Me llamo Barry Allen y soy el hombre más rápido del planeta. Aunque soy un adolescente. Y ahora he adoptado el nombre de Sebastian Smythe. Odio las mudanzas, pero Cisco y Caitlin...Quiero decir, Victoria y Michael...Ah, que más da.
Cisco y Caitlin, mis cuidadores, creen que es más seguro para mi mudarme constantemente. Ellos están hechos el uno para el otro, aunque aún no se hayan dado cuenta. Por mi parte, solo quiero un amigo. Y ojalá algo más que un amigo, pero incluso alguien a quien abrazar de vez en cuando me serviría. Aunque fuese una chica.
Vale, no. Eso es asqueroso.
El problema es, soy tímido. Muy tímido. Y la timidez puede llegar a resultar adorable (Creedme, no), pero es horrible cuando tienes que empezar el instituto. Una y otra vez, siendo el chico nuevo.
Todos te miran, todos murmuran sobre ti y todos, absolutamente todos los profesores creen que es una genial y original idea (Sí, claro. Duh) hacer que te presentes a tus compañeros. En cada clase.
Si mi poder fuese adelantar el tiempo, todo iría genial. Pero no, soy rápido. Lo que significa que el resto del mundo es muy, muy lento. Jodidamente lento.
Así que aquí estoy, primer día de clase, frente a la puerta del nuevo instituto...
Barry abrió la puerta del instituto y entró, notando la cartera golpeando su cadera al caminar y la madera cerrándose tras su espalda. Unas ganas impresionantes de salir corriendo de allí le atacaron, pero las rechazó con un suspiro. Caminó hasta su taquilla, memorizando la combinación que venía en los papeles que le habían proporcionado. Dejó en ella la mayoría de los libros, y los ordenó según los colores del arco iris, una antigua técnica de relajación que usaba cuando era pequeño. Se dio la vuelta y entonces percibió como, a cámara lenta, un sospechoso líquido azul se acercaba a él. Se movió sin pensarlo, con los ojos cerrados, evitando el contacto. Apareció en la otra punta del instituto, jadeando, y un mareo repentino le atacó, haciéndole maldecir. Apenas había desayunado esa mañana, no espera usar su talento durante el día.
Se permitió una sonrisa al imaginar la cara de su atacante al ver que su víctima se había desvanecido. Una vez recuperado, miró el papel en su mano y se apresuró a llegar a la primera clase.
El profesor, un hombre joven con el pelo ligeramente rizado y un pronunciado hoyuelo en la barbilla, llamado William Schuester, le dio la bienvenida.
-Chicos, un poco de atención, por favor. Este es vuestro nuevo compañero...-revisó los papeles en su mesa, buscando el nombre.-Vuestro nuevo compañero Sebastian Smythe. ¿Puedes presentarte, por favor?
-Me llamo B...Sebastian, vengo de Athens y me he mudado hace unos días...-tragó con dificultad, nervioso.-Espero estar mucho tiempo aquí y llevarme bien con todos vosotros..
Schuester aplaudió suavemente hasta que se dio cuenta de que sus alumnos le ignoraban. Con un gesto, le indicó al muchacho que se sentase y así lo hizo, junto a un alumno de cabellos negros teñidos de azul en la punta, sonrisa deslumbrante y ojos azul hielo.
-Soy Elliott, encantado.-le guiñó un ojo sonriendo pícaramente.
-Sebastian.-se mordió el labio, sonrojándose por el guiño.
-Encantado. Sería un placer ser tu amigo.
-Me encantaría.-sonrió timidamente y se concentró en el profesor, que trataba infructuosamente conseguir la atención de la clase.
Bueno...Al menos ya tengo un amigo.
Su siguiente clase no era con Elliott, aunque sí compartían el horario de comedor, por lo que al menos no almorzaría solo. Eso era un punto a favor de este instituto. En Athens siempre comía solo.
Paseó por el pasillo, dirección a su taquilla, cuando una pequeña confrontación llamó su atención, en la fila de casilleros más alejada de su posición. Un chico enorme, fornido, envuelto en una chaqueta Letterman roja, se encontraba pegado a un muchacho delgado, de rasgos delicados y pálido, que le estaba gritando algo, muy molesto. El jugador frunció el ceño y alzó el brazo con toda la intención de golpear al otro y...el castaño ya no estaba allí.
Ni siquiera lo había pensado antes de lanzarse a salvarlo. Paró en las gradas del campo, aún abrazado al otro chico. Olía bien.
-¿Qué demonios?-la voz suave y algo aguda de su compañero sonó desconcertada, mientras le mantenía la mirada con unos preciosos ojos azules. O grises. ¿Verdes?-¿Qué ha pasado? ¿Quién eres tú?
-Ese.. neandertal iba a golpearte...Así que te salvé...
-¿Me salvaste? ¡Estábamos en la otra punta del instituto!
-Soy rápido.-sonrió arrogantemente durante unos segundos, era más que rápido.
-¿Y quién eres? ¡No te conozco de nada!
-Ba...Bas. Sebastian, en realidad...Pero Bas está bien.-maldijo para sus adentros, había estado a punto de desvelar su nombre verdadero.
-Kurt Hummel.-respondió el otro.
Barry apenas tuvo tiempo de sonreír antes de que otro mareo recorriese su cuerpo. Se apoyó en los hombros del chico, cerrando los ojos y jadeando por la horrible sensación. De los labios del otro escapó una pequeña exclamación, pero en seguida se sentó, ayudándolo a estabilizarse. Sus ojos azules le miraron con preocupación, y comenzó a sentirse cálido en el interior.
-¿Te encuentras bien? Estás algo pálido.
-Es una bajada de azúcar...No he desayunado bien.-susurró forzando una pequeña sonrisa.
Kurt abrió su bolsa y sacó un par de snacks saludables, tendiéndole uno. Lo aceptó ruborizándose suavemente.
Ojalá sea otro amigo...
