliendo de su habitación, aparentemente preocupado por los sollozos del menor.
—¿Pit está bien?
—No te preocupes —contestó Marth con voz apacible, aún peinando el cabello del ángel—, no es nada.
Aunque quisiera, parecía casi imposible creerle a Marth, considerando que el chico junto a él no hacía más que abrazarlo, escondiendo la mirada, y que hacía apenas unos momentos sollozaba. Y sin embargo, asintió.
—¿Quieres quedarte hoy en mi cuarto? —pregunta Marth a Pit en un murmullo, que igual es escuchado por el otro chico en le pasillo.
Pit responde un "sí" apenas audible, sin romper el contacto con él, Marth abre la puerta de su habitación, permitiendo así a ambos entrar. Mientras, Dyre los observa en silencio desde el pasillo, esperando a perder de vista a ambos antes de entrar a su cuarto.
Las habitaciones de Ike, Link, Marth, Pit y el joven entrenador pokemón comparten el segundo piso del ala de la mansion donde se encunetran las habitaciones, que a su vez comparten con otros 7 competidores del torneo, por lo que es común que se encuentren, como entonces, en el pasillo.
De un lado, pasando la puerta de Mario, se encuentra la de Marth, junto a la de Link, luego están las de Ike, Ganondorf y al final del pasillo la de Olimar; del otro lado del pasillo, empezando por la habitación de Luigi, que se encuentra justo frente a la de su hermano, le siguen las habitaciones de Pit, Dyre, Snake, Capitan Falco y, haciendo compañía a Olimar al final de pasillo, Wario.
Así pues, cuando compartes un piso con tan peculiares personajes, basta con prestar un poco de atención y al poco tiempo es fácil notar esas pequeñas cosas que suceden en trono a los demás, y resulta ser aún más fácil que las notes cuando eres del tipo callado... como Dyre.
Cosas simples y hasta bobas, como que los hermanos Mario suelen discutir, muy seguido de hecho; secretos divertidos, como que fueron Lucas y Ness quienes llenaron el cuarto de Wario de jalea. También había notado lo obvio de esos secretos a voces, como el que a Ike le gusta Pit, así como la sinrazón de los comentarios de otros, como el favorito de Wario y Dedede cuando bromeando hablan de Marth haciéndole "favores" a Ike.
Pero sobre todas las otras cosas, eran pequeños detalles los que llamaban su atención, como que el príncipe suele dormir tarde y despertar temprano, o que Ike sale siempre a las cinco de la mañana a entrenar, que la fruta favorita de Pit son los duraznos, pero su helado favorito es el vainilla, que prefiere los días poco soleados para salir y... que hay veces en que el pequeño ángel emana una tristeza de razón incierta... no, él sabía la razón, y ésta vestía una túnica verde y le llamaban "Héroe del tiempo".
Mas, cuando compartes un edificio con tan peculiares personajes, lo mejor es guardarse para uno mismo los que ve, no vaya a ser que uno de ellos, intentando proteger sus secretos decida deshacerse de quien los conoce.
Se recuesta en la cama, dejando escapar un apesadumbrado suspiro y, al cerrar los ojos, el joven Dyre, entrenador pokemón, de 15 años, se percata entonces que sólo hay una imagen en su mente... Pit sollozando en los brazos de Marth.
—Las cosas no fueron muy bien con Link, por lo que veo.
Pit niega ligeramente con la cabeza, abrazando la almohada acercándola aún más a su pecho. Lleva ahora un camiseta y pantaloncillos celestes, mismos que le ha prestado Marth esperando que le sirvan de pijama. Está sentado en la cama del príncipe, con las rodillas flexionadas, cercanas a su pecho por la posición. Aun cuando ahora se encuentra más tranquilo, las palabras "sólo amigos" siguen rondando en su cabeza una y otra vez.
—¿Qué sentido tiene quererlo así... si no lo nota?
La caricia de Marth sobre su cabello le hace salir de sus pensamientos y encontrarse con la cálida mirada del noble que ahora está sentado junto a él.
—¿No volvió contigo?
—Sé quedó platicando con Zelda en la cocina... —susurra, enterrado el rostro en la almohada, continuando después de un breve silencio—. Él sólo me ve como amigo.
