Hola!!! Bueno, ya se que hipotéticamente, la continuación de Memorias Blancas es Jaque Mate, pero surgió esta idea en mi cabeza y tenía que escribirla!!
Tenía ganas de escribir algo sobre la relación de Integra y Seras. Todo esto comenzó hace 5 años cuando vimos Hellsing con una amiga por primera vez. Ella dijo ¨Yo soy Seras!¨ y yo dije ¨No! La posta es Integra!¨ y así nos peleabamos hasta qeu salió el fina y...jeh! Gane! Alucard se quedó conmigo JAJAJAJAJJAJAJA! Bueno, más allá de eso, el personaje de Seras me empezó a gustar más en el manga! (En el anime le falla atrozmente a mi parecer) Y me gusta como pinta las cosas al final Hirano, con Integra y Seras hablandose con confianza, como si fueran amigas. Bueno,este es ¨el comienzo de la hermosa amistad.¨Asi que esta historia va dedicada a ella! (que dudo que la lea :P)
Y ya que estaba, me divertí un poco con los caballeros. SI, YA SE QUE en Jaque Mate hice que Penwood la conociera a Integra más tarde, pero me pareció una buena idea que se conocieran antes, ya van a ver. Después planeo re escribir Jaque Mate y así compretar esta trilogía n,n
Bueno, espero que les guste!
De cómo los caballeros aprendieron cual era su lugar…
Por Demoness Raven
Algunos meses más habían pasado desde la masacre en Londres y el lugar comenzaba lentamente a progresar. Ahora, los osados que quisiesen volver a vivir en la capital de su nación podían hacerlo si tomaban las precauciones necesarias.
El movimiento en la mansión Hellsing era notable, los soldados nuevos entraban y salían, había operaciones día y noche. Integra pensó que su ritmo de vida se acercaba irónicamente al de un vampiro. Demasiado para su gusto. Prácticamente no dormía durante la noche, y de día apenas pegaba un ojo entre una misión y otra. Al principio se encontraba sola, comandando a los soldados que por propia voluntad se habían alistado. Eso era lo que necesitaba, gente con actitud, dispuesta a pelear por su país. Después de un tiempo, descubrió que Seras tenía potencial de líder. Entonces se dividieron en dos grupos, uno comandado por ella y el otro por la vampiresa y salieron a cazar cuanto vampiro, ghoul o criatura sobrenatural encontrasen. Victoria demostró ser una buena comandante, la chica había desarrollado una fuerte actitud gracias al capitán Bernardotte. Eso, más el hecho de que fuese una draculina hacía que los hombres no dudasen un segundo en cumplir sus órdenes.
Sir Hellsing se despertó sobresaltada. Miró su reloj y agradeció a su dios. Faltaban quince minutos para su reunión con los nuevos caballeros. Sir Islands y el Teniente Walsh habían muerto meses atrás, así que todos los caballeros eran novatos a excepción de ella. Supuso que esta vez las cosas serían más fáciles, los nuevos siempre estaban dispuestos a escuchar la voz de la experiencia. La reina le había informado que entre los elegidos estaba el nieto de Sir Penwood, que tan solo tenía trece años y tomaba ese puesto porque el resto de su familia había muerto durante el ataque nazi. Integra no pudo evitar sentirse aunque sea un poco responsable por eso. Pensaba adoptar al muchacho como una especie de aprendiz, si es que demostraba las agallas que había tenido su abuelo, que bien escondidas estuvieron hasta el final. Se cambió el blaizer del traje por uno que estuviese limpio de sangre y se acomodó el pañuelo en el cuello. Miró hacia su mesa de luz, buscando sus anteojos y vio la cruz de plata. El colgante brilló reflejando al sol como en forma de saludo y ella se lo puso inmediatamente. Recordó fugazmente la primera reunión con la reina y sus guardianes. Alucard había estado allí con ella, y ahora también estaría, aunque fuese en su memoria y en ese colgante. Salió de su habitación y se dirigió a la sala que usaban para las conferencias, se había encargado de hacerla reconstruir nuevamente, y esta vez, la puerta había sido reforzada. No quería pasar por descuidada como aquella vez que los hermanos Valentine atacaron la mansión. No. Ese sería un error que nunca se volvería a cometer. Encendió un cigarro y finalmente abrió la puerta, sin saber que se había equivocado en sus suposiciones con respecto a los novatos.
