2. Fiestas, alcohol, y problemas.
Las personas empezaron a llegar. A decir verdad, eran más de las previstas. Había gente totalmente desconocida para los Weasley, pero eso poco les importó en aquellos momentos. Había pegasos que transportaban a chicas de Beauxbatons, arregladísimas. También los había de Durmstrang, ¿alguien los había invitado?. Fantasmas, elfos e incluso algún que otro centauro. ¿Alumnos de Hogwarts?, allí se encontraba al menos, de cuarto curso para arriba. Gracias a hechizos, consiguieron hacer que el interior de La Madriguera fuera inmensamente enorme. Cada uno fue por su camino, olvidándose del resto. Vicky y Dominique, estaban con unos chicos bastante altos y fuertes, serían de Durmstrang probablemente. Molly estaba aprovechando el tiempo con Peter, pero a diferencia de unas chicas de Beauxbatons y un par de chicos, preferían la intimidad y se marcharon sin decir adiós a la habitación de la pelirroja. Roxy estaba en la barra, sola, bebiendo tanto como podía. Fred, se besaba con una y a los pocos minutos, agarraba a otra del brazo y continuaba su juego, las chicas reían. Rose besaba a Andrews en una esquina, estaban completamente alejados del resto del mundo. James, andaba bailando por la pista con algunas rubias mientras les mandaba miradas algo picaronas. Y, Albus, había desaparecido de la faz de la tierra. Había varios fantasmas, quienes se habían soltado definitivamente. Entre ellos Helena Ravenclaw, quien parecía tener cada dos segundos una víctima y una sonrisa divertida en su rostro.
— ¡Hola, Jimmy! — Dijo Rose, acercándose a James. Ella estaba borracha, igual que él. Se tambaleaban ambos.
— ¡Ho-Hola prima! Te vi con Eric, guarrilla. — Dijo James, mientras miraba a su prima alzando las cejas.
— Y yo a ti con las rubias. — Pronunció en su defensa. — Que divertido todo...
Al poco rato, James, agarró a Rose y empezaron ambos a bailar como patos, intentando moverse al ritmo de la música. No eran especialmente buenos, ni uno, ni el otro, por lo que cada vez que se movían se pisoteaban mutuamente. Al ver que una chica pelirroja, se les acercaba, no dudó en ningún momento en ir a buscarla. Le dio un beso a Rose en la mejilla y se marchó. A pesar de estar algo fuera de sí, la había reconocido al instante.
Rose se encontraba sola en la pista, pero no por mucho tiempo. Scorpius Malfoy, el rubio que se había vuelto loco, puesto que Rosie le había rechazado, se había puesto detrás de ella y la empezó a agarrar por la cintura. La pecosa, pensando que era Eric, estaba a punto de girarse y darle un fuerte beso en los labios, pero para su sorpresa, antes de rozarlos, se dio cuenta de que eran los de Malfoy.
— Scor.. — Los ojos de ella estaban llorosos ahora. No le gustaba hacerle daño, se sentía mal.
— No pasa nada... Ven aquí. — El chico abrió los brazos y la envolvió en ellos, mientras la abrazaba. El final, pese a la diferencia de como solía acabar, era el mismo. Como amigos, como debía ser. Como tenía que ser.
Entre tanto, Vicky y Dominique, caminaban por la pista con aire de superioridad por la pista. Iban juntas y, parecían incluso gemelas. Salvo porque una era rubia y la otra, pelirroja. Los chicos les llovían encima, literalmente. Aunque ellas solo buscaban lo mejor, puesto que no querían que cualquiera ocupase sus labios o quizás sus camas.
— ¿Y ése de ahí? — Decía la rubia, Victorie, mientras miraba a uno que parecía que todavía se encontraba en buen estado.
— Demasiado bueno... ¿No te gustan esos dos, hegmanita? — Dominique señaló a dos jóvenes en la barra, quienes les hacían señas para que se acercaran a saludarles.
— Demasiado fácil... — Susurró Victorie y a continuación, ambas rieron. Eran uña y carne. Se peleaban continuamente, pero a la hora de la verdad, eran idénticas.
