Hala, aquí está la segunda parte. Sigo pensando que tal vez tenga una forma de escribir demasiado extensa y que se hace algo aburrida, pero me consuela saber que si estoy aquí es para solucionar problemas como éste. De todas formas después de este segundo capítulo habrán pasado las explicaciones más extensas.
¡Gracias a los que leen, y nos vemos más abajo!
Loki despertó al cabo de unas horas, sobresaltado. En cuanto abrió los ojos se encontró cegado por una intensa luz y sacudido por un terrible dolor de cabeza. Intentó acariciarse la zona dolorida con una mano, pero no pudo conseguirlo. Al parecer estaba inmovilizado, pero no por sogas ni por cuerdas, si no por una fuerza que resultaba ser claramente mágica.
Su rápida mente se puso a trabajar en cuanto le abandonó la confusión del primer momento. Recordó todo lo que había ocurrido aquella noche: el estar acostado, el despertar de pronto para encontrarse con un intruso hostil y la forma en la que creía haberlo asesinado antes de darse cuenta de que había caído en una trampa. Al pensar en ello se sintió lleno de rabia. ¿Cómo había podido caer en un truco barato como aquél? ¿Cómo no había detectado la magia del hechizo con el que le habían engañado? Era totalmente absurdo. No podía creer que lo hubiesen capturado de nuevo.
El Dios se obligó a apartar su ira durante un instante para poder concentrarse en analizar el lugar en el que estaba. Para su sorpresa no se encontraba en una celda o algo parecido, ni tampoco en un laboratorio o cuarto de contención, y mucho menos en una habitación de Asgard. No, a su alrededor se alzaban cuatro paredes pintadas de rojo contra las que descansaban distintos muebles de uso cotidiano, desde un armario a un tocador. Todo quedaba perfectamente iluminado por la brillante luz del sol que entraba a través de una enorme ventana y que daba de pleno sobre la enorme y mullida cama en la que se quedaba acostado contra su voluntad.
-¿Qué demonios...? -pensó, antes revolverse para intentar soltarse de las ataduras mágicas. Por suerte no parecían ser lo suficientemente fuertes como para retenerlo mucho rato. Tal vez aguantarían diez minutos más antes de que se volvieran demasiado débiles para continuar conteniendo su cuerpo. Sin embargo, antes de que transcurriese ese tiempo se hicieron audibles unos pasos al otro lado de la puerta de la habitación, que se abrió de repente dejando paso a una mujer. La reconoció como la misma que le había dejado inconsciente hacía un rato.
-¡Oh! Por fin despiertas, querido. -dijo la desconocida, a la vez que se aproximaba al lecho esbozando una amplia y simpática sonrisa que a Loki le pareció sumamente desagradable- Pensaba que te recuperarías antes de ese golpecito.
Loki no respondió, ya que en primer lugar no sintió la obligación de dirigirle la palabra a una mujer a la que había comenzado a odiar desde el mismo instante en el que se atrevió a desafiarle y, además, estaba demasiado ocupado analizándola a ella y a la situación. Estudió el físico de la desconocida con la intención de medir tanto su fuerza como su poder. Le bastó una rápida y calculadora mirada para percatarse de que era mucho más joven de lo que había pensado en un principio; con suerte llegaría a los veinte años. Su pequeño cuerpo, que se movía en gestos elegantes, le parecía demasiado frágil como para que su fuerza supusiese un problema. Además no habían indicios de que aquella joven perteneciese a SHIELD, a pesar de que vestía una ropa oscura que le recordó mucho a la que portaba La Viuda Negra, con aquella cazadora de cuero y los jeans oscuros.
-Tranquilo, no soy una enemiga -la simpática sonrisa de ella se transformó entonces en un gesto orgulloso- Si lo fuese hubiese usado un hechizo más poderoso para mantenerte quieto. Seguro que a estas alturas ya sabes que las ataduras que te retienen se desharán en unos minutos. Y yo sólo necesito esos minutos para que me prestes atención.