Horas después Integra Hellsing juró para sus adentros que los mataría a todos. No podía creer lo que escuchaba. Todos los caballeros resultaron ser niños mimados que poco y nada sabía sobre su país y sobre la crisis por la que estaba atravesando. Eran todos jóvenes de su edad, pero por como pensaban, parecían ser chicos entrando a la pubertad. De lo único que habían hablado hasta ese momento era de sus historias, de cómo sus tátara abuelos habían hecho el dinero que les permitía estar en ese momento en esa posición y de la ceremonia de admisión, de cuando, y cómo querían que esta fuera. La reina le había hecho prometer que no se impondría sobre los jóvenes y que escucharía nuevas ideas, pero eso ya era el colmo. Para peor. ¡Algunos hasta habían tenido el atrevimiento de preguntarle si estaba soltera! El único que no decía nada era Sir Penwood, el pobre chico parecía avasallado ante la solemnidad de su cargo. ¿¡Qué solemnidad?! ¡Si eran todos unos incompetentes! La reina debía estar senil como para haber elegido a semejante basura. Retuvo más insultos mentales hacia su soberana y con fuerza golpeó la palma de la mano contra la mesa, haciendo que los presentes se callaran inmediatamente.
-Señores, me parece que lo que están discutiendo en este momento no es para nada prioritario, dada la condición en la que se encuentra el país.-
-Disculpe Lady Hellsing, pero me parece que el asunto de la ceremonia es de suma importancia. ¿Cómo espera que desempeñemos nuestras funciones como caballeros si no se nos ha nombrado como tales?- El que hablaba ahora era el que peor le caía de todos. Era pariente de Sir Islands, era uno de había preguntado sobre su estado civil y osaba dirigirse hacía ella como ¨ Milady ¨ o ¨ Lady ¨, lo cual comenzaba a molestarle en demasía. Tenía tantas ganas de golpear al tipo en la cara. Cada vez que se fijaba en ella sentía como la mirada altanera de él la recorría de arriba abajo.
-Pensé que su majestad les habría explicado bien la situación por la que estamos atravesando.-
-Si, así lo hizo ciertamente.-
-Muy bien, entonces digo que este debate debe dejarse para más adelante, tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos.-
-¿Qué sabes tú de poder, mujer? Es un privilegio demasiado grande para ti, en mi opinión, siquiera estar en nuestra presencia. ¿Qué sabes tú de nobleza? No me vengas a dar órdenes a mí.-
-Se lo suficiente como para saber cual es mi lugar y por lo que veo tú no comprendes muy bien donde estás parado. Pasé por cosas por las cuales tú te harías encima de solamente soñarlas. ¡La ciudad esta destruida y tú hablas de ceremonias! ¡He visto poder tan grande que jamás podrías soñar siquiera en alcanzarlo! ¡Y he visto que pasa con los idiotas como tú, que apenas tienen un poco, ya se les sube a la cabeza!- No pensaba quedarse callada ante la insolencia de ese sujeto. ¿¡Quién se creía que era?!
-¡Claro! Mira quien habla, zorra de Hellsing. ¡Tu amante vampiro no esta ya en este mundo, aquel que te daba ese ¨ poder ¨ del cual tanto te vana logras!-
-¿¡Qué has dicho?!- Eso si que era un golpe bajo. ¡¿Cómo se atrevía a llamarla zorra!? Sintió deseos de descuartizarlo a él y a los demás, que asentían a lo que le estaba diciendo. No pudo rebatirle porque siguió hablando.
-¡Eso mismo! Es bien conocida tu historia fuera de Londres, Lady Hellsing. Es bien sabida tu relación enferma con tu mascota, el vampiro Alucard. ¿Así que mantenías relaciones con él a cambio de poder por sobre todos los caballeros anteriores? ¡Ja! ¡Pues ya no más! No pienso dejarme engañar por tus trucos, babilonia.- Ya había sido suficiente. Sus ojos se abrieron como platos al escuchar eso. ¿Realmente eso se decía de ella? ¡Había peleado con innumerable cantidad de ghouls y demás demonios para ganarse el respeto de su país y ahora un tarado le venía a decir que era una zorra! Para peor. ¿¡Cómo se atrevía a insinuar siquiera que Alucard le había puesto un dedo encima de aquella manera tan burda!? Sintió como los deseos de matarlo recorrían su cuerpo y se intensificaban. Estuvo a punto de agarrar el sable que tenía en la cintura, cuando repentinamente Sir Penwood, con sus tan solo trece años de edad se levantó y encaró a Sir Islands.
