BAILANDO BAJO LAS ESTRELLAS

(To Dance Beneath the Diamond Sky)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

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Disclaimer: Nada aquí es mío, excepto la trama. Incluso el título le pertenece a Bob Dylan. Te amo, Bob.

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2.- Conociéndote

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El primer período de biología nunca era divertido; quién quería diseccionar ranas a las ocho de la mañana? Pero cuando Heero entró al laboratorio de biología la mañana siguiente y vio a Relena Darlian, en su bata blanca, saco y falda plisada, sentada en su silla, de repente tuvo una nueva razón para desear haber tomado arte.

Iba unos cuantos minutos tarde a clase, un evento extremadamente raro tan evidente por la sorprendida mirada en el rostro del profesor. "Sr. Yuy, estaba por marcar su ausencia."

Heero ignoró al hombre y caminó por la isla entre las filas de mesas hacia la que había estado ocupando durante todo el año hasta la fecha. La nueva estudiante en su clase de ballet tembló levemente en su asiento cuando se detuvo en frente de ella. "Estás en mi lugar," le dijo.

El profesor aclaró su garganta. "Heero, asigné a Relena para ser tu nueva compañera de laboratorio de ahora en adelante, viendo cómo no tienes uno y comenzaremos con los fetos de cerdo hoy."

"Ya veo." Heero tomó asiento al lado de Relena.

Hubo un bufido de la mesa adyacente a la suya. "Yuy no quiere sentarse con una chica, Sr. Berardis." La fuerte declaración de Kyle Longheim generó más risas. "No sabría qué hacer con una."

"Kyle, mantén tu boca cerrada si nada útil va a salir de ella." El Sr. Berardis se puso un par de guantes de goma y alcanzó en un recipiente un feto de cerdo. "Ahora, cuando estén diseccionando estas criaturas, recuerden esto. Murieron para que ustedes pudieran tener la oportunidad de aprender de ellas. Si actúan como tontos y juegan con su espécimen, habrán muerto en vano. Entienden? Una payasada… Kyle… y tendrán una F más rápido de lo que puedas decir 'cerdo'."

Heero miraba directo al frente durante la plática del profesor, aún cuando sintió a Relena darle un vistazo. Cuando sintió de nuevo sus ojos en su mejilla, habló. "No trabajo bien con otros. Deberías pedir un nuevo compañero de laboratorio."

"Bueno… es sólo que…" Ella retorció sus manos en su regazo. "No conozco a nadie más… y como tenemos clase de ballet juntos… pensé que…"

Él la interrumpió. "El ballet y la escuela son dos partes de mi vida completamente diferentes. No me gusta mezclarlas."

"Oh." Hubo una larga pausa. "Entonces hablaré con el Sr. Berardis después de clase."

"Bien, clase. Alisten sus utensilios y repartiré los especímenes." Ante las palabras del profesor, la clase se puso en acción reluctantemente.

Heero se levantó y fue a traer una tabla de disección y los instrumentos. Mientras lo estuvo, tomó dos delantales de plástico y pares de guantes. La rubia probablemente se paralizaría si derrama jugo de cerdo en su uniforme. Regresó a la mesa sólo para encontrar a Kyle ahí, sentado en el borde, hablando con Relena.

Mientras más se acercaba, podía distinguir lo que decía el jugador de fútbol. "… está en la forma como camina. E incluso escuché que ha sido atrapado en Central Park con un par de chicos. Una orgía masiva de maricas o algo." La quijada de Heero se apretó.

Observó a Relena sacudir su cabeza y abrir su boca para hablar, pero Kyle continuó antes de poder. "Así que, estaba pensando…" El joven sonrió brillante. "Siendo nueva y todo… que alguien realmente debería mostrarte el campus. Humildemente me ofrezco para el trabajo." Él tomó la mano de Relena. "Es una oferta que no recibirás de tu compañero maricón."

Relena zafó su mano y sonrió dulcemente. "Pero al menos su invitación no me hará querer vomitar."

La sonrisa de Kyle cayó. "Sabes, conocer mi lado malo no es una buena forma para comenzar en St. John."

"Preferiría no conocer ningún lado tuyo," respondió ella.

El Sr. Berardis se acercó a la mesa con el balde de fetos. "Kyle, muévalo. Tienes trabajo que hacer." El jugador de fútbol se movió después de dispararle a Relena una mortal mirada. Heero aclaró su garganta y continuó. Depositó la tabla de disección en frente de Relena justo a tiempo para que el profesor colocara un húmedo feto en él. El Sr. Berardis guiñó. "Diviértanse."