—¿Se lo dijiste?
—No. Cuando hablábamos me dio a entender que él y Ike habían discutido porque estaban celosos el uno del otro y luego... —su voz es cortó por instantes— luego dijo que era una lástima que Ike no se diera cuenta que él y yo sólo eramos amigos.
Al renovado sonido de sollozos, Marth se sube por completo a la cama para hacerle compañía, abrazándolo con un brazo y con el otro acariciando su cabello, susurrando "todo estará bien" una y otra vez de forma cariñosa.
Había aprendido a querer a Pit como a un hermano menor y, en más de una ocasión, había pasado la noche así, susurrando cosas dulce y reconfortantes al oído del ángel, con caricias tiernas y abrazos ligeros esperando a que se quedara dormido.
Rara vez hablaban de Ike, pero si hablaban seguido de Link. Marth sabe bien que Pit lo necesita, sacar las cosas dolorosas de dentro suyo, las dudas, los sentimientos antes desconocidos para el ángel porque, después de todo, era un ángel: alguien que en su propio mundo jamás hubiera llegado a sentir la necesidad de estar así con alguien.
Devoción, cariño, amor puro, amor fraternal... amor de pareja, amor prohibido, amor no correspondido, amor unilateral... Pasar de lo primero a lo segundo había resultado un shock para él, por suerte Marth estaba allí, para explicarle, para escucharlo y, de igual forma, para consolarlo.
Sin darse cuenta en qué momento, Pit se quedó dormido, con la cabeza sobre el regazo del príncipe, que se mantiene despierto velando su sueño. Ahora mismo se repite internamente los "está bien" que antes habían sido para el niño, debe hacerlo, repetirlo una y otra vez hasta creérselo, esperando que llegue el momento en que todo realmente esté bien.
Suprime un suspiro agotado, moviendo con cuidado a Pit para acomodarlo en la enorme cama, acomodando su cabeza sobre la almohada y su cuerpo de costado, arropándolo con sus sábanas azul marino, pronto los sueños cubrirían al ángel y, en la mañana, su hermosa sonrisa volvería a su rostro y eso sería suficiente para el mundo entero para creer que en verdad todo estaba bien. Al menos era suficiente para Marth.
La noche pronto se apoderó también de su habitación, dejándolo todo en silencio, con sólo el sonido de la suave respiración de Pit, acostado a su lado. Él podría dormir hasta tarde e igual despertar temprano, pero al menos por esta vez, no tenía fuerzas para hacerlo.
—Lo que Ike dice, lo que Pit siente, lo que Link hace... —en medio de esos pensamientos, en algún punto, logró conciliar el sueño.
Aun cuando tenía los ojos cerrados, podía percibir la luz del sol que se colaba por las cortinas abiertas, y las delgadas sábanas sobre su cabeza no ayudaban mucho así que, aunque renuente, decide abrir los ojos de una vez, porque seguramente sería hora de levantarse.
—Buenos días.
—Buenos días —contesta Pit con voz somnolienta, tallándose los ojos, en un intento de terminar de despertar.
Aunque Marth todavía le hace compañía en la cama, es fácil adivinar que lleva tiempo despierto, pues incluso ha aprovechado para leer un poco, y el libro en sus manos es la prueba de ello. No importa cuantas veces se quede a dormir en su cuarto, nunca llega a ver lo dormir, Marth siempre parece dormirse después y despertar antes que él.
—¿Qué hora es?
—Al rededor de las ocho. ¿Dormiste bien?
Pit asiente en medio de un bostezo, acercándose a su amigo, recargándose en su hombro, tratando de ver el libro que Marth aún sostiene.
—¿Qué lees?
—¿Esto? —mostrando el libro—. Es una novela.
—¿De qué trata?
—Habla de una joven guerrera a la que traiciona su propio hermano. Después de que la acusa de un crimen que él mismo cometió, ella tiene que huir para evitar ser ejecutada, pero muchos buscan la recompensa y sus antiguos amigos le han dado la espalda.
—Pobre chica... —susurrá recargándose aún más en el hombro de Marth, para luego mirarlo con interes—, ¿qué pasa después?
—Ella se encuentra con un pequeño grupo de guerreros que habían escuchado de sus antiguas hazañas y le ofrecen quedarse con ellos. Al paso del tiempo ella se enamora del arquero, pero...
