Lamento haberme tardado tanto en actualizar. Dejé la primera plana hecha antes de irme a un concierto y al volver no tuve tiempo para nada debido al trabajo y las clases.

Supuestamente la primera parte iba a ser la única, ya que empecé con una simple idea pero al final me fui por otro camino y tuve que continuar con lo que había empezado. No sé cuántos capítulos tendrá esto, tampoco tengo una historia definida de lo que será más adelante, pero creo que dejé claro que me centraré en el punto de vista de Katniss y cómo su forma de pensar sobre el nuevo Panem cambia tras su maternidad.

Espero que les guste este capítulo. No es tan sentimental como el anterior porque son las dos de la mañana pero no quería hacerlos seguir esperando. Espero sus reviews. Besos

-PD: Muchas gracias por sus comentarios, me alegró un montón saber que les gustó el primer capítulo, leí unas cuantas sugerencias/peticiones a las que no me podré negar, ya que las encontré excelentes.

II: Punto aparte

Cada mañana me despertaba sobresaltada, empapada en mi propio sudor y Peeta me acunaba contra su pecho para lograr tranquilizarme; ahora sufro sola en mi agonía, tal vez ya me había acostumbrado o simplemente me había resignado a despertar con el corazón latiéndome con fuerza contra las costillas.

Así pasaron los meses, entre pesadillas y cansancio debido a mi poco descanso durante las noches, sin embargo los malos sueños hacían contraste con la realidad. Por las noches volvía a ese Panem bajo el control del Capitolio, cuando despertaba salía de mi casa y la realidad me abofeteaba en la cara, mostrándome un país libre y sin miedos. ¿Por qué mi cabeza se empeñaba en olvidar aquello durante las noches? En poco tiempo empecé a cuestionarme mi propia salud mental; quizá de verdad me había vuelto loca o quizá los miles de golpes que me había dado en el pasado comenzaron a afectar mi cerebro, sobre todo mi memoria de corto plazo que no podía retener la nueva información que adquiría durante la mañana. Sin embargo, hablé con Cyrus, un médico del capitolio que actualmente reside en el 12, sobre mis preocupaciones y negó problema alguno con mi cabeza. "Creo que estás pasando por un período de mucho stress, Katniss" Me había dicho con su suave y calmada voz aquel día en el hospital "Eso no es bueno, ni para ti ni para tu bebé. Debes procurar mantenerte tranquila, no hay nada malo contigo, estás en perfectas condiciones pero si deseas hablar de tus preocupaciones con alguien más, puedo darte el nombre de un psicó…"

"No" Negué antes de que terminara de pronunciar la palabra. Sería una persona muy cerrada de mente si pensara que un psicólogo era para gente mentalmente enferma, pues sabía que no era así, pero no quería acudir a uno, sólo necesitaba la confirmación de que mi estado mental era saludable, lo otro eran sólo mis asuntos personales, podía lidiar con ellos "Gracias, pero tendré que negarme. Estoy bien" Fingí una sonrisa.

Observé mi demacrado cuerpo en el espejo del baño. Las marcas de los injertos de piel jamás se borraron, se mimetizaron con el color de mi piel pero permanecían ahí, en silencio, camufladas pero siempre presentes. Así era como sentía que eran mis recuerdos, como horribles cicatrices grabadas en mis neuronas, porque a pesar de que los acontecimientos hubiesen sucedido muchos años atrás, seguían presentes.

Ya estaba cansada conmigo misma de darle vueltas al asunto una y otra vez pero era inevitable, sentía que le había fallado a mi familia, a ese bebé que aún no había nacido, pues alguna vez hice una promesa de nunca traerlos al mundo y ahora sólo unos cuantos meses quedan para que llegue al lugar donde deseé nunca haber nacido.

Mis ojos aún permanecían clavados en mis cicatrices cuando lo sentí.

Algo se removió por menos de un segundo dentro de mí. Apartaba con cuidado lo que se encontraba en su camino y a pesar de ser una sensación incómoda a la que no estaba acostumbrada, fue impresionante y hermoso. Me quedé quieta y en silencio, esperando a que ocurriera de nuevo y pudieron haber pasado minutos u horas pero no sentí nada más que la puerta de enfrente cerrándose al entrar Peeta.

Estaba anonadada, observándome al espejo sin hacer nada más que aferrarme a esa dulce sensación que experimenté por tan breve tiempo, la confirmación de que mi hijo estaba ahí, luchando por sobrevivir, creciendo en mi interior para llegar a la realidad. Él era como yo, como Peeta, como todos los que vencimos en Los Juegos del Hambre. Cada uno de nosotros había luchado por sus vidas, por salir de esa arena con un corazón impulsando sangre por las venas. ¿Cómo no iba a quererlo? ¿Cómo no iba a querer que viniera a este mundo si él luchaba con sobrevivir mientras llegaba su turno? Lo esperaba, tal y como cada madre esperaba que sus hijos volvieran a casa con vida.

"¿Katniss?" Peeta llamó desde el primer piso. No contesté, sólo era capaz de sentir unas tibias lágrimas recorrer mis mejillas. "¿Katniss?" Volvió a llamar, esta vez entrando a nuestra habitación. Supongo que corrió hacia el baño tras ver la puerta entreabierta, ya que la abrió bruscamente. "Katniss, ¿estás bien?" Preguntó preocupado al verme llorando, acunando mi rostro en sus manos.

Asentí en silencio aún con la mirada perdida, envuelta en mis cavilaciones, no quería volver a la realidad, quería disfrutar ese momento que ahora formaba parte de mis recuerdos.