Heero se sentó junto a ella y le alcanzó un delantal y guantes antes de ponerse los suyos. "Quieres que haga el primer corte?" le preguntó él.

Para su sorpresa, ella tomó el escalpelo y lo clavó en el estómago del feto. Él la observó trabajar cuidadosa y metódicamente por un minuto largo sin remilgos femeninos.

Ella no podría bailar… pero no podría ser así de mala.

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"Bueno," dijo Relena para sí varias horas después mientras abría su lonchera. "Tú te hiciste esto."

El patio del St. John estaba cubierto por una ligera capa de nieve, pero eso no había detenido a la mayoría de los estudiantes de buscar la libertad de comer afuera. Y cada uno de esos estudiantes, notó Relena, estaba ignorándola.

Abrió un contenedor plástico de ensalada y pescó una rodaja de pepino. Kyle trabajó rápido. Entre los espacios de los cuatro períodos de clase, le había informado a toda la escuela de las cualidades "perdedoras" de Relena y los alertó del hecho de que no debían acercarse u ofrecerle una mano amiga.

Así que, se sentó sola y tranquilamente para almorzar, completamente inconsciente de un par de ojos azul Prusia, observándola desde el balcón que daba al patio.

"Al menos tienes clase de baile," dijo en voz alta. "Y en cuatro meses, puedes salir de esta ciudad y regresar a donde perteneces." Un trabajo en París esperaba por ella; tenía todo menos el contrato firmado. La idea formó una sonrisa en sus labios.

Y desconocido para ella, la sonrisa creó una desconocida punzada en el pecho de Heero.

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"No, no, no!" Treize juntó sus manos con frustración. "Srta. Darlian… qué está haciendo?"

Relena bajó su pierna. "Lo siento. Así es como nos enseñaron en París."

"En caso de que no lo hayas notado, dulzura… no estás más en París." El comentario de Dorothy Catalonia fue seguido por risitas leves.

Treize ignoró las risas. "Observe a la Srta. Schbeiker, Srta. Darlian y apréndalo apropiadamente." Él regresó al resto de la clase. "Continúen. No tenemos tiempo que perder. El taller se acerca cada día."

Duo colocó una consoladora mano en el hombro de su compañera. "Oye, pienso que el movimiento fue genial, princesa."

"Después de dos semanas, debería saber mantener mi boca cerrada y sólo observar a tu novia todo el tiempo."

"Bueno, eso funciona para mi… la parte de observarla." Duo guió a Relena a la posición apropiada de la pierna. "Pero en cuanto a que te calles, no creo que nadie lo quiera."

Al lado de ellos, Dorothy ejecutó un arabesque perfecto con la ayuda de su compañero. "No hables por todos nosotros, Duo querido."

"No te caigas, Cata-solitari-a." Hubo algo que decir por el poder de la sugestión. Aún con ayuda de su compañero, Dorothy se tambaleó del arabesque y le disparó a Duo una mirada malvada.

"Cata-solitari-a?" preguntó Relena.

Duo sonrió. "Una larga historia." Él tomó la mano de Relena en su propio arabesque.

"Muy bien, Srta. Darlian," dijo Treize desde el otro lado del salón. Relena salió del movimiento con un plie y una sonrisa. "Muy bien, todos. Una fila en la esquina. Quiero dos jete entrelazados y luego, caballeros, levanten a sus parejas por la cintura y señoritas, una limpia tijera." Señaló a Heero y a Hilde. "Sr. Yuy, Srta. Schbeiker, demuestren por favor."

Para sorpresa de nadie, el par ejecutó los movimientos con habilidad y elegancia. Relena observó las manos de Heero en la pequeña cintura de Hilde mientras la levantaba en el aire. Los músculos en sus brazos se curvaron con esfuerzo hasta que la bajó de nuevo.

"Esa es mi chica," dijo Duo orgulloso. Él miró a Relena. "Oye, quería preguntarte… vas a ir a la gala mañana en la noche?"

Relena asintió, aún pensando en los músculos del brazo de Heero. "Um… sí. Milliardo tiene que estar ahí."

"Oh. Entonces te sentarás con tu familia."

Ella le dio una mirada perpleja. "Con quién más me sentaría?"

