"Compromiso a la Italiana"
Capitulo: 1
"En la Carretera"
Recomendación Musical: "Heroe" (de IL DIVO)
For: Adita Cullen
Después de haber recorrido las primeras etapas del viaje en barco y en tren, era todo un alivio poder tomar la carretera los últimos kilómetros antes de llegar a su destino. Bella comprobó el mapa y se tomo un minuto para familiarizarse con el coche de alquiler después de elegir una ruta que discurría por el soleado paisaje de postal de la región de Umbría.
Pero al cabo de unos kilómetros, la situación empezó a complicarse. La carretera era cada vez más estrecha, y la pendiente cada vez masa pronunciada, con curvas de ciento ochenta grados, que cada vez se cerraban mas. Bella se aferro al volante, rezando para no encontrarse con ningún coche de frente, y los ojos demasiado fijos en la carretera como para darse cuenta de la luz de alarma que acababa de encenderse en el cuadro de mandos. De repente, un chorro de vapor salió de debajo del capo y el coche se lleno de un olor acre a quemado. Una mirada al indicador de temperatura confirmo que la aguja estaba en el máximo.
Bella aparco lo más deprisa que pudo y tiro con fuerza del freno de mano para asegurarse de que el coche no se dejaba vencer por la pendiente. Después apretó el botón para abrir el capo y salió del coche, mirando al vehículo con hostilidad. Estaba demasiado caliente como para tocarlo, y con el sol que caía aquella tarde, no parecía que fuera a enfriarse pronto. Protegiéndose las manos con unos pañuelos de papel. Bella levanto el capo y se aparto con rapidez para evitar la bocanada de vapor. Estaba claro que el radiador necesitaba agua más que ella.
Bella saco su móvil del bolso para explicar el motivo de su retraso. Apretando los dientes, comprobó que no había cobertura. No tenía elección: tendría que caminar. Entro en el coche para buscar su sombrero, pero salió a toda velocidad al oír el ruido de un motor en la distancia. Sacudió su sombrero en el aire, y justo en ese momento apareció por la curva un rojo, como una llamarada, en medio de una nube de polvo. Bella se aparto a un lado en el último momento, con el corazón latiéndole aceleradamente contra el pecho. El coche le paso apenas a un metro de distancia y se detuvo con un brusco frenazo. Temblorosa, vio como un hombre muy alto, furioso, salía del coche con una exhalación y la bombardeaba con un italiano tan rápido y encendido que ella no entendía ni una palabra.
Consciente de que si le respondía con su escaso italiano solo obtendría otra parrafada en respuesta, Bella levanto la mano como un policía, se quito las gafas de sol y sonrió:
-Lo siento muchísimo. Mi coche esta averiado.
¿Habla ingles?
Las cejas del hombre subieron por encima de sus gafas Ray-Van.
-Cielos. ¿Es británica?
-Si- Respondió ella, sorprendida, pues el también lo era.
-¿Qué demonios está haciendo aquí? ¡Podría haberla matado! Además, esta es una carretera privada.
Su sonrisa se desvaneció.
-Eso ya lo se. Me dirijo a Villa Falcone. Tengo una cita allí.
-Oh, entiendo. Otra de las fans de Jacob.
El tono de su voz irrito a Bella y lo fulmino con la mirada.
-Mi cita con el señor Falcone es por motivos estrictamente profesionales.
-Eso es lo que dicen todas- se paso una mano por el pelo mientras la miraba fijamente-. Ha hecho una cosa estúpida. Menos mal que los frenos de mi coche funcionan bien.
Bella estaba acostumbrada a tratar con gente por su trabajo, pero en aquel momento tenia calor, estaba cansada, llegaba tarde a su cita y no estaba de humor para sermones.
-Si esta carretera es del señor Falcone, ¿Qué es usted un fan o un intruso?
-Para su información-dijo el-, esta carretera no es propiedad de Jacob, si no mía.
-Oh-Bella se puso roja de vergüenza-. Entonces tengo que disculparme. Supongo que debo haber tomado mal algún desvió.
-Está claro. Echémosle un vistazo a tu coche.
Bella levanto de nuevo el capo y se echo hacia atrás. El se quito las gafas de sol, las engancho en su cinturón y se inclino sobre el motor para investigar.
Ella lo miraba sin mucha esperanza, pero cuando él se incorpora para secarse el sudor de la frente, Bella frunció el ceño sorprendida. Aquel rostro pálido y atractivo le resultaba familiar. Juraría que lo había visto antes. Oh, vamos Isabella. Aquello era de lo más improbable. El estrés y el calor le estaban derritiendo el cerebro.
-El radiador tiene una fuga-le informo el-. Probablemente una piedra lo haya agujerado por la parte inferior. Tengo que disculparme.
-No es culpa suya-respondió ella, con una sonrisa
-La disculpa es por mis dudas acerca de sus intensiones. Estaba seguro de que la avería seria fingida-sonrió el-. Las fans de Jacob pueden ser de lo más creativas para conseguir llegar hasta él.
