Título: Celda 528

Autor: Shameblack

Resumen: Semi AU. La celda 528 es la maldita de la prisión. Nadie sabe qué hay adentro y nadie se quiere enterar.

Parejas: Sasuke/Naruto

Género: Romance/Misterio/(¿?)

Celda 528

Parte II

Suspiró por quinta vez, volviendo a ordenarse abrir la puerta. Llevaba como diez minutos de pie frente a ésta, con la mirada perdida y el semblante tenso. ¿Entraba o no?

Habían pasado dos días desde que salió corriendo demostrando su gran madurez frente a asuntos algo incómodos. Y aún, con todo este tiempo que tuvo para reflexionar, seguía en las mismas.

"Tan cursi" se decía cuando rememoraba la escena en su cabeza, su grito ultra afeminado y nada óptimo para con un criminal altamente peligroso y su épica escapada.

Suspiró por sexta vez. ¿Qué iba a hacer?, ¿qué iba a decir? Lo más probable es que Sasuke le preguntara por qué grito semejante estupidez y porque corrió cual marica cobarde. No lo podría soportar, era demasiado para él, un idiota que habla sin pensar.

"Seguro que por eso grite semejante idiotez" y lo peor era que en sí, no pensaba que fuera una idiotez. Si, era exageradamente marica, cursi y afeminado, pero no estúpido, porque a final de cuentas era la verdad. Realmente, todo lo que le había dicho hasta ahora era la verdad. "No lo considero un asesino y no lo quiero dejar solo. ¿Qué me pasa?" Cerró su mano derecha en un puño y se golpeó levemente la frente, al tiempo que cerraba los ojos. Estaba tan cansado, tan estresado…

—Ni madres, esto ya se acabó—se dijo asimismo y con una velocidad que nunca antes había demostrado en todo el tiempo que llevaba visitando a Uchiha, abrió la puerta y esta rechinó como nunca antes.

En el mismo rincón de siempre y con las esposas alrededor de su cuerpo estaba Sasuke, que parecía algo asustado, seguramente por el sonido causado al mover aquel pedazo de plomo que fungía como entrada.

Naruto tenía el plan de lanzarse en picada y que sucediera lo que Dios quisiera; pero al parecer lo que él quería era que el rubio se quedara parado en la entrada, con cara de gallina a punto de ser caldo y sin tener idea de qué hacer. El muchacho se imaginó entrando tranquilo, saludando al criminal y entregándole la comida, sin ninguna mención sobre lo ocurrido hacía dos días. Si, era una opción –si bien no perfecta- buena y funcional, pero al parecer no la podría llevar a cabo. Fue en esos tortuosos segundos que Uzumaki se odió por no haber pensado en un plan B.

—¿Sucede algo?—esta vez no era su día de "Hablador número uno" pero ya se le hacía incómodo ver al pobre mocoso con esa cara tan asustada y parado como idiota justo en la pasada de la celda.

—Ah…—abrió su boca y lo primero que salió fue un monosílabo que parecía hacer referencia a su retraso mental.

Naruto no despegaba sus ojos de Sasuke, y este ya comenzaba a verlo raro.

—Te traje comida—al fin despertó de ese lapso de estupidez masiva y se decidió a decirle lo mas imbécilmente obvio. Pero, a diferencia de lo que el rubio pensó, Sasuke solo asintió y se acercó a la reja, para que le diera de comer.

El muchachito pensaba que el asesino le pediría explicaciones por el momento de quinceañera que hizo la vez pasada. Pero no, nada de eso. ¿Quizá había hecho como que nunca pasó? Era una opción viable, es decir, por culpa de esa idiotez Naruto no le llevó la comida en dos días (no tenía ni la más remota idea de quien se hizo del generoso para darle de comer al Uchiha), y lo más probable es que aprendió que ese tipo de situaciones solo creaban grandes confusiones mentales en el adolescente, que como consecuencia lo dejaba sin comer y solo.

Solo.

¡Porque no te quiero dejar solo!

¡Maldecía su mente mil y un veces! ¿No podía dejar eso en el pasado? En verdad, lo deseaba superar. Además no es como si fuera la gran cosa. Solo le decía que no quería dejarlo en solitario, sin compañía y amargándose.

Suspiró.

Bien sabía que eso no era lo que le disgustaba. Claro que no. Decirle a una persona que no la quieres dejar sin compañía no era tan malo –vamos, que nadie se merece terminar como un loco ermitaño-, lo vergonzoso era lo que estaba entre líneas, eso que se entiende sin ser dicho, lo implícito. Que parecía una confesión demasiado…formal. Era como gritarle con un micrófono en la mano que lo quería, y que le preocupaba. Y eso, para un hombre, es de lo más bizarro, y aún más cuando se lo dice a otro hombre que no puede considerar ni siquiera un amigo.

La verdad es que estaba muy cerca de pensar en Sasuke como un amigo, pero Naruto era de las personas que pensaban que para considerar a alguien –cualquiera- un amigo era porque lo conocías. Y no es que supiera cada cosa de Uchiha. La verdad, la información era tan escueta que daba pena.

Cuando ya estuvo sentado frente a la reja bajó la pequeña puertita y puso la bandeja del otro lado. Agarró los palillos y tomó un pedacito de carne.

Aún con todo y lo que pensó cuando habló con su padre, cuando estaba solo en su habitación y cuando se dijo que debía de terminar con esa idiotez, seguía algo incómodo y, más que eso, es que los nervios no le abandonaban. No quería parecer un idiota enfrente de Sasuke –porque era demasiado humillante, y eso no lo aguanta, no de Uchiha-, y siempre intentaba parecer lo más sensato posible, aunque tuviera grandes limitaciones en ese aspecto. Pero lo intentaba, por él, y para que todo fuera de alguna manera más fluido. La verdad, era el único reo con el que hacía algo parecido, con los demás todo era sencillo. Honestamente había descubierto que gran parte de los reos a los que les daba de comer le dejaron de interesar. Sabía que era un pensamiento extremadamente malvado, pero ellos ni agradecidos se veían que él se preocupara en llevarles comida decente. "Unos malagradecidos" eso los describía, y bueno, con el tiempo, dejó de preocuparse en charlar con dichos criminales. Y tan siquiera la parte norte de las Celdas Comunes lo habían comprendido. Ir, entregar comida e irte. Nada de plática. Era muy tranquilo, pero al mismo tiempo estresante, ya que…

—¿Por qué estas temblando?

Espera, ¿qué?

Naruto volvió a la realidad y miró con extrañeza a Sasuke, que le regresaba el gesto.

—¿Qué?

—Tu mano no ha dejado de temblar —informó el hombre, que dirigió sus ojos a los palillos, que bailaban entre sus dedos. El rubio los miró, y de ahí al pedazo de carne que estaba en el piso. Seguramente había terminado por soltar el pedacito y este quedó ahí.

—Ah, yo…

—¿Estás bien, usuratonkachi?

Tan mal estaba que ni le importó el insulto. Estaba estupefacto, no se lo podía creer. ¿Había estado temblando todo ese tiempo?, ¿en serio? No entendía cómo no pudo haberlo notado. Es decir, tu cuerpo se mueve, puedes sentirlo, pero al parecer el no. El no sentía cuando estaba meneándose como licuadora descompuesta, porque ya se percataba, no sólo su mano estaba temblando, sino también sus piernas, brazos y pecho.

¿El inicio de ataques epilépticos?

No, no contaba con tanta suerte para excusarse.

Malditos nervios.

—Ajá—seguía con la vita fija en los palillos, que en algún momento dejó caer—, creo que es porque no he comido.

No era mentira. No tanto. Sinceramente, en ocasiones cuando no comía su cuerpo comenzaba a temblar y a demandarle algo que tragar, si, tragar, porque de tanta falta que le hacía el alimento, su cuerpo ni masticaba lo que metía en su boca, solo lo pasaba como pato. Pero eso no quería decir que siempre le saliera, en más de una ocasión su linda y nada grotesca mami le había sacado aquello que le tapó la garganta. Todavía tenía secuelas de dichos sucesos.

—Bien—la voz de Sasuke lo regresó a la realidad, y por algún motivo dirigió su vista a los ojos del criminal—, entonces agarra.

—¿Qué?

—¿Dices que no has comido verdad? —el rubio asintió, algo escéptico—, no tengo problema alguno en compartir contigo la comida.

—Pero, es la única comida decente que haces—dijo Naruto, con los ojos bien abiertos, sorprendido. Sasuke, por su parte, solo se encogió de hombros –o eso intento, debido a todas las cadenas que lo rodeaban-, como si no le importara.

—No importa. Creo que te lo debo, así que no me molesta que agarres—dijo viendo la charola—. Es más, creo que deberías de comértelo todo.

Uzumaki comenzó a boquear, completamente incrédulo. ¿Cuándo acá Sasuke le decía que podían compartir la única comida –porque lo otro que le llevaban por la noche no era comida- que tenía? ¿Y luego decirle que podía comérsela toda? Estaba soñando, no había de otra. No podía ser normal, eso no era factible, no…

—Será mejor que te lo comas o digas algo dobe, porque me molesta que solo me mires como un maldito venado asustado—bueno, siquiera no todo estaban tan bizarro, Sasuke aún seguía con ese humorcito. Y algo en su interior hizo 'clic' y se movió en automático.

—¡No me digas dobe, teme! —refunfuñó, enojado—. Y no quiero tu comida, es tuya, es lo único que comes, no te lo puedo quitar.

—Como si importara. Que me salte una comida no me va a matar.

—¿Y qué tal si sí? Nunca puedes estar seguro.

—Te digo que no me importa.

—A mí sí.

—Pues a mí no—poco a poco ambos comenzaron a subir el tono de voz y a acercarse a la reja—. Cómetelo

—¡No!, es tuyo, cómetelo tú.

—¡Ya no lo quiero!

—¡Pues yo tampoco!

—¡ O te lo comes o hago que te lo comas!

—¡Uy si!, ¿cómo me piensas obligar si ni puedes comer por ti solo? —prácticamente estaban a gritos, pero en ese momento todo quedo en silencio, y fue ahí que Naruto notó la mirada, lúgubre y macabra que tenía Sasuke.

Tragó seco.

Todos en la aldea, o la gran mayoría, conocían las leyendas urbanas que circulaban alrededor del apellido Uchiha. Por supuesto que no todas eran verdad, es decir, ¿cómo que a un niño de dicho clan se le cayeron los brazos y le salieron tentáculos que podían chupar cerebros?, era inclusive más estúpido que el del hombre Uchiha que se opero para ser mujer y violaba a las ovejas de los pastores. Sin embargo, aunque esas historias fueran increíblemente ilógicas, entre cada una existía un rumorcillo no tan desatinado.

Como por ejemplo, el de los ojos de un Uchiha. El Sharingan era algo que reconocía a dicho clan, y por lo cual la población les respetaba. De eso todos estaban informados, no había duda, pero detrás de esos rumores había cosas aún más ciertas.

Su padre, en alguna ocasión, le habló sobre lo peligrosos que eran esos ojos, pero no solamente porque eran un dojutsu increíblemente poderoso, sino por los portadores de dichas técnicas. Un Uchiha no es un simple ninja. Ellos son diferentes. Pueden mirarte el alma, y hacerte temblar sin siquiera activar su Sharingan. Siempre hay que andarse con cuidado con esa familia le dijo una vez su padre en medio de la cena, cuando Naruto sacó a la luz una plática que tuvo con Hinata sobre el Byakugan y que terminó en la niña explicándole las clases de dojutsus más poderosos.

En sí, no era un rumor como el del niño de los tentáculos, pero en más de una ocasión había escuchado a un adulto hacer referencia al los Uchihas y sus miradas certeras aún con el dojutsu inactivo.

Era en esos precisos momentos que entendía todas esas frases a medias, tintadas en medio y rencor que escuchaba de algunos ninjas.

Sasuke lo miraba, no tenía el Sharingan activado, pero esos pozos oscuros y penetrantes lo atravesaban, como a una hoja de papel y lo hacían temblar, más de lo que ya.

Era como verte muriendo, sentirte débil y desnudo. Era algo terriblemente agobiante, que te hacía sudar, y parecía no tener fin. Jamás le había sucedido, y ¡por todo lo normal de este mundo, que a él le daba clases el mismísimo Ibiki y jamás lo hizo sentir de la misma manera!

Se sentía exactamente como un venado viendo de frente a un maldito cazador con flecha y arco en manos. Parecía que veías tu muerte en un espejo, algo que te calaba en los huesos y ahí te dejaba parado, sin habla y apenas pudiendo respirar. Fue entonces que Naruto descubrió algo más horrible que la mirada de un Uchiha. Cuando acompañada de esta, te hablaban.

—Puedo matarte, Naruto, sin la necesidad de moverme ni un poco— sus ojos lo mataban, y Naruto estaba temblando, ahora no por nervios, sino por miedo. ¿Qué antes pensaba que en la celda habitaba un demonio que le chuparía el alma? Ahora era mucho más terrorífica la imagen de Sasuke con esa mirada. ¡Rogaba porque apareciera un fantasma que cortara cabezas, o que le llevara al infierno! Pero, incluso el miedo en ocasiones podía ser sofocado por ese instinto de imbecilidad que poseía, que Sasuke le hacía sacar, por más que el mismo rubio no quisiera.

—¿Entonces puedes comer sin mi ayuda?

Sasuke ahora no sólo lo miraba, lo fulminaba y Naruto sentía cómo sus piernas se derretían y el aire de sus pulmones se escapaba. Estaba temblando histéricamente, sudaba tanto que sentía las gotas gordas resbalar lentamente por su cuello, pecho y manos. ¿Por qué carajo dijo eso? Obviamente sólo molesto más a Sasuke, porque ahora el demonio que pensó que lo podía asesinar parecía poca cosa a un lado del criminal. ¿Qué había hecho, qué había hecho, qué había hecho?

—No te quieras pasar de listo, usuratonkachi.

—T-tu tampoco–si apenas era un hilo lo que salía de su garganta—, así que come lo que te traigo y no te preocupes por mí.

Y al parecer esa frase devolvió al camino la conversación que tenían, y de un momento a otro Sasuke dejó de verlo de esa manera tan aterradora y dirigió su vista al plato, meneando la cabeza. Uzumaki estuvo a punto de suspirar aliviado hasta que los ojos del asesino volvieron fijos a los suyos.

—Solo mírate. Estás temblando como gelatina y me dices que me lo coma yo—dijo con una sonrisa burlona en el rostro, pero que al mismo tiempo tenía un matiz de amabilidad.

—Serás idiota, me dices que yo me mire cuando el que está en una celda antisocial, sin buena comida y solo pudriéndose eres tú—Uzumaki suspiró, para luego sonreír de medio lado—. Yo pronto me voy a comer, pero tú no lo haces hasta el siguiente día.

—En la noche me traen de cenar.

—Esa cosa no es ni comestible—gritó medio sonriendo—. Anda, que luego me siento mal si eres tú el que se pone a temblar.

—Cuando me conociste no temblaba—dijo Sasuke serio.

—Es porque estabas acostumbrado a pasar días sin comer. Ahora ya te desacostumbre a alimentarte, y el no comer te va a hacer convulsionar.

—Qué exagerado eres.

—Calla y come—dijo volviendo a tomar los palillos entre sus dedos y ahora tomando una porción de arroz, que acercó a la boca de Sasuke. Sin embargo, el criminal ni separó sus labios, aún con la mirada reticente.

Naruto bufó molesto y dejó los palillos en el plato, para luego sacudir sus manos, frustrado. Luego de desahogarse un poco regresó su atención a Sasuke. ¿Qué le pasaba?

—Tienes que comer.

—Tú también—regresó el criminal.

—¡Pero tú más!

—No es verdad—Naruto entonces se tiró del cabello, chillando un tanto. Se calmó unos segundos después y respiró profundo, más rendido que tranquilo.

—¿Si como un poco tu también comes? —Sasuke no habló, como no queriendo ceder—. No entiendo qué te pasa. En verdad, no te comprendo, ¿para qué quieres que yo coma?

—Para que dejas de temblar.

—¿Y eso en que te afecta?

—Me tranquilizo.

—¿Por qué?

—Porque me preocupas—sentencio serio, mirándolo fijamente. Naruto abrió la boca para decir algo, pero la cerró.

¿Le preocupaba a Sasuke?, No, espera, ¿cómo?, ¿cómo le iba a preocupar a Sasuke? Era como ver un hipopótamo verde bailar con su madre. Estaba mal, era ilógico y en más de un sentido imposible (su mamá jamás bailaría con un hipopótamo, los odia).

—¿Por qué te preocupo? —la duda en su voz era tan clara que pareció ofender a Sasuke, quien le rehuyó la mirada y la centró en el plato. Naruto lo vio abrir la boca y volverla a cerrar.

—Está bien, no comas—dijo Sasuke contra la bandeja, sin despegar su vista de ella.

—No, no, enserio quiero saber porque…

—No—dijo con voz grave, cortándole la frase y sacándole un respingo a Naruto. No lo había volteado a ver, y aunque las palabras chocaron contra la charola, retumbaron en toda la habitación.

Naruto comprendió entonces que Sasuke no quería hablar de eso. Era como lo suyo con lo de ¡Porque no te quiero dejar solo! Demasiado cursi como para querer tocar el tema. Fue entonces que su pecho se encogió y se decidió por algo.

Tomó los palillos por enésima vez y esa porción de arroz que dejó olvidada momentos antes. La acercó a los labios de Sasuke y este la agarró, sin dirigirle la mirada. Entonces cogió otra porción de arroz y la levanto, sabiendo que el criminal estaba pendiente de ella, esperando a que el adolescente se la acercara a la boca. Fue entonces que Naruto dirigió los palillos a sus propios labios y se metió en la boca el arroz.

Sasuke lo miró confundido, y Naruto le sonrió.

Y así se fueron unos diez minutos, el genin tomaba una porción para Sasuke, una para él, una para Sasuke, una para él, sumidos en un ambiente tranquilo y silencioso, que solo era cortado por el sonido de los palillos golpear contra la bandeja o cuando masticaban.

El criminal comenzó a reír suave, mirando el piso.

—¿Qué? —le preguntó el rubio, que no entendía el motivo de la gracia, fue entonces que el asesino lo miró, con esa sonrisa socarrona que ya tantas veces le había visto.