"Bueno… estaba pensando, conmigo y Hilde." Él guardó su trenza en su camiseta negra. "Tenemos boletas gratis. Todos los estudiantes tienen."

"No lo sabía." Relena pesó la idea de pasar una noche con su madre o su nuevo amigo y la mejor bailarina en la clase. "Creo que sería muy divertido."

Él sonrió ampliamente. "Grandioso! Te encontraremos en el lobby!" Duo la codeó. "Nuestro turno, princesa."

La paralela combinación comenzó bien. Dos jete entrelazados, pulcros y limpios. Relena incluso bajó su guardia cuando Duo sujetó su cintura. Pero aparentemente, él sintió que necesitaba más incentivo.

"Relájate," le dijo suavemente, justo antes de elevarla. "Puedes confiar en mi."

Ella se paralizó, un indeseado recuerdo salió a la superficie. **Detendez-vous, Relena… vous pouvez vous fier a moi. Sólo quiero tocarte… puedes confiar en mi, mon cher.** Duo la levantó en el aire. *No luches conmigo, Relena… laissez-moi vous avoir…**

En vez de la tijera, luchó contra los brazos de Duo. "No… suéltame!"

"Princesa?" Duo la bajó al piso. "Te lastimé?"

Treize le indicó al pianista detenerse. "Srta. Darlian, qué pasó?"

Relena puso ambas manos en su cabeza. "Lo… lo siento. Sólo…" Ella miró a Duo, sus ojos llenos con lágrimas. "Lo siento."

"Está bien?" preguntó Treize. Relena asintió. "Vaya a tomar un poco de agua y siéntese afuera por el resto de la clase, por favor."

Ella no estaba en condición de protestar. La madera de sus zapatos fue el único sonido en el estudio mientras corría hacia la puerta. Una vez ida, los susurros y las risas comenzaron.

Duo frunció. "Oigan!" dijo fuerte. "Cállense, todos." Los ruidos aminoraron, pero no desaparecieron. "Tontos…"

Treize juntó sus manos. "Practicaremos piruetas. Todos en fila, sin parejas. Uno por uno, a lo largo del piso." Hubo mucho malestar mientras sus órdenes eran cumplidas.

Hilde se le unió a su novio. "Qué la asustó?" preguntó ella sospechosa. "Y dónde estaban tus manos cuando lo hizo?"

"No lo sé," respondió Duo. "Ciertamente no donde piensas."

"Y dónde es eso?"

Él se giró con una mirada de advertencia en sus ojos violeta. "Tú confías en Yuy con tu cuerpo todos los días. Y yo confío en ti con él. Por qué no puedes tener esa confianza en mi?"

"Duo…" Hilde alcanzó por él, pero ya había comenzado su serie de furiosas piruetas y salió de su alcance.

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En el vacío corredor afuera del estudio, Relena se desplomó en el piso y escondió su rostro entre sus cubiertas rodillas. Sus lágrimas humedecían por doquier en su garganta. Tal vez Quatre había tenido razón. Tal vez necesitaba terapia. Por supuesto, no se había molestado en llevarle la posibilidad a su madre. Simplemente habría avergonzado demasiado a Helen tener una hija con terapeuta.

**Él no te violó realmente, Relena. Así que, no creo que el venir a América conmigo sea garantía del todo.**

Pero ella no escuchó a su madre. Después de todo, Helen habría hecho cualquier cosa para no agobiarse más con su hija menor. Aún dejándola en la ciudad, en un programa de ballet, donde tendría que enfrentar al hombre quien la sometió después de la práctica y, si no fuera por el repentino regreso del pianista de la compañía, habría tomado su virginidad por la fuerza.

Su madre no le había creído al principio. **Jean Paul no ha sido nada sino bueno contigo y tu danza, Relena. Te ha enseñado más durante este año de lo que has aprendido toda tu vida. Cómo puedes acusarlo de algo así?**

Y cuando finalmente aceptó la acusación de Relena, su consejo había sido pobre. Quedarse en París y olvidar. Relena eligió huir a América. Porque nada podría hacerla olvidar. Y en América, no tendría que soportar el contacto de su atacante todos los días.

Tragó y pasó sus manos por sus piernas hacia las cintas rosas alrededor de sus tobillos. Ballet. El origen de la pequeña alegría que había experimentado en su vida. Y el escenario para el momento más doloroso.

El sonido de pasos indicó la aproximación de alguien. Relena levantó su cabeza para ver a una delgada mujer en ropa de ejercicio viniendo hacia ella. La mujer se detuvo a su lado y se arrodilló. "Estás bien, querida?" preguntó.

