Jola de nuevo :D

no pude subir esto antes porque no sabía como poner otro capitulo TT-TT , pero ya lo averigue y soy feliiiiz owo

Este capitulo se lo dedico a Telidina, gracias por tu review, no sabes lo feliz que me has hecho :')

pero sin más...a la historia


La fuente de la buena fortuna

En lo alto de una colina que se alzaba en un jardín encantado, rodeado por altos muros y protegido por poderosos hechizos, manaba la fuete de la buena fortuna.

El día más largo del año, durante las horas entre el amanecer y el ocaso, se permitía que un solo desdichado intentara llegar hasta la fuente, bañarse en sus aguas y gozar de buena fortuna por siempre jamás.

El día señalado, antes del alba, centenares de personas venidas de todos los rincones del reino de Hetalia se congregaron ante los muros del jardín. Hombres y mujeres, ricos y pobres, jóvenes y viejos, con poderes mágicos y sin ellos, se reunieron allí de madrugada, todos confiados en ser el afortunado que lograra entrar en el jardín.

Tres magos, cada uno con una carga de aflicción, se encontraron entre la multitud y se contaron sus penas mientras aguardaban el amanecer.

El primero, que se llamaba Raivis, padecía una enfermedad que nadie había logrado curar. Confiaba en que la fuente remediara su dolencia y le concediese una vida larga y feliz.

Al segundo, Edward, un perverso hechicero enmascarado le había robado la casa, el oro y la varita mágica. Confiaba en que la fuente reparara su impotencia y su pobreza.

El tercero, Felix, había sido abandonado por un joven del que estaba muy enamorado, y creía que su corazón nunca se repondría. Confiaba en que la fuente aliviaría su dolor y añoranza.

Tras compadecerse unos de otros por sus respectivos padecimientos, los tres hombres decidieron que, si se presentaba la oportunidad, unirán sus esfuerzos y tratarían de llegar juntos a la fuente.

Cuando los primeros rayos de sol desgarraron el cielo, se abrió una grieta en el muro. La multitud se abalanzó hacia allí; todos reivindicaban a gritos su derecho a recibir la bendición de la fuente. Unas enredaderas que crecían en el jardín, al otro lado del muro, serpentearon entre la muchedumbre y se enroscaron alrededor del primer mago, Raivis. Este agarro por la muñeca al segundo, Edward, quien a su vez se aferró de la túnica del tercero, Felix.

Y Felix se enganchó en la armadura de un caballero de largo cabello castaño y de semblante triste que estaba allí montado en un delgado poni (*).

La enredadera tiro de los tres magos y los hizo pasar por la grieta del muro, y el caballero cayó de de su montura y se vio arrastrado también.

Los furiosos gritos de la defraudada muchedumbre inundaron la mañana, pero al cerrarse la grieta todos guardaron silencio.

Raivis y Edward s enfadaron con Felix, porque sin querer había arrastrado a aquel caballero.

-¡En la fuente solo puede bañarse una persona! ¡Como si no fuera lo bastante difícil decidir cuál de los tres se bañará! ¡Solo falta que añadamos uno más!

Sir Toris el Desventurado (**), como era conocido el caballero en aquel reino, se percató de que los tres hombres eran magos. Por tanto, como él no sabía hacer magia ni tenía ninguna habilidad especial que le hiciera destacar en justas o duelos de espadas, ni nada por lo que pudieran distinguirse los hombres muggle, se convenció de que no lograría llegar antes que ellos a la fuente. Así pues, declaró sus intenciones de retirarse al otro lado del muro.

Al oír eso, Felix también se enfadó.

-¡O sea, como que no te puedes retirar!- lo reprendió-¡Desenvaina tu espada y ayúdanos a lograr nuestro fabuloso objetivo! [N.A. si…así habla Felix en mi mente]

Y así fue como los tres magos y el taciturno caballero empezaron a adentrarse en el jardín encantado, donde, a ambos lados de los soleados senderos, crecían en abundancia extrañas hierbas, frutas y flores. No encontraron ningún obstáculo hasta que llegaron al pie de la colina en cuya cima se encontraba la fuente.

Pero allí, enroscado alrededor del pie de la colina, había un monstruoso gusano blanco, abotagado y ciego. Al acercarse los magos y el caballero, el gusano volvió su asquerosa cara hacia ellos y pronunció estas palabras:

Entregadme la prueba de vuestro dolor.

Sir Toris el desventurado desenvainó la espada e intentó acabar con la bestia, pero la hoja se partió. Entonces Edward le tiró piedras al gusano, mientras Raivis y Felix le lanzaban todos los hechizos que conocían para inmovilizarlo o dormirlo, pero el poder de sus varitas mágicas no surtía mas efecto que las piedras de su amiga o la espada del caballero, y el gusano no los dejaba pasar.

El sol estaba cada vez más alto y Raivis, desesperado, rompió a llorar.

Entonces el enorme gusano acercó su cara a la de Raivis y se bebió las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Cuando hubo saciado su sed, se apartó deslizándose suavemente y se escondió en un agujero del suelo.

Los tres magos y el caballero, alegres porque el gusano había desaparecido, empezaron a escalar la colina, convencidos de que llegarían a la fuente antes del mediodía.