Bella se tuvo que recordar a si misma que necesitaba la ayuda de aquel hombre.
-El señor Falcone me esta esperando se lo puedo asegurar- miro a su reloj con cara de desesperación y añadió-. De hecho, tengo que reunirme con el dentro de veinte minutos, pero no tengo cobertura para informarle que me voy a retrasar.
-Aquí no la encontrara. La llevare a mi casa y desde allí podrá llamar a Jacob. El mandara a alguien para que venga a buscarla –un par de ojos duros y oscuros la miraron con atención-. ¿Pensaba pasar la noche en su casa?
-No- respondió ella fríamente-. Tengo una reservación en el hotel de Todi. Después de encontrarme con el señor Falcone, llamare un taxi.
Por primera vez, el le sonrió con sinceridad.
-Bien. Vamos entonces. Por cierto mi nombre es Cullen.
-Isabella Swan- dijo ella, deslumbrada por su sonrisa-. Le agradezco su ayuda señor Cullen –recogió sus cosas del coche, se limpio las manos con su pañuelo de papel y, ajustándose bien el sombrero, tomo asiento en el lugar del acompañante de su coche.
Entonces pudo ver que era un Ferrari XX Spider deportivo, con asientos de cuero de lo más cómodos, sobre todo comparándolos con la estrechez del coche de alquiler. Pero Bella no pudo relajarse en el trayecto, pues no le quitaba ojo al precipicio que se abría a su lado. Mientras, su buen samaritano conducía con destreza, maniobrando con experiencia cada curva, que eran cada vez más empinadas y peligrosas. Por fin, para su alivio, llegaron a una entrada que se abría en medio de una valla y entraron en el patio de una casa de piedra blanca.
-Oh, que preciosidad- dijo ella, sin querer.
Las pocas ventanas del edificio eran de distintos tamaños y estaban distribuidas sin simetría aparente, pero el efecto era encantador. Cuando salió del coche, Bella pudo ver que las ventanas estaban colocadas para dar una vista distinta de las colinas boscosas y los viñedos que rodeaban la casa, así como de los campos de cultivo protegidos por hileras de altos cipreses.
-Que vista tan fantástica –dijo ella, impresionada-.
Casi merece la pena subir por esa carretera para llegar hasta aquí.
-No hay mucha gente que opine lo mismo, por suerte-dijo él, conduciéndola hacia un porche cuyos pilares estaban cubiertos de enredaderas-. Venga dentro aquí hace mucho el calor.
Bella lo siguió a través de un fresco recibidor hasta llegar a una sala de estar con vigas vistas y una impresionante chimenea.
-Siéntese –invito el-. Le traeré un jugo.
-Gracias- ella sonrió ligeramente-. Pero llevo todo el día sentada. ¿Le importaría que me acerque a la ventana para disfrutar de la vista?
Su dura mirada se suavizo al sonreírle.
-Como usted quiera ¿Dónde alquilo el coche?
-El hotel se encargo de todo… es el Villaluisa.
-Bien les llamare después de hablar con Jacob.
Sola ante el impresionante paisaje, Bella lo oyó hablar en italiano desde la otra sala, presumiblemente con Jacob Giancarlo Falcone.
Eso deseaba con todas sus fuerzas, pues de otro modo, habría hecho un largo camino para nada.
Cuando pidió unos días libres para volar a Venecia y conocer a su sobrino recién nacido, su jefe accedió con la condición de que pasara por Todi a la vuelta para acordar con el joven tenor los detalles de sus primeros conciertos en las islas británicas.
-Todo arreglado –dijo su anfitrión, de vuelta con una bandeja en las manos, Le sirvió jugo en un vaso alto y se lo acerco-. Yo mismo la llevare a Villa Falcone.
Sorprendida, Bella le dio las gracias y bebió, pues estaba sedienta.
-Es muy amable por su parte –dijo ella al cabo de un momento-. Pero no quiero entretenerlo. Supongo que se dirigía a un sitio cuando nos encontramos.
-Lo he anulado –levanto una ceja-. ¿La espera alguien en el hotel?
Bella sacudió la cabeza.
-tomare un vuelo de vuelta a casa mañana para ir a trabajar el lunes. Gracias –añadió, cuando él le relleno el vaso.
-¿A qué se dedica?
Bella le hizo una breve descripción de su trabajo como asistente del manager.
-Colaboro en la organización de eventos. En verano sobre todo con comidas al aire libre y conciertos en entornos especiales. Una parte muy importante de mi trabajo es ocuparme de los artistas, y por eso estoy aquí ahora Jacob Giancarlo Falcone es una gran estrella, pero es difícil que firme por una fecha concreta, y los plazos se acercan…
-¿Y tu jefe pensó que un toque femenino movería montañas?
-No ha venido yo porque he estado en Venecia para ver a mi sobrino recién nacido. El marido de mi hermana trabaja en el sector hotelero allí.
-¿Es italiano?
