Disclaimer: Los lugares y personajes pertenecen a Cassandra Clare y su saga de The Mortal Instruments, la idea del fiction es MÍA.
N/A: Long fic de capítulos cortos…o mejor dicho, cortos para mis estándares. Completamente Malec, dudo que incluya mucho más de otros personajes.
Advertencia válida para el resto del fic: Considero que el ser un Universo Alterno es suficiente advertencia. Rating (M) y pareja (Malec, Magnus/Alec, por si no saben, chico/chico) previamente advertidas allá arriba en la clasificación.
Capitulo dedicado a: Mi Hermosa. Porque su talento con los AU me inspiró en los míos y me devolvió la pasión por los Malec. Te amo y admiro hermosa. Gracias.
Recomendación musical: pueden escuchar Broken Open de Adam Lambert (él me inspira mucho, mucho, mucho)
#1
El recuerdo de un Ángel.
-¿Isabelle? ¿Qué sucede? ¿Estás bien? Sabes que no debes llamarme mientras estoy de guardia en el hospital.
-¡Alec! ¡Ha sido horrible! Un accidente, hay muchos vidrios y combustible por todos lados…
-¿Y Max? ¿Dónde están, Izzy?
-Max está bien, los dos estamos bien. Estamos a las afueras de Central Park. ¡Alec! Creo que el chico está vivo, se mueve…
-Estamos en la ambulancia, ya vamos para allá.
…
Cuando Magnus despertó, sintió que el color blanco a su alrededor inundaba todo su ser de una manera abrupta, casi grosera. Le dolieron los ojos y con un suave gemido volvió a cerrarlos. El cuerpo lo sentía pesado. Sus extremidades eran más lejanas que nunca, como si pudiera percibirlas a través de un liquido pesado, como gelatina. Alguna gelatina radioactiva. Y estaba frío.
Gimió de nuevo. Estaba tan adolorido…
Lo último que recordaba era el rostro de una chica y un niño, ambos con expresiones de terror y un auto yendo directo hacia ellos. El asfalto estaba mojado por el aguanieve y Magnus había pensado que debía hacer algo…entonces todo había estallado en color naranja, blanco y rojo. Había un olor persistente a sangre y combustible, un dolor punzante en su espalda y en su cabeza…luego, estaba él. Un Ángel. El rostro de un hermoso ángel alzándose sobre su cuerpo y viéndole con un infinito e indescriptible sentimiento cálido.
Soltó otro suave gemido. La cabeza le iba a estallar de dolor.
¿Dónde estaba?
-Buenos días.
Magnus abrió los ojos, enfrentando el dolor en ellos debido a la luz sobre su cabeza. Había una sombra recortándose contra el brillo blanquecino, de pie justo a su lado derecho. Magnus parpadeó y su vista recobró la claridad. Ahora dolía un poco menos, pero sentía con más exactitud el adormecimiento general en el resto de su cuerpo y el dolor en su cabeza estaba aumentando cada vez más y más, era una punzada amenazadoramente fuerte. Como un cincel martilleando sobre su ceja izquierda.
-¿Qué pasó? – preguntó. Su boca estaba pastosa, casi seca y sabía mal. Dios aquello era horrible.
-Tuviste un accidente de coche. Estás en el Hospital General. – Magnus giró su rostro con lentitud hacia la voz y perdió el aliento escasos segundos después de mirar a quien le hablaba.
Era él. Era el ángel. Su ángel.
Parpadeó, aturdido y confundido.
- ¿Qué… me pasó?- más que un accidente de coche, Magnus sentía como si le hubiera atropellado un tren. Un enorme tren.
- Tuviste varias lesiones. – le explico el ángel. – algunas bastantes graves, llevas tres días inconciente.
Magnus le miró fijamente. No era un ángel, pero estaba cerca de serlo.