Fred, no hacía caso a lo que pasaba a su alrededor. Estaba todo el tiempo entre chicas de Slytherin, ellas le toqueteaban el pelo y el, las hacía suyas por unos minutos. Era un trueque o algo por el estilo, se le escuchó decir al día siguiente.
Molly y Peter aún no habían bajado, estaban a solas en la habitación de la pelirroja. El resto, creo que se puede intuir y no sería necesario dar demasiados detalles. Quizás, que la chica ya no tenía ropa y ahora posaba debajo del príncipe. Habían roto alguna que otra almohada y las plumas revoloteaban por la habitación en la que estaban ambos.
¿Albus Severus Potter?, pues, él estaba como siempre, olvidándose del mundo. Había ido a los exteriores y allí se encontraba con una chica, quien tenía unas habilidades peculiares, entre ellas, que era hermosa. Nadie sabía dónde estaba, ni con quién. Quizás algún día. Estaban hablando y mirando la luna llena, se sonreían mutuamente. Parecían pareja, ¿y quién se atrevería a negar que en esas circunstancias no lo parecían?. Violetta no era, estaba claro. La Slytherin seguramente, estaría en la barra, emborrachándose y ligando con los jóvenes que considerara apropiados.
La fiesta, era sin duda alguna, muy movida. La gente bailaba y bailaba, al ritmo de la música que ponía el DJ. Se notaba perfectamente que la gente, estaba deseando terminar las clases para poder disfrutar de una gran fiesta. Como la que estaban viviendo en esos mismos momentos.
— ¿Habéis visto a Rose? — Preguntaba Eric Andrews. La había perdido de vista y estaba algo nervioso. Se le notaba a la hora de hablar y también en el rostro.
— ¿Quién es Rose? ¿Weasley? — Unos chicos empezaron a reír, divertidos y pícaros. — La pelirroja ésa... Que inocente. Si es que dan ganas, ¿eh?
Eric le pegó un puñetazo al chico que pronunció esas palabras y dejándolo con la nariz rota, salió a seguir buscando a la chica. Cuando la vio, sonrió. Estaba sentada en una silla con Scorpius. Cuando se acercó a ellos, saludó al rubio de mala gana y se llevó a Rose a su dormitorio. Por desgracia, allí había un chico y cuatro jóvenes chicas. ¿Podéis imaginar que estaban haciendo?, yo también.
Molly II salió despeinada de su habitación, también su vestido tenía algunas roturas. Peter la agarraba de la mano. Se encontró a Rose y a Eric en el pasillo, a quienes no dudaron en saludar. Después de un poco de conversación, Molly miró por la ventana y vio a Albus.
— ¿Qué hace ahí? ¿Quién es ésa a la que agarra? — Molly intentaba verle la cara a la chica, pero no la logró visualizar.
Los demás se encogieron de hombros, podrían preguntarle cuando volviera. No había nada de qué preocuparse, ya le sacarían la información más adelante. Bajaron las escaleras, pero al tocar el tercer escalón con los pies descalzos, Rose, emitió algo parecido a un '' Oh, oh ''. Las mesas descolocadas, la gente subida en la barra, todos locos, prácticamente, este sería un buen momento para la frase de locos, locos, everywhere. ¿Habría tiempo de arreglar ese desfase?, lo dudaban bastante. No sabían qué hora era, cuando llegarían y aún por encima, tenían a media familia correteando por todos lados. Creyeron que era hora de recoger e irse dormir, bueno, al menos, eso decía Rose. Los que estaban a su lado, asintieron con la cabeza. Buscarían a los que faltaban y les dirían que la fiesta, se había terminado.
— ¡Fred! — Dijo Molly al verle, quitándole a todas las chicas de encima. — Busca a tu hermana y saca a todos de aquí. Es probable que lleguen en seguida y no queremos recibirlos con todos estos por aquí, ¿verdad que no?, venga, yo iré con Peter a decirles a los de arriba que se acabó la fiesta... Tú ocúpate de los de aquí con ella, Rose y Eric.
Fred la miró, rodando los ojos, pero asintió con la cabeza.
— ¡Jimmy! — Rose cogió del brazo a su primo, quien bailaba agarrado a una botella de Whisky. — Van a venir en cualquier momento. ¿Me estás escuchando?, ¡JIMMY! — Rose le dio una colleja.