Relena asintió. "Estoy bien. Gracias."

La mujer la estudió un poco más. "Eres la hermana menor de Milliardo, verdad?" De nuevo, Relena tuvo que asentir. "Es bueno conocerte finalmente después de escuchar tanto." Ella extendió su mano. "Soy Anna Une."

Relena inmediatamente reconoció el nombre. La mujer extendiéndole su mano era la bailarina líder de la compañía de Ballet. Y, de acuerdo al chisme de Duo, la actual amante de Treize. Ella tomó la mano de la mujer. "También es un placer conocerte."

Otra mujer con vestuario similar se acercó. "Anna, vamos."

"Ya voy, Sally." Otro nombre que Relena había escuchado más de una vez. Sally Po también era una bailarina principal en la compañía. Anna miró a Relena. "Lo que te haga llorar, úsalo cuando bailes. Y volarás." Después de tocar la mejilla de Relena, se levantó y continuó su camino con Sally.

Ella pensó en las palabras de Anna después de irse. Usar su dolor para bailar mejor. Relena sonrió y secó sus ojos. Era tan tonto, pero podría funcionar.

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Decir que Duo se sorprendió de responder el intercomunicador de su edificio a medianoche y escuchar la voz de Hilde en la calle habría sido una masiva subestimación. Frotó el sueño de sus ojos y presionó el botón para hablar de nuevo. "Hilde? Qué demonios estás haciendo en Manhattan a esta hora?"

Su voz regresó, suave y estática. "Me abrirás? Me congelo aquí afuera."

Lo hizo inmediatamente, para sacarla de la calle tan pronto como fuera posible. Después de los pocos minutos que le tomó subir tres pisos de escaleras, hubo un suave golpe en la puerta. Duo la abrió. "Podría estrangularte," le dijo sin cortesía.

"Es bueno verte también, Duo."

Duo la entró y retiró su abrigo. "Tomaste un tren desde Brooklyn? A esta hora… qué estabas pensando?"

"Estaba pensando…"

"Shh!" Duo señaló hacia el corredor que conducía a la habitación de sus padres.

Hilde comenzó de nuevo, en un tono más bajo. "Estaba pensando que fui una verdadera perra esta tarde. Y quería disculparme."

Duo la miró por un segundo antes de agarrar la manga de su suéter verde y guiarla a su habitación. Una vez adentro, señaló dos objetos con ambos brazos. "Déjame presentarte el teléfono y la internet. Comunicación moderna, Hilde."

Ella frunció. "Sabes que no tengo un computador, Duo. Y…" Ella tomó un respiro. "Mamá olvidó pagar la cuenta del teléfono otra vez así que desconectaron nuestra línea."

"Oh." Duo mordió su labio. "Lo siento; no lo sabía. Pero eso aún no hace seguro para ti tomar los trenes de noche sola!"

"Tengo fuerza! Puedo patear realmente duro!"

En su total frustración, preocupación y alivio, él la agarró y le dio un largo y duro beso. "Moriría si algo te pasa."

Hilde recostó su cabeza en su pecho desnudo. "Sé lo que quieres decir." Hubo un momento de pausa. "Siempre respondes la puerta en sólo tus bóxers?"

"Sólo tarde en la noche."

Ella se separó para verlo. "Eso es más incentivo para tomar el tren cualquier otro día."

"No… te… atrevas." Él puntualizó cada palabra con un beso. "Tú… viniste aquí para disculparte. Bueno…" Él se alejó y se desplomó en su cama deshecha. "Adelante."

"Bien." Hilde depositó sus manos en sus viejos jeans. "Esta tarde… estaba celosa. Locamente celosa."

"De Relena?"

"De cualquiera que tenga que estar así de cerca a ti! Digo…" Rodeó la cama. "Soy tu novia. Soy la única que debe…"

Duo levantó una ceja. "Nunca estuviste celosa de Mary."

"Tal vez sí. Un poco." Hilde se sentó al borde de la cama. "Pero era diferente. No era…"

"Bonita," ofreció Duo.