Era un chico joven, de unos veintitantos. Era alto pero no tanto como él, quizás un par de centímetros menos. Su piel era extremadamente pálida, como un lienzo en blanco sobre el cual algún pintor de la era romántica hubiera trazado los rasgos más hermosos que Magnus hubiera visto en su vida. Cabello tan negro y brillante como las noches de luna nueva, pómulos rectos y cuadrados pero a la vez suaves, delicados. Cejas curvadas en una expresión cálida, labios rojos y finos. Todo ello coronado con un par de ojos tan azules como el mar o el más puro de los zafiros, brillantes y profundos. Llenos de significados, de sentimientos.
Magnus pasó saliva por su garganta. Era hermoso…sumamente hermoso. Entonces se dio cuenta que llevaba unos minutos sin decir nada, solo viéndolo.
-Yo…mmm…. creo haberte visto antes. – Eras un ángel; pensó, aunque no se lo dijo- lo siento, aun estoy un poco confundido.- agregó, con la voz más firme que pudo usar. El joven lució algo azorado pero no apartó la mirada.
- Es que si me viste. Fui el paramédico que te sacó de tu auto después del accidente. Te estuve hablando todo el camino. – el ángel le sonrió amablemente. – Me llamo Alexander Ligthwood.
Magnus sonrió, o al menos eso quiso. Se sentía demasiado adormecido para moverse siquiera.
-Entonces…te debo la vida. – murmuró con la boca aun pastosa. Él mantuvo su sonrisa.
Era una hermosa sonrisa.
-No, yo te la debo a ti. – replicó Alexander y Magnus lo miró sin comprender. -¿No recuerdas lo que pasó?
-No…solo, vi a una chica con un niño…y, había otro auto que iba hacia ellos…- Alexander asintió, sin dejar diluir su sonrisa. Hacia años que Magnus no veía ni sentía una sonrisa así.
-Esa chica y el niño, son mis hermanos Magnus. Y tu, salvaste sus vidas.
… … … … ..
El ángel, Alexander, se había retirado en búsqueda de la doctora encargada de su caso poco después de contarle lo que había sucedido en el accidente. Según Alexander, Magnus había lanzado su propio automóvil contra otro que iba fuera de control y que se dirigía en trayectoria directa hacia la chica y el niño, el coche descarrilado había impactado al de Magnus por el lado del copiloto y Magnus había recibido todo el peso del choque que, de otro modo, hubiera matado a la chica y el niño en el acto, aplastándolos contra la reja de entrada de Central Park.
Aquella chica… Magnus la recordaba vívidamente. Era hermosa también, de un modo peligroso y lejano. Cabello oscuro como el petróleo, negro y liso cayendo como una cortina de terciopelo y ojos del mismo tono, brillantes y los recordaba muy abiertos por el terror. Ella había cruzado una mirada con Magnus, eso también lo recordaba y había abrazado con fuerza a un pequeño de cabello castaño, gafas y ojos grises, estrechándolo entre sus brazos para protegerlo.
Lanzando su propio auto contra el otro, Magnus había logrado reducir la velocidad de aquel, y ambos coches habían patinado sobre la calle cubierta de aguanieve yendo a detenerse a casi un kilómetro de la chica y el niño.
"-Los salvaste." Le había dicho Alexander.
Eran sus hermanos y él los había salvado en un acto instintivo. De hecho, ni siquiera recordaba el momento en el que había tomado la decisión de hacerlo. Simplemente había cruzado una mirada con la chica y su expresión de entendimiento de una muerte próxima y segura y su mano había girado sobre el volante, dirigiéndose él hacia la colisión.
No sabía por qué. Solo lo había hecho.
"todo sucede por alguna razón" había declarado su amigo Ragnor hacía muchos años atrás, después de la muerte de su madre y su padre adoptivo. Magnus no entendía en aquel entonces cual podría ser esa razón. Aun no la entendía.
Magnus dejó que poco a poco el agotamiento se lo llevara de nuevo, cerró los ojos y volvió a dormir.
Hola corazones! pues, se preguntaran que hago aqui hoy. Pues es sencillo. Decidí actualizar antes porque los tres primeros capitulos son extremadamente cortos (a mi parecer) como para esperar dos semanas por actualización. Asi qué, siendo justa, actualizo antes. :D Es una sorpresa por ser tan sorprendentes y adorables. Los amo!
Me despido
IL