—¿Pero?
—Él... —suspira— se aprovecha del amor que ella le tiene para usarla.
—¿Usarla?
—La lastima —musita acariciando las páginas de su libro, con voz doliente—, pero sabe que aunque ella huya, terminará por volver con ellos porque, no tiene otro lugar a donde ir.
—¡Ah, no leas esas cosas! —grita Pit arrebatando el libro de las manos de Marth y cerrándolo, causando un real desconcierto al príncipe—. ¡Son demasiado tristes! Deberías leer cosas más alegres, con príncipes como tú y con finales felices y... ¿por qué te estás riendo?
Marth se limita a negar con la cabeza, tratando de suprimir la pequeña risita que salía de sus labios, sin mucho éxito.
—¡Qué malo eres! —acusa Pit, al pensar que seguramente se está riendo de él y, tomando la almohada más cercana, la avienta al rostro de Marth.
—¡Hey! —dice aún sonriendo, colocando el brazo frente a su rostro, usándolo para protegerse del ataque con almohadas que Pit había empezado—, está bien, no te enojes.
—¡Es tú culpa!
Pero antes de que pueda lanzar la almohada que ya tenía preparada, una de las manos de Marth aprisiona su muñeca, tomándolo por sorpresa, y antes de que pueda usar su mano libre para reanudar el ataque, Marth recuerda la técnica de Ike del día anterior, y sin previo aviso, empieza a hacerle cosquillas en el abdomen, provocando de inmediato que Pit empiece a retorcerse debajo de él.
—¡Ya, ya, me rindo! ¡Ya! —pide entre risas, haciendo eco con la sutil risa de Marth.
—¿Buenos días?
Tanto Marth como Pit pararon en seco al escuchar la voz de Dyre, que encontraron al voltear hacia la puerta. Les tomó un par de segundos recordar su precaria posición: Ambos sobre la cama, Pit debajo de Marth, Marth tomado a Pit por la muñeca y ambos apenas en pijama con las sábanas cubriendo todavía la mitad de su cuerpo... En otras palabras, una imagen que el pobre entrenador pokemón jamás olvidaría, por mucho que lo deseara.
—¡No es lo que parece! —se apresuraron a decir ambos a unísono al separarse, alzando las manos en señal de inocencia.
—Sí, como sea... Peach me pidió que les dijera que el desayuno está listo —sin más y con voz llana, Dyre se retira de la habitación cerrando la puerta tras de él.
—Debió haber tocado la puerta —musita Pit con un sonrojo que delataba lo apenado y ligeramente molesto que estaba.
—Tal vez lo hizo y simplemente no lo oímos —contesta Marth con calma, tomando algo de ropa de su armario—. Voy a darme una ducha, ¿nos vemos abajo?
—Claro —responde el ángel en medio de un suspiro de resignación.
Después de recoger la ropa que había usado el día anterior, sale del cuarto de Marth para dirigirse al propio, encontrándose con que Dyre aún estaba en el pasillo y, cuando el entrenador le miró, no pudo hacer más que sonrojarse nuevamente apresurándose a entrar a su habitación, justo enfrente de la de Marth.
Pit no lo notó, pero su sonrojo había dibujado una sonrisa en el rostro normalmente serio de Dyre.
Los más pequeños de la mansión resultan ser los primeros en bajar a desayunar esta vez, claro, acompañados de las dos princesas y la cazar recompensas. Mientras las chicas toman su lugar en una de las mesas, conversando tranquilamente después de un "¿sin resentimientos?" de parte de Samus hacia Peach, en referente por la batalla del día anterior; los menores se encontraban pensando cada cual en sus propios asuntos.
En tanto que los gemelos de 11 años, conocidos como Ice Climbers, estaban ocupados disfrutado sus waffles, los otros 3 chicos parecían más interesados en hablar sobre el torneo. Si bien los dos chicos de Onett parecían muy contentos con el resultado de su primera batalla, Toon Link, el menor de todos ellos, con 10 años apenas y siendo esté su primer torneo y batalla oficial, se encontraba realmente nervioso.
—Te irá bien —asegura Ness.