-¿¡Cómo se atreve a insultar de semejante manera a Sir Hellsing?!-
Todos se sorprendieron de la valentía del joven, incluyendo a Integra y al joven mismo, quien luego de haber dicho eso se tapó la boca con las manos, como quien dice un secreto que no debía de haber dicho.
-¡No te atrevas a levantarme la voz niño! ¡Tú no tienes palabra aquí!- Penwood volvió a sentarse, todo atisbo de valentía desapareció de su semblante y se dedicó a mirar hacía el suelo. Integra decidió que no quería escuchar más a esos idiotas. Se miró las manos. Estuvo a punto de matar a ese hombre. El cansancio realmente le estaba minando el autocontrol. Si no fuera por el joven Penwood la mitad de los caballeros estarían sin cabeza ahora. Finalmente decidió abandonar el lugar por el momento, tenía que enfriar su mente, si no, no podría tomar decisiones. Se paró y se dirigió hacia la puerta.
-Con su permiso caballeros, me retiro. Volveré cuando estén decididos a dialogar como personas decentes y no como idiotas sin seso.- Dicho esto salió del lugar.
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Victoria se encontraba terriblemente aburrida. Estaba metida en medio de una reunión de generales los cuales de gritaban los unos a los otros a más no poder. Eran la guardia personal de la reina, que ahora querían meter sus narices en las tácticas de Hellsing. Integra le había dicho que quería que ella les mostrara como eran las cosas realmente, pero era muy tarde para ella. ¡Las tres de la tarde! Cualquiera buena vampiresa se encontraría en la mitad de su sueño reparador, pero no, ella tenía que estar allí, escuchando a los tipejos tratar de imponerse los unos sobre los otros.
-¨ ¡Qué embole! ¨- Pensó Seras- ¨ Tal vez si…¨
-¨ ¡Ni lo pienses Mignonette! ¨- Le contestó Pip en su mente. -¨ Tus órdenes fueron claras. ¿Por qué no les demuestras a esos hombres de lo que eres capaz, como lo hiciste conmigo? ¡Vamos! ¡Muéstrales ese dedo mágico y verás como se callan!¨
-¨ ¡Pero tengo hambre! ¡Sir Integra no me dejó tiempo para mi cena!¨- Dicho esto, se levantó silenciosamente de su lugar y se dirigió a la pared más cercana, atravesándola. Todavía podía escuchar los gritos, ni se habían dado cuenta de que había abandonado la mazmorra. Lo único bueno era que la reunión era allí, alejada de la luz. Ella no odiaba la luz, como lo hacía su Maestro, pero la molestaba un poco, y más cuando debería estar durmiendo. Ignoró los gritos de Pip en su mente mientras subía las escaleras hacía la planta baja y se dirigía hacia la cocina. Acercó la mano hacia el pomo de la puerta pero chocó con…otra mano. Un escalofrío recorrió su espalda, y al subir la vista allí estaba Sir Hellsing, quien la miraba severamente. Desde lo más profundo de su ser la verborragia salió de su boca como síntoma de la culpa. Se sentía como una niña que se había escapado de clases y era encontrada por la profesora que, se suponía, debía tener en ese momento.
-LosientoSirHellsing, yosequedebríaestarabajo, porfavordiscúlpeme.- mientras hablaba lo más rápido que podía el sonido salía de sus labios formando algo que casi podría asimilarse a una oración.
-Seras, no entendí nada.-
-Perdón.- dijo esta y tomó aire.- Sé que debería estar abajo, pero la verdad es que me aburría mucho. ¡Y tengo hambre! No pude comer nada desde que llegamos de la última misión. Pip me dijo que no me fuera, pero yo no le hice caso. Le juro que no lo volveré a repetir, por favor no me haga comer ajo.-
Integra la miraba con una ceja arqueada, incrédula de lo que oía. ¿Realmente la vampiresa pensaba que le haría algo tan terrible? Pensándolo mejor, supuso que su miedo tenía fundamentos.
