Muchas gracias por tu comentario, espero que esta historia te guste. Ya leí esos fic que dijiste, me gustaron, pero yo quise hacer algo más controversial, je

2

Aún reinaba la oscuridad cuando James Norrington llegó al lado del Perla Negra y uno de sus tripulantes diera el aviso de su llegada. Y, entre todos aquellos piratas que se asomaban por la balaustrada, apareció el capitán Jack Sparrow, que mirando hacia abajo, logró que sus ojos negros se cruzaran con los ojos verdes del oficial.

Una sonrisa de satisfacción adornó el rostro moreno del pirata.

-¡Bienvenido a bordo, comodoro! –lo saludó y se volvió hacia sus hombres-. Ayúdenlo a abordar..

Sin poder evitar que sus brazos y piernas temblaran a causa del miedo que sentía, el comodoro comenzó a subir por la escalera que le habían lanzado. Poco a poco fue ascendiendo por el casco de la nave hasta que llegó a la sima y saltó por la balaustrada, cayendo de pie sobre la cubierta central, justo en frente del capitán Sparrow.

-¿Y bien, Señor Sparrow? ¿Para qué me quiere a bordo? –preguntó desafiándolo mientras los piratas comenzaban a rodearlo.

-Usted ya sabe para qué lo llamé a bordo, comodoro… -se acercó un poco más-. Hablaremos sobre el cese del fuego. Llegaremos a un acuerdo beneficioso para los dos, ¿savy?

Había un tono de doble sentido en aquellas palabras que logaron alarmar a Norrington, pero, como su mente se rehusaba a pensar en otra cosa que no sea el deber, decidió confiar en que todo saldría bien al final.

-Bien. Hable entonces, lo escucho.

-¡Oh, no! ¡Aquí no! –sonrió Jacky abanicando las manos-. Es mejor que tratemos este asunto en un lugar mucho más apropiado para eso… Mi camarote.

Otra vez la alarma se encendió en la mente del comodoro, su intuición le decía que algo no andaba bien y que aquel pirata traía algo muy sucio entre manos. Pero no podía echarse para atrás todavía, quizás estaba siendo demasiado suspicaz.

-Como usted quiera, Señor Sparrow.

-Capitán Jack Sparrow –corrigió el sonriente pirata-, recuerde que usted está en mi navío, comodoro..

-Está bien, como usted quiera, capitán Jack Sparrow –respondió después de unos segundos.

-¡Muy bien! –festejo batiendo las manos-. Ahora sí que nos vamos entendiendo. ¿Por qué no me sigue, comodoro? –lo invitó haciéndole una venia.

Y así, mientras lo seguía, notó muy alarmado la forma en que lo miraban los tripulantes del Perla Negra, era como si ya supieran lo que iba a pasar.

-Que lo disfrute, comodoro –le dijo Gibbs con una sonrisa preocupante.

Aquello lo preocupó mucho más, pues si hubieran querido asesinarlo o tomado prisionero ya lo habrían hecho, en cambio, Jack Sparrow lo había invitado a pasar a su camarote. Con el corazón golpeándole furiosamente en el pecho y temblando de pies a cabeza, Norrington intentó mantener la calma y permanecer lo más sereno posible… Hasta que ambos entraron al camarote.

-Puede tomar asiento, comodoro… -le dijo Jack señalándole una de las sillas que habían cerca de un escritorio lleno de mapas y botellas de ron.

Una vez que tomó asiento, Norrington trató de dominar su nerviosismo y guardar su compostura.

-¿Y bien, capitán Sparrow? ¿Cuál es el acuerdo? ¿Qué es lo que quiere para que deje de atacar Port Royal?

Sonriendo y observándolo de arriba hacia abajo, Jack Sparrow tomó una botella de ron y se acercó lentamente hasta donde se encontraba sentado el comodoro, poniéndose detrás de él.

-¿Quiere que se lo diga directa o indirectamente? –le dijo al oído, estremeciéndolo.

-Di-directamente, por favor… -tartamudeó haciéndose a un lado.

-Eso es lo que me gusta de usted, siempre va al grano… -le dijo el pirata mirándolo de tal manera que parecía desnudarlo. Nervioso, el comodoro se levantó de la silla y se dirigió hacia la ventana y la abrió para tomar un poco de aire fresco.

Muy dentro de él algo le decía lo que aquel depravado pirata quería de él.

Lentamente, Jack Sparrow fue acercándose hasta que se colocó justo detrás del comodoro, respirando en su cuello y apoyando una de sus manos sobre el marco de la ventana.

-Creo que usted y sabe lo que yo quiero, comodoro… -le susurró al oído-. Desde la primera vez que lo vi supe que algún día iba a poseerlo… -colocó su mano en la pierna de Norrington y comenzó a subirla lentamente-… Tan serio, tan caballero, tan fino, tan orgulloso… Siempre desee bajarle los humos, ¿savy?

-No me toque –le dijo furioso pero sin apartarse de él, sintiendo cómo la mano de su enemigo llegaba hasta su trasero través de los pliegues de la casaca-. ¿Qué es lo que quiere?

-A usted… -y le mordió suavemente la oreja.

-¡Nunca! –se apartó furioso, humillado-. ¡Jamás me entregaré a usted! ¡Jamás seré su prostituta!

-Muy bien, entonces tendré que iniciar el ataque y buscar a Elizabeth para sacarme las ganas… -le dijo sonriendo maliciosamente.

-¡¿Qué?! ¡Jamás permitiré semejante maldad! –exclamó furioso, desenvainando su espada con la intención de atacarlo.

-Yo no haría eso si fuera usted, comodoro –le advirtió Jack Sparrow-. Mis hombres están listos para tomar represalias en contra de Port Royal si usted osa en hacerme daño ¿savy? Ni siquiera la hermosa Elizabeth se salvará.

Preocupado y abatido, Norrington bajó la espada lentamente, dándose por vencido para la satisfacción del pirata.

-Si… Si me entrego a usted… ¿Ya no atacará Port Royal ni molestará a Elizabeth?

-Así es. Veo que usted es un hombre muy inteligente y sacrificado, comodoro Norrington –sonrió triunfante.

El comodoro estaba muy asustado, ¿sería capaz de realizar semejante sacrificio para salvar Port Royal y a Elizabeth? ¿Dejarse abusar por el capitán Jack Sparrow?

-Está bien –le dijo con el corazón en la boca-. Haré lo que usted me diga, capitán Sparrow, pero debe prometerme que dejará en paz a Elizabeth y a Port Royal.

-Hecho –asintió triunfante mientras extendía la mano hacia el comodoro para cerrar el trato.

Dudando, Norrington se decidió a estrechársela, pero en cuanto lo hizo, la mano de Jack se cerró fuerte sobre la suya y lo atrajo hacia él para abrazarlo.

-Creo que vamos a divertirnos toda la noche, comodoro James Norrington…