- 3º persona -
John sabía que estar en ese piso le dolía, pero aquella pensión era vacía y solitaria y necesitaba pasar allí un par de días, pero esque todo le hacía recordar en cada rincón a Sherlock... Desde el frigorífico, envase de tantas partes humanas para su examinación, hasta el sofá, donde sin casos dignos de su mente parecía que se le iría la cabeza de un momento a otro, cosa que al principio creía pensar al ver los casos tan horripilantes e insólitos que aceptaba, pero poco a poco, a fuerza de costumbre, comprendió y medio aceptó.
Las cosas solo podían ir en peor y él lo sabía, pero no hacía nada para arreglarlo, como siempre la Señora Hudson, en su infinita bondad, se preocupaba mucho y más por él, al igual que Lestrade, que poco a poco comenzó a llamarlo más continuamente hasta que John sin ganas si quiera de hablar con él, terminó por negar sus llamadas y ensimismarse, aún no se creía que no volvería a ver a Sherlock... Después de meses y meses seguía sin aceptarlo, reacio a creerlo, pero cuando echaba un vistazo al pasado, todos los recuerdos se caían encima suya, de forma pesada y amarga, devolviendole a la realidad de que nunca volvería, que nunca volvería a disparar contra la pared, que nunca volvería a sacarle de quicio, que nunca volvería a encontrar trozos de humanos en el frigorífico, que nunca volvería a sentir esa adrenalina que sentía cuando Sherlock le incitaba a seguirle en todo, que nunca volvería a... a... No podía continuar enumerando las cosas que nunca volverían a pasar.
Pero ahora ya no sabía cuales eran sus verdaderos sentimientos, por un lado sentía rabia e impotencia, por no poder impedir que Sherlock cayera y por otro lado tristeza, desgana, pena... Y cuando todo se unía un sentimiento creciente le hacía romper a llorar sentado en ese sofá, tapándose la cara con sus manos, ya no estaba Sherlock para verlo llorar, pero apesar de todo el tiempo que había pasado, se seguía sintiendo avergonzado de llorar a cara descubierta como si la esencia de Sherlock aún perviviera en cada uno de los rincones de este piso.
Cogió un pañuelo limpiándose esas lágrimas restantes que no habían terminado de esfumarse, tomó aire de forma pesada y dificultosa y acto seguido, se dirigió a su cama, pasando por delante del cuarto de Sherlock, que seguía igual que la última vez que su amigo había entrado allí, ya que no se veía con las suficientes fuerzas de guardar en cajas las cosas de Sherlock, pero no se detuvo en la habitación y continuó su camino hasta su cama. Entró en el interior de su habitación pero una vez allí si quiera se puso el pijama, no podía, era algo casi imposible, ¿Dormir en aquellas situanciones? Descartado, se sentó en el borde de la cama dejándose caer y apoyando los codos en sus rodillas se frotó la cara en forma de cansancio, hacía un par de días que no dormía apenas y la sensación de agobio, dolor, mal cuerpo y cansancio se agrababan, y solo alguien podría solucionarlo... Por lo que no tenía solución. Miró la almohada con los ojos aún humedecidos y trató de hacer un intento de dormir, sus ojos le pedían cerrarse con urgencia pero su cuerpo y su alma le decía que parase, que no era momento para dormir, miró la hora de forma instintiva: Las 3:43 a.m y por fín, finalmente, su cuerpo cedió al chantaje biológico y se hundió en un profundo sueño.
Cada vez que conseguía echar una ligera cabezada o como esta vez, que había caido en un sueño profundo, soñaba con las letras de una canción chirriante y aguda a sus oidos pero a la vez familiar y reconfortante, y solo aparecía en sus sueños la misma melodía una y otra vez sin variar ni una sola nota, haciendo que se despertase, agitado y sudoroso. Se miró las manos agotado, le temblaban levemente, se pasó una de las manos por el rostro, resentido a no poder dormir por el fantasma de Sherlock.
Sabía que no podría dormir asi que se levantó tembloroso intentando quitarse esa melodía de su sueño de la cabeza... ¿Cómo podía escuchar esa melodía chirriante sino seguía dormido? ¿Qué significaba? ¿El no comer ni dormir le estaba pasando factura? Sí, seguramente, pero no podía remediarlo... Y aún no tenía claro si había hecho bien en volver de la pensión al piso... Aquí sentía a Sherlock... Y aunque le dolía, lo necesitaba.
Se dirigió al salón, en concreto al sofá, encendió el portatil, intentando dar un atisbo de esperanza a su desbocado corazón, pero de nuevo volvió a caer: Correo Nuevo: 0, nada, esperaba que le llegase un e-mail estilo... ¿Estilo que? ¿John soy Sherlock estoy vivo? Patético. Resopló en el silencio corrompido por esa melodía que en ese instante cesaba, mira, su cerebro le dejaba en paz por un segundo pero volvió a encenderse cuando al mirar en las noticias de ayer, por simple curiosidad ya que hacía un mes que no le importaban y lo único que sabía por ellas esque todo el tema de Sherlock había desaparecido, vió un articulo acerca de este en una revista de cotilleo sin prestigio alguno: ¿Porqué se suicidó realmente Sherlock Holmes, la mente brillante, el criminal perfecto?. Un gruñido instintivo le salió de dentro, enrabitandolo y de no ser porque aún le quedaba algo de sentido común, hubiese pateado el portatil.