Loki volvió a ahorrarse cualquier palabra. Continuó guardando silencio mientras alzaba una ceja. No podía negar que sentía cierta curiosidad por saber quién era aquella chica y por qué le había llevado allí, pero estaba demasiado furioso como para mostrarse interesado.
-Verás... lo sé todo -la chica se sentó sobre una pequeña mesita que había al lado de la cama, y se cruzó de brazos, haciendo que el cuero de su cazadora chasqueara- Y cuando digo "todo" es "todo". Sé quién eres, Loki Laufeyson, de dónde vienes y el motivo de que estés en Midgard.
Aquello sí logró sorprender al Dios, que frunció el ceño para dirigirle una peligrosa mirada a la desconocida.
-¿Y quién se supone que eres tú? -dijo, pronunciando las palabras en un tono neutro y frío.
-Esperaba con ansias esa pregunta- sus ojos brillaron de forma extraña- y te bastará con saber que soy Anger, y que tú y yo compartimos mucho más de lo que crees, Loki.
-Permíteme dudarlo -siseó él, furioso ante el hecho de que aquella horrible mujer se atreviese a compararse con él.
-Oh, pero es la verdad. Compartimos el mismo origen, ¿Sabes? -suspiró, y sacudió su cabello, que estaba recortado de forma recta por encima de sus hombros- Yo también soy de Jotunheim.
Al escuchar aquello, Loki se sintió atravesado por un escalofrío. Y, al parecer, el nombre del lugar también tuvo un efecto sobre la chica, que contornó los ojos y oscureció su mirada.
-Bueno, no es que ahora quede mucho de él después de que tú intentaras destruirlo para quedar bien delante de tu amado padre, el Padre de todos, aquél que te menospreció y te engañó durante toda tu vida y al que sin embargo pareces servir de la misma forma que lo haría un perro.
-¡Cállate! -exclamó Loki con ira y autoridad, a la vez que intentaba levantarse en vano para darle su merecido a la mujer.
Ella pareció sentirse ligeramente intimidada por la furia que brillaba en los ojos esmeralda del Dios, pero pronto su actitud volvió a ser desafiante e imprudente.
-No te atrevas a darme órdenes, Loki. -dijo- De todas formas puedo llegar a comprender tu actitud. Después de todo, Odin fue quién te crío después de arrancarte de los brazos de tu verdadera familia. Es normal que una parte de ti aún le guarde cierta... lealtad.
-Un Dios no es leal a nadie.
-Claro, claro, querido... pues parecías ser muy fiel a los Chitauri la última vez que estuviste aquí -sonrió de forma divertida, hecho que hizo que Loki enfureciese aún más.
No podía comprender como ella sabía tantas cosas sobre su persona y su pasado, y detestaba que alguien tuviese tanta información sobre él. En cuando se deshiciera del agarre mágico -lo cual ocurriría muy pronto- se encargaría de deshacerse correctamente de ella, haciéndole pagar antes el precio de sus atrevidas palabras.
-Tus miradas de odio no conseguirán asustarme, Loki... sé de todo lo que eres capaz, y no me das ningún miedo. Y no porque no seas poderoso, sino porque yo también lo soy. Pero podemos beneficiarnos mutuamente... yo puedo ayudarte a vengarte de todos aquellos que se pusieron en tu camino... Puedo ayudarte a trepar al poder más absoluto, por encima de los humanos, por encima de los Vengadores... y, por supuesto, por encima de Thor.
-¿Y por qué harías algo así?-Loki rió de forma escéptica, intentando ganar tiempo. Sentía como las barreras que le sostenían eran cada vez más débiles.
-¿Por qué? -ella repitió sus palabras a la vez que abandonaba su asiento para acercarse a él e inclinarse sobre la cama- Porque entiendo tu ira y tu sed de venganza. Y sé el poder que eso puede llegar a darte. Porque yo te entiendo, Loki...
