Creditos a marvel y sus respectivos personajes.
Alanis y amigos son personajes originales. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia y nada aquí escrito representa a una persona real. No me hago responsable de malos entendidos relacionados a cualquier forma de pensar.
-¿pero qué? ¿Tienes asuntos más urgentes qué atender que regresar a ver a tu asesino favorito?
"Y con una mierda" dijo en su mente la ojos verde, los problemas siempre le caían como pandilla en barrios bajos. La palabra "asesino" no dejaba de sonar en su cabeza como disco rayado.
-yo…vendré a la hora que dijiste…no tengo nada más que hacer…-agachó la cabeza, volvió a aspirar fuerte y cerró los ojos tratando de calmar sus temblores.
-muy bien señorita –la voz del hombre sonaba como si hubiesen contado un chiste y se estuviese conteniendo, se paró y la agarró del ante brazo parándola de un tirón asustándola más y haciendo que de nueva cuenta abriera sus ojos de par en par- shh cálmese… Le ordeno que coma algo y se prepare para dormir, mañana será un día difícil para usted por lo que veo –decía con cinismo mientras la encaminaba a la pequeña cocina que ahí había a su derecha. Ya en ese sitio el tipo prendió las luces y sentó a la joven en la mesa –no saldrás de la cocina hasta no haber comido –cruzando los brazos y parándose monumentalmente frente a ella.
-tu brazo…tiene…-lo miró curiosa, en la sala las luces estaban apagadas pero en la cocina cayó en cuenta como un metal ocupaba el lugar donde debía estar su brazo.
-no es un brazo niña, es un arma que lo reemplazó. Ahora come.
-ah…puedo… ¿puedo abrir el…refrigerador? –sentía que mover un solo dedo sin permiso de ese mastodonte podría causarle la muerte inmediata, pero no dejaba de sentirse estúpida de hacerlo en su propio apartamento.
El castaño miró hacia el electrodoméstico sin moverse y luego la miró a ella de regreso, asintió con la cabeza como cuando se ordena la ejecución de alguien.
Un escalofrío le recorrió la espalda ante ese gesto, se paró lentamente del asiento mirándolo con miedo, a él y a su brazo-arma mientras caminaba al refrigerador. Al llegar a la puerta miró sus notitas y su horario que yacían pegadas con imanes de figuritas graciosas. Su horario de clases, claro, ¿cómo no se le ocurrió antes?
-que ocurre niña ¿no querías abrir el refrigerador?
-mi horario de clases… tu viste mi horario… -dijo volteando a ver al asesino.
-claro, ¿cómo crees que sabría? Ahora apresúrate
-¿tienes prisa? –maldición, eso no lo había pensado, eso lo había dicho en voz alta y con cierto tono irónico. Abrió los ojos mirando hacia el refrigerador y empezó a despedirse del mundo mentalmente.
-no claro que no –dijo el gorila, riendo de lado –solo me desespera un poco la gente lenta
-no soy lenta…lo siento –abrió el refrigerador y observó lo poco que ahí había. Cogió la mermelada y una caja de leche, regresó a la mesa y los colocó encima –puedo…ah…el pan tostado está…- trataba de ayudarse con señas pero mejor calló y agarró una de las sillas y arrastrándola se dirigió de nuevo al refrigerador colocándola a un lado para bajar una bolsa con pan tostado. Regresó la silla a su lugar y coloco el pan en la mesa, se sentó y preparó su cena todo bajo la mirada del hombre –am…tu… ¿tú no quieres? –bueno, realmente se sentía estúpida ahora, estúpida y tensa, ¿a quien rayos no le incomoda que le miren mientras coma? y por supuesto pero no menos importante ¿un asesino?
El sujeto la miró con expresión seria, un semblante pesado que podría caer con la misma delicadeza de un costal de cemento. Alanis entendió que el tipo no comería nada y sin decir una cosa más se metió a la boca un pedazo de pan tostado seguido de un sorbo de leche directo de la caja, no pensaba levantarse de nuevo por un vaso, no con la mirada del sujeto en su nuca y quien sabe a qué otra parte de su cuerpo más, los pocos modales que tenía se podían ir a la mierda con pasaporte de ida sin retorno en esta situación.