Ella sonrió
-Creo que Emmett se ve más como veneciano.
-Entonces debe estar encantado de tener un hijo.
-Desde luego, pero esta igualmente encantado con su hija, que nació hace dos años.
-¿Le gustan los niños?
-Por supuesto- Bella vacio el vaso-. ¿Puedo arreglarme un poco antes de que nos vayamos?
Se dirigió al baño de la planta baja, cubierto de mármol, llevando de la mano su bolso. Cuando se vio ante un espejo, se lamento del pobre aspecto de su vestido camisero azul. Aliso las arrugas cuanto pudo y soltó un punto de su cinturón para que cayera más sobre sus caderas antes de mirarse al espejo de nuevo. Se lavo la cara con agua y jabón, y aplico crema hidratante y un poco de maquillaje de emergencia. Se puso un poco de perfume y soltó el pasador que le sujetaba el pelo de la nuca para peinárselo y dejárselo suelto sobre los hombros. Sonrió a su reflejo y se dijo que, si tenía que convencer al cantante, sería mejor utilizar todos los recursos a su alcance para que firmara.
Su rescatador estaba esperándola en el frio recibidor con aspecto inmaculado, pues se había puesto una camisa de hilo blanca y unos pantalones azules con un cinturón de cuero, y zapatos, por supuesto italianos. (Armani todo el conjunto)
Bella se dio cuenta de que se había tomado la molestia de afeitarse.
-Tenía razón –dijo él, mirándola-. En cuanto te vea Jacob hará lo que pidas
-eso es bueno si quiere decir que firmara –respondió Bella con serenidad.
El entrecerró los ojos.
-Tiene que tener cuidado, señorita Swan, Jacob tal vez cante como los ángeles, pero es tan humano como cualquier otro hombre.
-Siempre tengo cuidado –le aseguro ella.
-Hoy no. Se ha equivocado de carretera.
-Creo que eso no se volverá a repetir –repuso ella.
-Una pena.
Bella levanto una ceja.
-Creía que no le gustaban los intrusos.
-En su caso, hare encantado una excepción. Y no se preocupe por el coche. El gerente del hotel enviara a alguien a buscarlo.
-Gracias señor Cullen. Es muy amable –añadió envaradamente mientras se dirigían a la tortuosa carretera.
-Hoy me ha pillado de buen humor –repuso él, y arrugo los labios.
-No lo hubiera dicho cuando nos encontramos.
-¡Pero si estaba aterrado! –él le clavo la mirada.
¿Se da cuenta de que podría haberla matado?
-Ahora si –se encogió de hombros-, pero de algún modo tenía que detenerlo.
-Y de paso, detener también mi corazón, saltando de ese modo delante de mí, agitando el sombrero como si fuese una loca. Por cierto –añadió como si nada-, cuando haya acabado da hablar con Jacob, no tiene que molestarse en llamar un taxi. Yo mismo la llevare a Todi.
Bella lo miro sorprendida.
-No puedo dejar que haga eso, señor Cullen.
-Desde luego que sí. Y mi nombre es Edward –añadió-. ¿Puedo llamarla Isabella?
-Prefiero Bella –ella apretó aun más los puños cuando pasaron junto a su coche de alquiler-. ¿Cómo se te ocurrió construir una casa en un sitio tan remoto? – Pregunto cuándo recupero el aliento-. Se necesitan nervios de acero solo para llegar hasta arriba.
-Hay una carretera más fácil que da a la parte posterior de la finca. Mi limpiadora, Renata, sube por ahí todos los días en bicicleta.
-¿Y por qué no la usas?
-A veces si lo hago, pero va en dirección opuesta a la Villa Falcone y Todi, así que esta vez es necesario tomar la carretera de las vistas impresionantes –la miro-. Yo no elegí el emplazamiento de la casa, por cierto. Toda la propiedad llego a mis manos en forma de regalo cuando ya aun era estudiante de arquitectura
Bella empezó a relajarse al ver que la carretera se hacía más suave.
-¿Y llegaste a convertirte en arquitecto? –Pregunto ella muy educadamente.
-Sí. Aquí debe ser donde te equivocaste –dijo él, al tomar una desviación-. Viniendo desde Todi, tenías que haber girado a la derecha en este punto.
-Que fallo tan tonto –dijo ella, disgustada-. Habría sido un camino mucho más fácil.
-Pero no nos habríamos conocido –apunto él.
Sin saber cómo tomarse aquello, Bella centro su atención en la carretera que ascendía junto a un castañar. Edward Cullen se detuvo frente a una verja que se alzaba entre altos muros de piedra y le hable a un intercomunicador antes de atravesar la puerta. Cruzaron primero unos cuidados jardines hasta llegar a una casa mucho más antigua y grande que la de Edward en lo alto de la colina. Tenía ventanas venecianas, paredes rosadas y un soportal con arcos: era justo la idea de Bella de una villa italiana.
"Es difícil hacer a un hombre miserable, mientras sienta que es digno de sí mismo"
"Abraham Lincoln"