—No sé que es mas cursi, tu diciendo que no me quieres dejar solo o yo con eso de la preocupación—dijo sonriendo el moreno, que luego se encogió de hombros –o algo así, por eso de las cadenas- e hizo un gesto despreocupado—. No, definitivamente tu con lo de la soledad.

—¿Qué?, ¡claro que no, teme! Has sido tú el cursi.

—¿Seguro?, entonces ¿porqué fuiste tú el que se salió corriendo?

—¡Por qué tu ni te puedes mover como para huir!

—¿Así que admites que huiste?

—S… ¡No!, yo no huí.

—Te estás contradiciendo.

—Te contradigo a ti, preocupón.

—Lo que digas, cursi.

—¡Cállate!

Sasuke se rió prepotente, de esas risas que sabía molestaban a Uzumaki. El niño estaba rojo y hacía pucheros, pero nunca dejó de darle de comer o de llevarse comida a la boca, hasta que ya no hubo más.

El criminal, por su parte, se sentía extremadamente raro. La verdad se moría de la vergüenza, pero lo divertía más ver cómo Naruto se trababa con sus propias palabras al querer refutarle.

Claro que el decir que le preocupaba ese idiota rubio era algo extremadamente cursi, marica y bañado en un arcoíris que es construido por ponis que cagan corazones de azúcar. Pero si algo había aprendido en su vida es jamás demostrar tus debilidades e inseguridades, porque entonces los que dudaban eran los demás y no tú. Y eso intento, y le salió a medias, porque al final no quiso ni repetirlo. Pero la verdad es que cuando vio a Naruto comer se tranquilizó y sonrió para sus adentros.

Todo era tan raro.

Le había ofrecido su comida como gesto de amistad, esa que comenzaba a sentir por el chico del almuerzo. Pero como siempre, terminó convirtiéndolo en una pelea, en la cual prácticamente cagó del miedo al otro.

Era cruel pero aún se reía de cómo Uzumaki estaba temblando por lo de que lo podía matar. Lamentablemente era cierto. Pero de eso era mejor no hablar, no quería espantar a la única persona que le llevaba comida y le hacía un poco de gracia.

En su vida había tenido amigos, y ni eran amigos, solo idiotas que lo idolatraban por ser un genio, al igual que su hermano. Pero ese mocoso que tenía enfrente, que seguía gritándole sabrá qué cosas, era diferente a los achichincles que tuvo hace años, cuando no todo estaba tan mal. Naruto no le temía –o no la mayor parte del tiempo- y sinceramente era de las pocas personas que al voltear a verlo no lo hacían con lástima, sino como si vieran a un ser humano común y corriente, sin cargos de homicidios en su espalda, o una ristra de vidas encadenadas a su alma. Quizá había sido esa la principal razón de que se sintió atraído por ese idiota ruidoso. Era algo difícil, ahora que se lo pensaba. No era por parecer más marica, pero en verdad, Uzumaki era el único rayo de luz que estaba abriéndose paso en su estrepitosa vida, aquella terrible cadena de sucesos que no iban a terminar bien. Ahora era el único resplandor que tenía, y al que debía de aferrarse. Antes, antes tenía a su hermano, y con eso le bastaba. "Pero eso ya es pasado" se dijo, mientras fruncía el ceño por los recuerdos al lado de aquella persona que llegó a iluminar la cotidianidad de su rutina. Sin embargo, Naruto era en todos los aspectos lo opuesto a Itachi, y eso le alegraba sobremanera.

—¿Me estás poniendo atención? —la mano del rubito se paseó enfrente de sus ojos, para que volviera en sí, a ese momento, cuando estaba peleándose con el chamaco.

Sasuke negó con la cabeza y agachó la vista, para posarla en el plato vacío. ¿Cuánto tiempo llevaban así?, ¿media hora?, ¿dos minutos? ¿Por qué Naruto aún no se había ido?

—Oye, que me estas asustando, ¿pasa algo?

Clavó sus ojos en los del adolescente, quien se asustó un poco. Sabía que en ocasiones no medía la intensidad de su mirada –con eso de que la mayoría del tiempo tenía ese tono ácido-, y pues ahora se daba cuenta de ese pequeño detalle. Esperaba que Naruto entendiera que no era por verle mal, o no tan mal, sino porque era un reflejo que su cuerpo poseía, que la fuerza ya no la tenía que medir. Su mente olvidaba que Uzumaki era diferente a los demás, era un espécimen raro y algo enfermo, que se le acercaba, y no lo dejaba morir solo.

—¿Qué?, ¿te estás preocupando por mi? —dijo para picarle, porque era una de sus actividades favoritas del día.

El gesto que hizo Naruto le provocó una sonrisa, que era más de lo que podía permitirse mostrar, con eso de que su imagen de criminal malvado era algo que cuidar. Bueno, no siempre.

—¡Ni que fuera tu, Don Preocupación! —contestó el rubio, con un tono dramático que en vez de molestar al asesino solo lo hizo sonreír, aunque el adolescente de eso no se enterara.

—Es verdad, tu eres Señorita Compañía—dijo, y estuvo a punto de echarse a reír por la mirada que le mando el genin—. Tan siquiera hice referencia a que aún eres un mocoso, y no te dije señora, usuratonkachi.

El rubio se tiró de los pelos, exasperado, y lo apunto con un dedo acusador, mientras le gritaba una serie de maldiciones algo raras, que más que insultar le daban gracia a Sasuke.

El Uchiha jamás lo admitiría, pero le gustaba cuando esas cosas ocurrían, porque era el único momento cuando podía sentirse un poco normal, y la celda que se cernía sobre él se difuminaba poco a poco.


Las cosas ya se habían calmado entre ellos, todo volvía a ser normal. Aún no se olvidaba lo de ¡Porque no te quiero dejar solo! y Porque me preocupas pero las veces que tocaban el tema eran cada vez menos concurrentes, y parecía que en algún momento definitivamente ya quedarían en el pasado, para no recordar.

Naruto le llevaba la comida, y Sasuke ya no le ordenaba que comiera el también, después de todo el rubio le había dicho que luego de pasarse por su ronda de alimentar a una gran cantidad de reos –Uchiha incluido- él se iba a comer. Así pues, al criminal dejó de importarle las pocas veces que el áureo se ponía a temblar, o cuando lo veía pálido.

En unas cuantas ocasiones los llegaron a interrumpir, la mayor parte del tiempo el carcelero de Sasuke, con quien no llevaba una bonita relación; y un par de veces algún otro ninja que llamaba a Naruto a las oficinas del Hokage. En esos casos el muchacho recogía la bandeja, se despedía con una sonrisa y caminaba fuera de la celda.

Sin embargo, ese día fue el carcelero quien los interrumpió. Había algo distinto en su aspecto, e incluso en el aire que los estaba rodeando.

Sasuke lo percibió, pero no supo cómo definirlo; empero cuando dirigió su mirar a Naruto lo vio temblar un poco, y con los ojos bien abiertos. Fue entonces que comprendió que el niño sí sabía qué es lo que ocurría. Algo, aparentemente, malo.

—Uzumaki, largo de aquí—ordenó el hombre, que comenzó a caminar hacía el muchacho, que seguía en el suelo—. Uchiha Sasuke será llevado a la Sala AF, así que vete y regresa mañana.

Naruto asintió, y con cuidado comenzó a recoger todas las cosas. Cerró la puertilla de metal, y le dirigió una última mirada a Sasuke. En los ojos del rubio no había más que miedo y lástima, algo que hizo temblar a su vez al asesino. Ahora que el guardia lo había dicho ambos estaban conscientes de qué era lo que ocurriría.

Lo iban a interrogar.

No comprendía por qué. Es decir, si las primeras cinco veces no habló, ¿por qué lo haría ahora?, y más que eso ¿sobre qué le podrían preguntar?, su caso, por así decirlo, estaba cerrado. A él lo iban a ejecutar dentro de poco y ya, final para su vida y los problemas que ocasionó en todas las villas.

Así que no comprendía cual podría ser el motivo de enviarlo a la Sala AF, donde todos sabían se llevaban a cabo la mayoría de los interrogatorios.

—Nos vemos mañana, Sasuke—se despidió Naruto, ya sin su sonrisa habitual, y ese tinte amargo en sus pupilas.

Cualquier otra persona no lo podría descifrar, no entendería porqué el adolescente le miraba de esa manera, con miedo. Pero él era un criminal, y Naruto se pasaba sus ratos libres en prisión, ambos lo sabían, con el tiempo aprendieron. Aprendieron qué cuando un reo es llevado a interrogación, a la Sala AF no es un proceso normal de investigación. Cuando alguien es llevado a esa sala es porque las preguntas son acompañadas de golpes. Más bien, los golpes son acompañados de preguntas.

En algunos casos, los ninjas llegaron a asesinar a criminales a causa de los golpes en medio del cuestionamiento. Otras veces, ni siquiera dejan hablar. La verdad es que por lo general, los ninjas desquiciados y sádicos utilizan el interrogatorio de excusa para poder golpear a sus anchas. Es cierto que a algunos reos se les es asignado un horario, y en ese horario -solo a algunos- les obligan a asistir a la hora de tortura, porque así es la condena que el Hokage, o juez, les asignó. Pero en realidad, los ninjas que llevan a cabo dicha tarea no son cualquiera, y está restringido el paso a los cubículos donde se realizan las torturas. Así es que los guardias que no tienen permitido fustigar se aferran a los interrogatorios en la Sala AF, para poder golpear con gusto.

Por lo cual era normal que Naruto se asustara, porque de ahí no saldría ileso. Pero lo que el genin no tenía en cuenta es que era Sasuke Uchiha, y todos sus malditos interrogatorios los habían llevado a cabo en la Sala AF, y aunque no saliera ileso, los daños no eran tan graves.

—¿Estás listo, puto Uchiha?


Salió lo más despacio que pudo, con el corazón golpeándole en el pecho. Llevarían a Sasuke a la Sala AF, la sala de torturas no oficial, en donde había muerto Bried, y en donde quedó en coma aquel muchacho de las Celdas Comunes. Lo iban a meter ahí y lo golpearían, lo golpearían sin piedad. Quizá hasta llevarían esos látigos y lo esposarían a la pared.

—Cálmate Naruto—se dijo ya cuando había salido del pasillo 500A, y había comenzado a caminar hacía el área de las Celdas Comunes—, poniéndote así no resuelves nada.

Y sinceramente no había nada que resolver, o no que él pudiera hacerlo. Era solo el chico de la comida, el que era una buena persona y en ocasiones se encariñaba con los reos. El mocoso que más de una vez defendió a algún prisionero de las injusticias de los ninja y el idiota que no podía soportar ver la ejecución de alguna persona a la que sirvió de comer. Solo era eso, no una persona que ocupara un alto cargo en las oficinas del Hokage, o que tuviera a otros a sus órdenes. Solo era un genin, un adolescente.

Pero eso no le reconfortaba, no lo calmaba y mucho menos le hacía dejar de temblar. ¿Era por coraje o por miedo?, no le importaba, solo sabía que algo le iba a molestar por el resto del día y no le permitiría concentrarse. No dejaría de pensar en los posibles gritos que daría Sasuke, o en su espalda llena de cortadas, a causa de los latigazos, y en la sangre que iba a perder.

Dejó de caminar y se recargó en la pared más cercana. Entre sus manos llevaba la charola roja donde bailaba el plato, los palillos y el vaso vacío. "Deja de temblar" se ordenó, pero su cerebro no hizo mucho caso ya que de fondo aún escuchaba el golpeteo de las cosas contra el plástico de la charola.

—Con que no lo maten—susurró al tiempo que cerraba sus ojos. Su mente le jugó una mala pasada y a su cabeza llegó la visión de la Sala AF después de un interrogatorio.

Era oscura y sus paredes estaban manchadas de sangre seca y tierra. Había una pequeña ventana con barrotes en una de las paredes, y a mitad del techo colgaba un foco, que con el viento se mecía y provocaba que la luz bailara por la habitación. En una pared continúa a la que tenía la ventana estaban tres pares de grilletes algo oxidados, que utilizaban con demasiada regularidad.

La pared opuesta a la de los grilletes tenía una puerta, donde se guardaban todos los artefactos para la tortura. En su mayoría eran látigos, algunos sencillos, otros de grandes ramificaciones que en la punta poseían pequeñas bolitas de metal con picos diminutos, que se incrustaban en la piel y la arrancaban. También había cuchillos, palos con clavos y máscaras. No tenía idea de cómo lucían los cubículos que sí estaban destinados a las torturas, pero la sola visión de esa sala le causaba escalofríos.

Las paredes producían un eco increíble, y estando ahí dentro los gemidos y gritos parecían dichos a un micrófono.

En medio del lugar estaba una vil mesa de madera, destartalada y manchada con sangre también, y frente a esta una silla de madera podrida, que parecía que en cualquier momento daría el estirón y se rompería.

Por encima de la habitación corrían tuberías y constantemente se apreciaba el sonido de las ratas al correr por ahí o del agua. Otras tantas el rugir de una cañería oxidada que daba sus últimos segundos de funcionalidad, o el crujir del metal.

Sin lugar a dudas todo ayudaba a incrementar la tensión, y ese ambiente lúgubre que se cargaba el dichoso cuarto.

Para llegar al mencionado debían de subir hasta el piso donde se hallaba el pasillo 600H, el de los locos, y seguir derecho y al fondo, luego virar a la izquierda y seguir hasta la última puerta, que rezaba "Sala AF".

En algunas ocasiones que había ido al pasillo 600H, desde la última celda de éste, y con la puerta cerrada, podía escuchar los gritos de dolor y las risas de los ninja. Tenía la firme impresión de que los delincuentes que residían en ese corredor quizá no estaban tan locos al principio, pero que con los gritos y ruidos provenientes de la Sala AF se comenzaron a desquiciar. Sabía que él en esa situación lo haría.

—Eh Naruto, vete a descansar, te ves muy pálido—le dijo uno de los guardias que de casualidad iba caminando por ese pasillo donde él estaba recargado.

El rubio asintió y se ordenó caminar hasta las cocinas para dejar la charola y los restos. No intentaría descansar, porque sabía que no lo iba a lograr.


—¿Quiénes fueron?

Se quedó callado, con la espalda pegada a la pared y la vista un poco nublada. Miraba el foco, que se balanceaba por la brisa que llegaba de la ventana. Respiró profundo y entonces el dolor punzante de otro latigazo lo hizo doblarse un poco.

—No estamos jugando Uchiha, dinos quién fue.

Dirigió su vista hacía la mujer que le hizo la pregunta, recargada en la pared de enfrente y con los brazos cruzados. Muy prudente le parecía, ya que si se acercaba un poco más seguro que la mataba.

Cuando le quitaron tantas cadenas soltó un suspiró aliviado, muy imperceptible, porque aunque no quisiera eran bastante incómodas. En realidad, la caminata hasta la Sala AF le sirvió para destensar sus piernas y músculos, al igual que darse una aireada por la cárcel.

Ahora estaba atado a los grilletes, de espalda a la pared y sin camisa, con una capa de sangre sobre su torso mugriento. Respiraba solo un poco agitado, y eso que ya llevaba más de dos horas en el sitio. No había dicho nada, y pretendía seguir igual.

—¡Contesta carajo! —gritó uno de los sujetos que lo habían estado golpeando, al tiempo que soltaba sobre su estómago otro latigazo.

Ni se inmutó por el golpe, y se dedicó a dirigir de nuevo su vista al foco que ya comenzaba a serenar su vaivén. El sonido del viento a lo lejos lo relajaba, desde hacía tanto que no lo oía.

—No va a decirnos nada—escuchó al otro hombre dirigirse a la mujer de la pared de enfrente, que no había cambiado su posición. La vio menear su cabellera cobriza y sonreír.

—Ese no es el espíritu.

Sasuke rodó los ojos molesto, más que adolorido. ¿Ese no era el espíritu de los interrogatorios? Ni que fueran las olimpiadas ninja, o algo por el estilo. No podía creer como con cada generación que pasaba la sociedad se hacía más estúpida.

Cerró los ojos y se envolvió del rugido del viento, allá a lo lejos, golpeando los árboles y meciendo las hojas, chocando contra las montañas y barriendo el piso. Sentía que estaba ahí en medio, sintiéndolo contra su piel, llenándolo de tierra que comenzaba a extrañar. Casi se pudo imaginar libre, casi.

Ahora sí que dio un gemido de dolor y abrió los ojos enfurecido. La ninja había sacado otro tipo de látigo, uno que en vez de ser una simple cuerda de cuero era un cordel con ocho ramificaciones del mismo material y que cada uno poseía picos, picos que se incrustaban en su piel y la desgarraban.

—¿Piensas hablar?

¡Que se chingara! El no abría la boca.

—Dale otro—sentenció la mujer con voz amarga, al tiempo que uno de los hombres le azotaba de nuevo, abriéndole heridas.

Tensó la mandíbula y solo se permitió proferir un gemido ahogado. El dolor le recorría el pecho, la espalda, la columna y se incrustaba en todas partes. Sus ojos comenzaron a escocerle y los sentía llorosos.

Respiró profundo y mantuvo sus ojos cerrados, mientras se serenaba.

—Vuelve a golpearme y te vas a arrepentir—dijo con su voz grave y los ojos aún cerrados. Era lo primero que musitaba en las dos horas que llevaba ahí dentro, y al parecer no era lo que sus interrogadores buscaban. Pero Sasuke ya sabía eso, y sabía que iban a intentar golpearlo de nuevo.

Escuchó como el látigo era sopesado en una mano y entonces el tiempo se volvió denso y lento. Uchiha abrió los ojos y todo se detuvo. Los látigos cayeron al suelo con un ruido seco y el tintineo del metal de los picos hizo eco en la habitación.

Los hombres que antes lo golpeaban se retorcían en el suelo y gritaban adoloridos. La mujer boqueaba algo asustada delante de él, y comenzaba a retroceder lento.

—Te dije que te arrepentirías—susurró el asesino, que miraba a la ninja con su Sharingan.

Ella no supo cuando o cómo pero un dolor asfixiante comenzó a recorrerla y terminó en el piso, gritando y pidiendo ayuda. La visión de su vida, y los ojos del Uchiha en su cabeza, martirizándola.

En tanto la puerta que daba paso al cuarto no se abría y Sasuke sonreía fascinado.

El se los advirtió, ellos fueron quienes no escucharon.


—No puedes pasar— todo el cuerpo del guardia se interpuso entre él y la puerta del pasillo 500A, obstruyéndole el paso.

