SANGRESUCIA

Por Cris Snape

Disclaimer: El Potterverso es propiedad de la señora Rowling.

Después de la primera viñeta, le toca a la segunda. En este caso, toca hablar un poco sobre la vanidad. A ver cómo queda la cosa.


2

VANIDAD

El entrenamiento de auror no es para débiles. Caradoc Dearborn es consciente de ello durante el primer día del programa, cuando escucha hablar a su instructor y le echa un vistazo al plan de estudios. Porque no se trata únicamente de ser hábil con la varita y poseedor de unos buenos reflejos. Un auror es mucho más que eso y, por fortuna, Caradoc sabe que tiene muchas de las cualidades que le permitirán ser el mejor.

Hace apenas tres meses que se ha graduado en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería y ha sacado unas notas envidiables en sus EXTASIS. Ha sido el mejor alumno de todo su curso en Pociones, Defensa Contra las Artes Oscuras y Encantamientos y nadie en Gryffindor ha logrado superar la casi perfección de su expediente académico. Ha sido Prefecto desde quinto curso y Premio Anual en séptimo y todos los profesores han asegurado que en sus manos está el labrarse un futuro brillante. Un futuro que Caradoc desea para sí porque es plenamente consciente de que lo merece. Se lo ha ganado después de tantos años de esfuerzo y tenacidad y no está dispuesto a permitir que el duro entrenamiento de los aurores le aleje de su camino.

A pesar de que con sus notas podría haberse dedicado a cualquier otra cosa que hubiera querido, Caradoc Dearborn va a ser auror. Va a luchar contra la injusticia y va a conseguir que todos aquellos que le han llamado sangresucia se vean obligados a cerrar la boca. Porque es mejor que todos ellos juntos. A pesar de que sus padres carezcan por completo de magia, aunque su origen sea el más humilde entre todos sus compañeros nacidos de muggles, Caradoc Dearborn siente que es el mejor de su promoción. Y no es una cuestión de vanidad porque el joven brujo tiene pruebas para demostrarlo. Es un brujo capaz y cuando se convierta en auror será aún mejor. Lo sabe él y lo saben sus profesores porque, aunque el programa de entrenamiento apenas lleva dos meses en marcha, ya han observado en él ciertas cualidades y saben que es un serio aspirante a aprobar el curso. Son muchos los jóvenes que se presentan cada año y muy pocos los que finalmente logran culminar todas las pruebas.

Aunque los cumplidos de los profesores llegan con cuentagotas, Caradoc se vanagloria al saber que todos ellos creen en él, pero no es eso lo que hace que su corazón dé un brinco esa mañana. Es la carta que recibe del mismísimo Albus Dumbledore y que le insta a acudir a Hogwarts esa misma tarde. Caradoc se siente tremendamente halagado y se pregunta qué querrá de él uno de los magos más poderosos de la historia de las islas británicas. En sus años de estudiante sólo visitó el despacho en una ocasión, después de atacar con todo derecho a Thorfinn Rowle, y aún recuerda con total nitidez el aura de poder que rodeaba al anciano brujo. "Y ahora quiere hablar conmigo. ¡Madre mía! ¿Qué querrá de mí?"

Caradoc llega puntual a la cita, por supuesto. Acude directamente a su despacho y durante el camino deja que la magia de Hogwarts invada cada poro de su ser. Vivió momentos duros entre los muros del viejo castillo, pero ese día sólo se acuerda de los buenos, de aquellos que logran hacerle feliz. Cuando la gárgola que guarece el despacho del director le deja el camino libre, Caradoc se pone de los nervios y sólo logra tranquilizarse cuando Dumbledore le saluda amistosamente, le insta a tomar asiento y le sirve una taza de té. Durante aproximadamente cinco minutos mantienen una charla intrascendente, hasta que el viejo brujo le pregunta por sus progresos en el entrenamiento. Es entonces cuando esboza una sonrisa orgullosa.

—Fue un estudiante brillante, señor Dearborn. No todos los alumnos de Hogwarts pueden presumir de tener un expediente como el suyo —Caradoc le agradece sus palabras y se yergue en la silla con orgullo. No todos los días Albus Dumbledore te hace un cumplido—. Y siempre luchó por defender la justicia. Sé que vivió situaciones muy duras durante su etapa como alumno, pero siempre se sobrepuso a ellas y demostró tener unos valores muy sólidos. Y, lo más importante, no dudó a la hora de defenderlos. Es por eso que quisiera hacerle una proposición. Le ruego discreción absoluta, señor Dearborn. El asunto que voy a tratar con usted es de una gravedad extrema, casi de vida o muerte.

Caradoc Dearborn entorna los ojos y no dice una palabra mientras Dumbledore procede a hablarle de un grupo de magos y brujas de reciente creación, la Orden del Félix. No tiene pelos en la lengua cuando menciona a lord Voldemort y a sus mortífagos y le asegura que los miembros de la Orden tienen como objetivo luchar contra ellos. Caradoc podría haberle estado escuchando durante horas, pero Dumbledore se interrumpe y le asegura que no puede contarle más. No si no acepta antes su proposición.

—Por supuesto, no espero que me conteste ahora mismo —Dumbledore le sonríe afablemente, calmando en un instante su corazón inquieto—. Vuelva a casa y piénselo durante todo el tiempo que necesite. Entiendo que lo que le estoy pidiendo podría ponerle en grave peligro y no deseo presionarle de ninguna manera. La decisión es suya.

Caradoc está a punto de decirle que no necesita pensarse nada, que se muere de ganas por formar parte de la Orden del Fénix y que está a su entera disposición desde ese mismo instante, pero opta por seguir el consejo de Dumbledore. Por más halagado y orgulloso que se sienta de sí mismo, no puede tomar decisiones a la ligera. Si acepta la proposición, se pondrá a sí mismo en el ojo del huracán. Tendrá ocasión de pelear contra la injusticia y ser más que un sangresucia. Sabe que no será fácil, pero también sabe que al final entrará en la Orden del Fénix porque es un luchador nato y necesita hacerlo.


Y eso han sido nuevamente 1000 palabras justas. Me habían sobrado dos, pero un mínimo ajuste ha solucionado el problema. Ahora me voy directa a por la fe, que estoy llegando al fin del reto.

Besetes.