"Katniss, por favor contesta" Insistió, apartando un mechón de cabello de mis ojos

"Peeta" Mi voz se cortó en la última sílaba. Fijé mis ojos en los suyos, tomé su mano y la apoyé en el lugar donde sentí el leve movimiento de nuestro hijo.

Él me miró con desconcierto, yo aguardé, hasta que al fin se volvió a repetir, esta vez un poco más fuerte.

"¿Lo sentiste?" Pregunté, pero me di cuenta que aquella pregunta era innecesaria. Vi cómo su rostro se iluminaba de alegría y sus ojos se anegaban en lágrimas. La reacción de Peeta ante el segundo movimiento de nuestro hijo formó parte de uno de mis recuerdos más preciados.

Las cenizas de mis esperanzas habrán pasado desapercibidas para mí por mucho tiempo pero siempre estuvieron presentes, calientes y encendidas, este niño avivó el fuego, las cenizas se convirtieron en llamas y las llamas cambiaron mi forma de ver las cosas.

Había una gran esperanza de que él creciera a salvo de todo, feliz en nuestro distrito, ajeno a las atrocidades de nuestro pasado, a lo que había bajo sus pies; que no eran más que cenizas de otros tiempos, de aquellos que alguna vez fueron parte de mi vida. Pero como las cenizas de mi interior, el 12 resurgió para albergar a todos aquellos que estaban por venir. Si un pueblo que cambió la historia del lugar donde vivimos pudo curar sus heridas, ¿por qué no podría hacerlo yo?

Lo más hermoso fue verlo crecer, sentirlo vivir dentro mío, conectarme, de alguna manera, con él, hablarle, agradecerle por haber mejorado mi visión del mundo, por borrar mis temores y hacerme comprender que no todo está perdido.

Salí del hospital dejando que el aire de la mañana limpiara mis pulmones; a la izquierda descansaba la alambrada en silencio, al otro lado, el lugar que me había hecho feliz por tantos años. Cuando miraba hacia el bosque podía sentir cómo mi ánimo cambiaba y mis pensamientos eran alegres y despreocupados, ahora esa sensación abarcaba el otro lado de la alambrada y todo lo que era el 12; era feliz tanto afuera como adentro, no necesitaba recurrir al bosque para ser feliz, no necesitaba dejar todo atrás para ir tras la felicidad, la felicidad había llegado hasta mí.

Pero aquella tarde fue diferente.

Salí de la pastelería con el pan que Peeta me había dado en una bolsa, no fue el peso de esta, ni el cansancio de mi espalda lo que hizo que se desplomara en el suelo a pocos metros de la puerta de mi casa.

Un par de grandes manos con cicatrices recogieron el contenido rápidamente mientras yo intentaba poner en orden el caos de mi cabeza.

"¿Es así como pretendes saludarme, tirando las cosas al suelo?" Preguntó entregándome la bolsa. Sin verlo, supe que sus ojos estaban clavados en los míos que observaban lo que era mi gran vientre hinchado, incapaz de ver mis propios pies.

Luego de un momento levanté la vista y contesté: "No pretendía saludarte en primer lugar, siempre evitas mis llamadas o estás muy ocupado para venir o siquiera aparecerte cuando voy al 4" El silencio dijo lo que su boca no pudo.

"Beete me dio la noticia" Dijo una vez que comencé a abrir la puerta. "Lo siento si llegué un poco tarde, necesitaba tiempo para entender algunas cosas… creo"

Bufé y entré, dejé la bolsa sobre la mesa de centro y me senté al sofá. Esperé que él lo hiciera pero se quedó de pie apoyado contra la puerta cerrada a su espalda.

"Recuerdo que vivías repitiéndome que nunca tendrías hijos" Continuó "pero veo que tu pensamiento cambió como todo en Panem

No tenía que darle explicaciones a nadie, pero era Gale con quien siempre era sincera y abierta. "Mi mente nunca cambió, hasta que supe que estaba embarazada. Fue difícil de aceptarlo al comienzo, pero cuando lo sentí por primera vez…" Sonreí. "Recuerdo que después de los juegos, después de volver al 12 no podía explicarme por qué sobreviví para ver a un Panem destrozado, el que creí que nunca volvería a ser el mismo, pero tal vez debía seguir con vida para que él llegase y me diera cuenta que las cosas no son como antes, que son mejor"

"No lo son Katniss" Dijo, tranquilo pero con cierta urgencia en la voz "Tú crees que todo es mejor porque tu vida es buena, porque tienes a tu esposo y crees que todo es color rosa, pero la verdad es que aún hay gente que no puede olvidar lo que pasó, que sigue llorando por su familia que ya no está, por esos que murieron en la guerra, inocentes que sólo trataban de refugiarse o arrancar de su propio distrito. La gente muere Katniss y muere con angustia"

"Tú vienes a reprocharme la muerte de los demás cuando, si mal no recuerdo, uno de tus planes fue el que me alejó de mi hermana para siempre. ¿Quieres saber si tengo angustia, pena, rencor? Sí, los tengo, todos y en todo este tiempo no he podido encontrar la persona a la que culpar. No sé si debería odiarte o dejar las cosas pasar, pero la verdad es que sé que Prim murió haciendo lo que amaba y el dolor sigue en mí, sí, pero al menos tengo el agrado de saber que murió feliz" Callé por un minuto, respiré hondo y luego dije: "No sé a qué viniste, la noticia se esparció hace mucho, para eso llegaste tarde, pero no para hacerme saber de que no te necesito. Aún guardas ese no sé qué que me hizo desinteresarme por ti. Fuiste mi mejor amigo, Gale; no creas que lo sigues siendo"