—Vengo a traer comida—contestó Naruto, que elevó la charola azul entre sus manos, para que el guardia se apartara.

—Llévala a otra parte, aquí no puedes entrar.

El rubio frunció el ceño, consternado. ¿Cómo que no podía pasar?, el era la persona que le llevaba la comida a Sasuke, era el mocoso de los alimentos. ¡Por todos los cielos, que el alimentaba a la mitad de la cárcel, incluida la celda 528!

—Tengo el permiso para darle de comer a Sa…

—Ya no. Largo de aquí—exclamó el hombre, que agitó su mano frente a Uzumaki, quien retrocedió dos pasos para que no le golpeara.

Naruto prefirió no rechistar más y se fue de nuevo a la cocina. Ahí le preguntaría a Marami si había otra persona que fuera asignada a dar de comer en el pasillo 500A, y si no, iría con Datsuma para ver si habían transferido a Sasuke a otra celda.

Por el camino se topo con varios guardias que le saludaban y él les respondía. Entonces antes de dar la vuelta en una esquina lo escuchó.

—¿Entonces no podían abrir la puerta?

—No. Se escuchaban los gritos de Yari y los otros dos, pero no podían entrar.

—¿Cómo lo consiguieron?

—Después de cómo veinte minutos la puerta por si sola se abrió. En el piso estaban Yari, Gork y Nero. Y en los grilletes estaba Sasuke Uchiha. Dijeron que parecía que estaba sonriendo pero no es verdad. Yo lo vi, estaba completamente serio, y miraba hacia el techo.

—¡Ese cabrón!

—El hijo de perra mató a Yari. Los otros dos terminaron en coma.

—¿Falleció?

—Tenía un derrame cerebral y varios órganos dañados. Uchiha en ocasiones se ponía perro con algunos guardias, pero jamás llegó a lastimar de gravedad y menos matar a alguno.

—¿Qué fue lo qué hicieron?, luego de que se abrió la puerta.

—Quizá pienses que lo primero que hizo Dorma fue ir a golpear al Uchiha, es decir, Yari era su prometida, pero en realidad nadie quiso acercársele. No te miento, yo estaba cagado del miedo. El muy hijo de perra había asesinado a Yari, que al parecer nunca se le acercó y a los otros dos, solo con el Sharingan. No se había soltado o algo por el estilo. Nadie quería ir a hacerle frente, y eso que éramos más de diez ninjas.

—¿Entonces…?

—Por suerte Minato estaba aquí en la prisión, creo que vino a ver unas cosas con Ibiki y de paso saludar a su hijo, ¿es el que entrega la comida, no? Bueno, se enteró de lo de Uchiha y fue él quien lo esposo de nuevo y lo llevó a su celda.

—¿Él solo?

—Le ayudaron unos cuantos, pero en realidad casi todo lo hizo por su cuenta. Sasuke no dijo nada, ni siquiera hizo el amago de huir, pero aún tenía el Sharingan activado, y eso era más que suficiente para que todos se mearan en sus pantalones.

—Parecer ser que sólo el gran Rayo Amarillo de Konoha puede hacerle frente a Sasuke Uchiha—se rió—. Para eso hay que calarse. No por nada será el siguiente Hokage.

—Aún dicen que no es seguro, pero ¡por favor!, es el mejor, por supuesto que lo van a elegir.

—Y bueno, Minato-san lo llevó a su celda y ¿después qué?, ¿qué le va a hacer al Uchiha?

—Por el momento nadie puede ir a verle, ni siquiera Rindo, que era su carcelero. Pero sobre otra cosa que le vayan a hacer, no tengo ni idea.

—Ese cabrón, matar a una mujer, ¡qué hijo de puta!

—Si vieras la cara que traía Dorma al ver el cadáver de Yari…hasta Minato le dio el pésame, porque cuando regresó…

Naruto ya no pudo escuchar más porque los ninja se habían puesto a andar. Se volvió a pegar a la pared, consternado. ¿Sasuke había asesinado a un guardia?, ¿ayer? Y su papá había sido el único que pudo enfrentársele, de nuevo.

Era por eso que no lo dejaban pasar. A nadie. Ningún otro le llevaría de comer, el imbécil se moriría de hambre.

—¿Qué voy a hacer? —murmuró mientras miraba el techo. Es decir, no era su problema, simple y sencillamente dejaría de ir a darle los alimentos, pero…su pecho se comprimía. No le gustaba saber que por su culpa el idiota de Sasuke moriría lentamente. Pero… ¿y si por fin se desquició y ahora mata a cualquiera? ¿Si lo mata a él?

Tragó fuerte. Aún seguía siendo un niño miedoso, que temía por su vida. No podía ignorar esa incomodidad en el pecho, pero tampoco podía ignorar a su mente susurrándole que no fuera a darle de comer, porque podría morir.

Sasuke se lo había dicho, le dijo que podía matarlo sin moverse, y él le había creído, pero no tanto. Ahora ya no cabía duda. Si el Uchiha pudo asesinar a una ninja y dejar mal parados a otros dos, ¿qué no lo matara a él?, ¡por favor!, prácticamente solo debía de soplar y Naruto ya estaba tres metros bajo tierra.

Volteó a ver al final del pasillo, imaginando que ahí estaba la entrada a la celda 528.

Suspiró. Era un gran imbécil.


Claro que ya había pasado la hora de la comida, pero era la única oportunidad que tuvo.

El guardia se había ausentado y nadie más pasaba por el corredor.

Naruto se dio ánimos y abrió con sigilo la puerta del pasillo 500A. Todo estaba como lo recordaba. Parecía el perfecto escenario para que un fantasma viniera y lo asesinara. Pero ahí no había fantasmas, tampoco demonios o seres sobrenaturales. Ahí solo había alimañas y paredes viejas, que crujían un poco. Al final estaba la puerta de la celda y ese foco que tintineaba, indeciso, sin saber si estar prendido o apagado.

Los ruidos seguían siendo los mismos, el pasillo que lleva a la última puerta seguía siendo el mismo, pero se veía diferente. Ya no pensaba que era muy grande, pero si denso. No se le hacía que fuera el camino del infierno, pero si el de su posible muerte. Ya no tardaba media hora en cruzarlo, solo unos segundos, pero que parecían años. La puerta de la celda seguía estando igual. Todo estaba igual, pero lo sentía diferente.

Tomó la llave entre sus manos y la observó. Podía darse la vuelta e irse, sin mirar atrás y protegiendo su vida. Empero algo, ese sentido que también posee su madre, lo obligó a quedarse ahí, a introducir la llave en la cerradura y girar. Abrir la puerta y pasar.

Fue entonces que notó la diferencia de cualquier día normal. Porque lo que vio en el rincón donde Sasuke se recargaba era distinto, era algo que nunca antes vio.

Ahí estaba Sasuke, pero no llevaba cadenas alrededor de su cuerpo, lo único que lo ataba eran unas esposas en sus muñecas. No llevaba camisa y su pecho, por fin visible, estaba lleno de sangre y heridas.

Naruto tenía que respirar profundo para darse el coraje suficiente. Porque Uchiha lo miraba, profundo y serio. El adolescente cerró la puerta tras de sí y al momento en que escuchó el ruido se arrepintió, porque pensaba que quizá Sasuke lo mataría y nadie lo iba a saber. Sacudió su cabeza y se avispó de esas ideas.

Se acercó con un paso un poco más tenso, y se sentó como de costumbre a un lado de la reja. Sasuke no se había movido ni un poco, pero le siguió con la mirada todo el trayecto.

—¿No piensas comer?—le dijo como invitación a que se acercara, porque el silencio incómodo le estaba calando hasta los huesos.

Notó como el criminal se paró de su lugar, y se dio cuenta que era la primera vez que miraba caminar a Sasuke. Ahora podía ver mejor su torso desnudo y bañado en sangre, con heridas aún abiertas.

El hombre se sentó enfrente de él, con la mirada fija en la suya, y su faz seria. Se le podía escuchar respirar y su corazón latir con fuerza. Miró la bandeja de comida y bajó, como siempre, la rendija para poder acomodarla del otro lado. Probablemente la comida ya se había enfriado, pero sabía que eso a Sasuke nunca le había interesado. Con comer le bastaba.

Cogió los palillos y una porción de arroz para luego acercarla a la boca del Uchiha. Entonces éste abrió los labios, pero solo para hablar.

—Ya puedo comer por mi cuenta—dijo, sin despegar sus ojos de los de Naruto. El genin asintió un poco sonsacado y dejó sobre el plato los palillos. Entonces vio como Sasuke los tomó entre sus dedos y empezó a comer.

Se le hacía extraño e irreal que Uchiha pudiera alimentarse por sí solo. Fue entonces que sintió que ahí estorbaba, como con los demás reos. Se sintió excluido y ajeno. Pero se sintió aún más incómodo cuando realizó que el criminal había estado comiendo, sin ver su plato, ya que estaba muy ocupado observándolo a él. No era como la vez pasada, con esa mirada que sentía lo iba a matar, pero aún así era dura, fija y molesta.

Se preguntó si así era como los vio a ellos, antes de matarlos.

—Perdón si tarde un poco, seguro que tenías mucha hambre—intentó sacar una conversación normal, pero no sucedió. Esta vez era diferente. Era diferente porque Sasuke estaba comiendo de su propia mano, no llevaba cadenas y estaba bañado en sangre. Era diferente porque ahora Naruto estaba consciente de que el hombre que tenía enfrente con solo tronar los dedos lo podía asesinar.

En cambio, el moreno solo se encogió de hombros, como si no importara mucho. Y dejó de verlo, para ver su comida. Naruto suspiró aliviado, y supo que el otro lo escuchó pero no dijo nada. Sintió que el asesino lo estaba leyendo, que olía su miedo, y podía ver sus pensamientos.

Se sintió indefenso, como una hormiga frente a un elefante. Y fue entonces que recordó lo que dijo, que él respetaba a Sasuke, que no le temía. Pero ahora, no era respeto lo que sentía, era miedo, puro y vil miedo que se colaba en cada parte de su cuerpo, y no lo dejaba.

El ruido de los palillos lo despertó de su hipnosis, y notó que Sasuke había terminado de comer, y que le miraba.

Los asesinó, a los ninja, y ahora lo tenía enfrente y no hacía nada. Su padre era quien lo encerró en esa celda por segunda ocasión, y no le hacía nada, solo lo observaba. Lo desquiciaba, lo volvía cada vez un poco más loco. Sintió que debía gritar, como otras tantas veces, pero ya no quería. Ya no sabía que quería, si huir o quedarse ahí, a ver qué es lo siguiente que hacía Uchiha.

Pero no fue Uchiha quién hizo el siguiente acto.

—¿Por qué los mataste?

No supo cómo ni cuándo, pero lo dijo. Su boca se movió por si sola y el aire salió en forma de sonido, mientras él se aterraba en su lugar. Quería salir corriendo pero la mirada de Sasuke no lo dejó, ya que estaba muy ocupada volviéndolo loco, haciéndolo decir cosas que no debía. Tentando a la muerte.

—Pensé que no te enteraste o que no lo dirías—respondió, con su cara neutra y llena de sangre seca, como su pecho. Le miró respirar tranquilo, y aún vio que algunas heridas sangraban.

—¿Por qué? —repitió su pregunta. Su corazón golpeaba, embestía su pecho pero decidió ignorarlo. Sus manos le temblaban, pero no se iba a mover. Sintió que necesitaba saberlo, aunque fuera antes de morir.

—Yo se los advertí, Naruto. Ellos fueron los que no hicieron caso.

El áureo bajó la cabeza, no pudiendo aguantar la tensión que producían los ojos de Sasuke. No quería ni imaginárselos con el Sharingan activado. Pensó en la dichosa Yari y los otros dos, en cómo sufrieron por culpa del Uchiha, como se retorcieron hasta morir, o casi hacerlo.

—Ella me subestimó —su voz le hizo mirarle de nuevo—, al igual que tú me subestimas.

Uzumaki abrió la boca y de ella soltó aire, que hizo un sonido que no supo cómo clasificar. Sabía que su pecho subía y bajaba frenéticamente, y que probablemente estaba pálido. Sus labios le temblaban, al igual que sus manos, que no dejaban de bailotear sobre sus piernas.

—¿Me matarás? —su voz le tembló un poco, y se odió por eso. Pero pensó que no importaba. Seguramente Sasuke ya había visto cómo temblaba todo su cuerpo.

—Puedo hacerlo.

—Eso no es lo que pregunté.

Sasuke entonces entrelazó sus manos delante de su cara, y apoyó sus codos sobre sus rodillas. Lo miró con intensidad, como analizándolo, preguntándose si era buena presa o no. Si es que valía la pena o no. Naruto tragó duro y ruidoso, o eso le pareció, y las ganas de llorar se presentaron de inmediato. No lloraría, no quería morir como un marica.

—¿Te acercarías? —dijo de pronto el criminal, sin cambiar su pose.

—¿Qué?

—¿Te acercarías a la reja, Naruto? —dijo, mientras se ponía de pie y él se acercaba un poco hacía los barrotes.

El rubio se levantó también, y miró a los ojos de Sasuke, que le regresaban el gesto. ¿Servía de algo decirle que no?, es decir, Sasuke podía asesinarlo estando a unos centímetros o a dos metros, ¿cuál sería la ventaja de no acercarse? Ninguna, es lo que pensó, porque en realidad no había distinción si lo hacía o no.

Es por eso que se acercó a los barrotes, y pegó lo más que pudo su cuerpo a la reja. Vio por el rabillo del ojo como los papeles pegados a la cancela se iban desprendiendo y caían al suelo. Sasuke estaba rompiendo los sellos, lo que ahora le permitía utilizar genjutsus y quizá otras tantas técnicas.

Naruto giró su cabeza, y pegó lo más que pudo su oreja a la reja. Entonces sintió una de las manos de Sasuke tomarlo de un brazo y jalarlo hasta que su cuerpo estuviera a punto de fusionarse con el metal. Percibía el aliento del Uchiha sobre su cuello y oído. Escuchaba su respiración, lenta y pausada, a diferencia de la suya que era todo un caos. Cerró los ojos cuando sintió los labios del moreno a una distancia ridícula de su oreja.

—No te pienso matar, Naruto—susurró, con voz grave que parecía albergar una diminuta sonrisa—, no ahora, así que deja de temblar.

Entonces le soltó el brazo y se alejó unos pasos, dejando al rubio desconcertado e intentando atravesar la reja.

El adolescente se despegó de los barrotes y lo miró entre sorprendido, asustado, aliviado y desconcertado. Comenzó a boquear, y quizá esa fue la razón de que Sasuke comenzara a reírse de él, solo un poco, pero que en el criminal pareciera una carcajada.

De nuevo ese mecanismo en su cerebro reaccionó, y olvidó qué era lo que sucedía, y solo habló:

—¡Cállate teme!

—Pero es la verdad, dobe—se defendió el moreno, aún sonriendo—. Estabas peor que la vez pasada.

—¡Calla! —dijo Naruto colorado, y desviando la mirada mientras fruncía el cejo. ¡Cómo le molestaba que se burlaran de él!

—Naruto—el otro habló serio, y el mencionado volteó a verle. Se encontraba recargado en una de las paredes, y de alguna manera lucía aterrador—, ¿en verdad pensaste que te quería matar?

El genin abrió la boca y la cerró. No es que pensara que Sasuke lo quería matar, porque si ese fuera el caso estaría muerto desde hace mucho. Pero pensó que justo ahora estaba algo desquiciado y que lo mataría, no por quererlo, sino por loco.

—Pensé que matarías a cualquiera, no solo a mí. Hay veces que las personas enloquecen, y hacen cosas que no quieren.

—¿Por qué piensas que enloquecí?

—Porque ayer mataste a una mujer y dejaste en coma a dos hombres, y nunca antes lo habías hecho, al menos no aquí en la cárcel.

Uzumaki lo vio suspirar cansado y cerrar los ojos un poco. Agachó la cabeza ligeramente pareciendo que miraba el piso.

—No estoy loco Naruto. Solo tengo poca paciencia y soy agresivo, pero no estoy loco.

El adolescente lo miró como otras tantas veces, y le sonrió de medio lado. El otro gruñó algo que no alcanzó a oír y se fue a sentar a la cama que ahí había. Cuando se dio la vuelta fue cuando el áureo apreció todas las heridas que tenía en la espalda.

—¿Nadie te ha venido a curar?

Sasuke levantó la cabeza y le vio extrañado, antes de sentarse en la cama -que parecía más una piedra- y recargar su cabeza contra la pared.

—No, y dudo que alguien venga.

—¿Si alguien viene, no lo lastimas?

El moreno rodó los ojos, exasperado.

—Chingado, te digo que no estoy loco, solo tengo poca paciencia. No mato por diversión o solo porque sí, te lo juro. Así que no, no lastimaría a nadie que viniera en plan de médico, enserio—dijo con un tono de voz molesto, pero que no era aterrador ni extremadamente grave. El ninja sonrió, y estuvo a punto de saltar, pero se controló. Quizá podría encontrar a alguien que viniera a curarle las heridas. Aunque tuvieran que meterse hasta ahí a escondidas, y faltara que ese alguien se animara a curar al bastardo Sasuke 'Asesino de guardias' Uchiha. ¿Por qué debía de conseguirse esa fama?

—Está bien, no estás loco, pero enserio que esas heridas no se ven bien.

—Me he hecho cosas peores—contestó encogiéndose de hombros, como si no le importara.

—Sí pero, creo que se te pueden infectar.

Sasuke gruñó, y luego dijo algo, pero el hombre tenía los labios tan juntos y la mandíbula tan tensa que solo parecía que soltaba aire.

—¿Qué? —preguntó el de cabellera doraba.

—Aléjate de la reja—respondió el criminal, aunque éste ni siquiera le veía. Naruto se alejó lo más que pudo de los barrotes. Vio como los sellos que habían terminado en el piso se elevaban lentamente, hasta situarse de nuevo en la cancela.

Sasuke Uchiha estaba activando los sellos que momentos antes rompió.

Naruto se preguntó qué tan fuerte debía de ser un ninja para poder desactivar los sellos que alguien más le imponía y saber cómo volverlos a hacer, para que nadie se diera cuenta. Ése era el gran genio Uchiha que tantas veces escuchó de la boca de sus mayores. Ésa inteligencia que desde hacía mucho nadie más veía. Pero de igual forma esa astucia terminó en el camino equivocado, y la prueba era que ese ninja renegado, aquel al que daba de comer, ahora estuviera preso, lejos de toda civilización y esperando por su ejecución.