Anger alargó una mano hacia el rostro del dios, apartando de su frente un oscuro mechón de cabello en un gesto repentinamente tierno que repugnó a Loki en un primer instante. De alguna forma inexplicable el tono compasivo y comprensible de la chica había despertado en él un extraño sentimiento del que se obligó a deshacerse rápidamente.
-Nadie puede entender a un Dios -dijo él en tono triunfante a la vez que sentía que las ataduras se disolvían por completo permitiéndose volver a moverse.
Se incorporó y agarró con fuerza y violencia la muñeca de Anger, que dio un respingo, sorprendida. Las barreras habían caído antes de lo que ella imaginaba. Loki era incluso más poderoso de lo que había llegado a pensar, y ahora podía sentir como proyectaba toda su ira hacia ella. Durante un momento sintió miedo, pero de repente Loki dibujó en su rostro una mueca confusa e incrédula. El motivo era que desde el lugar donde la piel de ambos se tocaba, donde Loki agarraba a la joven, habían comenzado a crecer unas manchas azules que se extendieron por el cuerpo de ambos, tiñendo su tez pálida de celeste.
Anger jadeó al ver como ambos adoptaron un aspecto similar al que tenían los gigantes de Jotunheim, pero para Loki aquello no era una nueva experiencia: ya había adoptado aquél color cuando acompañó su hermano en la batalla contra Laufey, y también segundos antes de que Odín le contara su verdadero origen, cuando puso sus manos sobre el tesoro de los gigantes helados.
Loki soltó bruscamente a Anger, sintiéndose repentinamente calmado. Su furia desapareció al mismo tiempo que la piel de ambos volvía a su estado normal.
-¿Ves? -murmuró ella, acariciándose la muñeca dolorida- Compartimos mucho más de lo que piensas, y yo lo sé todo de ti, incluso cosas que no sabes -continuó hablando mientras Loki se sentaba en el borde de la cama, algo aturdido por lo que acababa de pasar- Has intentado buscar ayuda en otros para lograr tus metas. Primero el apoyo de los gigantes, y luego el de los chitauri. Eso por no mencionar que te pusiste a controlar mentes con el dichoso cetro, y al final no te sirvió de nada. No eres consciente de que tú eres demasiado poderoso para depender de otros. -Sonrió al notar como la mirada del dios se clavaba en ella. Al parecer estaba satisfecho con sus halagos- Tú posees el poder de la magia, la fuerza de los gigantes y la habilidad de los dioses de Asgard. .Todo ello está mezclado en tu interior, y cuando seas capaz de admitir lo que eres realmente podrás manejarlo. Y yo puedo ayudarte con eso.
-Claro... -Loki sonrió de medio lado de forma desconfiada- ¿Y debo suponer que me ofreces tu ayuda por simple beneficiencia?
-Por supuesto que no, ¿Por quién me has tomado?-ella se miró las uñas superficialmente- Tengo un motivo para ayudarte. Verás, es que me aburro. -Loki alzó una ceja al escucharla- La inmortalidad puede llegar a volverse tremendamente aburrida a veces, así que me apetecía hacer algo... divertido. Y, además, si consigues hacerte con el poder y llegar a tener tu venganza podrías darme la oportunidad de restaurar la gloria de Jotunheim y darle su merecido a esos engreídos Asgardianos.
Loki no pudo evitar sonreír al escuchar sus palabras. Sabía perfectamente que Anger tenía muchos más motivos que aquellos para ofrecerle su ayuda de los que le había contado.
-¿Por qué debería confiar en ti? -preguntó- Es bastante sospechoso que sepas todas esas cosas...
-Oh, yo no te he pedido que confíes en mí, querido. Sólo que me dejes ayudarte a alcanzar el puesto que un auténtico Dios, un príncipe tanto asgardiano como de Jotunheim, se merece. En cuanto a mis conocimientos... bueno, digamos que te has hecho popular en los nueve reinos. Todo el mundo sabe las... travesuras que has hecho.
Loki contornó los ojos. Hacía rato que había descartado la idea de que aquella chica perteneciese a los Vengadores o SHIELD, y podía ver claramente que el brillo de ambición en sus ojos grises era totalmente real. Aún así no podía olvidar que le había roto un jarrón en la cabeza y que seguía poseyendo demasiada información.