—No te preocupes, también estaba algo nervioso en mi primera batalla, pero todo salió bien.
—Además, ¿que no tu compañera es Zelda? Entonces no tienes porqué estar preocupado.
—¡Pero...!—comenzó el menor, interrumpiendo de alguna forma su propia frase, haciendo una seña a los otros dos para que se acercaran, como advirtiendo que se trataba de un secreto, retomando después la palabra, susurrando—. Anoche soñé que la Princesa Zelda y yo peleábamos contra el equipo de Bowser y Ganondorf.
Los otros dos chicos se miraron mutuamente por unos instantes, como preguntándose si fuera posible, volviendo luego a sus lugares.
—Bueno, si eso pasara definitivamente sería muy malo—comentó Ness, el mayor de los tres—, pero no creo que tengas tan mala suerte.
Apenas completó la frase cuando Bowser, Ganondorf, Wario y Wolf hicieron su entrada al comedor. Toon Link, que estaba de frente a la puerta (al contrario de Lucas y Ness que le daban la espalda), pudo sentir como un horrible escalofrío recorría su espalda, y su cara de espanto fue suficiente para hacer al otro par voltear y encontrarse con aquello que la expresión de su amigo ya les había pronosticado.
—Toonie... ¡sólo fue un sueño! —regaña el de cabello negro, cuidándose de susurrar.
—Eh, ¡claro! —contesta con una risa nerviosa—, sólo una tonta pesadilla, quizá ni siquiera tenga que pelear con ellos, no sé de que me preocu... —ni siquiera terminó la palabra cuando la imagen de Bowser devorado su desayuno en la mesa frente a ellos le hizo estremecer de nuevo, más cuando el Koopa se decidió a mirarlo con una malévola sonrisa en su rostro—. Me van... a... matar.
—No exageres —fue lo que oyó justo cuando alguien bajaba su gorro hasta el nivel de sus ojos.
—¡O-oye!
—¿Desde cuándo se levantan temprano?
Después de acomodar su gorro, Toon Link voltea para descubrir al entrenador pokemón parado tras de él, con la bandeja que tenía su desayuno.
—¡Dyre! —saluda alegre.
—¡Tú dijiste que si terminábamos de desayunar temprano Charizard nos daría un paseo! —hace notar Ness.
—Pues no veo que ninguno de ustedes 3 haya terminado de desayunar todavía —señaló el mayor, arqueando una ceja—, y estoy seguro que si alguno de ustedes vomita sobre Charizard, él no lo pensará dos veces antes de dejarlos caer.
Los 3 niños empezaron a devoraron la comida en sus platos con urgencia, mientras el mayor de los 6 en la mesa, tomando asiento junto a Toon Link, optaba por disfrutar cada bocado del rico desayuno. Amaba como la mantequilla se derretía sobre los waffles y la miel los bañaba dándoles un sabor extremadamente dulce, que contrarrestaba con el tocino del otro lado del plato y las fresas en la pequeña copa.
Un ruido conocido llamó su atención y le hizo voltear a la puerta del comedor: La aún ligeramente aguda voz de Pit era inconfundible. Aún en plena pubertad, el sonar de su timbre continuaba un tanto más alto de lo que debiera, pero igual ¿los ángeles pasan por la pubertad?
—Espero que nuestra batalla sea hoy, si debo vestir de rojo mañana también...
—No es para tanto —contesta Marth con una sonrisa torcida.
En busca de alguna mesa, Pit se topa con la mirada de Dyre, y en el instante que recuerda la pequeña escena que pasaron en la mañana, no puede hacer más que desviar la mirada con un sonrojo, provocando nuevamente la interna satisfacción de Dyre, a quien secretamente le encanta ese rosado en las mejillas de Pit, que por lo menos hoy, combina perfectamente con su traje.
Antes de que Marth pueda preguntar la razón del puchero de Pit, se topa con Ganondorf, lo que hace a Toon Link tragar saliva de sólo imaginar la posible reacción del rey, a quien había empezado a seguir con la mirada. Marth simplemente le mira, sin ninguna señal de alerta en sus ojos, y retrocediendo un paso, con la serenidad que le caracteriza, hace una leve reverencia ante el gerudo.
—Buenos días, su alteza —saluda Marth con voz apacible, sin ninguna señal de sarcasmo en ella, sino un verdadero respeto.