—Deberías de irte—dijo Sasuke, sin verlo. Naruto parpadeó unos segundos y asintió sin tanta convicción. Recogió las cosas y cerró la rejilla.

Cuando estuvo de frente a la puerta se giró para contemplar a Sasuke. Quizá esa sería la última vez que lo vería, o quizá no. Pero no había tanta probabilidad de que pudiera entrar de nuevo.

—Ya vete, el guardia de la puerta no está. Sal antes de que te atrape—habló el asesino, que no se había movido nada en todo lo que dijo.

—Adiós, Sasuke—se despidió el adolescente, con una sonrisa triste y los ojos flojos, mientras abría la puerta y salía.

Hasta que estuvo fuera del pasillo 500A Naruto comprendió lo que le dijo Sasuke. El criminal sabía que nadie podía entrar a verlo, y que un guardia custodiaba la entrada al corredor. Sabía que Naruto se había arriesgado al entrar a darle el almuerzo.

Siempre lo supo.

Por alguna razón sonrió un poco. Y ese sentimiento que le comprimía el pecho disminuyó hasta hacerse imperceptible.


—¡Estoy que me muero! —exclamó el hombre, mientras se tocaba el estomago y miraba suplicante a su esposa—. Mi amor, aliméntame.

—Cariño, ¿cómo ha ido hoy todo? —preguntó Kushina a su hijo, quien miraba sus manos sobre las mesa sin mucha emoción.

—Pues…

—¡Kushina, tengo hambre! —canturreó el rubio padre, que comenzó a jalar de la manga a su mujer.

—¿Sucedió algo? —la pelirroja se soltó del agarre de Minato y caminó un poco hasta su hijo, mientras le veía preocupada.

Minato soltó un bufido. ¿Por qué siempre lo ignoraban?

—Pues… mejor lo hablamos después de la comida. Papá está que ruge—Naruto señaló con un dedo a su padre, que parecía león enjaulado.

—Pero ya sabes que siempre se pone así. Además —se acercó confidente al genin—, es divertido.

—¡Te escuche!

Kushina soltó una risa cantarina, mientras iba a la cocina para ya servir la cena.

Tan solo los platos tocaron la madera del mueble y Minato se abalanzó a devorar todo. Los otros dos lo veían asustados. Era natural que el hombre llegara siempre con hambre, pero eso… eso no era humano.

Minato se detuvo cuando sintió las miradas sobre él, y más en específico, sobre su boca y el pollo asado que tragaba con ansias.

—Por favor Naruto, nunca imites a tu padre— le rogó la pelirroja, que se sentó suspirando en su silla, mientras meneaba la cabeza.

—Mi amor, pero ya sabes que soy el mejor modelo del mundo—dijo mientras tomaba una pierna de pollo y la mordía con fiereza, al tiempo que lanzaba uno que otro gruñido. Kushina rodó los ojos y se dignó en comer lo que había en su plato, ignorando los sonidos bestiales que su amado producía.

—Entonces, ¿no hay nada que contar? —preguntó la mujer.

Pareció que iba dirigido hacía cualquiera de sus rubios amores, pero tanto ella como Naruto sabían que no era así. Prácticamente su padre hacía el oficio de la mascota de la familia, por lo cual a él no se le preguntaba por nada. Lo dejaban comer a sus anchas, y concentraban la conversación en ellos dos.

Naruto se quedó callado, porque siempre había sucedido así. Por más que deseara ocultarlo, su madre terminaba sabiendo que algo estaba mal con él. Suponía que era un súper poder de las mamás, porque al parecer le sucedía lo mismo a Kiba.

Así que prefirió rendirse, porque no podía mentir tan descaradamente a su progenitora, esa mujer que adoraba por sobre todas las cosas y que los soportaba, más a Minato que a él, pero bueno…

—En verdad, 'ma, prefiero contártelo luego de la cena—pidió algo suplicante, porque sabía que si abordaba el tema antes de tiempo ya no comería a gusto, y ¡vaya que necesitaba comer!

Su madre le miró con ojos preocupados, pero al final se rindió y asintió con la cabeza, dirigiendo su mirar al plato de verduras que tenía debajo. A un lado suyo Minato no dejaba de pelearse con el pollo.

—¡Esta delicioso, amor! —felicitó el hombre, mientras levantaba el pulgar de su mano derecha, sonriente.

La verdad era que a Kushina siempre se le hacía encantadora la imagen de su esposo feliz y con esa actitud optimista que la hacía sonreír. Pero ahora que Minato estaba manchado de salsa por toda la cara, con los dedos de las manos mugrosos de grasa y pedazos de algo en los dientes, se veía muy desalentador. Kushina se obligó a recordarlo sin camisa y en la playa, sin camisa y en su cama. Sí, solo así podría no llorar con la escena de enfrente.

Sin embargo la pelirroja no se dio cuenta cuando los labios de su marido se estamparon sobre los suyos, y como su rubio amante los movía, frenético.

Cuando se separaron Kushina estaba manchada de todo lo que Minato llevaba en la cara.

—Te debo de amar demasiado como para no golpearte—le dijo la mujer.

—También te amo, princesa—respondió el rubio sonriente, mientras volvía a su faena de imitar a hienas salvajes.

Naruto sonrió. La imagen de amor que siempre tuvo en la cabeza era de sus padres, así de sencillo. Ninguna escena de telenovela, o algún libro que haya leído. No, sus padres –a su opinión, por supuesto- eran la viva esencia del amor en una pareja. Sinceramente el genin quería terminar con una linda mujer a su lado, y ser exactamente lo que sus padres son ahora. Deseaba amar con cada fibra de sus ser a su nueva familia, adorar a los hijos que tuviera y a su futura esposa. Sería devoto, como su madre, y paciente como su padre. Eso era lo que quería, era una meta que iba a cumplir.

—Oye, ¿cómo van las prácticas? —le cuestionó Minato, quien increíblemente ya había terminado con el pollo.

—No me quejo—respondió sencillo, al tiempo que ingería todo lo que podía de comida. Necesitaba reponer muchas fuerzas.

—Eh, ¿sucede algo?, estas tan apachurrado como el trasero de tu abuelo—los ojos de su padre lo inspeccionaron un poco. Era extraño que el rubio tuviera en su cara un gesto de consternación y seriedad, que contrastaba con toda la grasa, salsa y pedazos de pollo que cubrían su piel.

—Pues…—miró su plato y decidió que aunque quisiera no podía comer más. Así que empujo con sus dedos el objeto—, papá, ¿qué pasó con Sasuke?

Minato estaba limpiándose con una servilleta, pero cuando Naruto emitió la pregunta pareció asustarse, y dejó de lado su labor de ser higiénico. No era como si siguiera todo manchado, pero no era el hombre guapo y perfumado que salía del baño todas las mañanas.

Kushina sintió el cambio radical en el ambiente y supo que eso era lo que su bebé no le quería comentar hasta que la cena acabara. Podía notar por qué. Nadie más después de esa pregunta seguiría comiendo, incluso su apetito se desvaneció al ver a su marido tan serio.

—¿No te dejaron entrar, verdad? —el rubio niño negó con la cabeza, expectante a mas respuestas de su padre— ¿no te dijeron por qué?

—No, el guardia se limitó a correrme. Pero entonces escuche…un rumor.

—¿Qué rumor?

El adolescente guardó silencio, no sabiendo qué palabras escoger.

Su relación con Minato era una de la mejores, en verdad. Se comunicaban a la perfección y no sentía que su padre fuera un adulto amargado que le restringiera la diversión. Su madre era la más responsable en cuanto a esas cosas, pero siempre que el asunto lo ameritaba, era Minato quien se ponía sensato y tomaba al toro por los cuernos. Justo como ahora, que llevaba encima la mirada que sólo le veía componer –a menudo, obviamente- en el despacho del Hokage.

Tan complicado.

—Asesinó a un guardia y dejó en coma a otros dos—respondió Naruto. Escuchó cómo su madre soltaba un gemido asustada. Probablemente la pelirroja estuviera a punto de colgar a Minato. ¿Cómo era posible que con todo eso el hombre dejara que su bebé le fuera a dar de comer?

—Es verdad—contestó el mayor—. ¿Sabes algo más?

—Tú fuiste quien lo devolvió a su celda.

—Eso también es cierto—concedió el padre.

—¿Por qué? —preguntó cuando hizo contacto visual con el otro, que sonrió de medio lado, más triste que feliz.

—¿Por qué, qué?

Naruto frunció los labios, molesto. Su padre era de las personas que gustaban de hacer especificar a los otros. Las preguntas que se podían deducir no eran suficientes para él. Una pregunta no podía ser hecha a medias porque entonces no te respondería. Pero la verdad era que lo que dijo podía dar hincapié a muchos juzgados.

Aún así debía de escoger muy bien qué era lo que deseaba saber, porque hasta ahora no lo tenía muy claro.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Porque no quería que te enterarás—Naruto iba a decir algo pero Minato levantó una mano, dando a entender que callara—. Sé que es imposible porque le llevas de comer, pero no quería que lo supieras y si necesitabas respuestas, sólo si necesitabas respuestas, que vinieras a mí a pedirlas. Yo te lo contaría todo, pero si no debía de hacerlo, si no me pedías que lo hiciera, no quería explicarte.

—No te entiendo.

—Lo sé —suspiró y cerró los ojos un segundo, para luego abrirlos—. Lo comprenderás cuando tengas un hijo. Es que, Naruto, aunque sea un ninja y la mano derecha del Hokage hay cosas que simple y sencillamente no quiero que veas, escuches o sepas. Sé que eres un genin y que es inevitable, pero siento que es como quitarte la infancia.

—Ya no soy un niño papá.

—También lo sé, pero algo me hace sentir que es mi culpa, que ya no puedas disfrutar lo que otros a tu edad sí.

—¿Entonces por qué me ayudaste con el permiso para dar de comer, a todos los reos y a Sasuke también?

Minato le sonrió con un dejo de orgullo y tomó una de sus manos. La apretó entre sus dedos y sus ojos parecían querer abrazarlo. Era en ese tipo de momentos que Minato parecía un padre normal y corriente, un padre comprensivo y cariñoso. Aún no comprendía como su papi podía ser tan cambiante en cuestión de segundos.

—Porque te amo—le sonrió—, y cuando me lo pediste vi algo que hace mucho no veía: humildad y valentía. No cualquiera tiene los pantalones para hacer lo que tú haces. Por todos los cielos—alzó las manos al aire—, ¡le das de comer a Sasuke Uchiha!, tengo compañeros que jamás quisieran acercársele, aún con todas las cadenas y miles de sellos.

Naruto rió un poco, porque sabía que era cierto.

—Eres único, porque sabes qué es lo correcto a hacer, y piensas en los demás y en su bienestar.

—Pero ahora Sasuke se va a morir de hambre porque nadie se le va a acercar—le dijo con un ligero puchero.

Subió la vista de nuevo hacía Minato y entonces el alma se le fue a los pies. Su padre lo miraba sonriente, pero no era una sonrisa que un hombre le da a su hijo, ni que un amigo le da a alguien; era una sonrisa ladina, aquella que dice "Sé lo que hiciste".

—¿Seguro?, porque que yo sepa, hoy no se quedó sin comer.

Naruto se puso pálido y luego adquirió un rojo granate increíble. El rubio mayor lo veía sonriente, con la misma mirada y esa risa contenida en la garganta. ¿Cómo se había enterado?, ¡el guarida no lo vio, nadie lo vio!

—¿Cómo?, Tu… yo…¡no había nadie!

—¡Ay por…! —Kushina soltó aire, alarmada. Ella también comprendía lo que pasaba—. ¡Naruto!, ¿cómo se te ocurre?

—Es que, se iba a morir y yo… ¡Papá! —le dijo enfadado, porque esa parte de la conversación pudo haber esperado a su habitación, ellos solos sin que su mami se enterara.

Minato soltó la carcajada. Al parecer encontraba sumamente gracioso que su hijo estuviera hecho un caos y su reinita un dragón lanza llamas.

—¡Minato!, ¿cómo pudiste dejar que hiciera algo tan estúpido?, ¡ese bastardo lo pudo lastimar!

—Mamá es que…

—¡Cállate! —alzó una mano, para que Naruto dejara de hablar. De fondo estaba la risa de Namikaze—. ¡Yo aquí, muriéndome de la preocupación porque sé que te la vives en la prisión, y solo espero que no cometas una estupidez, y me sales con esto!, ¿y si te hubiera hecho algo?, eres lo único que tengo.

—Tienes a papá…

—Tu padre no me importa.

—¡Hey! —se quejó Minato.

—Tú eres mi bebé y te amo como no tienes una idea. No sé qué haría si algo te llega a pasar, y sobre todo si ese 'algo' te sucede ¡por culpa de tu padre!—gritó colerizada. Decir que Kushina parecía un monstruo escupe fuego era poco, y Minato lo comprobó cuando su primor volteó a verlo, con la mirada oscura y el pelo a punto de convertirse en llamas—, ¿Cómo dejaste que hiciera semejante cosa?

—Yo… mi amor…déjame explicarlo…

—Hazlo rápido si no quieres que te arranque la cabeza.

—Está bien, pero cálmense, por favor—suplicó el rubio padre, que comenzó a temer por su integridad física.

Por supuesto que amaba locamente a su esposa, ¡era su sol rojo de cada día!, pero eso no quitaba el hecho de que su nenita…intimidara bastante.

—Por supuesto que yo sabía que Naruto estaba ahí dentro. Lo vi cuando se escabulló dentro del pasillo—Naruto lo miro extrañado. El se había asegurado que nadie estuviera cerca—, y pensé en ir a traerlo de vuelta pero me di cuenta de algo…

—¿Qué eres un padre terrible? —dijo Kushina, molesta.

—Que mi hijo tiene más pantalones que la mayoría de los guardias—corrigió Minato—. Y pensé que lo podía dejar entrar, y si en algún momento Uchiha intentaba algo me metería y nada pasaría. Jamás dejé de protegerlo, Kushina.

—¡Lo dejaste meterse!

—Son cosas de hombre, no lo comprenderías amor—dijo el rubio que con un movimiento rápido tomó una de las manos de su esposa y la besó, con esa sonrisa seductora que derretía a gran parte de la población femenina de Kohoha, y una pequeña porción de la masculina—. Aunque no lo creas estaba al pendiente de todo. Lo estaba viendo por las cámaras de seguridad.

—¿Hay cámaras? —preguntó Naruto, a quien su padre ignoro.

—No deje de vigilarlo en ningún momento. Si no pudiera estar al tanto de qué pasaba jamás lo hubiera dejado entrar.

—Pero…

—Déjame terminar amor—pidió el mayor—. Veía y escuchaba todo —volteó su mirada hacía su hijo, quien se apretujó en el asiento.

Naruto estaba consciente que su padre vio cómo Sasuke le pedía que se acercara. Pero entonces, ¿por qué su padre no interfirió?, él había accedido a acercarse porque pensaba que de cualquier manera terminaría muerto, pero su padre lo estaba protegiendo. Entonces…

—No ocurrió nada que ameritara mi presencia. Naruto nunca estuvo en riesgo de morir, ni de salir lastimado.

—Pero es un Uchiha…—susurró Kushina.

—Lo sé, y por eso yo también quede impresionado—volteó a ver a su hijo y sonrió—, y también quede impresionado porque mi hijo es más valiente que diez guardias juntos.

—Lo dices como si en verdad fuera así—dijo Naruto.

—Soy tu papá, ¿qué esperabas?

Naruto le sonrió algo débil a Minato, porque no se sentía con las fuerzas de sonreír entero. Estaba avergonzado, porque su papá había visto todo, y se sentía culpable por haberle hecho pasar malos ratos a su mamá.

—Mami, perdón, no quería que te asustarás—se disculpó el adolescente que tenía la cabeza algo gacha y miraba lastimero a su amada señora madre. Y Kushina, estando tan conmocionada, lo atrajo hasta su pecho y lo consumió en un abrazo. El genin podía sentir el corazón de su madre, latiendo rápido y furioso.

—No lo vuelvas a hacer, ¿sí?

—Pero mamá, tengo que llevarle de comer, si no se morirá—dijo el áureo.

—Cielo ya te arriesgaste hoy…

—Como en cualquier día de trabajo de papá, o tuyo. Ya soy un ninja, es normal que viva con algo de peligro—intentó convencer Naruto.

Kushina era bondadosa y siempre estaba dispuesta a ayudar a los que más lo necesitaban, pero si había algo que se interponía y desequilibraba ese sentimiento altruista era su instinto de mamá osa. ¿Cómo iba a dejar que su bebé fuera a una celda con el asesino Uchiha?, era antinatural, no estaba bien. Pero… su hijo ya no era un niño, ya no la necesitaba cada cinco minutos. Se estaba convirtiendo en un hombre de bien, un hombre que también siente pena por los más bastardos y viles. ¿Lo estaba educando bien, no?, es decir, se supone que así es como debe de pensar un ciudadano ejemplar. Pero… era su nene, y no lo quería soltar aún, sin embargo ella a su edad estaba por la misma transición.

—Hablemos de esto luego, ¿te parece? —el rubio asintió no tan convencido, y se dejó hacer por su madre, que lo besó una última vez en la frente para luego dejarlo ir a acomodarse en su lugar en la mesa.

Terminaron de cenar –aunque picar el plato hasta dejarlo hecho un desastre no es en sí comer- y Naruto se dirigió a su cuarto, luego de que su padre lo mirara con significación. Tendrían una plática, hablarían de eso que Kushina no debía –por nada del mundo- saber.

—Me retiro—dijo sereno, mientras le daba un beso a su madre en la mejilla y salía corriendo a su habitación.

La pelirroja regresó su mirar hacía Minato.

—¿Qué fue eso?

El hombre se encogió de hombros.

—Cosas de la pubertad.


Por lo general su tiempo se limitaba en muy pocas cosas: pensar en su pasado, en las personas a las que odia, a las que posiblemente odiara, de las que se ha vengado, de las que se vengará, comer, intentar no confundirse y repetir lo mismo antes de la comida. Ese era su tiempo, así le gustaba estar, porque de alguna manera cada vez que lo hacía recordaba quién era y cuál es su historia, esa que nadie sabe, y nadie debe de conocer. Le recordaba todas las razones, y le llenaba de fuerzas, de odio quizá, pero fuerzas.