— Sí, sí.. Que van a venir. ¿Y cuál es mi misión? — Dijo él, mientras miraba a su prima.
— Buscar a tu hermano, está detrás de la casa con una chica. — Pronunció ella. — Yo y Eric nos quitaremos de encima a los de por aquí con ayuda de Fred y Roxy, vosotros... ¡volved y ayudarnos a recoger!
James no dijo nada más y salió corriendo en busca de su hermano. Sí que le vio con una chica, pero, pareció como si fuera una visión. Desapareció de la nada. En cuanto se acercó a su hermano, no hizo caso alguno a lo que había visto y le informó de que tenían que llevárselos a todos de allí, que iban a venir los padres en cualquier momento.
— De acuerdo, vamos. — Dijo Albus, mientras empezaba a caminar en dirección a la casa. — ¿Por qué te paras, James?
— ¿No lo hueles? — James empezó a mover la nariz. Su hermano hizo el mismo movimiento. Ambos abrieron los ojos como platos, mientras se giraron.
— ¡FUEGO! — Gritaron a la vez, desesperados.
Ambos se miraron cuando observaron la gran llamarada. James sacó su varita y puso detrás a su hermano.
— Corre. — Le gritó a Albus. — ¡Corre!
— ¿Y dejarte aquí? — Albus se negó en rotundo, mientras sacaba el también su varita. Ambos sabían que no podían hacer magia, no legalmente. No habían cumplido todavía la mayoría de edad y eso traería problemas. Muchos problemas.
James, agarró a su hermano por el brazo y salió corriendo tirando de él, para su suerte, encontró unas escobas en el suelo. Se subió a una y dejó que su hermano se ocupara de otra, mientras agarraban una más que les serviría al resto. Entró por una ventana, mientras Albus corría a buscar a los demás por la otra.
— ¡Rose!, sube, YA. — Dijo James, mientras agarraba a su prima por el brazo. No había señal de Eric, por lo que supuso que todos se habrían ido ya.
Rose sabía que algo iba mal, por lo que se subió sin oponer resistencia alguna. Bajaron a la planta baja volando, mientras buscaban a alguno de sus primos por allí. Estaba todo vació. James le pidió a Rose que se agarrara fuerte y salieron fuera de la casa tan pronto como pudieron. Estaban todos fuera, Albus, con Victorie y Molly y Fred, con su hermana Roxy. Estaban todos a salvo. Por ahora.
— ¿Y ahora qué hacemos? — Gritó Albus desde su escoba.
— Coged las varitas. — Chilló Fred. Todos obedecieron sus órdenes.
— Aguamenti. Tenéis que decir, aguamenti. — Rose también gritaba. Todos la entendieron y lanzaron el hechizo antes de que las llamas rodearan la casa. Consiguieron que el fuego parase, pero había un problema. Un gran problema. ¿Recordáis que os dije que todavía no habían cumplido la mayoría de edad?, pues os lo vuelvo a recordar.
Alguien, les tiró de las escobas utilizando la magia y en seguida, los chicos se vieron atrapados cada uno entre las manos de un ser que desconocían y al cuál no podían verle la cara. A los pocos segundos aparecieron los adultos, con Louis, Lily, Hugo y Lucy, quienes estaban detrás de ellos.
— Han utilizado magia, fuera de Hogwarts. — Pronunció una voz a espaldas de Molly. — El ministro querrá saberlo.
A los pocos segundos que pronunció esto, Kingsley, apareció de la nada, con otros tres hombres bastante altos y fuertes. Ordenó que los soltaran y automáticamente se desaparecieron los que les sujetaban. El ministro, se acercó a los chicos y les preguntó el por qué del conjuro.
— Fuego. — Dijo Albus, quien no le tenía miedo.
Harry, tenía los ojos muy abiertos, al igual que Ron. Ambos tenían las varitas aún en posición de ataque. ¿Y si algo salía mal?, tenían que estar preparados.
— ¿Podemos irnos, padrino? — Esta vez la que habló, fue Lily Luna.
— Claro. — Asintió James, mientras miraba a su hermana. — ¿Quieres irte a dormir?, yo te llevo. No tenéis por qué ver ésto. — Refiriéndose a los más pequeños.
Lily miró a su hermano y asintió con la cabeza. Él se dirigió junto a ella y la abrazó con fuerza, mientras hacía un gesto para que los demás también fueran para dentro con ellos.
