Esperanzas
Alice despertó envuelta en los brazos de su marido, quien seguía dormido abrazándola fuerte. Era día laborable, ya habían terminado los días festivos de Navidad y Año Nuevo. Ella luchó por zafarse de los tibios y fuertes brazos de su esposo, lo logró y en vista de que él no quería abandonar la cama. Alice tomó su cámara de fotos y se situó sobre él. Jasper abrió los ojos con dificultad, debido al sueño.
-Sonríe. –Canturreó ella para luego tomarle una fotografía.
Jasper rió cubriéndose los ojos con sus manos a causa de la luz del flash. Su esposa rió y siguió sacándole fotos, hasta que su marido tomó sus muñecas y de repente, era ella quien se encontraba debajo del cuerpo de Jasper.
-Oh, este ángulo es mejor. –Alice le sacó otra foto.
-Eres imposible. –Dijo Jasper entre risas, le robó un tierno beso a su esposa.
-Lo sé. –Alice tomó el rostro de su marido con sus manos. –Más vale que me dejes libre porque ambos tenemos que ir a trabajar y… -Jasper comenzó a besar el cuello de su esposa entre risas. –No te va a funcionar a… aquello.
-¿Segura? –Preguntó Jasper sin despegar los labios de la piel de Alice.
-Por favor. –Rogó ella. – ¡Mira la hora que es! No tendremos tiempo suficiente.
Jasper rió entre dientes y se levantó, Miró el reloj y maldijo entre dientes. Extendió su mano para que Alice la tome y se levante también.
-¡Te amo! –Jasper le dio un beso rápido, para luego quitarse la ropa de cama y correr hacia la bañera.
Alice rió. –Espero que recojas eso. –Dijo mientras se dirigía hacia la cocina para preparar algo rápido.
Después de una mañana difícil, Alice regresó a su apartamento cansada de las exigencias del editor de la revista para la cual trabajaba. Ella amaba y disfrutaba lo que hacía, sin embargo, era una labor agotadora. Arrojó sus llaves a una pequeña mesita situada a un costado de la puerta, se quitó los zapatos y se dirigió directamente a la habitación que había convertido en un cuarto obscuro.
Comenzó a reír mientras revelaba unas fotografías que se le habían ocurrido sacar temprano en la mañana. Hasta que escuchó sonar su teléfono celular. Su rostro se iluminó a sabiendas de que era su esposo quien la llamaba.
-Amor… ¿Cómo va todo?
-Hola Alice, perfectamente, cariño. Llamaba porque llegaré un poco más tarde hoy, iré con Emmett a ver un partido de Baseball. Y mi hermana quiere verte, así que irá a visitarte.
-Mmm, bien Jazzy. Veré si Bella se anima a venir también. Pero eso sí… si vas al partido, no vas a tocar al bar.
-No amor, no iré el día de hoy, los chicos se encargarán.
-Ok… recuerda comer algo…
-Sí… comeré un…
-¡No Jasper Hale! No me digas que te comerás un perro caliente, en el camino. Tienes que alimentarte y…
Jasper rió. –Ok, comeré algo decente.
-Más te vale.
-Te amo…
-También yo.
Alice llamó a su cuñada y la invitó a un café en el apartamento, aceptó gustosa. Mientras tanto, decidió darse un baño de burbujas mientras las esperaba. Mientras se vestía, comenzó a mirase en el espejo, bailoteando y haciendo rostros graciosos. Luego se quedó parada y tomó un pequeño almohadón, lo enrolló y lo metió bajo su blusa, como si se tratara de un vientre de embarazada. Oficialmente, aquel día se cumplían tres semanas de retraso de su periodo.
-¿Podrá ser? –Canturreó, para luego reír.
El timbre sonó, se quitó aquel almohadón del vientre y corrió a abrir emocionada. Rosalie había llegado y minutos después Bella se les unió.
-No te he visto desde hace tanto, Bella. Ni a tu pequeñita. –Dijo Rosalie luego de tomar un sorbo de su café. –Imagino que Renesmee ya no se acuerda de mí.
-Oh, sí que se acuerda, Rose.
-¿Y por qué no la trajiste? –Preguntó Alice trayendo la tarta que habían horneado.
-Se quedó con tus padres, la iban a llevar a la juguetería. –Bella se sirvió más café. –La tienen muy consentida. –Negó con la cabeza.
-Ah, sí sin duda.
-Y cómo no, si es la primera y única nieta. –Dijo Rosalie encogiéndose de hombros.