Así era su vida, hasta que Naruto hizo su acto de santo y comenzó a desenterrar ese lado suyo, el más humano, el que desde hace años no tenía.

Ahora ya no pasaba ni la mitad del tiempo de antes pensando en las cosas que usualmente pensaría. No es como si tuviera olvidada su lista de personas por vengarse y de las que ya se vengó, las de personas a las que odia y a las que odiará, pero simplemente no era lo mismo. Eso sí, seguía recordando su pasado con tanta frecuencia como de costumbre –porque eso jamás lo dejaría de hacer- y aún no podía evitar confundirse. Es más, estaba seguro que desde que Uzumaki se ofreció para llevarle la comida, sacarle conversación y hacerlo menos arisco eso de confundirse era como el pan de cada día.

Justo como ahora estaba.

¿Personas a las que odiaba?, en esos precisos instantes no recordaba; ¿de quién se vengaría?, en ese momento no le importaba tanto; ¿confusión mental?, ¿mental?, decir que solo abarcaba su mente era poco.

De acuerdo, sabe que asesinó a esos guardias –bueno, solo a la hija de puta que se creía muy superior- y sabe que eso lo afectó bastante. Pero lo que ahora no sabe es qué sucede con lo demás. Más precisamente con Naruto. Y, por primera vez desde que conoce al chiquillo, el que tiene una gran parte de culpa no es en sí el rubio genin, más bien su rubio padre: Minato.

Aquel día en la Sala AF, cuando por fin dejó que entraran los guardias y todos estaban cagados del miedo no le interesó que fuera Minato quien lo escoltara. A decir verdad, luego de asesinar a la perra esa y dejar en mal estado a los otros dos se desconectó del mundo, viendo ese estúpido foco que no dejaba de bailar a causa del viento. Era luminoso, blanco y a veces de colores.

Entonces sintió que el Rayo Amarillo de Konoha lo miraba. Como aquella vez que lo atrapó. Pero había algo en sus ojos, algo que era distinto. Por un momento pensó en los ojos de su hijo, de Naruto, y notó que eran asquerosamente diferentes, aún cuando eran del mismo color. No le gustaban los ojos del Namikaze, sí los de Naruto.

No se rehusó a ser llevado a su mazmorra, a decir verdad deseaba estar ahí; tampoco dijeron nada en todo el trayecto. Pero cuando por fin el rubio abrió la reja de su celda y lo metió, sucedió eso distinto a lo que había pensado. Minato no cerró la reja, de hecho, pasó junto con él.

Y con solo escuchar las primeras frases de Minato todo lo que estaba en paz dentro de su cabeza se enturbió. Todo lo veía extraño, y la cara inexpresiva que llevaba a todos lados se fue deshaciendo. Lo peor en sí no es que su más fuerte arma se le escurriera de entre las manos –ya que no sería la primera vez- si no qué fue lo que hizo que tal atrocidad pudiera suceder.

Quizá fuera el hecho que desde hacía bastante –y no era exageración- no sentía tantas cosas en su pecho y mente. A decir verdad, desde hace bastante atrás que no era un humano sensible. Sentía, pero no lo que los demás sienten. Sentía odio y diversión al mismo tiempo; sentía calma cuando se vengaba, o cuando veía a un enemigo morir. Eso era lo que sentía la mayor parte del tiempo, el resto se limitaba a no sentir nada. O solo pensar en todos esos recuerdos que le hacen odiar con tantas fuerzas. Pero ahora, o más bien, desde que su puta cabeza decidió catalogar a Naruto como un amigo, de esos que nunca tuvo (amigos de verdad, y no putos lame botas), todo se volvió más confuso, y aunque eso de odiar y la venganza seguían ahí, porque en serio no creía que en algún momento podrían desaparecer, otras cosas -esas que sólo de niño experimentó- volvieron a arribar.

No quería a Naruto como alguna vez quiso a su hermano, pero era un sentimiento fuerte, o él lo percibía de esa manera porque hacía mucho que no sentía nada más. Pero aún así, había algo, un leve hilo que lo conectaba hacia Uzumaki, una fina línea que lo empujaba a pensar en el mocoso con un poco de afecto. Esa es la única explicación que encuentra para que de pronto se molestara tanto.

Minato, en pocas y resumidas palabras, lo acusó de un maldito. Ese no era el problema, es decir, no es que hubiera sido el primero y mucho menos el último, pero lo acuso de ser un maldito que ya no podría lastimar a Naruto.

Justo cuando lo dijo, algo en su cabeza tronó, y sus ojos manifestaron su molestia, y su garganta la ira.

¿Él, hacerle daño a Naruto?

Se rió, porque estaba enfadado, y su Sharingan solo era una prueba irrefutable de ello.

Aunque Naruto fuera un idiota –uno muy grande, por cierto- no quería decir que lo odiara o siquiera pensara en lastimarlo. ¿De qué chingados le servía?, no iba a lastimar a la única persona que le trataba medianamente bien (ya que no estaba enamorado de esa forma en que el mocoso lo insultaba), y menos al único humano que se llegó a preocupar por su salud. El solo pensar que él quisiera, alguna vez, agredir al rubio lo hacía enfurecerse. Era una asesino, si, pero no un loco psicópata. Podría ser que hacía un tiempo estuvo a punto de perder el juicio, pero siempre supo que estaba bien. Tenía una ligera obsesión con la venganza, pero nunca por su cabeza llegó a pasar la idea de asesinar a alguien sólo por diversión. Lo hacía por otros motivos, mucho más fuertes y poderosos, pero nunca porque estaba aburrido y no encontraba qué hacer.

Jamás lastimaría a alguien inocente, eso estaba claro, y para él Naruto era un pobre diablo ingenuo, que no tenía la culpa de nada. Era el perfecto ejemplo de a quién no dañaría, porque en su mente estaba claro que Uzumaki nunca llegaría a hacer algo merecedor de una venganza.

Así que por alguna razón derivada de sus problemas de sensibilidad y eso, comenzó a molestarse por lo que dijo Minato, y aunque no le apetecerá nunca en su vida recordar la sarta de estupideces que dijo a causa del enojo, no podrá evitar –para su malestar- estar seguro que dejo muy en claro lo que pensaba de Naruto… como un amigo.

Ahora que lo mira en retrospectiva se puede llegar a sentir estúpido, y cursi, muy cursi, porque andar gritando que un niñato que apenas sabe limpiarse la cola es tu amigo –gracias a todo lo que es agradecible que no dijo 'mejor'- no es lo que tiene en mente cuando se pregunta qué hará ese día.

Así que sí, dejo muy en claro que Naruto, el ninja idiota de cabellera rubia que se la pasa peleando con él, es un amigo suyo. Un amigo al cual, aparentemente, quiere. Si, así de cursi estuvo en su ataque de sensibilidad.

Recuerda todas las expresiones faciales de Minato y cómo cada una de las palabras que salían de sus labios –palabras que solo lo encadenaban a un más sensiblero discurso sobre la amistad- hacían mella en el hombre.

Y así que se confundió. Terminó su episodio de "Sasuke: el sensible, que aparentemente tiene un amigo (que es un niño de trece años)" y se quedó callado. Minato lo miró, con fuerza, con una mirada que en ese momento se le antojo molesta pero que significaba algo como "Vaya Uchiha, justo ahora no tengo ni puta idea de qué pensar de ti" y que lo enfurecía. Lo que nunca se permitió, eso de dejar entrever sus sentimientos, lo hizo, y no le costó ni cinco minutos.

Malditos sentimientos humanos, maldito Naruto y su sentido de bonachón.

Pero aún más, maldito Minato.

Lo peor en sí sobre eso es que maldecía a Minato, no por haberlo encerrado, no por ponerlo en la prisión o condenarlo a muerte, sino por insinuar que él quería lastimar a Naruto. Maldito por hacerlo ver estúpido y confundido.

E, irremediablemente, hacerlo parecer humano.


Sabía lo que tenía que hacer cuando su padre le mandaba 'esa' mirada. Nunca habían discutido sobre cómo comportarse cuando uno de ellos diera la señal, pero era algo tan natural como saber que cuando mamá llega molesta es mejor no pedirle nada. Es tan fácil de predecir como el respirar.

Así que supo que debía de sentarse en su cama, mirar al vacío y esperar por su padre, quien llegaría sin tocar a la puerta, la cerraría a sus espaldas y lo miraría de la misma forma que en la cena. Medio reproche, medio compañerismo. Como cuando haces algo y tu mejor amigo te pregunta la razón, aunque te ve diciéndote "Ya sé por qué, pero dímelo como quiera". Como quien conoce pero le gusta oírlo de nuevo. Así, ese tipo de mirada. La que no es precisamente la favorita de Naruto.

La verdad que de todas las miradas de su padre, la favorita es cuando Minato mira a Kushina y parece ver en ella lo más magnífico del mundo; cuando la ve y reconoce al amor de su vida. Ésa es su favorita, y es la que espera algún día adopte cuando esté en su casa, sentado en el sofá viendo a su esposa cocinar. Cuando esté locamente enamorado de una mujer, la madre de sus hijos. Esa, sin duda alguna, es del repertorio de su padre la mirada favorita de Naruto.

Pero esa, la que da la señal de que van a tener que hablar a espaldas de Kushina, la que sin querer es el puente entre una conversación normal y la conversación entre un padre y un hijo, no es de su agrado.

Y justo en ese momento la veía, en su padre y en él mismo.

—¿Dónde está mamá?—preguntó porque deseaba acabar con eso de una vez, y sabía que el silencio entre ellos podía durar muchísimo.

—Lavando los platos, no va a escuchar—aseguró el hombre, que se cruzó de brazos y avanzó unos pasos, tomó una silla que estaba cerca y la arrastró hasta quedar justo enfrente de Naruto, para luego tomar asiento.

—¿Entonces…?

—No era mentira eso de que vi lo que sucedió allá dentro. Porque sí lo vi, y también lo escuche.

El adolescente se hundió en su cama y escondió sus manos debajo de sus piernas, porque no deseaba que su padre viera qué tanto le temblaban. No tenía miedo, era su papá, y lo único que le causaba era respeto; pero sí que sentía vergüenza. De acuerdo, que en sí no era algo por lo que estar apenado, pero por alguna razón no podía evitar sentirse tan…

—¿Entonces porqué dejaste que me le acercará tanto?

Minato le sonrió, lo que era aún peor ya que toda su cara decía "Se lo que estás haciendo, pillín" y eso era de por sí malo, porque su padre solo decía 'pillín' en las malas –vergonzosas- situaciones.

Estaba tan chingado.

—Solo te digo, que para la próxima, no hagas las cosas sin pensar, aunque sea con buenas intenciones.

Naruto miró sus piernas, y de estas al suelo y hasta los pies de su padre. En su cabeza escuchaba todo lo que decía Minato, y en su pecho sentía todo lo que no era necesario decir.

El hombre siempre estuvo seguro que iba a estar a salvo, que Sasuke no le haría nada. Sí, quizá estuviera viendo todo por las cámaras, o quizá a través de un jutsu ( Minato siempre había sido un hombre de muchas sorpresas), pero Naruto estaba seguro, que ni el mejor ninja, ni su padre o hasta el mismísimo Hokage hubiera podido evitar que estando tan cerca de Uchiha y éste con la intención de causarle daño, hubiera podido hacer algo al respecto.

No era necesario que alguien se lo dijera, él lo podía ver. Su padre nunca hubiera tenido ni una oportunidad de defenderlo si a Sasuke le hubiera salido el instinto psicópata. Es decir, Naruto estaba pegado a él, estaba fundiéndose con la reja, y Sasuke es eso, ¡Sasuke Uchiha! El más maldito de los malditos. Sí, su papá fue quien lo aprisionó, pero ni con eso Naruto estaba seguro de que hubiera salido vivo.

Minato había confiado, de buenas a primeras, en Sasuke. En que no le iba a lastimar.

Eso lo calmaba un poco, pero lo inquietaba por igual. ¿Cómo era posible que Minato Namikaze confiara en el asesino de décadas, en el último Uchiha, en el hombre que merecía mil infiernos, en Sasuke?

—Está bien, pensar antes de actuar—dijo sonriendo un poco, mirando de refilón a Minato, que le devolvía la mueca tranquilo, con la mirada de padre comprensivo que solo en ciertas situaciones adquiría.

Minato se levantó, lo cual sorprendió a Naruto. Por lo general, las sesiones de pláticas entre padre e hijo sin el conocimiento de su madre eran más duraderas, o intensas.

–Ah, y un último favor—el rubio estaba a unos pasos de la puerta, y en ese momento volteó a ver a su hijo, sonriendo de lado—, no te le vuelvas a acercar tanto a Sasuke, por más guapo que esté.

Seguramente tenía una cara terrible, roja y extraña, porque Minato estaba partiéndose de risa.

—Ya, bueno, era broma, pero hablo enserio.

—No acercarme a Sasuke.

—¡No!, que está guapo el cabrón—Minato sonrió ante la mirada estupefacta de su hijo. ¡Cómo le gustaba sacarlo tanto de su territorio!—. Pero enserio, no te le vuelvas a acercar tanto.

—Papá siempre me asustan tus bromas.

—No eres el único, y recuerda, mamá…

—No se entera, copiado—el rubio mayor sonrió y asintió con la cabeza para después salir de la habitación.

Podría parecer que todo se lo tomaba como juego, pero eso estaba más que alejado de la realidad. La única verdad es que Naruto siempre tomaba mejor nota de las cosas cuando se bromeaba con ellas. Más bien, cuando las bromas lo descolocaban. Pero sabía que en algún momento su hijo vería que debajo del picar con que Sasuke estaba guapo (no podía creerse que, enserio, Kakashi hiciera una encuesta), estaba la petición, asustada y preocupada, de que no deseaba verlo tan cerca del asesino.

La única verdad era que después de haber llevado a Sasuke a su celda el día que asesinó a la guardia e hirió a los otros dos, el criminal le había dicho, de forma discreta pero aún con el mismo mensaje, que era un imbécil por creer que tenía la intención de lastimar a Naruto. Le consideraba un amigo, ¡Sasuke Uchiha consideraba a su hijo un amigo!, y eso lo desequilibró bastante.

Su esposa seguramente lo mataría si algún día se llegaba a enterar, pero por algún motivo (prefería pensar que divino) confió en eso. Le creyó todo, porque ¡qué discurso que se había echado! Y seguramente no debió de hacerlo, porque Naruto es su hijo, y él el hombre que lo encarceló, pero en su mirada, en su ira, y en su voz solo distinguió una cosa: la verdad ciega. La que había escuchado salir de los labios de su esposa, de su padre y del Hokage.

La verdad que simple y sencillamente no puede estar equivocada.

Así que confió, y aún en ese momento, no se arrepentía.


Estaba seguro que su padre había hablado con los jefes de la prisión, con el guardia del pasillo y con muchos de los otros ninjas que se la vivían allí, pero no se fiaba de eso. Por lo cual esperó a que diera la hora para que el centinela del corredor hiciera cambio de turno y se escabulló dentro, giró la perilla de la puerta de plomo y se topo con la reja, los sellos en ella y los ojos oscuros y misteriosos detrás de todo eso.

—¿Tienes hambre?—sonriente como era natural en él se acercó a las barandas, sin esperar en realidad una respuesta.

Sasuke bufó –porque Sasuke se la pasaba bufando- y terminó por no contestar y limitarse a acercarse a la reja.

Pasó la bandeja por el agujero de siempre y cuando estaba a punto de tomar los palillos sintió la mano de Sasuke sobre la suya.

Había sido algo raro. Estaba acostumbrado a tomar los palillos, un pedazo de comida –lo que ese día a los cocineros se les hubiera antojado hacer- y dárselo en la boca. Pero en ese momento no sólo sentía los palillos, sino también la fría mano de Sasuke sobre la suya. No lo estaba apretando, solo estaba ahí, como deteniéndole. Era una sensación rara, porque no estaba acostumbrado a tocar la piel del criminal y porque lo tomó muy de sorpresa.

No había movido ni un solo músculo, de hecho sólo estaba respirando, aún con los palillos en la mano y la piel de Sasuke contra la suya, en ese agarre aparentemente tan insignificante.

—Puedo comer yo solo—su voz, grave y rasposa, fue lo que lo hizo reaccionar y dirigir su vista hacia la cara del Uchiha. Sus ojos oscuros lo miraban con intensidad, pero no con enfado o molestia. Era la primera vez que los notaba tan tranquilos, como una noche de verano sin estrellas, sin viento ni nubes. Así, calmo y pacífico.

—Sí, perdón…lo había olvidado—dijo sin poder sentirse tonto. Dejó los palillos en la bandeja y retiró su mano, que ahora ya no era de tanta utilidad como antes.

Bajo su mirar hacía las manos de Sasuke. Apreció cómo tomaba todo, cómo lucían en movimiento. Para él, esa imagen no encajaba con Sasuke. Las esposas que rodeaban sus muñecas desentonaban con todo lo demás. Lo que debía de rodearlo eran cadenas, oscuras, y pesadas, que parecían confundirse con la mugre en la piel del criminal.

Lo observó un buen rato. Sus cejas eran tan oscuras como su cabello, pero sinceramente no sabía de qué color exactamente eran ambos, porque estaban llenos de tierra, lodo y sangre seca. Su rostro era un mar de mugre. No distinguía el tono de su piel, porque estaba bañado en suciedad.

—¿Desde hace cuánto que no te bañas?

Sasuke alzó sus ojos de la comida, para tomar un tono extrañado. ¿Qué clase de pregunta era esa?, es decir, sabía que lucía sucio, pero ¿hasta ese momento Naruto lo notó, o era porque no aguantaba el silencio de una conversación inexistente?

—No te incumbe.

El genin frunció el cejo y los labios, y Sasuke estaba seguro que en su garganta ya se estaban formando todos los insultos que comúnmente se decían con tanto cariño. No era como si le gustara sonar grosero, pero no sabía de qué otra forma hablar, además, ¿para qué carajos un niño querría saber su racha de suciedad?, solo debían de mirarlo, estaba asqueroso, obviamente era mucho el tiempo en que no tocaba agua y jabón.

—Lo decía porque podría hacer que te bañaran, pedazo de marrana—espetó enojado el rubio.

—¿Tú, dobe?, ¿hacer que me bañen a mí?—dijo entre incrédulo y burlista.

—Tengo contactos, teme.