— Necesito que alguno de los presentes se quede, por favor. Necesito a dos. — Pronunció secante Kingsley.
— Mi hermano te ha dicho por qué han realizado el hechizo, padrino. — Dijo Lily, girándose. He aquí una muestra clara de por qué era Gryffindor, la valentía.
— Estoy aquí trabajando, no como un familiar tuyo. — El ministro seguía con su decisión principal. No pensaban que en su trabajo, sería tan..., ministro.
Harry miró a James, para que se acercara a Kingsley. Este rodó los ojos e hizo lo que le pidió su padre.
— ¿Te valgo yo? — Le dijo a Kingsley, mientras él, miraba a los demás.
El ministro asintió, pero vio como Victorie también se acercaba. Órdenes de Bill.
— Os haré unas preguntas y podréis iros con los demás. — Los dos primos asintieron con la cabeza, mirándose entre sí y tragando ambos los nudos que se les habían formado en la garganta.
El resto de los jóvenes, entraron por la puerta y subieron a sus habitaciones. Se refugiaron todos en la de Dominique y Victorie, que era la más grande, con mucha diferencia.
— ¿Que les estará preguntando? ¿Creéis que dirán lo de la fiesta? — Hugo fue el que habló.
— No lo sé... A mí me duele la cabeza. Buenas noches y perdonad si os babeo. — Dijo Rosie, acomodándose en la cama de Dominique y cerrando los ojos.
Los demás fueron encaminándose cada uno a sus habitaciones en cuanto empezaron a sentir que les había llegado la hora de dormir, algunos como Fred, habían decidido que el suelo era un bonito lugar para descansar.
— ¿Qué pensabas que estábais haciendo, James Sirius Potter? — Ginny estaba furiosa.
— Eso mismo me pgegunto yo, Victogie. — La francesa sonaba algo más tranquila que la pelirroja. Pero se notaba también que estaba algo cabreada.
Ellos dos no respondieron, habían cometido un ¿delito?. Oh sí, hacer una fiesta y salvar la casa familiar, ahora, era un delito... Las fiestas eran típicas en personas de su edad, como si son magos, como si son muggles. Era habitual crear fiestas prohibidas. Y lo del incendio..., eso no era esperado por nadie.
— Dejadnos en paz. Estoy borracho y quiero dormir. — James, quien odiaba que le echaran la bronca o estar metido en alguna de ellas, agarró a su prima rubia por el brazo y se dirigió a las habitaciones, sin decir ni una palabra más.
Al día siguiente, se encontraban todos con un dolor de cabeza horrible. Todos deseaban quedarse entre las sábanas de por vida, aquella resaca no era normal. El Whisky de fuego estaría caducado, probablemente.
— Albus..., venga..., a desayunar. — Dijo Rose, mientras intentaba despertar a su primo.
— No hace ni caso... ¡Albus Severus! — Gritó Molly, desesperada.
— ¿Sabéis lo que significa dormir? ¿Y resaca?, pues dejadme.. — Albus se tapó aún más con las mantas y apenas se le podía ver el pelo.
— No sé si eso es buena idea James... — Dijeron Hugo y Lily, mientras miraban al ricitos.
Automáticamente, un cubo de agua cayó sobre la cabeza de Al, quien se despertó de un sobresalto.
— Buenos días, Al. — Pronunció James, mientras miraba a su hermano con cara de mala leche. — A mí también me duele la cabeza.
Albus le hizo el corte de manga y automáticamente lo agarró por el cuello.
NOTA: ¡Hola otra vez!
¿Qué tal, mejor que el capítulo anterior?, espero que mi escritura haya mejorado un poco, por muy mínimo que fuese.
Repito, estos PJ, no me pertenecen a mi, algunos a Jotaká. Otros, a personas magníficas que he conocido a través del rol con el tiempo. Y algunos, a otros escritores geniales. Pero queda automáticamente claro de que nadie, nadie, es obra mía. No al menos en este fic. Son personas increíbles que con el tiempo he conocido. Que es para ellos a quien va dirigido ésto. Y quería darles las gracias por hacerme reír.
Saludos, besos y espero volver a veros pronto. ¡Goodbye!