Pit se queda callado, con semblante serio esperando cualquier cosa del antiguo enemigo de Link.
—Buenos días, príncipe —contesta pasando a un lado del chico, sin mayor contrariedad, dejando a los pocos espectadores sorprendidos.
—¿Qué fue eso? —pregunta Toon Link, que como Dyre había observado la escena.
—Supongo que es algo entre nobles —musita, volviendo a su desayuno.
—¿Marth? —llama Pit, arqueando una ceja.
—Dime.
—¿Cómo...?
—Si te dijo algo te juro que... —era la frase que Link no concluiría porque, simplemente no sabía que decir después, esperando que algún otro pudiera suponer que sería alguna muy buena amenaza. Apenas entraba cuando presenció la escena, sin posibilidad de escuchar nada.
—¿Hmn? De hecho, Ganondorf siempre es amable conmigo, no veo porqué el asombro.
—Él no es amable con nadie —dice bajo su aliento.
Marth niega ligeramente con la cabeza, desaprobando las palabras de Link, retomando la tarea de encontrar mesa. Eligiendo la contigua a donde se encontraban los niños y el joven entrenador pokemón.
—¡Marth, Marth!— era la voz de Toon Link tras de él— ¿cómo lo haces?
—¿Hacer qué?
—¡Eso! Pensé que él...
—Toon... —interrumpe Dyre, regañando suavemente.
—Pero...
—Si quieres pasean en Charizard, entonces...
—¡Ya me callé! —anuncia retomando su lugar, sin dejar de mirar a Marth por el rabillo del ojo.
—¿Quieres un café y un waffle? —inquiere Link dirigiéndose a Marth, sin sentarse aún, dejando que Pit tome el lugar junto al príncipe, a espaldas de Dyre... el pequeño realmente no quiere tener que ver al otro castaño a los ojos.
—Claro, ahora voy por ellos —contesta apenas moviendo la silla para ponerse de pie.
—No te levantes, yo los traigo. Pit, ¿tú quieres algo?
—Ah... fruta estaría bien y un jugo de naranja... sino es mucha molesta.
—Ahora lo traigo —anuncia el hylian, yendo por el desayuno.
—¿Todo bien, Marth? —cuestiona Zelda, quien después de haber presenciado la pequeña escena parecía un poco preocupada, al menos lo suficiente para acercarse a su mesa a preguntar, con Peach siguiéndola de cerca. Claro, Peach no se perdería de una buena nota por nada.
—Sí, ¿por qué todos tan preocupados? —inquiere tratando de que su tono no sonara de alguna forma irritado.
—¿Desde cuando hablas con Ganondorf, corazón? —inquiere Peach.
—Desde el torneo pasado —contesta esperando que no venga otra pregunta, ¿es realmente tan alarmante para todos que él hable con Ganondorf?
Las dos princesas se miran mutuamente, sin saber que decir al respecto, finalmente retirándose con un "ten cuidado" por parte de Zelda, y justo después, fuese como si el comedor entero entrara en un profundo silencio que ni los chicos se atrevían a romper, haciendo a Marth sentirse realmente incómodo.
—Vaya... ¿quién murió? —inquiere Ike, quien apenas llega, acercándose a la mesa donde Marth y Pit se encuentran.
—Nadie —contesta el noble, aunque sin poder evitar terminar en un susurro para sí—, es sólo que todos exageran.
—¿Qué?
—Marth chocó con Ganondorf, Marth lo saludó con una reverencia y Ganondorf le dio los buenos días y le dijo príncipe —resume Pit de golpe, exasperado por la pesada atmósfera.
—¿Y? —cuestiona el mercenario arqueando una ceja, sin entender cómo algo tan simple había logrado que todos en el comedor tomaran ambiente de sepelio. Mas su simple comentario hace a varios en la habitación desviar su mirada hacia él—. No entiendo qué es la gran cosa.
—No hay nada de raro en realidad —responde Marth, ahora con una sonrisa tenue en sus labios, por lo menos Ike puede entender eso... ¿O no entender el desconcierto del resto? Bueno, eso no era lo importante finalmente.