-Victoria… ¿Te das cuenta que las dos estamos en la misma situación aquí, no?- Victoria la miró con los ojos bien abiertos sin comprender…hasta que la luz se encendió dentro de su cabeza.
-¡Ah! ¡La reunión con los caballeros! Pero ¿Qué hace aquí Sir Hellsing, no debería estar arriba?-
-Em- suspiró, sabía que ella estaba en falta tanto como la draculina.- Vamos a tomar un té.- Abrió la puerta de la cocina y entró, esperando que Seras la siguiera. Esta se quedó parada en medio del pasillo, mirando hacia el frente, tratando de comprender la situación. Finalmente se encogió de hombros y entró, siguiendo a su ama. Integra puso una pava con agua caliente al fuego. Seguían sin contratar sirvientes porque ella no quería que ninguna persona inocente entrara a ese lugar hasta tener la situación más que controlada. No saber cocinar fue lo peor que le pasó en la vida, o eso pensó en el momento que se tuvo que preparar su comida por primera vez. Pelear contra ghouls podía, dispararle a cualquier monstruo a muchos metros de distancia, manejar rápido tratando de perder a sus perseguidores, hablar distintos idiomas, todo eso, menos cocinar. Y ahora pensaba que su habilidad diplomática estaba fallando también. Suspiró nuevamente. No tenía porque pasar por estas cosas. No tenía tiempo para perder, tenía por lo menos diez focos de riesgo agendados para eliminar ese día. En lo que menos debía gastar energía era en los idiotas que estaban arriba debatiendo sobre sus podridas fuentes de dinero. Si, la familia Hellsing tenía un gran capital. Pero la idea de la sociedad de caballeros era que se sustentaran los gastos para la eliminación de vampiros, después de todo, las balas de plata no crecían en los árboles. Giró y miró a Seras y por un momento casi, casi, se le escapa una sonrisa. La draculina la miraba con la expresión perdida de un cachorro que no comprende lo que esta ocurriendo a su alrededor.
-¿Quieres la sangre caliente o fría?-
-Eh… caliente.- Pip le decía que cómo dejaba a Sir Hellsing prepararle la sangre, que ella era su sirviente y que debía procurarse la comida ella sola, pero la joven no reaccionaba.
Integra negó con la cabeza mientras iba hacia la heladera en busca del paquetito plástico, no pensó que su relación con la vampiresa fuese tan distante fuera del campo de batalla.
Cuando estuvo todo listo, llevó las tazas con la sangre y el té a la mesa. Si bien habían logrado conseguir nuevas reservas del líquido color carmesí, ya no había té de hojas de Ceilán, como le gustaba a ella, así que se tuvo que contentar con el clásico Earl Grey. Se sentó y tomó un sorbo, sintiendo como lentamente se relajaba. Miró al frente y nuevamente la risa amenazó con escaparse cuando vio como la joven se revolvía en su asiento de los nervios. Esa era la reacción que esperaba de los incompetentes que estaban arriba, no de la vampiresa quien se suponía era un ser completo y menos que menos de una aprendiz de Alucard.
-Gracias Señorita Integra.- dijo finalmente, vencida por el hambre y vació su taza de sangre de un trago.
-Victoria… creo que de todos los que se encuentran en esta mansión eres la única que me trata con tanto respeto. Te pido que me tutees…eres la única persona de confianza que me queda ahora. Si quieres más sangre, quedó un poco, sírvete cuanto gustes.-
-S-si, está bien.- Seras se levantó, se sirvió más y se volvió a sentar.
-Entonces…Integra… ¿Que pasó?- Se sentía tan raro llamar a su ama por su nombre. ¿Querría decirle algo importante? Repentinamente el peso de sus palabras calló sobre su mente. Eres la única persona de confianza que me queda ahora. Tenía razón. Ni Walter ni el Maestro se encontraban allí. La Señorita Integra tal vez necesitaba hablar con alguien sobre lo que le pasaba, no estaba bien guardarse las cosas después de todo. Ella por lo menos tenía a Pip, pero Lady Hellsing no tenía a nadie con quien conversar sobre cualquier cosa. La idea le parecía alocada, ya que su ama no aparentaba tener esa necesidad de comunicarse de esa forma, pero por otro lado debía recordar que era humana. Esperó pacientemente pero Integra miraba fijamente su taza de té. Por el reflejo de la luz sobre sus anteojos no podía ver sus ojos y su cabello le tapaba la cara, haciendo imposible leerle la expresión.