-Sí, supongo. Hasta que Alice y Jasper se animen de una buena vez.
La interpelada sonrió. – ¿Mas café?
-Gracias. –Dijo Rosalie, sin dar oportunidad a que aquel tema se desarrolle. Aquello era muy doloroso. –y ¿Cómo está tu cretino? Digo, tu marido.
Bella resopló y Alice miró a su otra cuñada con rostro de desaprobación. Rosalie detestaba al hermano de su mejor amiga y lo detestó más, cuando comenzaron los problemas dentro del matrimonio con Bella.
-Eh… -Bella se acomodó el cabello de tras de la oreja.
-¿Por cuánto tiempo se irá a Rusia? –Preguntó Alice.
-Esta vez solo se irá por una semana, primero debe firmar unos contratos con sus accionistas.
-Oh, bien. Por lo menos no será por mucho.
-Sí, ya sabes cómo se pone Renesmee cuando no está su padre.
Alice y Rosalie asintieron, mientras Bella dibujaba con su dedo la circunferencia del filo de su taza. Rosalie comprendió que también se había metido en un terreno muy delicado y trató de cambiar el tema, pero antes de que pudiese articular una palabra, Bella interrumpió.
-Ella ha sido lo único que nos ha mantenido juntos.
Alice tomó la mano de su cuñada. –No digas eso…
-Todos los matrimonios tienen sus momentos.- dijo Rosalie.
-Lo importante, es saber que se aman y que…
-Yo lo amo, Alice. –Interrumpió Bella. –Lo que no sé, es si él me ama a mí.
Mientras tanto, los muchachos, decepcionados con el resultado del partido, se dirigieron a un bar para tomar una cerveza. Jasper y Emmett siempre fueron los mejores amigos, desde que se conocieron en la universidad, aunque seguían carreras distintas. Pero ambos se unían para intervenir en las protestas universitarias y para dar las mejores fiestas.
-Es el peor juego que he visto.- Se quejó Jasper furioso.
Emmett rió. –Ya cálmate, por lo menos la hemos pasado bien… Como cuando éramos solteros.
-Es decir que ¿Extrañas ser soltero? –Preguntó Jasper enarcando una ceja.
-No, no, no, no.-Respondió su cuñado horrorizado. –No lo malinterpretes. Tu hermana ha sido lo mejor que me ha pasado en esta vida. –Emmett rió. –Recuerdo cundo la conocí.
Jasper se carcajeó. – ¡Oh, demonios! Mira esa bella rubia escultural, está como quiere –dijo imitando la voz de Emmett. – le arrancaría ese sexy vestido y…
-¡Es mi hermana! –Exclamó su cuñado imitando el rostro horrorizado de Jasper de aquel día.
Ambos rieron.
-Que tiempos…
-Conquistarlas fue difícil. –dijo Jasper rascándose la cabeza.
-Ni me lo recuerdes. –Emmett tomó su jarra y la ventó. –Por ellas.
-Por ellas. –Bebieron su cerveza con gusto.
-Necesitaba una de estas. –Dijo Emmett apoyándose en la barra, pensativo. –Hace mucho que tu hermana no me permite beber, por aquello del tratamiento. –Bufó. –No sé qué tiene que ver la bebida con todo aquello.
-Sabes cómo exagera.
Emmett asintió. –Pero sabes cuánto lo desea.
Jasper asintió triste. –Y ¿Cómo está tomando lo del tratamiento?
Emmett rió con amargura. –No muy bien… sabes que ni siquiera quería intentar nuevamente… Y ya sabes cómo toma la situación, se siente culpable… me duele verla así duele ¿Sabes?
Jasper sabía que su cuñado confiaba plenamente en él, y al contrario de Jasper, Emmett era un hombre muy abierto al que no le daba vergüenza revelar lo que realmente sentía. El sueño más preciado de su hermana Rosalie, era tener un hijo, sin embargo había perdido toda esperanza después de haber experimentado la pérdida de dos criaturas. La primera vez que sucedió, no fue igual de devastadora que la segunda, pues la segunda vez, el feto tenía cinco meses. Ambos quedaron devastados después de aquella pérdida y todas las esperanzas de Rosalie se vinieron abajo. Su esposo siempre estuvo junto a ella animándole, aunque él, tenía el corazón destrozado igual que ella. Sin embargo, Emmett tenía que ser fuerte con aquella situación. Jasper le dio una palmada amistosa a su cuñado, él lo admiraba porque era un tipo con una voluntad inquebrantable, nunca se daba por vencido.