—Tu padre tiene los contactos, usuratonkachi. Tú–lo señaló con los palillos—, tienes mierda en el culo que no te sabes limpiar—contestó el reo, que reanudo su tarea de comer. No estaba viendo a Naruto, pero estaba seguro que tenía esa cara de ofendido y enojo que ya le conocía tanto. Era tan divertido joderle.

—Pues tú tienes mierda en el culo que NO te puedes limpiar—Sasuke quitó los ojos de su plato y miró a Naruto, enarcando una ceja. Se estaba comenzando a molestar porque su hora de la comida se estaba convirtiendo en la hora de los insultos de mierda, literalmente.

—Sigue así y haré que me limpies esa mierda—el rubio entrecerró los ojos, al igual que Sasuke—, con la lengua.

—¡Eres un puto puerco!—le soltó Uzumaki.

—¡Tú te lo buscaste!

—¡Yo solo te pregunte que desde hace cuanto tiempo que no te bañas!

—¡Mírame dobe!, ¿cuánto tiempo crees que llevó sin bañarme?, ¿dos días?

—No sé, de diez a cuarenta años.

—Serás estúpido, ¿cómo pueden ser cuarenta años?, luzco de mi edad.

—La cual es dudosa, la mugre en toda tu horrible cara deja un margen de dudas muy grande.

—¿Sabes qué margen de dudas deja tu cara? De si eres imbécil o pendejo. Y aún no estoy muy seguro de cual.

—¡Sígueme insultando y te traigo una mierda de comida!

—¿Por qué tienes que hablar de mierdas cuando estoy comiendo?

—¡Porque soy malvado y tú un teme!—gritó Naruto alzando los brazos.

—¡Cállate dobe! Tu voz me irrita.

—Diría que a mí me irrita tu cara, si tan solo pudiera distinguirla debajo de toda la mierda que la cubre.

—¿Qué chingados quieres que haga?, ¿qué me lama como un puto gato? —gritó enojado Sasuke soltando los cubiertos sobre la bandeja.

—¡Ni aunque quieras te alcanzas!

—¡Claro que sí! ¡Tú no te alcanzas ni madres!

—¿Quieres apostar?


—Estúpido Sasuke, estúpida apuesta.

Andaba por los pasillos que conducían al final de la cárcel. Llevaba la cabeza gacha y pisaba con demasiada fuerza al caminar.

—Estúpido Sasuke-gatómano.

Sí, no sabe cómo pero terminaron haciendo la estúpida apuesta. Sí, los dos habían comenzado a alcanzar lugares inimaginables. Sí, Sasuke podía alcanzar muchos de esos lugares. Sí, Sasuke había terminado ganando.

Era estúpido apostar contra algo así, es decir ¿alcanzar a lamer todo tu cuerpo?, acordaron que había ciertas zonas que simple y sencillamente eran imposibles, pero fuera de eso…maldito Sasuke contorsionista.

Así que el muy maldito había ganado la competencia, la apuesta y un grano más a su torre de ego y orgullo –porque después de todo el tiempo que habían estado hablando, descubrió que el muy malnacido era un orgulloso y ególatra-, lo cual lo dejaba a él con el título de perdedor, el cual por cierto a Sasuke le encantaba recordarle, y el pendiente de cumplir la apuesta.

En sus inicios él había pretendido conseguirle de alguna forma un baño. Es decir, la prisión contaba con cuatro baños en total, grandes y no en tan mal estado. Dos de ellos eran, por así decirlo, para entrada y goce de cualquiera. Los otros dos estaban especializados para los criminales que necesitan de vigilancia. Ahí se supone que entraba Sasuke, en la categoría de los malos más malos de los malos. Pero al parecer, el muy imbécil inclusive superaba esa marca, por lo cual los baños no eran un privilegio que poseía.

Sabía que si hablaba con estos, suplicaba a aquellos y chantajeaba a unos pocos podía conseguirle siquiera cinco minutos de agua y jabón, y pensaba hacerlo por buena persona, por la misma razón que le llevaba de comer a todos los reos que lo necesitaban. Ahora lo haría porque perdió una puta apuesta.

Me gustó eso del baño, así que eso. Mueve 'tus contactos' y consígueme un baño.

—Estúpido Sasuke.

No le molestaba hacer de sus tretas para poder meter al Uchiha en una de las regaderas, sino que ahora debía de hacerlo porque perdió en una competencia del asco.

—"Lamernos como gatos", maldito depravado.

¿Quién diría que el muy cabrón sí que alcanza lugares exóticos del cuerpo?, lugares que incluso no sabía que llevaban nombre.

—Pervertido de mierda.

No pongas esa cara. Algún día tú también vas a alcanzarte ahí.

Lo que le asustaba aún más era que el hacer eso, el llegar hasta esos sitios, le salía muy natural al bastardo. Tan natural como si llevara tiempo haciéndolo.

—Pero qué asco.

—¡Hasta mañana, Naruto! —le gritó el portero de la salida Este, la que le acercaba más a su casa. El rubio levantó una mano en señal de despedida y sonrió, como siempre.

Estaba caminando entre las calles de la aldea, siendo bañado por los últimos rayos del atardecer. Hoy había salido más temprano que de costumbre. Por lo general, se marchaba cuando ya estaba entrada la noche, incluso si arribaba a la cárcel antes de que el sol saliera. Sin embargo, Ibiki les había dejado el resto de la tarde, la cual no era mucha, pero era algo.

Seguro que sorprendía a su mamá.

En los raros y escasos días como esos lo normal era que llegara a casa, ayudara a su madre con unas cuantas cosas y se tumbara a dormitar, hasta que escuchara el grito de Kushina para cenar, ya con su padre en casa. Pero ese día, ese precioso día no iba a cumplir con su esporádica rutina. No, porque tenía cosas que hacer. Por culpa de una estúpida apuesta.

Así que se encaminó hacia la torre del Hokage, con la intención de hablar con Matsuda –el que por lo general controla las rutinas, horarios y unos cuantos castigos de los reos- para poder convencerlo de que Sasuke tenía el derecho de un baño antes de su ejecución.

Lo malo era que el muy imbécil –de Sasuke, por supuesto- ya no contaba con la fama de criminal hijo de perra pero que no daña guardias, porque al nene se le antojó matar a una tipa y dejar en coma a otros dos. Así que debía de utilizar sus mejores técnicas para poder convencer a Matsuda de que el Uchiha no haría nada, y que sólo se bañaría.

¿Cómo mierda lo iba a conseguir?

—Buenas tar… ¡Naruto!, ¿qué haces por aquí?— escuchó la voz de la recepcionista de la primera planta del edificio. Tenía unos cuatro años trabajando en ese lugar y Naruto, siendo el hijo de Minato y muchas veces el mensajero de Ibiki, la trataba con gusto.

—Vengo a ver a Matsuda, ¿sabes dónde está?

—¿Kimichi Matsuda?—la muchacha se llevó un dedo a la barbilla, pensando—. Sí, creo que está en la oficina de la tercera planta. Si ahí no lo encuentras búscalo en el piso de Relaciones, escuché que andaba en otros trotes que no son acerca de la prisión.

—Gracias Kora—dijo el rubio mientras se encaminaba a la escalera, viendo por el rabillo del ojo la sonrisa y la mano de la muchacha moviéndose para despedirse.

—No hay de qué.

Siguió su camino hasta que tuvo en su campo visual las escaleras. Se detuvo delante de la primera que encontró. Estaba mal iluminada y parecía que nadie nunca pasaba por ahí, pero se limitó a encogerse de hombros, fruncir aquello que no ve la luz del sol y darse valor. Si había podido entrar a la celda 528 subir esas malditas escaleras no se le dificultarían para nada.

Así comenzó su recorrido por los peldaños. Se apegó a la pared, tanteándola un poco con las manos, para orientarse un poco mejor. Miraba al frente y luego a sus pies, asegurándose dónde y cómo pisaba. Después de unos segundos llegó al descansillo que había luego de los escalones, para después dar la vuelta y subir de nuevo.

Y así lo hizo, dio la vuelta y cuando puso un pie en el primer escalón se quedó de piedra. Ahora no estaba mal iluminada la escalinata, porque para que estuviera mal alumbrada, siquiera debía de haber luz.

Todo era un abismo negro.

Podía ver un poco más allá de dos escalones, pero luego todo se convertía en un fondo oscuro y tenebroso.

Maldito Sasuke, maldita apuesta, maldito Matsuda.

"—No seas idiota, has pasado por aquí muchas veces, anda, primero un pie y luego el otro—pensó el rubio, que cerró los ojos con fuerza, para darse coraje—. No seas un mariquita y camina"

Por lo general, en las situaciones más difíciles –donde se convertía en una damisela en peligro- debía de recurrir a los insultos de su abuelo para animarse. Quizá no era lo mejor, porque Jiraiya era un hombre simple y sencillamente extraño, pero resultaba que era lo único que lo hacía reaccionar.

Así pues llamarse asimismo "Mariquita", "Afeminado" y "Nenita con un micropene, y no Naruto no me refiero al clítoris, enserio que el tamaño es para preocuparse" se había vuelto, en lo que se puede decir, normal.

Malditos traumas de la niñez…, infancia, adolescencia… bueno, seguro que toda la vida.

Fue así como agarró impulso y siguió subiendo las escaleras, donde en realidad no se veía ni madres. Naruto puso su mano derecha frente a sus ojos, a lo que calculo no era ni medio palmo y simple y sencillamente no la podía distinguir.

Seguro que el bosque estaba más iluminado que ese lugar.

Seguía avanzando hasta que escucho un golpe, algo débil, pero un golpe atrás de él. Volteó la cabeza por inercia, pero se maldijo, porque no se podía vislumbrar nada.

—Cálmate—susurró algo enfadado y apretando los puños. Se ordenó mover sus piernas nuevamente y así lo hizo.

Un escalón, otro más, otro por acá… golpe.

Otro ruido de algo golpeando la pared, la que tenía a la derecha. Esta vez no volteó –porque no tenía caso- pero sí se puso más en alerta.

Diecinueve segundos y no había más movimiento. Podía percibir ligeramente algo en ese lugar, junto a él, pero no podía clasificarlo.

Decidió volver a caminar, y así quizá esa cosa –o lo que fuera, quizá su imaginación- se decidiera por terminar con eso. Sin embargo terminó de subir las escaleras y llegar al otro descansillo y nada, ningún ruido o presencia extraña que lo alterara.

Lo único que necesitaba para alterarse.

¿Y si era un fantasma? ¿Ese, el de la niña que murió de indigestión por comer muchos dulces, o el de la vaca enferma que no daba leche y que se volvió loca y asesino al granjero?, o quizá ¿el de la abuelita ninfómana? No, por favor no, que él no quería tener su primera vez con una anciana…muerta.

—¿Pero es porque es una anciana o por qué está muerta?, porque quizá sí me animaría si no fuera una anciana, sino una muchacha guapa y de buen cuerpo… aunque está eso de que es un fantasma, ¿podría tocarla o mi mano la traspasaría?, ¿o quizá le gustaría que la traspasara…? ¡Pero qué pervertido!, Maldito abuelo, por tu culpa veo sexo en todo lo que toco… bueno no, no en todo lo que toco, eso es ir demasiado lejos, eso solo tú, un depravado de primera, aún recuerdo el día de la tienda de regalos en el país del Viento. ¿Cómo se le ocurre decir piropos tan de mal gusto?, es decir, un "Haz de ser maga porque me levantas la vara sin tocarla" no es un buen piropo, es horrible, pero por supuesto el viejo pervertido debía de decirlo, porque si no nadie lo haría…

—Naruto.

¿Su abuelo, el depravado sexual?, ¿su aventura mística con la anciana muerta?, ¿la vaca no-lechera que venía a cortarle la cabeza con sus ubres? Pero qué asco, seguro que ninguno de ellos tenían esa voz. Una voz terrible, rasposa y grave, que arrastraba las sílabas como una víbora arrastra su cuerpo. Casi pudo escuchar la tierra moverse al paso de las escamas.

¿Por qué siempre la vida lo odiaba y gozaba de verlo en sus momentos patéticos?

—Na-ru-to —la voz gutural resonó por todo el lugar, llenando las paredes de ecos y grietas, erizando la piel del nombrado y llevándolo al límite de su masculinidad—Te tengo.

Y así Naruto supo que Kakashi era un hijo de perra.

El Hatake salió de quién sabe dónde, con una voz de ultratumba y unas manos del averno, tomando al adolescente por la espalda –aunque Naruto jurara que tocó otra cosa- lo que causó un, para nada femenino (nótese el sarcasmo en toda su expresión) grito del genin.

—Qué masculino, Naruto.

—¡Cállate!—se apoyó en la pared más cercana, intentando tranquilizarse—. ¿Nunca te han dicho que no debes asustar a una persona?

—Eres tú, por lo cual digo que es inevitable no hacerlo. Te asustas con todo niño—Naruto supuso que el hombre sonrió por debajo de su máscara, aunque la falta de iluminación y que llevara el 80% de su rostro tapado no le ayudaba en sus deducciones.

—Ya, ya. ¿Viniste a entregar un reporte?

—Algo así— Naruto no supo que fue lo hizo el ninja, ya que solo escucho la tela moverse, pero dedujo que, como siempre, había metido sus manos en los bolsillos, quizá buscando el Icha Icha—. Y qué hay de ti, ¿Ibiki te volvió a dar el papel de perrito?

—Creo que eso sería mucho mejor que la realidad—suspiró—. Ando haciendo mi buena acción del día.

—¿Alguien te está obligando verdad?

—¡No!—alzó la voz medio riendo.

Iba a contestar algo pero realizó que era incómodo –sobre todo si era Kakashi- hablar a oscuras.

—Oye, ¿por qué mejor no vamos a donde haya luz?

Se escuchó algo parecido a un chasquido.

—Sí, creo que sí—el rubio percibió el ruido de los talones del hombre girarse, para luego sentir el eco de las pisadas—. Sígueme, creo que sé dónde está Matsuda.

—¿Escuchaste mi conversación con Kora?

—Ya te lo dije, gritas para todo, no fue mi culpa oírlo.

—Sí, claro—suspiró. Después a unos metros comenzó a notar cómo la luz volvía a su alrededor, hasta que por fin se encontraba en un lugar alejado de las sombras.

—Y bien—la voz de Hatake se hizo paso por sobre los suspiros de alivio del muchacho que agradecía la energía eléctrica y sus beneficios—, ¿quién te trae como perro?

—¡Nadie!—el hombre lo miró con una ceja enarcada—, más bien Kakashi—lo miró con un intento de superioridad, pero que en Naruto se veía ridículo— soy un hombre de palabra, un caballero, y los caballeros…

—Perdiste una apuesta—dijo el ninja con un tono de voz un tanto burlón que solo hizo fruncir el cejo al rubio.

—Sí, perdí una apuesta.

—¿Se puede saber de qué es está apuesta?

—No—sentenció—, bueno, es solo un favor para un prisionero, nada malo en realidad. Bueno, ¿dónde está Matsuda?

—¿Kimichi, verdad? —el rubio asintió— pues, no lo sé.

—¿Qué?—exclamó—, pero me acabas de decir…

—Que creía saber dónde estaba, y pues me equivoqué—señaló a una puerta que estaba a un lado del mayor.

Naruto se acercó un poco para poder leer la inscripción en la madera, hasta que reconoció el número 314.

Ésa era la oficina de Matsuda, donde atendía lo concerniente a la prisión. No era el jefe o encargado de esta, pero sí que era una autoridad grande en la cárcel. Casi siempre todos los asuntos no tan graves eran llevados a él, para que dictaminara cómo se iba a proceder. No era la primera vez que acudía a Matsuda, pero sí era la primera que no lograba encontrarlo en su oficina. Por lo general se la pasaba ahí –el pobre nunca dejaba de trabajar- y era sencillo localizarlo, pero al parecer, por lo que le dijo Kora, justo ahora andaba moviendo y haciendo cosas en territorios ajenos.

—Entonces, ¿quién está a cargo ahora?

—Kimichi—dijo Hatake—, solo que en este momento no está aquí, pero sigue siendo él.

Naruto volteó a ver al de plateada cabellera con una pequeña flama de esperanza.

—Quizá en el piso de Relaciones…

Kakashi rodó los ojos, porqué definitivamente a nadie le daban ganas de ir hacía ése pasillo, pero Naruto sabía que con la presión indicada –o hasta que el Hatake se fastidiara y aceptara- podría lograr convencer al hombre.

Pero nada de eso llegó a pasar ya que por el extremo contrario a las escaleras se escucharon los pasos y voces de personas. Pronto, doblando la esquina, ambos ninjas pudieron distinguir a Matsuda acompañado de otras dos personas. A una de ellas la conocían, era Rin, la ex alumna de Minato y amiga de Kakashi, a quien Naruto prácticamente consideraba una hermana mayor. Al otro tipo sí que nunca lo habían visto.

—Entonces transferirán al grupo a la señal de Shikaku. Ibiki me dijo que me mandaría los documentos, por favor Hikoro házmelos llegar tan pronto estén listos, los necesitamos con urgencia.

—¿Qué hay de los interrogatorios?—habló Rin quien de reojo miraba a Kakashi y Naruto, quienes no se habían movido para nada.

—Nada de eso, ya ves como salió el último. Por ahora nos abstendremos con ésta información, ya delante veremos qué hacer.

—¿Entonces, comenzaremos mañana?—habló el desconocido que también observaba por el rabillo del ojo a los otros dos. Naruto pensó que lo había visto antes, pero no pudo recordar dónde.

—No, no—Matsuda tanteaba en sus bolsillos del pantalón hasta que el sonido metálico de llaves hizo eco en el corredor—. Hasta dentro de dos días, es el tiempo que necesito para terminar de arreglar todo—abrió la puerta de su oficina, para luego pasar y dejarla abierta, como invitación a que los demás pasaran.

Naruto se iba a disponer a dar un paso pero la mano de Kakashi sobre su hombro lo detuvo. Fue entonces que giró la cara para encarar al enmascarado ninja, quien simplemente negó con la cabeza.

De acuerdo, no se movería.

—… ¡bien, ahora hay que cumplirlo!—gritó Kimichi desde el interior de la habitación e inmediatamente se vieron las figuras de Rin y el otro correr hacía las escaleras. Sin embargo, Rin no se fue inmediatamente, más bien, se detuvo un poco hasta quedar en contacto visual con los otros dos.

