3 de agosto, 10:00
Tribunal del distrito
Sala nº 2
La gente susurraba, lo cual me ponía de los nervios. Todo, allí, susurrando contra Larry, y posiblemente contra mí. Sí, estaba aún más que nervioso; los nervios de un novato, un principiante. El pulso me temblaba y sudaba tanto, que podía convertir aquello en una piscina en apenas diez minutos. Finalmente el juez llegó y el silencio se hizo, lo cual agradecí.
-Se abre la sesión en el juicio del Sr. Larry Butz –anunció el juez.
-La acusación está lista, Su Señoría.
Winston Payne, el fiscal de aquel caso. Se trataba de un hombre de cincuenta y pico años que desde hacía unos años había caído en desgracia y ganaba pocos casos. Fue, al parecer, un gran fiscal en su momento, hasta que mi jefa le derrotó en un caso. Lo sé: yo estaba allí.
Llevaba unas gafas grandes y cuadradas, y un traje gris que congeniaba con su personalidad. Calvo por la parte superior de la cabeza y pelo canoso, y una cara un poco triste.
-La, mm… Defensa está lista, Su Señoría.
Aquel tono de duda que tuve avisó al juez, que me miró atentamente.
-¿Sr. Wright? –me llamó-. Éste es su primer juicio, ¿verdad?
-S-sí, Su Señoría –contesté-. Estoy, eh… Un poco nervioso.
-Su conducta durante este juicio decidirá la suerte de su cliente. Un asesinato es algo muy grave. Espero, por su cliente, que controle sus nervios.
-Gra-gracias, Su Señoría.
El juez dudó un momento.
-Sr. Wright, dadas las circunstancias, deberíamos hacer una prueba para constatar su preparación.
-De acuerdo, Su Señoría.
¿Pruebas? Aquello no sonaba nada bien. La vista se me comenzó a nublar y me mareé un poco.
-Sólo quiero comprobar que conoce el caso lo suficiente para defender a su cliente –explicó el juez-. Exponga el caso con claridad y brevedad.
Me pareció fácil en un principio: exponer el caso. El día anterior me pasé toda la noche repasando todos los datos: informe de la autopsia, archivos… Pero de golpe, como en una pesadilla, me di cuenta de que me había olvidado de todo. Por no recordar, ni recordaba quién era el acusado. Estaba tan desesperado que miré a Mia, sentada a mi lado, quien comprendió mi situación y se alarmó.
-¡No me digas que…! –me susurró.
-Lo siento, jefa. Juro que ayer lo estuve repasando.
-¡Phoenix! ¿Seguro que estás preparado para esto? ¿¡No sabes ni el nombre de la víctima!?
-¡Claro que lo sé! Es solo que acabo de… Olvidarlo… Temporalmente.
-Creo que me está entrando dolor de cabeza… -se quejó ella-. A ver. El nombre de la víctima aparece en el acta de juicio. Consulta el acta en cualquier momento si tienes dudas, ¿de acuerdo?
Afirmé con la cabeza y miré la carpeta llena de papeles que tenía delante. ¿Cómo no se me había ocurrido? Eché un vistazo y cogí el informe de la autopsia: era todo lo que necesitaba.
-Larry Butz, de 23 años de edad, ha sido acusado del asesinato de Cindy Stone, muerta golpeada por un objeto contundente en la cabeza.
-Correcto –afirmó el juez-. Ha hecho un buen resumen. No veo nada que nos impida continuar. Parece mucho más relajado, Sr. Wright. Me alegro.
-Gracias, Su Señoría –aunque yo no me sentía relajado en absoluto.
-Muy bien… Comencemos con una pregunta para la acusación. ¿Sr. Payne?
-¿Sí, Su Señoría?
-Tal y como dice el Sr. Wright, la víctima fue golpeada con un objeto contundente. ¿Podría explicar a la corte de qué objeto se trata?
Payne sacó una estatuilla bronceada con lo que parecía un hombre sentado y pensativo. Llevaba unas marcas rojas por lo que sería su cabeza; me estremecí al principio, pero luego me tranquilicé.
-El arma del crimen fue esta estatua de "El pensador" –explicó Payne-. Fue hallada en el suelo, junto a la víctima.
-Ya veo… El tribunal la acepta como prueba.
El alguacil me acercó la estatua para que la examinara un poco. Saqué una hoja de papel y lo apunté todo sobre ella; noté que era más pesada de lo que parecía en un principio.
-Wright… -me llamó Mia-. Recuerda fijarte bien en las pruebas mostradas durante el juicio: estas pruebas son las únicas armas con las que cuentas.
El juez golpeó su martillo, y devolví la estatuilla al alguacil.
-Sr. Payne, la acusación puede llamar a su primer testigo –dijo el juez.
-La acusación llama al estrado al acusado, el Sr. Butz.
Larry, que también estaba sentado a mi lado, se levantó y se dirigió al estrado.
-Esto… -miré a Mia-. Jefa, ¿qué hago ahora?
-Presta atención. No debes dejar pasar ningún dato que pueda ayudar a tu cliente. Después tendrás oportunidad de responder a la acusación, así que ¡prepárate! –miró al estrado, cómo Larry prestaba juramento-. Esperemos que no diga nada… Desafortunado.