-Mañana viajan ¿Verdad? –Jasper dio un sorbo a su cerveza.
-Iremos a Washington y la verdad es que estoy muy entusiasmado… Sé que pasará. –Emmett sonrió.
-Así será amigo.
Jasper regresó a casa por la noche, se sentía muy cansado, más de lo normal, inclusive sentía que a veces veía borroso, mientras buscaba las llaves del apartamento, escuchó el alto volumen de la música, abrió la puerta y encontró a Alice bailoteando, mientras pintaba sobre un lienzo.
-¡Llegaste! –Se abalanzó a los brazos de su marido para besarle.
-Hola amor ¿Qué tal pasaste con las chicas?
-Bien ¿Y tú con Emmett?
-Bien también, aunque el partido fue un fiasco.
-Jazz.- La sonrisa de Alice se desvaneció.
-¿Qué sucede?... eh, juro, juro que solo fue una cerveza…
-No mi amor… ¿te sientes bien? Parece que tienes fiebre. –Dijo Alice mientras acariciaba la frente y las mejillas de su marido.
-Me siento muy cansado, pero…
-Jazz… ¡A la cama!
Jasper le dedicó una media sonrisa a su esposa. –Seguro que sí.
-No… no es como piensas. –Alice rió y puso los ojos en blanco, tomó la mano de su esposo y lo llevó a su habitación. Él hizo una mueca.
-Te mediré la temperatura y te pondré compresas.
-Ok. –Suspiró decepcionado.
-Tal vez pescaste un resfrío. –Alice besó tiernamente a su esposo. –Voy a consentirte.
La fiebre de Jasper bajó después de las compresas de agua fría que su esposa le puso en la frente. Alice se estaba preocupando con aquella situación. Le mostró las fotos que había tomado en la mañana y ambos rieron, se recostó junto a él.
-¿Tienes hambre?
-No mi amor. –Jasper abrazó a su esposa, mientras ella le acariciaba el pecho.
-Pues yo sí… Y mucha. –Alice se levantó de la cama y se dirigió a la cocina. Levó consigo un trozo grande de tarta y un vaso lleno de leche.
-¿Sabes? –preguntó ella acomodándose nuevamente en la cama.
-¿Qué cosa?
-Pensaba en que deberías visitar un médico. –Canturreó ella.
Jasper chasqueó la lengua. -¿Para qué?
-Para que te examine… -Jasper puso los ojos en blanco. –Escúchame… solo una revisión.
-No, Alice, estoy bien…
Alice se levantó molesta y dejó la vajilla sobre el buró. – ¡Eres terco!
Jasper rió. –Así me amas.
Ella lo miró con rostro de pocos amigos.
-Si quieres te demuestro que estoy en perfectas condiciones. –Dijo Jasper acercándose lentamente hacia su esposa con rostro pícaro. Alice puso las manos en la cintura para sermonearle una vez más pero no lo logró ya que sin darse cuenta estaba bajo el cuerpo de su esposo, disfrutando de sus cálidas caricias y de aquellos ardientes besos con los que solo Jasper sabía complacerle.
Lugo de aquel maravilloso e íntimo momento se acurrucaron en las mantas. Jasper dibujaba círculos sobre la espalda desnuda de su esposa, mientras ella dormía. Atesoraba aquellos momentos, Alice parecía tan frágil en sus brazos, él se sequía preguntando, ¿Cómo es que Alice pudo elegirlo? Estaba realmente agradecido con la vida por aquella mujer que yacía dormida a su lado. Jasper era capaz de hacer todo por ella incluso dar hasta su vida, ella significaba todo para él, y desde aquel día en el que le confesó su amor en una iglesia, juró protegerla y jamás dejarla sola. Alice suspiró y lo abrazó fuerte, Jasper sonrió y se sintió el hombre más feliz de la Tierra.
-Te amo.- Susurró, para luego apagar la lámpara y acomodarse para dormir.
Al día siguiente, Jasper se levantó para tomar una ducha, al parecer Alice se había levantado primera y estaba ocupando la regadera.
-Buenos días amor.
Alice abrió la cortina de la regadera y sacó su cabeza para darle un beso. –Buenos días Jazzy.
-¿Descansaste? –preguntó él mientras ponía espuma de afeitar en su mano.
-Sí mi amor. De maravilla. –Respondió Alice riendo.