Naruto aún era muy joven, y quizá por eso no pudo clasificar la mirada de la muchacha, pero Kakashi, siendo él y con toda la experiencia adquirida, pudo entender qué es lo que su antigua compañera intentó expresar con sus ojos.

Algo no andaba bien.

Ya se escuchaban los rumores, pero en sí todavía no era nada oficial. Suponía que en cuanto algo saliera del límite él sería de los primeros en enterarse, y por la cara –y sobre todo mirada- de Rin podía predecir que no faltaba mucho para que ocurriera.

Tal vez algo relacionado con el ataque a la prisión o…

—Kakashi, ¿te vas a quedar ahí?—la voz del rubio lo sacó de sus cavilaciones. El niño ya estaba un tanto adelantado hacía la oficina y lo miraba por sobre el hombro.

No contestó, simplemente se limitó a minimizar la distancia entre él y la puerta del despacho. Así lo hizo, y en cuanto pudo ver en el interior el papelerío que adornaba el escritorio de Matsuda se sorprendió un tanto.

¿Qué tantos informes habían llegado? Porque definitivamente eso no era trabajo atrasado, no por nada Matsuda se mataba trabajando. Eso, sin duda alguna, eran reportes recientes, ya que en la mayoría podía ver el nuevo sello del Hokage de Asuntos Privados.

Por otra parte para Naruto todo era menos de lo mismo. Que Matsuda se atrasó en su trabajo por andar metiendo las narices donde no debe. Bien, a todo el mundo le pasa, no tiene porqué haber una diferencia con Kimichi. Pero de eso a que el hombre ni siquiera les prestara atención…

—Matsuda—habló Naruto como de costumbre, mirando extrañado al hombre que dio un respingo en la silla.

—¡Naruto! —exclamó sorprendido Kimichi cuando elevó la vista y se tipo con el genin.

¿No los había visto?

—Ah, ¿se te…—detuvo un poco sus palabras, para poder admirar a la persona detrás del rubio, luego carraspeó—, se les ofrece algo?

—¿Qué es todo esto?—dijo tranquilo el menor que se acercó con leves pasos hacía la mesa decorada de informes. Intuitivamente Kakashi posó una mano en el hombro de Uzumaki, mientras que Matsuda tapó ridícula e ineficazmente los papeles.

Nadie debía de ver esas cosas.

—Trabajo, ya sabes—elevó una mano y la meneó, para quitarle importancia.

Naruto siendo como era no le prestó tanta atención –aunque se suponía que debía de- y sonrió tranquilo, apenas notando cómo la mano de Kakashi se deslizaba de su hombro para regresar a su costado.

—Sí, claro. Bueno, a lo que vengo—sonrió un poco más inocente, con la intención de hacer flexible al trabajador Matsuda, quien con el tiempo logró aprenderse algunos matices de la cara del rubio. Y esa, era una que se sabía a la perfección.

—¿Qué es tan urgente que vienes a estas horas a pedírmelo?—aunque su tono de voz fue serio el muchacho logró distinguir la pequeña pero existente sonrisa en sus palabras. Quizá no la tenía completamente impregnada en la cara, sin embargo casi podía ver la risa salir de su garganta.

—No tengo otras horas libres. Trabajo de sol a sol, como un esclavo—se rascó la nuca hasta que percibió el suspiro de Kakashi—. Necesito, bueno no yo, un reo, un baño.

Matsuda tenía su completa atención en el rubio, ya que siempre había sido educado para hacerlo, y fue por eso que Naruto logró ver a la perfección la mueca en su rostro.

—¿Quién es ese reo?

El rubio tragó saliva y miró nervioso hacía un lado. ¿Cómo decirlo…?, ¿cómo podía pedirle un baño para el terroncito de azúcar que era Sasuke?

Maldita apuesta.

Estaba seguro que Matsuda ya estaba tanteando el terreno y que probablemente en su mente ya se estaban formando hipótesis y excusas para decirle amablemente que se fuera mucho a su casa, porque ahí no iba a encontrar el permiso para bañar al bastardo de los Uchihas. Y todo porque al rey se le dio por asesinar a los guardias.

¿Desde cuándo el pensar en eso no le incomodaba?

—El es… am… probablemente no lo conoces —solo un idiota no lo conocería—, pero está algo así como que confinado a no ir a ningún sitio, y pues está muy sucio y creo que tiene heridas…

—Su nombre—exigió Matsuda.

¡Carajo!

—No lo recuerdo muy bien…

Matsuda lo miró entrecerrando los ojos, como aquella expresión que pone la gente cuando va intuyendo la situación. Su padre, por lo general, la adquiría cuando tenía asuntos de suma importancia en el despacho del Hokage y su madre cuando él o su padre le contaban alguna que otra mentirilla; pero justo ahora a Naruto le pareció más incómoda que nunca. Si Sasuke lo viera así…

—Sé que lo recuerdas, así que dilo.

Los ojos de Matsuda, por lejos, eran muy diferentes a los de Uchiha. Para empezar eran de un verde oscuro, un verde selva. A Naruto no le agradaban sus ojos porque siempre parecía que necesitaban algo que nadie podía darles, que querían hacerse pasar por cosas que no eran. Tal vez por eso le hacían sentir tan incómodo, no con miedo o nerviosismo –el nerviosismo era por la situación, en la que por cierto ya estaba chingado-, sino incomodidad de no querer verlos porque algo en ellos le desagradaba.

De cualquier manera, justo ahora, los ojos de Matsuda eran tan irrelevantes como el precio del tomate.

—Sasuke—terminó por decir en un tono bajo, como si no quisiera soltar las palabras, o como si así pudiera frenar el impacto. Sin embargo no importaba cómo dijera ese nombre, siempre sería el mismo choque, la misma inercia.

—No— tajante como era cuando se trataba de cosas especiales, Matsuda regresó su vista a los documentos, mientras buscaba uno en particular.

—Por favor Matsuda, no sabes cómo está.

—Está como debe—volvió a clavarle esa selva tormentosa y desagradable, invadiéndolo otra vez—. Además está considerado un peligro, no puedo arriesgarme a que se escape o algo por el estilo.

—¡Por favor! Todos saben que si se quisiera escapar ya lo habría hecho—refunfuñó el genin, cruzándose de brazos y dirigiendo la vista hacía otro punto que no fueran los ojos de Kimichi.

—¿Por qué dices eso? —por primera vez desde que entraron en la oficina la voz de Kakashi se hizo paso, sorprendiendo un poco al rubio. Y él que había pensado que Hatake se había quedado mudo.

Naruto respiro profundo y se maldijo mil veces. Casi se le salía decir Porque puede activar y desactivar los sellos, pero justo a tiempo su lengua se trabó y pensó en todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. En los ojos de Matsuda curiosos y enfadados, en la sensación de la mirada de Kakashi en su nuca, en la respiración de ambos, en la suya, en el golpeteo de la rama de ese viejo abeto que tanto le gustaba ver cuando pasaba por la calle. En las sombras de la habitación y los ruidos del viento en las paredes.

Puso a todos sus sentidos alertas y realizó, estúpidamente tarde, que estaba metido en un apuro.

No le había comentado a nadie lo de los sellos, porque esencialmente no tenía ninguna razón. Pensó que podría avisarle a su padre y que el tomara cartas en el asunto, pero desistió. Siempre existe una razón poderosa para toda consecuencia, de esta manera, seguro que el hecho de que Sasuke siguiera encerrado era por algo.

Naruto ahora sabía, con tanta fuerza como que tiene ojos azules, que Sasuke en cualquier momento podría escaparse. No le costaría nada, después de todo es el maldito bastardo Uchiha, asesino de décadas –si no de siglos- con más maldiciones en la espalda que el diablo. Aquel despiadado que solo espera a por su muerte.

Espera por su muerte.

—¿Naruto?

¿Por qué estaba esperando por ella?, ¿por qué no la evadía, si tan fácil le resultaba? Era Sasuke Uchiha, podía realizar lo inimaginable, ¿por qué no podría salvarse de morir?

—Es un Uchiha— o acaso, ¿había aceptado morir?—, y ellos son impredecibles en muchas ocasiones. Además, no por nada se batalló tanto para encerrarlo, ¿no? —, si ese era el caso, si en verdad estaba de acuerdo en morir, ¿por qué no se asesinaba, o…?

—Eso no te lo discuto, pero como sabes esa celda está hecha especialmente para él. No puede salir de ahí.

¿Por qué quería morir?, ¿por qué Sasuke quería morir?

—Supongo.

Estaba seguro que esa respuesta la encontraría si escuchara su historia. Si Sasuke le contara un poco sobre él, sobre su vida. Pero nadie desea hablar de cosas tristes o desagradables, y estaba seguro que lo eran porque probablemente eso había sido la razón de convertirse en un asesino. No importaba lo que el mismísimo Uchiha le dijera, o lo que los demás comentaran, él sabía que Sasuke no estaba loco, y definitivamente no era de los psicópatas que matan por hacerlo. Sasuke no era sí, el era…

—Entonces, si es todo a lo que viniste…

…diferente.

—…puedes marcharte.

En definitiva algo no estaba bien, y Kakashi lo supo desde que Naruto no volvió a pedir por el baño, y lo confirmó cuando dijo eso de que el Uchiha podría salirse a sus anchas. Sin embargo, lo más bizarro de todo fue ver al hijo de Minato agachar la cabeza y salir por la puerta, sin hacer ni un solo ruido.

Ese no era el Uzumaki Naruto que conocía, de hecho, se atrevía a decir que ese ni siquiera era Naruto.

Lo siguió con la mirada hasta que cruzó la puerta de la oficina y dobló a la derecha, dirección contraria a las escaleras.

—Kakashi—el mencionado volteó tranquilo hacía Kimichi, que lo miraba profundo—, cuida de ése niño, y sobre todo ahora.

—¿Por quién me tomas?—sonrió—. Gracias por decirle que no.

—Nadie en su sano juicio le diría que sí.

Kakashi se encogió de hombros.

—Supongo.

En esos momentos eran pocas las personas que sabían un poco sobre las medidas que el Hokage estaba mandando tomar, y una de ellas era asignarle como mínimo dos guardianes a Naruto.

Y Kakashi teniendo la suerte de un campeón sacó uno de esos lugares, junto con Tenzō. A éste lo conocía de hace algunos años, cuando estaba más entrado en las cosas de ANBU. Era un buen compañero, y era quien tenía los genes del primer Hokage, teniendo así el estilo madera. Por lo cual, se determinó que era más que apto para cuidar de Naruto, quien por su corta edad quizá no supiera controlar de la mejor manera al Kyubi. Por otro lado estaba Kushina, quien sería cuidada por Jiraiya y Tsunade, los viejos sabios. Así que en pocas palabras no era una completa coincidencia que se topara a Naruto en las escaleras.

Lo había seguido desde que salió de la prisión –donde, por cierto, no podía cuidarle como quisiera- y al verlo enfilar hacia el edificio supuso que iría a ver o a su padre o a Matsuda. Y no era mentira cuando dijo que escuchó al rubio hablar con la recepcionista, porque no era muy difícil hacerlo, pero sí era algo un poco falso eso de ir a entregar el informe.

Sí debía de entregar uno, pero todavía no era el momento.

Se despidió de Kimichi con un cabeceo y salió para alcanzar al niño. Sabía que Tenzō observaba también a Naruto a la distancia, pero no podía fiarse nada más de eso.

Cuando logró dar alcance a Uzumaki el niño siquiera le prestó atención. Quizá estaba molesto, por eso de no poder conseguir un baño para el Uchiha.

—No te fue tan bien—habló el mayor al tiempo que caminaba a la par que Naruto, con las manos metidas en los bolsillos y la cara inclinada hacía el techo, aunque mirando de reojo al rubiales.

—Nah—chasqueó la lengua el genin, que pateó un poco el piso, denotando su enfado contenido, que más que enfado parecía tristeza.

¿Tan mal se había puesto por el bastardo ése?

—Sabes, no es que me interese pero, generalmente no te das por vencido tan fácil—el muchacho se detuvo al escuchar las palabras de Kakashi, y éste a su vez paró su caminar como el rubio.

Naruto se quedó mirando el piso, sintiéndose raro. Era verdad, se había dado por vencido demasiado rápido, de hecho ni siquiera lo sintió. Todo por andar con otras cosas, con cosas también de Sasuke…

Pero sonrió cuando una idea le surcó la cabeza, y miró hacia el frente, como su padre siempre le había enseñado.

—¿Y quién dijo que me he rendido?


Quizá ahora las cosas estuvieran un poco más raras, pero podía adaptarse, es decir, el mundo no se le iba a venir abajo.

Sí, Kakashi y ése otro –no recordaba su nombre, aunque sí su espeluznante y depravada mirada- ahora eran sus guardias personales, y prácticamente no lo dejaban ni respirar, pero podía soportarlo. Sí, a su mami también la estaban cuidado, sus abuelos, en realidad. Sí, su papá estaba un poco más sobre protector que antes y lucía más enfadado que de costumbre. Pero eso a Naruto le valía lo que fuera, porque en su mente ocupaba espacio algo diferente. Y todo relacionado con lo mismo: Sasuke.

No lo había visto en un día, por eso de andar perdiendo tiempo yendo con dos perros falderos en la espalda y peleándose porque ni orinar a gusto podía, pero hoy lo vería, y hoy comenzaría con su plan. Su increíblemente estúpido plan.

No, Matsuda no le había dado permiso para ir a bañar a Sasuke, y Rin le había negado el ir a visitar a Uchiha a su celda para eso de curarle las heridas, pero no por eso se daría por vencido. Por favor, era Naruto "Necedad con N de terco" Uzumaki, el no se daba por vencido, él buscaba otros medios... aunque fueran algo ilegales.

Nunca antes lo había hecho a tales niveles, pero solo sabía de una persona en toda Konoha –bueno, quizá en la cárcel- que podría convencer para que le ayudara con Sasuke. El viejo de las Calderas.

Era un anciano, algo lunático y risueño que organizaba las corrientes de agua y tuberías de toda la prisión, Zarcafcab Mirutobi. Ya lo conocía, y aunque lo trataba poco, era el único hombre que no se opondría tanto a su plan. Sabía que podía convencerlo, solo debía de presionar y ya, el anciano le ayudaría a meter a escondidas a Sasuke en los baños e incluso mentiría a su favor. ¿Todo bien, no?, pues vamos que su plan tenía una pequeña falla…bueno no, una realmente grande: Kakashi y ése otro de mirada acosadora.

¿Cómo chingados iba a ir a hablar con Zarcafcab sin que Kakashi y ese otro se dieran cuenta? Es decir, ¡si lo acompañaban hasta al baño! Podría utilizar un clon de sombra pero sabía que Kakashi lo notaría, porque no sería la primera vez que lo intentaría engañar, y bueno, la vez anterior no salió como esperaba.

Así que ahí el dilema. Debía de hablar con Zarcafcab, y distraer a sus perros guardianes.

¡Qué mierda de problemas!

—Si sigues así llegarás tarde a tus primeras clases—por alguna razón (intuía que todo gritaba "Minato súper protector") Kakashi y el otro se estaban quedando en su casa, al igual que sus abuelos, por lo que era normal escuchar sus voces de vez en cuando, lo que no era normal era escucharla tan cerca.

—Claro que no—dijo de mal humor el rubio, que espantó con sus manos al mayor que estaba delante de él leyendo el Icha Icha—. Siempre me despierto a esta hora.

—Sí, pero "siempre'' estás solo tú y tus papás. Ahora tienes a otras cuatro personas—Naruto supo que el Hatake sonrió bajo la máscara al ver cómo la tela se tensaba un poco y cómo se medio dibujaba la mueca en la prenda.

¡Pero qué exagerado!, si los demás no iban a ningún lado importante, además, aún tenía tiempo de sobra. Por lo cual se levantó de su cama algo malhumorado y se dirigió al baño. Sintió los pasos de Kakashi a su espalda, y de reojo podía visualizarlo: caminando con una mano en el bolsillo de su pantalón y la otra sosteniendo su objeto pervertido portátil, hecho por su queridísimo abuelo. ¿Cómo era que su abuela lo había permitido?

—¿Eh?—la puerta del baño estaba cerrada, desde adentro, y fue entonces que pudo escuchar a media voz el canto de una mujer.

¿Su abuela?

—¡Cariño que bueno que despiertas!—saludó su mamá desde la cocina, bebiendo un poco de café, sentada a un lado de Jiraiya—. ¡Oh, mi amor, tu abuela está ocupando el baño, tendrás que esperar a que termine!

¡La reverenda chingada!, ¿a eso se refería el maldito de Kakashi?, ¡por todo lo…! Su abuela era una tortuga en el baño, ¡si aún recordaba aquella ocasión en la que no salió de la ducha en cuatro horas!

Estaba jodido.

Cuando volteó la cabeza pudo percibir el temblor en el cuerpo de Hatake. El hijo de su madre se estaba riendo de lo lindo.

Llegaría tarde, y su primera hora era con Anko.

¿Por qué el destino lo odiaba tanto? Ya se podía ver corriendo como imbécil por toda la villa, porque la "señorita" maestra odia la impuntualidad (en todos menos en ella, claro). Y después por culpa de eso no alcanzaría la clase completa de Ibiki y justo ese día tomarían un tema nuevo y aplicarían ese maldito examen. Entonces reprobaría todo y tendría que volverlo a cursar. ¡Otros tantos días de clase con Anko y con Ibiki!

—¡Ya sal abuela, que ando apurado!—gritó mientras golpeaba con fuerza la puerta, para hacerse oír por sobre el terrible canto de su abuela.

—¡Cállate y déjame relajarme, mocoso malcriado!—le respondió con un grito temible la mujer, que casi hizo la puerta caer por el estruendo de su voz. Enserio, ¿cómo era que ella y Jiraiya estaban juntos?

—¡Si no sales tú yo entro, aunque te estés bañando!—contestó algo molesto, pisando con fuerza.

Kakashi dejó de leer para mirar asustado al sol de Kushina. ¿Cómo era posible que pensara el meterse al baño cuando Tsunade lo ocupaba?

Supuso que su cara hablaba por sí sola, porque al parecer el muchacho la entendió a la primera.

—Si estoy entre ver a mi abuela desnuda y salir golpeado a tomar otro curso con Anko e Ibiki, no me importaría terminar en el hospital por un par de días.

—¿Y el trauma de ver a tu abuela…?