¿Y si…entraba en su mente? Era idea de Pip y por más mal que le pareciera, era una habilidad que debía empezar a explotar. Además, por alguna razón Integra la había sentado a tomar el té, algo había pasado. Extendió sus manos invisibles hacia la mente de su ama, pensó que no lo lograría, hasta que las imágenes aparecieron en su propia cabeza. En un impulso se levantó de la mesa y estuvo a punto de salir de la cocina.
-Seras, ¿A dónde vas?-
-¡A matar a ese infeliz! ¿¡Cómo va a decirte semejante cosa!?- Se sorprendió ante la actitud asesina de la draculina y le recordó demasiado a Alucard aquella vez en el museo, cuando Enrico Maxwell la había llamado ¨ cerda ¨. Sonrió cínicamente, si tan solo fuese todo así de fácil.
-Victoria, siéntate. Si tan solo fuese tan fácil como matarlos a todos, créeme que ya lo habría hecho. ¡Tú lo viste en mi mente! ¿Así que estas tomando las malas costumbres de tu Maestro, no es así?-
-¡Pero el Maestro no habría dejado que te insultaran de esa manera!- La draculina se sentó contra su voluntad, enojada. –El Maestro los habría matado a todos.
-Ah sí… tu Maestro…ya no esta y me sigue causando problemas.- Ahora sí pudo ver la expresión de sus ojos, estos demostraban una tristeza infinita, indescriptible, más triste tal vez que aquella vez en la que Alucard había llorado sangre ante la muerte de Anderson, quien se había convertido en un monstruo…como él. Comprendía lo que pasaba. Siempre lo había sospechado y en ese momento lo confirmó.
-Tú amabas al Maestro.-
-…- El silencio era más explicito que cualquier afirmación. Era terrible pasar por lo que Lady Hellsing estaba pasando en ese momento, y Seras lo entendía. Pero por otro lado había algo que la aliviaba. Ella sabía que Alucard amaba a Integra de la misma forma o tal vez mucho más. Ella había estado dentro de la mente de su mentor y ponía sus manos en agua bendita a que él sentía lo mismo por su ama. Al mirarla a los ojos supo que algo debía contestarle, así que habló.
-Él regresará. Estoy segura, segurísima de ello. Él también te ama y debe querer volver con su ama a toda costa. Después de todo, eres su Condesa.-
Integra la miraba sorprendida ante la esperanza de la joven. Esa palabra, nuevamente…esa palabra que despertaba tantos recuerdos en su interior… Tal vez ella tenía razón, tal vez debía esperar, sólo esperar. Mientras tanto tenía que tomar las riendas de la situación nuevamente. Al hablar apenas esas pocas palabras sintió como si un peso se levantara de encima. No sabía porqué, pero el optimismo de Victoria era contagioso.
En ese momento una idea cruzó por su mente. No podía matarlos, pero tampoco iba a dejarse pasar por encima. Sacó un cigarro de su bolsillo y lo prendió. Sí, verdaderamente era una magnífica idea, haría todo a su manera, ya era hora de tomar el control sobre esos idiotas.
-¿No crees que sería bueno dejar de fumar?-
-No te pases de confianzuda Seras. Bueno, es hora de que esos inútiles tengan su merecido.-
-¡Eso es! ¡Después de todo eres La Dama de Hierro!-
-¡Dejen de llamarme así!- Amago a pegarle una patada a Seras, pero se le hacía tarde, así que giró y se dirigió hacia la puerta.
-Victoria…tienes que volver tú también. Golpéalos un poco y verás como se callan. Has como hiciste con el Capitán Bernardotte, él se debe acordar muy bien.-
-¡Si! Termino esta taza y voy. ¿Estas segura de que estarás bien?-
-¿Dudas de mí?-
-¡No! ¡Para nada!-
-Entonces no hay nada más que decir. Gracias Seras.- Dicho esto salió de la cocina. Se sorprendió al encontrarse en el pasillo con el joven Penwood, quien miraba a todos lados con cara de borrego a punto de ser degollado. Casi sintió pena por el chico y recordó que él había saltado de su silla para defenderla.
-¿Qué hace aquí?- No podía creer lo asustadizo que era el muchacho, al escuchar su voz casi salta hasta el techo.