-Escucha -dijo en tono severo, a la vez que se ponía en pie para acercarse a la chica de forma intimidatoria- Si intentas engañarme, yo... te mataré.
-Eso no lo dudo... -ella sonrió, pero aún así no pudo evitar dar un paso atrás cuando el dios se acercó a ella- Y, si quieres, puedes pensártelo. No hace falta que aceptes mi ayuda ahora. Y tampoco eres un prisionero, si no más bien un invitado, así que puedes marcharte cuando gustes.
-¿A todos tus invitados les rompes un jarrón en la cabeza?
-Sólo a los más especiales.
El dios del engaño se tomó unos segundos para meditarlo. En ningún momento desde que llegara a Midgar se había imaginado en una situación así, pero ahora que se le presentaba tenía la oportunidad de aprovecharla. Después de todo estaba convencido en su superioridad intelectual sobre Anger. Siempre podía aceptar su ayuda para utilizarla y deshacerse de ella después.
-Está bien. Escucharé tus ideas.
-¡Perfecto! -la chica sonrió y le dio la espalda a Loki para acercarse a la puerta y asomarse al pasillo que había tras ella- ¡Edward! -gritó, llamando a alguien.
El dios frunció el ceño. No esperaba que ella estuviese acompañada por alguien más, aunque pensándolo mejor tal vez tuviese a su servicio a algunos poderosos subordinados que le servirían para alcanzar el poder, esta vez definitivamente. Sin embargo esa idea se esfumó cuando apareció el tal Edward, un hombre de su misma edad que llevaba puesto algo parecido a un uniforme de mayordomo. ¿Qué diablos significaba aquello?
-Edward te ha traído tu traje asgardiano -explicó Anger, mirando con algo de asco las prendas de Asgard- por si lo necesitaras. También hemos traído toda tu ropa y enseres personales de tu casa. Aunque no estoy segura de que a aquél lugar tan cutre se le pudiese llamar casa...
-¿Qué?-Loki parpadeó, confuso. ¿Cómo se había atrevido a tocar sus cosas?
-Sí, es que será mucho mejor si te quedas aquí. Tenemos muy buenas instalaciones que serán realmente útiles en nuestro objetivo. Además, tengo muchos sirvientes que obedecerán tus órdenes.
-Pensé que estabas en contra de controlar las mentes de otros... ¿Cómo sabes que no nos delatarán?
-Oh, Loki, la respuesta es sencilla. -Anger sonrió- Yo no he usado armas mágicas ni hechizos de control mental. Yo he usado lo único que realmente puede manejar a los humanos sin problemas: el dinero. Esta gente vendería su alma por un puñado de oro, y a mí me sobra. Vine prevenida, siempre hace falta ahorros para cumplir propósitos tan ambiciosos como este, ¿no crees?- antes de que Loki pudiese responder ella atravesó la puerta para salir de la estancia y desaparecer por el pasillo- Ahora será mejor que te cambies, no es elegante ir en pijama por ahí.
El dios se quedó mirando el espacio que había ocupado hacía un instante la extraña joven antes de echar un ojo al armario de la habitación, en cuyo interior encontró toda su ropa.
-Sí... sin duda esto será divertido... -murmuró, antes de comenzar a desvestirse, a la vez que soltaba una pequeña carcajada.
Y fin otra vez. A partir de ahora Anger podrá torturar a Loki -siempre que no termine siendo él el que la torture a ella...- y comenzar a maquinar sus planes de venganza y poder.
Sí, sé que el hecho de que Anger sea de Jotunheim es un poco... extraño, pero tenía curiosidad por saber cómo sería para Loki el tener que aguantar a alguien con su mismo origen y que además sabe tantas cosas de él -tal vez demasiadas-.
Nos leemos pronto! :3 (Continúo esperando rewiews... aunque sea uno pequeñito... diminuto.)