Larry se excitaba con una facilidad exagerada: aquello iba a ser un desastre.
-Ejem… Sr. Butz, ¿es verdad que la víctima lo había abandonado recientemente? –comenzó a interrogarle Payne.
-Oye, ¡cuidado, colega! –Vociferó Larry-. ¡Éramos muy felices juntos! Éramos Romeo y Julieta, ¡Cleopatra y Marco Antonio!
Me alarmé; estaban todos muertos, ¿verdad?
-¡No me había dejado! –Contestó finalmente Larry-. Solo que ya no devolvía mis llamadas, ni quería verme, ni nada… ¿¡Y A USTED QUÉ MÁS LE DA!?
-Sr. Butz, lo que usted describe es lo que se suele entender por "abandono" –detalló Payne-. De hecho, lo había abandonado totalmente… ¡Y se estaba viendo con otros hombres! Acababa de volver del extranjero con uno, ¡el día anterior al asesinato!
-¿¡Qué quiere decir "con uno"!? –gritó Larry, medio sudando-. ¡Miente! ¡Es todo mentira! ¡No me creo ni una palabra!
Payne sacó un pasaporte y se lo enseñó al juez.
-Su Señoría, el pasaporte de la víctima. Según esto, ella estuvo en París hasta la víspera de su muerte.
Después de que el juez lo inspeccionase y lo aceptase como prueba, el alguacil me lo trajo para que yo lo inspeccionase. En efecto, Cindy había estado en París hasta el 30 de Julio, justo antes del asesinato. Mientras apuntaba todos los datos, oí susurrar a Larry algo como "no es posible, tío…".
-La víctima era modelo, pero sus ingresos eran modestos –continuó Payne-. Parece que tenía varios… "Papaítos".
-¿Papaítos? –preguntó Larry, sin comprender-. ¿Papaítos de quién?
-Hombres mayores que le daban dinero y regalos –explicó Payne, malicioso-. Ella se aprovechaba del dinero para mantener su tren de vida. Se ve claramente el tipo de mujer que era la Srta. Stone. Díganos, Sr. Butz… -puso una sonrisa maléfica que no me gustó nada-. ¿Qué opina ahora sobre ella?
-Wright, supongo que no querrás que él responda a esa pregunta… -me susurró Mia.
-Ya… Larry tiene facilidad para soltar todo lo que se le pasa por la cabeza.
Me levanté de mi silla rápidamente y golpeé la mesa, mirando fijamente a Payne.
-¡Mi cliente no sabía que la víctima veía otros hombres! ¡La pregunta –le señalé- es irrelevante para este caso!
Payne hizo una mueca y me sentí contento. Había evitado que Larry contestase con éxito…
-¡Nick, tío!
Miré a Larry, desesperado. ¿Cómo que tío? ¿No sería capaz de…?
-¿¡Cómo que "irrelevante"!? ¡Esa perra tramposa! Me va a dar algo. ¡Me voy a morir aquí mismo! Y cuando la encuentre en el más allá, ¡pienso llegar al fondo de esta historia!
El juez golpeó la mesa con el martillo, mientras yo me acordaba sobre todos los muertos de Larry. ¿Cómo podía ser tan idiota? ¿Es que quería ir a la cárcel o qué?
-Sigamos con el juicio, ¿les parece? –ordenó el juez.
-Creo que todo el mundo tiene claro el móvil del acusado –sonrió Payne.
-Sí, eso parece –afirmó Su Señoría.
-¡Siguiente pregunta! –Continuó Payne-. Usted fue a casa de la víctima el día del asesinato, ¿no es así?
Larry tragó saliva y comenzó a sudar.
-Y bien… ¿Fue o no fue?
-¿Eh? Je, je… -Larry estaba nervioso; se veía claramente-. Bueno, quizá sí… Quizá no…
Sí que fue. Y aquellas evasivas de niño pequeño no le iban a ayudar de ningún modo, debía evitar que contestara. Con una señal, le ordené que mintiese como un bellaco, y él la medio captó.
-Esto… Sí, veamos: no me acuerdo.
Me pegué en la frente; ¿Cómo que no se acordaba? ¡Le había dicho que mintiese! Definitivamente, era idiota, el pobre.
-¿Qué no se acuerda? –preguntó Payne, curioso-. Vaya. ¡Pues tendremos que refrescarle la memoria! ¡Tenemos un testigo que puede probar que el acusado FUE a casa de la víctima aquel día!
-Bueno, eso simplifica las cosas –señaló el juez-. ¿Quién es su testigo?
-El hombre que encontró el cuerpo de la víctima. Justo antes de este macabro descubrimiento… -señaló a Larry-. ¡Vio al acusado huir de la escena del crimen!
La sala se llenó de un chismorreo tremendo ante la noticia; el juez golpeó varias veces el martillo, mientras ordenaba silencio en la sala.
-Sr. Payne, la acusación puede llamar a su testigo.
-De acuerdo, Su Señoría. El día del asesinato, mi testigo vendía periódicos en el edificio de la víctima. ¡Llamo al estrado al Sr. Frank Sahwit!