-¡¿Cómo narices podían destrozarle así la vida a alguien para después que no le importase a nadie? ¡A nadie!- Vociferó pensando en voz alta, muy alta, sin ser consciente de la hora que era.
Solo le importaba Sherlock a él, a nadie más, solo él rezaba porque estuviese vivo en cualquier rincón del universo en que estuviese... Que solo fuese un juego para divertirse, burlándose de él... Que no estuviese realmente muerto... Porque apesar de sus egocentrismos lo... lo... lo necesitaba... y esos pensamientos hicieron que volviesen a desbordarle las lágrimas y se levantase de la silla moqueando, dirigiendose a la habitación de Sherlock por primera vez entre llantos y tumbarse en su cama, deseando que estuviera aquí para despertarlo con su estridente violín solo por diversión... Como la melodía que había escuchado en su sueño... Se estaba volviendo loco, su mente ya recreaba la melodía del violín... ¡Del violín! Que imaginación John. Volvió a moquear quedándose un en absoluto silencio, hundido en sus pensamientos y recuerdos de su vida junto a Sherlock, de pronto, escuchó algo en el salón, se incorporó con rapidez mirando el reloj de pulsera... ¿Llevaba allí tumbado 45 minutos? Impresionante... Pero no era momento de pensar en ello, se levantó de forma instintiva y comenzó a caminar hacia el exterior de la habitación de Sherlock cuando sintió un tirón en su pierna que le hizo detenerse en el umbral de la puerta y apoyarse en él... ¡Mierda! La cogera había vuelto... Hacía tanto que no sentía ese sentimiento de opresión en la pierna gracias a... Tragó saliva, cortando sus propios pensamientos y se vió obligado a ir a su habitación apresurado a por el bastón, que estaba debidamente apoyado en un rincón, lo cogió con rapidez y valiendose de él para andar y por arma, apareció cogeando en el salón, quedándose de piedra al ver lo que no podía creer, se habían esfumado... Las cosas de Sherlock estaban... estaban... ¡no estaban! Corrió todo lo posible que le dejaba su pierna hacia la ventana abierta, que no recordaba haber abierto, y aunque todo estaba oscuro solo alumbradas las calles por la tenue luz de las farolas, distingió a un hombre que corría desde esta acera hasta la otra, mirándo a todos lados y una creciente furia le arrolló por todo el cuerpo.
- Maldito...- Susurró con un hilo de voz, rechinando entre dientes, pero una sombra de pronto apareció detrás suya, dejandolo como paralizado, sin poder moverse, ya que su cuerpo se lo impedía.
- Él no ha sido el maldito que ha recogido mis cosas John.- Contestó la voz en la espalda de John, que incrédulo se giró lo más rápido que pudo para asegurarse de que su cerebro no le estaba gastando otra jugarreta, miró a la figura perplejo, sin creerse lo que sus ojos veían.
- Sh... Sh... ¿Sherlock...?- Preguntó tartamudeando al verle la cara a la figura esbelta que se erguía delante suya, se había vuelto loco de remate, ya creía ver incluso a Sherlock... Levantó la mano dubitativo para tocarle... Quería ver hasta donde podía llegar su imaginación.
- Ya estoy aquí John.- Contestó Sherlock con una caja entre sus manos repleta de sus cosas, entre otras su preciada calavera, que la soltó en el suelo con cuidado y al ver la mano de John intentando tocarle no dudó en un instante en adelantarse para que Wattson comprobase que estaba de verdad.
- John, te queda poco, pero aún tienes algo de sentido de común.- Observó Sherlock rodando los ojos.
Sherlock fue a decirle algo más pero sin esperárselo, John se lanzó a abrazarle, rodeando con sus brazos el torso de Sherlock y apretándo con fuerza, como si no lo dejase ir, mientras que Sherlock en un instante de shock no sabía que hacer, no sabía como reaccionar al efusivo abrazo de su compañero, hasta que poco a poco correspodió torpemente el abrazo de John, apoyando su mejilla encima de la cabeza de John, sintiendo por primera vez calor humano reconfortante y agradable... De nuevo por primera vez, le hizo plantearse si tan malo era esa clase de sentimientos pero radicalizó su respuesta en un: Sí, no quería pensar en ello asi que dejó que John se desahogase en su traje húmedo por las lágrimas de este mientras Sherlock, emocionado a su manera, disfrutaba del momento. Por otro lado John cuando sintió la calidez de Sherlock, las lágrimas brotaron como nunca habían salido, sin importarle que Sherlock le viera llorar... ¡había vuelto! ¡Sherlock estaba aquí! Y aunque quería decirle muchas cosas ahora solo quería que le abrazase y que no le soltase nunca, sin querer dejarlo ir de su lado.
Se separó un segundo de Sherlock pero sin llegar a soltarle del abrazo, como un niño pequeño que necesita aferrarse a algo para sentirse bien, se miraron un segundo, los ojos azules de Sherlock impactaban contra los llorosos e irritados ojos de John, de repente todo empezó a darle vueltas a John, demasiadas emociones acumuladas y poco a poco fué perdiendo la cosciencia, ¡no! ¡no! se decía a sí mismo, no quería irse... ¡no! ¡¿Y si cuando despertase ya no estaba Sherlock? Pero no pudo remediarlo y cayó incosciente en los brazos de Sherlock.