—Claro... —contesta sin estar muy seguro de si ha captado la idea realmente—. Voy por algo para comer, después del entrenamiento tengo demasiada hambre como para preocuparme por esto.
Justo Ike se había alejado de la mesa, los murmullos el resto empezaron a escucharse y pronto todos hablaban en su volumen usual, de forma que Marth apenas y podía contener la sonrisa que deseaba formarse en sus labios. Tal vez Ike nunca lo notaría, pero tenía esa capacidad de devolver a cuantos le rodeaban su carácter usual cuando éste parecía perdido. Quizás un día se lo diría.
—D-Dyre —llama la tímida voz de Lucas, sentado frente a él.
—Mande.
—Cuando volemos con Charizard, tú estarás vigilándolo... ¿cierto?
—Por supuesto, no puedo dejarlos solos con él.
Ness mira a su querido amigo rubio sonreír tímidamente al entrenador, sin estar muy seguro porqué, siente que ha perdido el apetito.
—¿Y tú que tienes? —cuestiona Popo, llamando la atención de Ness.
—Nada —murmura sin ganas.
—Eso no suena a nada —reta Nana.
—Pues no importa como suene, si yo digo que no es nada entonces es porque no es nada, y si no puedes entender eso, entonces eres una niña tonta.
—¡Ness! —reprende Dyre, si necesidad de decir más.
—¿Por qué me regañas a mí? Ellos empezaron —señalando a los gemelos.
—Te lo advierto: si subes la voz otra vez, o vuelves a llamar tonta a Nana, entonces...
—¿Qué? No me dejarás ir con Charizard, no es la gran cosa tampoco —dice levantándose de la mesa.
—Ven aquí —llama Dyre con voz firme, irritada, inusual en él.
Pero al de cabello negro no parece importarle, y sigue su camino hasta salir del comedor, dejando a los otros niños, especialmente a Lucas, con una mirada desconcertada y a un entrenador pokemón sin la más mínima idea de lo que hubiera turbado el estado del menor.
—Pubertad —murmura Ike en un suspiro, volviendo junto con Link y el desayuno de los 4 a su mesa, recordando lo... horrible de esa etapa. Comentario que, por la cercanía, llega a los oídos de Dyre, con ahora una pequeña pista del comportamiento del menor.
Vaya, como odié la pubertad (y seguramente el resto del mundo me odio cuando estaba en ella, era lo peor...) ¡Digo...! Ammm
*Cof* *cof* ¡He aquí el final del capítulo 2!
Sólo quiero hacer una nota ahora al final del capítulo:
Sé que en el fandom (o al menos en el fandom en inglés), al entrenador pokemón suelen llamarlo "Red", ¿por qué decidí ponerle un nombre como "Dyre" en vez de usar lo más común? Primero, porque me presuadieron de no ponerle Red (si, culpen a Falco).
Ahora, ¿por qué Dyre? Porque ese nombre tiene un hermoso significado que pensé iría acorde al titulo del fic: "Querido Corazón" que en su descripción se le nombra como "alguien que ama el amor por lo que es, no por lo que da", y cuando se trata de amor unilateral, es algo en lo que se tiene que pensar.
Espero haya sido de su agrado el capítulo, y espero poder leer pronto sus comentarios, (aún si fueran para amenazarme por hacer un desastre de este fic o porque odian el nombre del entrenador pokemón). Realmente me hace muy feliz recibir un review de parte de cualquiera de ustedes y les agradezco de corazón cuando se toman el tiempo para hacerlos.
Gracias especialmente a .Morderet. , Caty6530, sirona of the night, Dahilo, Mizu y Rail-Tezca por sus reviews, porque me animan a seguir escribiendo. Igual gracias a Kyuu y Falco que se toman el tiempo de leer esto mientras lo edito, porque sé que a veces soy todo un dolor de cabeza cuando se trata de preguntar "¿crees que esto está bien? ¿debería ponerle más...?" y ese tipo de cosas.
¡Y obviamente, gracias a todos ustedes por leer!
Ahora solo es cuestión de iniciar el 3er capitulo... ¿qué creen que pasará cuando los "pequeños" en la mansion se den cuenta que sus hormonas han decidido enloquecer? ¿Y desde cuándo Ganondorf se porta bien con alguien? ¿que habrá detrás de todo eso?