-¡Sir Hellsing! Y-yo… bueno, es que usted se fue del lugar y yo quería saber si…si usted se encontraba bien. Mi abuelo siempre me habló bien de usted, me dijo que era una persona muy valiente y que yo debía tenerle mucho respeto. ¡Me pareció muy aberrante el insulto de Sir Islands! Tratarla como si fuera una…bueno, usted sabe. Suponer que usted estaría con un monstruo. ¡Qué descaro!- En los ojos del chico se vio reflejada a ella misma nueve años atrás, con toda su inocencia, dispuesta a cumplir su deber para con la reina y con su país. Si, realmente Penwood iba a ser un aprendiz bastante valioso, una vez que lograra extraer el valor que tenía adentro.
-Hay muchas cosas que no sabes, Joven Penwood. Gracias por defenderme, eso demuestra tu valentía y tal vez seas digno de ganarte mi confianza.- Se acercó y le revolvió el pelo con una mano, acción que iba contraria con la formalidad de sus palabras. –Ahora Sir Penwood, volvamos. Hay gente allí que debe aprender una valiosa lección.-
Caminó hasta la escalera principal y comenzó a subir. Penwood se quedó parado, lo había dejado maravillado. Finalmente se apresuró a alcanzarla. Casi muere de un infarto nuevamente cuando vio que ella sacaba una pistola. Al ver la expresión del joven ella le guiño un ojo.
-Así son las cosas en Hellsing.-
Dicho esto abrió la puerta de un manotazo. Todos los presentes se sobresaltaron. Sir Islands se paró inmediatamente de su silla y comenzó a gritarle.
-¿¡Quién se cree usted para abandonar el lugar de esa forma?! ¡Qué falta de respeto! Ya veras mujer, voy a enseñarte lo que es… ¡AH!- No pudo seguir hablando ya que Integra apuntó y disparó un tiro en la mesa, a unos centímetros del caballero. Se hizo un profundo silencio mientras la miraban con ojos como platos. Ella se limitó a guardar el arma y dar una bocanada de humo. Qué bien que se había sentido eso.
-En primer lugar, esta es mi casa. ¡No toleraré insultos hacia mi persona, mi gente, mi familia, mis sirvientes! ¡Ja! Por lo que veo ninguno ha tocado un arma en su vida, seguramente solo para salir a cazar ciervos indefensos. Que desastre. Ni siquiera están armados. ¿Planean sobrevivir mucho tiempo? Pues así no lo lograran.- Dio otra bocanada y siguió, ante la mirada atónita de los presentes.- ¿Quieren una ceremonia de iniciación? Muy bien, yo les daré una. Dudo que su majestad se disguste luego de escuchar su comportamiento…es más, tal vez los rebaje de su puesto. Aunque siempre puede quedar entre nosotros. Los reto a un duelo de esgrima a todos los aquí presentes. ¿Qué les parece? Seguramente sus adineradas familias les pagaron clases. ¿No es así? Bien. ¡Vamos! ¿¡Qué esperan!? ¿O le tienen miedo a una mujer, como dicen ustedes?-
Rojos de la ira, todos los caballeros orgullosos se levantaron de sus lugares. Los había insultado en el ego y no permitirían que esa se saliese con la suya.
-Muy bien, tal vez sea mejor erradicar los problemas que hay dentro de esta sociedad de una vez por todas.- Dijo Sir Islands, altanero. Integra lo ignoró y comenzó a caminar, guiándolos a todos por la mansión. Sonrió maliciosamente, sabía que ninguno de ellos se esperaba lo que les estaba a punto de pasar. Después de todo, cómo le había dicho a Penwood, así eran las cosas en Hellsing. En su mente escuchó una carcajada de esa voz tan familiar que la había acompañado todos esos años. Definitivamente su vampiro tenía parte de la culpa de que ella estuviese a punto de barrer el piso con esos hombres, pero ¡Oh! ¡Cómo lo disfrutaría! Y sabía que si él estuviese presente lo haría también, ya que nadie insultaba a su Condesa.
Jejeje, que tul Penwood? Bueno, el final de la historia creo que ya lo conocen :P La semana que viene vuelvo a subir acá Jaque Mate n,n Cualquier comentario que quieran hacer ya saben! Review! Saben que me encanta constestarles sus reviews xD
Mucha suerte!
Demoness Raven