Pero cuando se encontraban hacia la mitad de la empinada ladera, vieron unas palabras escritas en el suelo:

Entregadme el fruto de vuestros esfuerzos

Sir Toris el desventurado sacó la única moneda que tenía y la puso sobre la ladera, cubierta de hierba; pero la moneda echó a rodar y se perdió. Los cuatro siguieron ascendiendo, pero, aunque caminaron varias horas, no avanzaban ni un solo metro: la cumbre no estaba más cerca y seguían teniendo adelante aquella inscripción en el suelo.

Estaban muy desanimados, porque el sol ya había pasado por encima de sus cabezas y empezaba a descender hacia el lejano horizonte. No obstante, Edward andaba más deprisa y con paso más decidido que los demás y los instó para que siguieran su ejemplo, aunque no parecía que con ello fueran a alcanzar la colina encantada.

-¡Animo amigos! ¡No os rindáis!-los exhorto quitándose el sudor de la frente.

Cuando las relucientes de sudor cayeron al suelo, la inscripción que les serraba el paso se esfumó y comprobaron que ya podían continuar subiendo.

Alentados por la superación de ese segundo obstáculo, siguieron hacia la cima tan de prisa como les era posible, hasta que por fin vislumbraron la fuente, que destellaba como un cristal en medio de una enramada de arboles y flores.

Sin embargo, antes de llegar encontraron un arroyo que discurría alrededor de la cumbre serrándoles el paso. En el fondo del arroyo, de aguas transparentes, había una piedra lisa con esta inscripción:

Entregadme el tesoro de vuestro pasado

Sir Toris el desventurado intentó cruzar el arroyo tumbado sobre su escudo, pero este se hundió. Los tres magos lo ayudaron a salir del agua y luego intentaron saltar a la otra orilla, pero el arroyo no se dejaba cruzar, y mientras tanto el sol bajaba más y más.

Así que se pusieron a reflexionar sobre el significado del mensaje escrito en la piedra, y Felix fue el primero en entenderlo. Agarró su varita, extrajo de su mente todos los recuerdos de momentos felices compartidos con el joven del que estaba enamorado y que lo había abandonado, y los vertió en el agua. La corriente se llevó sus recuerdos y en el arroyo aparecieron unas piedras que formaban un sendero. De ese modo, los tres magos y el caballero pudieron cruzar por fin al otro lado y alcanzar la cima de la colina.

La fuente brillaba ante ellos, entre hierbas y flores de una belleza y una rareza extraordinarias. El cielo se había teñido de rojo rubí. Había llegado el momento de decidir quién de ellos se bañaría en la fuente.

Pero, antes de que tomaran la decisión, el frágil Raivis cayó al suelo. Extenuado por la agotadora escalada, estaba a punto de morir.

Sus tres amigos lo habrían conducido hasta la fuente, pero Raivis, agonizante, les suplicó que no lo tocaran.

Entonces Edward se apresuró a recoger todas las hierbas que le parecieron útiles, las mescló en la calabaza donde sir Toris el desventurado llevaba el agua (***) y le dio a beber la poción a Raivis.

Entonces Raivis si incorporó y al cabo de un instante se tenía ya en pie. Más aún, todos los síntomas de su terrible enfermedad habían desaparecido.

-¡Estoy curado!-exclamó-¡Ya no necesito bañarme en la fuente! ¡Que se bañe Edward!

Pero éste estaba muy entretenido recogiendo más hierbas en su delantal.

-¡Si puedo curar esa enfermedad, ganaré muchísimo oro!-exclamo-¡Que se bañe Felix!

Sir Toris el desventurado hizo una reverencia invitando a Felix a acercarse a la fuente, pero este negó con la cabeza. El arroyo había hecho desaparecer toda la añoranza que sentía por su amado, y de pronto comprendió que aquel joven había sido cruel y desleal y que en realidad debía alegrarse de haberse librado de él.

-Tipo, como que en la fabulosa fuente te bañas tu, porque nos ayudaste mucho y ¡o sea! que sería súper descortés no recompensarte-dijo entonces.

Haciendo sonar su armadura, el caballero avanzó bajo los últimos rayos del sol poniente y se bañó en la fuente de la buena fortuna, asombrado de ser el elegido entre centenares de personas y sin dar crédito a su gran suerte.

Cuando el sol se ocultaba tras el horizonte, sir Toris el desventurado emergió de las aguas luciendo todo el esplendor de su triunfo y se arrojó con su herrumbrosa armadura a los pies de Felix, que era la persona más buena y más hermosa que jamás había conocido. Exaltado por el éxito, le suplicó que le entregara su corazón, y Felix, tan embelesado como él, comprendió que por fin había encontrado a un hombre digno de su fabulosa persona.

Los tres magos y el caballero bajaron juntos de la colina, agarrados del brazo, y los cuatro tuvieron una vida larga y feliz, y ninguno de ellos supo ni sospechó jamás que en las aguas de esa fuente no había ningún sortilegio.


(*)lo del pony fue un pequeño regalo para el fabuloso Felix

(**) se que el original es sir Desventura, pero debía poner el nombre de Toris, y sir Toris Desventura no sonaba bien.

(***)esa calabaza es una especie de cantimplora ;)

Bueno, aquí terminado el segundo capitulo y para los extras ya se ha añadido el quien era el ladrón enmascarado y por que le robó todo a Edward.