Pensó en su escuela mientras cenaba, pensó en los amigos y familia que estaban lejos y que no sabían de ella desde hace días, pensó hasta en su estúpido ex novio. Pensó en el mañana que le esperaría, en volver a su apartamento y encontrarse al hombre que podría simplemente decidir dispararle al primer paso dentro que diera. Los sollozos empezaron a invadirla, las lágrimas de nuevo caían por sus mejillas cayendo en su tostada sin permiso, nada en su vida había sido fácil desde que llegó y no esperaba menos pues sabía que estaría sola, pero al menos esperaba estar segura con todos los cuidados que tenía para con su salud y sobre todo con las precauciones que tomaba al estar en la calle. Y por supuesto de entre todas las personas del edificio ella era la única que hasta el momento estaba limpia de llamados de atención por parte del pelón que resultaba ser el casero. No era una santa, nuestra chica podría ser un demonio de Tasmania cuando entraba en confianza, con sus amigos resultaba ser la más escandalosa y más de una vez había sido víctima de las exageradas imitaciones hacia su acento provocando que golpeara a modo de broma a sus compañeros. Era orgullosa, el sarcasmo y la ironía era su pan de cada día y era una suerte que aún no se metiera en pleitos por culpa de su mal genio y sus respuestas hacia quien la molestara tal como en el pasado le sucediera en Brasil, pues lo que le faltaba de músculos lo tenía en coraje. Y aquí estaba, entre miles de norteamericanos había sido una extranjera la elegida a vivir esta pesadilla. Ya no sabía si suicidarse o pedirle amablemente al señor frente a ella que le regalara un tiro en su frente.
Tomó otro sorbo de leche que por desgracia fue a parar al sitio equivocado por culpa del llanto, haciendo que empezara a atragantarse y toser abruptamente. El castaño rodó los ojos como signo de fastidio, tomó un trapo de encima del pequeño microondas y se lo pasó a la joven que ya tenía la leche saliéndose de sus narices. No pudo evitar reírse disimuladamente de ella, era una escena bastante cómica, y su sentido del humor ya estaba tan agrio como su olor y su intento de carcajada era solo un ruido molesto. La brasileña casi le arrebató el trapo de la mano plateada del sujeto y lo miró con odio y miedo, se limpió su nariz y tosió un par de veces más antes de darse cuenta que aquel trapo era la blusa que decidió no ponerse en la mañana antes de ir a la escuela. Miró sus manos y de un momento a otro empezó a reírse, como cuando algo es tan patético que tu mente hace corto circuito y lo único que alcanzas a hacer es eso, reír.
-¿Por qué a mí? ¿No pudiste entrar al apartamento de alguien más? ¿Yo era la única que justo hoy llegaba tarde, la única que se encontraba afuera?
-hey hey yo no soy Dios para que me vengas con reclamos –señalando con su mano derecha y empezando a borrar la sonrisa de su rostro- En primera yo ni siquiera estaba en este edificio y de no haber tenido que matar a esos ancianos no estaría aquí metido como una maldita rata escondiéndose de los gatos. En segunda y para que te quede claro, tu apartamento no fue el primero al que entré, tenía que asegurarme de entrar a uno vacío si no quería que se repitiera lo de enfrente.
El llanto opacó cualquier signo de risa en el rostro de Alanis cuando empezó a sollozar aún más con sus manos cubriendo su boca. Este tipo era capaz de cualquier cosa, como aquellos sujetos de sangre fría que pasaban en los programas de investigación criminal, sociópatas sin sentimientos y psicópatas enfermos de odio, sujetos que se dejaban llevar por la ira o simplemente una venganza. De un momento a otro se dio cuenta que podría perder la vida de un modo salvaje, imaginándose hecha pedazos en su alfombra mal cuidada o siendo estrangulada con el cable del teléfono que no servía, o tal vez con el tórax abierto sobre su incómoda y dura cama. Cómo podría disimular el miedo que sentía si el asesino la miraba profundamente y casi sin parpadear, como si quisiera asegurarse que nunca en su vida se le olvidara su rostro.
-¿has terminado de comer o tengo que esperar a que termines de llorar? –dijo el tipo completamente fastidiado.
-tengo…tengo ganas de vomitar… ya no quiero seguir…comiendo –vomitar lo poco que había comido hubiese sido nada con lo que podría decir a gritos. Alanis tenía un torbellino de emociones crueles dentro de su estómago que le hacían querer arrancarse las tripas para evitar su paso por el cuerpo. Empezaba a sentirse mareada, sus ojos le palpitaban y sus manos se tornaban frías. No saldría entera de esta situación, sabía que necesitaría terapia después si es que no terminaba con la lengua cortada.
-entonces irás a dormir de inmediato, no quiero reclamos de hambre ¿entendido?
-si señor… -se levantó lentamente de la silla y se recargó en la mesa tratando de alzar la mirada sin marearse con las manchas oscuras que se le venían a la vista, cuando lo logró sus ojos se encontraron de nuevo con el frío semblante del asesino y procuró darse prisa antes que su "lentitud" le hiciera enojar.
Salió de la pequeña cocina y se dirigió a su habitación que para su más jodida desgracia carecía de puerta como el resto de su apartamento salvo la entrada. Miró su cama y se echó sosteniendo una almohada contra su cabeza y lloró lo que no quiso llorar frente al gorila, gritando como bebé recién parido a todo pulmón y girando como tronco mientras pataleaba sin siquiera percatarse que el sujeto estaba apoyado en el marco donde debía ir una puerta, mirando la escenita mientras bebía el resto de leche que quedaba de la caja con su brazo de metal cruzado a su cuerpo sin decir nada.