Jasper movió la cabeza para estirar su cuello pies sentía malestar nuevamente. De pronto sintió que la nariz comenzó a sangrarle. Dejó caer la espuma de afeitar de su mano para limpiarse y dejó correr agua. Maldijo internamente, según él Alice no debería enterarse porque exageraría y tal vez solo se trataba de una simple anemia. Así que se limpió sin decir una sola palabra, mientras su esposa canturreaba en la bañera.
Ambos prepararon el desayuno y comieron juntos, para después, salir a trabajar. Por la noche acordaron ir al bar para ver a unos amigos. Alice disfrutaba ir a aquel lugar para escuchar a Jasper tocar y cantar con los muchachos. Pero esta vez estaba preocupada porque su esposo no estaba en condiciones de tocar. Jasper parecía fatigado, aquella noche, su esposa le insistió que visite un medico y él accedió hacerlo el fin de semana.
Alice lo acompañaría, pensó matar dos pájaros de un tiro y se realizarse unos exámenes de sangre para comprobar si estaba o no embarazada. Pero, ella ya no podía darse el lujo de esperar hasta el fin de semana, así que saliendo de su trabajo, pasó por una farmacia y compró una prueba. Se sentía un poco nerviosa, de saber el resultado, no quería albergar ningún tipo de esperanzas. Así que respiró hondo.
-Ok… puede que no, como puede que sí… pero este viernes sería un retraso de un mes.
Levantó la tirita y automáticamente, al mirar la línea su rostro se iluminó lleno de satisfacción y regocijo.
-¡Sí! –Alice comenzó a reír mientras seguía mirando perpleja aquella tirilla. Tomó y votó aquella prueba en una funda negra. Y se dirigió al teléfono.
-Hola…
-Hola papá soy yo, Alice…
-Cariño… que agradable escucharte… ¿A qué se debe…?
-Papá, necesito saber ¿Cuán confiable es una prueba de embarazo? De aquellas que compras en la farmacia…
-Eh, pues es el 95% efectiva. –Carlisle tragó con dificultad. Y la sonrisa de Alice se amplió. –Cariño… ¿Acaso tú…?
-Gracias papá, te quiero. –Rápidamente colgó el teléfono. Naturalmente, ella quería que el primero en enterarse sea su esposo. No lo llamaría al trabajo, prepararía una cena muy especial para decírselo.
Alice dio un grito de alegría y se echó bocarriba sobre la cama. –Voy a ser mamá. –Rió. –No me lo creo. –Bajó delicadamente sus manos hasta su vientre, el cual todavía estaba perfectamente plano, sin embargo, ella lo podía sentir, sabía que dentro de ella había una nueva vida, el pequeño y mágico resultado del gran amor que ambos sentían el uno por el otro. Suspiró y sintió mariposas en el estómago imaginando la reacción de su marido ante aquella maravillosa noticia.
La noche llegó y Jasper había traído consigo flores, las favoritas de Alice.
-¡Hola! –Ella salió de la habitación para recibirle.
-Hola amor. –Jasper olfateó profundamente. –Huele delicioso.
-Hice algo muy especial. –ella sonrió. –Y esas flores ¿Son para mí?
-En realidad, las compré para la señora Duncan. La ancianita del piso de abajo, pero no estaba… así que…
Alice puso los ojos en blanco y rió, su marido se unió a sus risas. –Aquí tienes, las vi y pensé en ti.
Ella tomó las flores y le dio un beso, fue a ponerlas en un florero, Jasper se sentó en el sofá y cerró los ojos. Aquel dolor de cabeza insoportable había vuelto, pero no solo eso, sino que también tenía sudores fríos, se sacó la bufanda, pues se sentía asfixiado. Decidió ignorar aquello, pues al parecer su esposa había preparado una velada especial y de seguro, tenía buenas nuevas que contarle.
-Siéntate, amor… este momento voy con la cena.
Jasper se levantó con dificultad del sofá y se dirigió hacia la mesa, sacudió la cabeza como si así aquel malestar se esfumaría, pero no, aplastó sus sienes con sus dedos y comenzó a ver todo borroso, el dolor era algo punzante y sintió que su corazón comenzó a agitarse.
-¡Jasper!
La voz horrorizada de Alice y la estridencia de un plato al trisarse, fue lo único que escuchó con claridad, antes de desplomarse sobre el suelo.
Hi! u_u bueno, desde aquí comenzamos con la historia en sí... sé que las dejé muy preocupadas, así que intentaré actualizar pronto, pronto.
Gracias por sus lindos reviews! de verad. =)
xoxo
Cris