Hilde frunció; la conocía muy bien. "Relena no es sólo bonita, Duo. Es hermosa. Su cabello es hermoso. Probablemente nunca tuvo un corte. Es rica y habla francés y es una buena bailarina cuando no se tropieza con sus propios pies o se paraliza en el aire." Pausó, pero sólo para respirar. "Tiene todo. Y yo nunca podría, compararme a ella en ninguna otra forma además de bailar. Así que cuando te veo con ella, riendo y bromeando, tengo este enorme nudo en mi estómago y todas esas horribles ideas entran en mi cabeza y me vuelvo una especie de hermanastra malvada y no me gusta!"

Él esperó hasta que supo que estaba sonriéndole. "Nena. Al menos tienes una cosa que Relena no tiene."

"Qué?" Hilde se sonó.

Duo tomó su mano y la presionó contra su pecho. "No me hagas llorar al decirlo."

El labio inferior de su novia tembló por un segundo antes de golpear, sujetándolo a su propia cama con su pequeño pero fuerte cuerpo. Él la dejó sujetarlo mientras lo besaba, pero cuando su boca bajó por su cuello, zafó sus manos y la sostuvo en un ceñido abrazo.

"Duo," susurró ella. "También te amo."

Manos cálidas se deslizaron bajo su suéter. "Pasas la noche?"

Hilde se sentó. "No puedo. Lo sabes."

Duo sacó sus manos de su ropa para bajarlas por su rostro. Su cuerpo era tan ligero sobre el suyo. Quería rodarla y hacerle el amor hasta el amanecer, hasta que nunca dudara de su devoción. Pero, como siempre, se detenía antes de que pudieran acercarse a los primeros tonos del placer. "Lo sé," dijo él. "Lo sé."

"Y también sabes que quiero." Lamió sus labios, aún saboreando los suyos. "Pero no puedo arriesgar todo por lo que he trabajado tan duro durante toda mi vida, Duo."

"No tienes que decirme, nena." Duo frotó sus ojos y suspiró. "Tampoco podría ser padre en este momento." Ladeó su cabeza. "Aún… una sopladita de vez en cuando sería agradable."

Hilde alcanzó por su trenza y la tiró. "Seguro, sería divertido para ti!"

"Lo devolvería!"

Ella soltó su cabello. "Sé que sí. Y sería maravilloso, no tengo dudas. Eso es por qué no podemos. Sólo somos humanos, Duo."

Fue su turno de sonarse. "Al menos podemos arruncharnos?"

Hilde rió y se acomodó en sus aguardantes brazos. "Cuando quieras." Se acostaron juntos, brazos rodeando al otro por largo tiempo. Pensó que Duo se había quedado dormido hasta que habló finalmente.

"Particularmente, tampoco me gusta que Yuy te toque y te eleve, sabes."

Ella curvó el extremo de su trenza en sus dedos. "No tienes que preocuparte por Heero. Estoy comenzando a pensar que los rumores son ciertos. Tal vez es gay."

"Él no es gay," dijo Duo, confidencialmente.

"Y cómo lo sabes?"

Duo sonrió. "Porque no conoce el apretón de manos." Hilde tiró de su cabello, aún más fuerte que la primera vez. "Ow! Sólo bromeaba!" Rió él. "Lo sé porque lo veo mirarla."

"Ella?"

"Relena." Duo retiró su cabello de los dedos de su novia. "No lo has visto en clase? Nunca estás a más de cinco pulgadas de él."

El entrecejo de Hilde se arrugó pensativo. "No pienso en mucho más en clase además de lo que estoy haciendo."

"Bueno, yo sí. Y la mira. Con más frecuencia de lo que pueda mostrar." Duo se movió, moviendo su calor más hacia su pecho. "Relena dice que son compañeros de laboratorio en su clase de biología y cuando obtuvieron una A en un proyecto, le agradeció por su ayuda."

"Vaya. Eso es muy improbable de él." Hilde acunó su mejilla en la curva del cuello de Duo. "Tengo la sensación de que estás planeando algo… por qué?"

Duo sonrió traviesamente. "Sólo asegúrate de que Heero vaya a la gala mañana en la noche. Todo será revelado. Ahora, ve a dormir. Es una orden."

Hilde giró sus ojos. Podría hacer lo que pidió. Era viernes en la noche, no había escuela mañana y exactamente no había estado buscando arriesgar otro viaje en tren a la una de la mañana. Además, los brazos de Duo eran fuertes y cálidos y sus latidos rápidamente estaban arrullándola en un muy necesitado sueño.

Y, pensó justo antes de que sus ojos se cerraran, las píldoras para dormir de su mamá no pasarían hasta bien entrado el amanecer.

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Continuará…