Al cabo de un rato nuestra chica se había agotado de tanto sollozo y casi se había quedado sin aire. Hizo la almohada a un lado y miró hacia el techo descarapelado con sus ojos rojos e hinchados, con su cara sudorosa y su cabello pegado a su piel. Su respiración ya se había controlado casi a la normalidad, se había desahogado lo suficiente como para pensar de nueva cuenta lo que ocurriría al día siguiente.
Su cerebro se puso a pensar en una manera de decirle a alguien que había un asesino en su apartamento, tal vez podría llevar a algún policía o dejar una nota sobre el cristal de sus carros, sería cuestión de esperar y observar cómo sacaban al sujeto de su edificio con esposas en sus muñecas. Tal vez nunca le concedan libertad en prisión por todos los horrores que seguro cometió en el pasado, y no tendría que preocuparse de volver a verlo en su vida. No habría forma de que él supiera por donde andaba ella o de con quien hablaba, de cualquier forma sería cuidadosa.
Un presentimiento interrumpió la maquinación de planes cuando se percató que todo a su alrededor estaba al extremo silencioso, no escuchaba si quiera el ruido de su corazón latir y eso hizo que latiera un poco más rápido. Se sentó de un solo movimiento de su cama y se dirigió a la puerta de la habitación para asomar su cabeza y mirar en dirección a la cocina, pero ésta estaba en completa oscuridad al igual que la pequeñísima sala que se encontraba en medio de todo el total del apartamento. Trató de buscar en el sillón individual la silueta del hombre pero estaba vacío, también miró hacia la ventana que daba al callejón y que yacía cerrada con las cortinas abajo, "tal vez se fue mientras me la pasaba llorando como magdalena" pensó fugazmente, y solo para asegurarse se acercó más a la ventana, asomando su mirada y pasándola más allá de las escaleras de emergencia sin encontrar nada. Se alivió de que no tuviera que seguir pasando miedo, suspiró y agradeció a Dios por una segunda oportunidad, se dirigió a su habitación y prendió la luz para poder cambiarse de ropa y dormir mejor, pero antes de terminar de prometer que se raparía la cabeza en agradecimiento lo vio sentado a un lado de su cama, con los brazos cruzados y la cabeza inclinada a la derecha con los ojos mirando al horizonte.
La brasileña se quedó estática plantada al suelo mirando a su captor, que no se movía ni un pelo de su posición, hasta parecía muerto…hasta parecía ser inofensivo si no fuera por sus ropas negras, el aspecto descuidado, las posibles armas que cargaba, el negro alrededor de sus ojos, de su cabello alborotado, del hecho que era un asesino de sangre fría…si, casi parecía inofensivo. Dio un paso acercándose cuidadosamente al sujeto, movió una mano frente a él, luego agito ambos brazos tratando de llamar su atención pero el tipo seguía como perdido en otra dimensión. "Dios mío, ¿estará muerto?" entonces abrió los ojos en signo de descubrimiento pues había recordado la pistola con la que la bestia le apuntó la cabeza al entrar a su apartamento, la que había deslizado fuera de su alcance. Dando media vuelta tan sigilosamente como pudo salió otra vez de su habitación y se echó al suelo junto a la puerta buscando con las manos cualquier cosa fuera de lugar pero fue inútil, no había nada ni siquiera debajo del sillón porque pensándolo bien, había estado tiempo suficiente llorando para darle oportunidad de tomar su arma de regreso.
No habría forma de librarse de ésta, estaba condenada a estar con un asesino cuanto éste así lo quisiera, ya empezaba a resignarse y levantarse del suelo para volver a su habitación y hacer como si nunca se hubiese despertado, y es que en realidad de haber sabido lo que le ocurriría no se hubiese despertado esa mañana ni siquiera por su examen. Su mano ya estaba en el interruptor de luz cuando notó que en la mano del asesino se encontraba el arma que había estado buscando confirmando sus sospechas, pero recordó también que la primera vez que lo vio no la tenía en su mano, de hecho no estaba sosteniendo nada y de hecho su cabeza estaba hacia la derecha con sus brazos cruzados y la mirada perdida y no como ahora que la miraba fijamente y hasta esbozando una pequeña sonrisa. "Este infeliz duerme con los ojos abiertos" se decía para si en sus pensamientos hasta que la voz del hombre la sacó de ellos.
-¿no te ordene que durmieras? Que haces fuera de tu cama
-la pistola… ¿Qué vas a hacerme?
-sabes que me desobedeciste
Si, adiós mundo cruel, fue un gusto conocer Nueva York. Ojalá se hubiese vengado de la niñita en tercer grado que le pegó goma de mascar en el cabello o haber podido cuidar mejor de su mascota a los trece, tal vez pudo haber sido mejor hermana con su fastidioso hermano menor, haber sido mejor persona o haber aprovechado mejor su vida. Se estaba arrepintiendo de tantas cosas que pensarlas hasta le hizo olvidar que estaba posiblemente a punto de morir, pero el sonido del arma siendo cargada la devolvió a la realidad del asunto sólo para mirar la pistola que ya estaba apuntando hacia ella.