Naruto se encogió de hombros.

—He visto cosas peores—regresó su vista hacía su mami y el viejo canoso—. Por favor, Jiraiya es mi abuelo—giró su cuerpo de nuevo hacía la puerta, para volver a pegar con fuerza—. ¡Abuela, ya sal si no quieres que te vea sin ropa!

—¡Mocoso pervertido!, ¡Solo intenta entrar para que veas!

—En serio no creo que debas entrar—Kakashi retrocedió un par de pasos.

—Yo tampoco—sonrió el áureo—, pero enserio que no sabes lo que es tomar una clase con Anko y con Ibiki.

—Estoy seguro que es mucho mejor que entrar ahí—siguió retrocediendo. Naruto tragó ruidoso.

—No me hagas dudar, Kakashi—volteó a ver al ninja, que ya se encontraba a unos cinco metros muy seguros de la puerta. ¿Tan estúpido era el intentar meterse al baño?

—Abuelita…—tocó suave, ya que en un instante todo se encontró en silencio, ni siquiera percibía las voces de su mami y su abuelo.

—¡Mocoso depravado!—en un momento la puerta se abrió por completo y del cuarto salió una rubia furiosa, con los ojos rojos en ira y la boca escupiendo espuma.

¡Su puta madre!

—¡Era juego abuelita!

—¡Ven acá!

Y así fue como a Naruto se le ocurrió lo único que podría salvarlo de la furia de su amada señora abuela: echarle la culpa a Jiraiya.

En verdad, era preferible esperar la venganza de su abuelo que la ira de Tsunade.

—¡Te juro que yo no le dije que lo hiciera, Tsunade!

—¡Y quería que te sacara fotos, como las que me pidió que le sacara a la secretaria del piso tres!

Y con eso abandonó la sala para poder ir a bañarse. Estaba seguro que discutirían durante un rato más hasta que su abuelo encontrara la forma de calmar a la rubia, y luego ella lo golpearía levemente y él le diría un piropo de su esbelta y bella figura. No había mucho problema.

Cuando se acercó al baño e intentó abrir la puerta no pudo. Estaba cerrada.

—Yamato se metió a bañar—informó Kakashi.

¡Chingado!


—Luces terrible usuratonkachi.

Ni siquiera el insulto lo hizo reaccionar.

—No friegues y cómete esto—le dijo casi aventando la charola a través de la reja—. No preguntes qué es porque no tengo idea. El día de hoy no vino la cocinera y eso fue lo que pudo hacer el suplente.

Sasuke lo miró suspicaz pero se limitó a tomar el plato y degustar lo que fuera que había en el.

Naruto por su parte estaba cansadísimo.

Pues sí, había llegado tarde a la clase de Anko, y ella como la "señorita" que es lo puso a darle cincuenta vueltas a la villa. Así que se apresuró a hacerlas y apenas logró llegar treinta segundos antes de que la clase de Ibiki empezara. El muy maldito no dio tema nuevo ni puso el examen. Pero sí que los puso a correr, porque debía de tomar un análisis de…no importaba, la cosa es que estaba muy cansado, y todo su esfuerzo no sirvió para nada.

Y justo ahora Sasuke lo insultaba y lo insultaría por el asco de comida. Ni siquiera sabía si eso era comestible.

—¿Cómo puedes decir que quien cocinó esto es el suplente?—medio trago, medio escupió el Uchiha después de darle unas mordidas a algo que estaba ahí.

—La cárcel apesta, supéralo.

—¿Qué mierda sucede contigo, dobe?—el asesino lo miraba extrañado desde el otro lado de las rejas. El rubio por su parte bufó molesto y se dejó caer completamente en el piso, acostándose cuan largo era y cubriendo sus ojos con su antebrazo izquierdo.

—Estoy cansado, eso es todo.

—Pero qué nenita—sonrió el moreno—. No seas tan mariconcito y supéralo.

—¡Tu bastardo!—y como por arte de magia las bellas palabras del criminal hicieron mella en el rubito que en un instante terminó sentado como de costumbre—. No tienes idea por lo que he pasado.

—Seguro que no es nada comparado por lo que yo si he pasado, y mírame, no ando llorando.

Naruto abrió la boca, con la mano lista para hacer un ademán exagerado –como los que siempre hace- hasta que se dio cuenta de lo que dijo Sasuke. Fue entonces que todo se detuvo y los pensamientos que llegaron a su cabeza el día en que fue a hablar con Matsuda lo invadieron.

Sasuke sólo esperaba morir.

Por su parte, Uchiha miraba aún más extrañado al niño sol, que de un momento a otro se quedó estático, casi asustado. En sus ojos percibía confusión, quizá hasta sorpresa y algo que nunca antes había podido clasificar, pero que no era la primera vez que veía.

Pensó que quizá se había equivocado al decirle ese comentario, pero eso era algo estúpido. Naruto no era una nenita, es decir, ya no era un niño –aunque se comportara como uno- y debía de saber el tipo de cosas que llevan arrastrando los bastardos asesinos como él. No debió de sorprenderle ese comentario, es decir, ¿se lo debía de imaginar, no?, el hecho de que Sasuke hubiera hecho cosas detestables en su vida, y que aún así en ese instante no se estuviera quejando por ello.

Pero como supuso no fue eso lo que caló en el Uzumaki, y lo confirmó cuando este lo miró serio y se dispuso a hablar.

—¿Por qué…—miró al piso, mordiéndose los labios y apretando los puños—. ¿Por qué quieres morir?

El asesino no dijo nada, se limitó a mirar con seriedad al genin. En ese mismo instante Naruto ya no le pareció Naruto. Le recordó a alguien, alguien que alguna vez estuvo a su lado, aunque todos los demás no lo estuvieran.

Había muchas formas de responder esa pregunta, pero solo una le llegó a la cabeza: porque ya no tenía ningún motivo para seguirlo haciendo.

Desde hacía tiempo había perdido mucho, pero hacía no tanto lo perdió todo. Estaba acostumbrado a estar solo, a apañárselas por su cuenta, porque así la vida lo moldeó, pero nunca había conocido la verdadera y cruda soledad. Sí, quizá su vida había sido una reverenda cagada, y de las feas, y aunque tal vez no tenía un compañero todo el tiempo a su lado, siempre sabía que aún había alguien que pensaba en él, que esperaba por él.

Justo ahora no tenía nada de eso.

—¿Por qué no luchas por tu vida?

—Porque ya no tengo nada por lo que vivir.

El rubio abrió los ojos algo sorprendido. Sasuke lo notó, porque nunca dejó de quitarle la mirada de encima, y entonces ese fino hilo que justo ahora el criminal sostenía entre Naruto y ese triste recuerdo de su vida se rompió. No, Naruto siempre sería Naruto, sin ningún punto de comparación.

Y mientras que el Uchiha se entretenía pensando en ello, el Uzumaki sentía un nudo en el estómago. ¿Qué tan triste debía de ser la vida de una persona como para no tener nada por lo que vivir?, sabía que en algunas ocasiones las personas eran exageradas y no se daban cuenta de la realidad y decían que se encontraban solos, sin nadie a su lado. Pero ahora, con Sasuke frente a él mirándolo con emociones contenidas, con los sueños opacos, podía darse el lujo de en verdad pensar que hay personas que simplemente no tienen nada.

¿Así había terminado la vida de Sasuke?, ¿sin nadie?, quería saber, quería conocer todo sobre él, porque en ese tipo de momentos era cuando estaba seguro que esos conocimientos esclarecerían la duda. Sentía tanta curiosidad, tanta tristeza, tanto dolor ajeno a él.

—Siempre existe una razón para vivir, Sasuke—pero aún así, aunque todo indicara que estaba solo, Naruto tenía que esforzarse por sacar al Uchiha de ese pozo, por hacerlo ver cosas que a él le gustaría que existieran. Quería hacerlo pensar que no estaba solo.

Pero cuando miró de nuevo a sus ojos, a la oscuridad en ellos, supo que nada de eso serviría. Sasuke había sido tocado, marcado, por algo mucho más grande de lo que jamás imaginó. Unas tontas palabras no lo iban a reanimar. Quizá nada lo pudiera animar de ahora en adelante.

—No para mí—terminó cortante, volviendo a comer esa cosa rara podría seguir viva.

Naruto a su vez se mordió la lengua y apretó los puños.

Ver a alguien vacío era lo peor que le había pasado en la vida. Era tan malo como ver el momento exacto en que a una persona se le rompen las esperanzas y se le derrumba su mundo. Porque eso era como matarlo, porque lo dejaba sin nada, sin ninguna razón para seguir.

Ni siquiera la muerte parecía temeraria enfrente de ese tipo de personas, las que ya no tienen a nadie en la mirada.

Sasuke ya no tenía nada en sus ojos. Solo eran remordimientos, enojos y tristezas, pero ya no existía ni un poco de brillo, algo que le recordara que vivir valía la pena.

Y Uchiha, que fingía poder comer eso, se regañaba en su mente, porque volvía a parecer débil, porque sentía la compasión y lástima, la malvada lástima en los ojos de Naruto. Él no era alguien que necesitara algo de eso. La lástima no cabía en su vocabulario, y tampoco debía de hacerlo en su mirada. Pero le parecía que en la de Naruto todo tenía un lugar, y todo podía estarse bien.

Por alguna estúpida razón los ojos del rubio lo calmaban, y le llenaban de paz, inclusive si estos solo denotaban algo tan asqueroso como la lástima. Hacia él.

—Si ya no tienes nada por lo que vivir—su respiración le fallaba y sentía que en cualquier momento la voz se le iba a romper. Pero algo dentro de ese panorama, algo en Sasuke, lo hacía resquebrajarse aunque al mismo tiempo luchar por moverse, y seguir de pie—, no veo porque no mueres de una vez. Por qué esperar a que ellos te maten, si puedes hacerlo tú.

Si se llegaba a preguntar él mismo, o cualquier otra persona, cuál era una de las cosas que se le venían a la mente al ver los ojos del Uchiha, Naruto contestaría frío. Siempre que miraba sus ojos sentía el frío en ellos y en su alrededor. Frío como el que en ese instante le calaba los huesos y le carcomía el cuello. Que le besaba la piel y lo entumecía.

No era un frío temerario, era un frío paralizante. Como si vieras algo muy malo, pero que no te asusta.

Y era exactamente ese frío lo que nunca iba a perder la mirada de Sasuke, porque todo él gritaba eso, incluso si el criminal sonreía, o se burlaba ese frío nunca se deshacía, jamás se convertía en calor.

Pero a Naruto, de alguna retorcida manera, no le gustaba la idea de ver a Sasuke sumido en calidad. No iba con él, ni un poco. Lo que sí le gustaba era verlo sonreír, porque ese frío ya no paralizaba, refrescaba, pero no entumecía hasta la médula. Pero verlo sonreír triste en mitad del frió no era bueno, porque todo se volvía más oscuro, mas tieso.

Como ahora.

—Porque me gusta ver hasta el final, ver el sufrimiento de los demás—esa sonrisa, que solo oscurece—. Es como un entretenimiento para mí.

—¿Te gusta ver el sufrimiento de la aldea?, ¿de los niños y mujeres?

—Me gusta ver el sufrimiento de quien se lo merece—su voz ronca como un piano que lleva mucho sin tocarse sacudió al muchacho, que después se tensó en su lugar.

En su mente se formulaban muchas preguntas, hipótesis y acusaciones, pero de su garganta solo salió una. Y al instante se arrepintió.

—¿Mi padre se lo merece?

Se arrepintió al ver los ojos de Sasuke y saber qué era lo que pasaba por ellos.

Nunca debió de preguntar.

Se paró de su lugar, agitado y medio jadeante. Mirando a todos lados, sin querer ver de nuevo la cara de Sasuke, sin querer ver en ella esa maldita respuesta a una pregunta que jamás debió de hacer. ¿Cómo podía, cómo podía sentirse tranquilo?, ¿por qué justo ahora eso lo afectaba tanto? Es decir, su padre fue quien ayudó en su captura, era obvio que el Uchiha no lo iba a tener en un pedestal con flores y todo, pero…algo lo mantenía intranquilo. Como un presentimiento, uno malo.

¿Sasuke se atrevería a lastimar a su padre?, no, porque de ser así ya lo hubiera hecho, tuvo la oportunidad antes, inclusive ahora. Podría lastimarlo a él, hasta matarlo, y así dañaría a Minato, lo heriría enormemente. Pero no lo hacía, ¿por qué no lo hacía?, ¿por qué chingados pensaba en eso?

—Naruto tranquilízate—escuchó su voz profunda, y estuvo a punto de hacerle caso, pero sólo basto mirarlo de nuevo para descontrolarse, y apretar su pecho, su cabeza, sus ojos, todo él, en busca de algo que lo calmara, que lo hiciera parar.

—¿Piensas que yo me lo merezco? —gimió, de rodillas en el piso, jalando de su cabello y golpeando su cabeza, desesperado.

—Naruto cálmate—su voz de nuevo, pero esta vez solo tuvo que escucharlo para ponerse ansioso, enojado, inclusive para sentir un dolor en su piel, en su estómago, en sus manos.

—¡Tu eres el que no debió!, ¡mi padre nunca… nunca…—calor, por todos lados. ¿Dónde estaba el frió de Sasuke?, ¿Debía de verlo para calmarse, debía de tocarlo?, Sasuke era frío y él estaba hirviendo.

Se tensó en el piso y miró sus propias manos hacer movimientos extraños, poniéndose rígidas y acalambrándose. Algo, algo en su mente le taladraba, le decía, le gritaba.

Y por un instante pudo ver a su madre en una cama llorando y gimiendo, con sus abuelos a los costados, tensos y haciendo sellos. Su padre la tomaba de la mano, le susurraba promesas…

Todo se detuvo. El calor ya no estaba, pero tampoco sentía el frío de Sasuke. Era oscuridad, estaba húmedo…era una celda grande y oscura…

—Chico…

Ese lugar ya lo conocía, su madre le habló de él, y ya había estado ahí.

—…tienes que alejarte, o te asesinaré. A ti y a tu madre—rejas enormes y gruesas. Una voz siniestra, rasposa.

—¿Kyubi…?

—¡Naruto!—de nuevo la voz de Uchiha, llamándolo. Volvió a estar junto a él, en el piso, con la espalda encorvada y la mirada hacia el techo. Sentía su cara húmeda, ¿estaba llorando?, probablemente. Miró de nuevo sus manos, estaban rodeadas de chakra rojo, y sin embargo no lo sentía. Se acostó en el piso y suspiró asustado, y entonces volteó a ver a Sasuke. Y lo que miró lo sorprendió.

Eran sus ojos, el Sharingan, pero no lo veían a él, veían en su interior. Y Naruto se quedó mirándolo, abstraído, porque jamás pensó que ver ese dojutsu activado lo iba a calmar. Todo se estaba derrumbando, podía distinguir la misma oscuridad de hacía unos instantes, la celda de Kyubi. Podía inclusive percibir al demonio enjaulado, gruñendo y gritándole que se largara si apreciaba su vida. Sin embargo, el demonio ya no le gritaba a Naruto, sino a Sasuke, quien ya no poseía esas horribles cadenas, y estaba hincado a su lado, sobre el agua.

—Dobe, no te muevas—le habló, y ya no le pareció una voz ronca y grave. Se le antojó diferente, inclusive más amigable, aunque igual de seria.

Sinceramente Naruto no estaba muy consciente de lo que hacía y de lo que no, por eso fue que solo notó que tomaba una de las manos de Sasuke hasta que le habló.

—Ayúdame—podía sentir algo en su cuerpo, algo que lo hería—, por favor.

La mano de Sasuke que el rubio tomaba le regresó el apretón, y la otra se limitó a extenderse en dirección de las rejas.

Naruto sólo lo pudo ver unos segundos antes de desmayarse.

Las aspas girando, rápido y sin detenerse. Sasuke diciendo algo, algo que no pudo comprender, y un alivio gigante, sin dolor o calor. También a su mami, suspirando sorprendida, como él.

Después, todo negro.

La misma voz que lo estuvo llamando los últimos minutos fue lo que lo despertó. Estaba en el piso de la celda, con la cabeza girada hacía Sasuke y una mano intentando tocar la reja.

—Sasuke…

—¿Estás bien, Naruto?—el criminal se encontraba a pocos centímetros de la reja, y aún tenía el Sharingan activado.

—Gracias—se levantó poco a poco, mareándose un poco y con la vista medio nublada. El estómago le ardía, y las manos le picaban.

Cuando regresó su vista hacía el asesino éste ya no tenía el dojutsu activado. De nueva cuenta estaban esos pedazos de noche, mirando al rubio.

Éste último se arrastró hasta quedar a centímetros de la reja y pasar una mano por entre los barrotes, para terminarla poniendo sobre los dedos sucios del hombre.

—Gracias—enrolló dos dedos entre unos cuantos de Sasuke y apretó, con los ojos vidriosos. ¿Por qué se sentía así, con tanta tristeza?

—Deberías de ir a ver a tu madre—habló el preso—. Yo estoy bien—dijo soltándose del agarre y retrocediendo un poco, sólo para que la mano del Uzumaki ya no tuviera contacto con la suya.

Sin embargo eso no afectó al rubio, que se puso de pie de inmediato, sobresaltado. ¡Su mamá!

—¡Gracias por recordarme!—medio grito medio dijo el adolescente, al tiempo que se daba la vuelta para salir—. Y gracias de nuevo, y eh… nos vemos.

Se despidió y salió corriendo de ahí.

Sasuke se miró la mano, la que Naruto había tomado hacía unos instantes y la misma que había agarrado en aquel otro lugar.

Por un instante deseó nunca haberle recordado nada.


N/A: Perdón por tardarme tanto, pero es que se me atravesaron varias cosas y chalalalala. Sí, van a terminar saliendo más capitulos de los que planee asi que supongo que es algo bueno.

Espero que les haya gustado, cualquier duda, queja, grosería y lo que gusten será bienvenido en un review, los cuales adoro:)

¡Muchas gracias a: Ryokosan, UzuchihaMara, Evel Mestra, zanzamaru, Nani Edelina L. Walker, TheRusso, jennita, Niknok19,Ikaros-san, NaraLollipop, , milk goku, PauYh796, Lilineth-chan, Hana.x3, Dakota Boticcelli, angel-black-14, Ghost, Ang97, mitsu-chan-R27 e Isabella1315 y a todos los que falten por leer y seguir!

~Shameblack~