La Magia de una Familia
Los personajes de esta historia son de la brillante Stephenie Meyer, nosotras solo jugamos con ellos. No somos Stephenie.
Capítulo 2
Niki (P.O.V)
Al contarnos nuestros problemas, a Lucy se le ocurrió escapar. Al principio no quería, porque aunque mis padres no me dieran atención seguían siendo mi familia y los quería. A parte tenía muchas cosas rondándome en la cabeza: ¿A dónde iríamos?, ¿Cómo sobreviviríamos?, ¿Cómo estudiaríamos? Ya que solo teníamos quince años y lo más importante: ¿Nos buscarían nuestras familias? Lucy ya tenía todo listo y conociéndome tan bien como ella lo hacía, empezó a responderme cada una de las preguntas que no llegue a formular. Luego de darme un largo discurso, la ira hacia mis padres se sobrepuso al cariño que les tenía. ¡Era su propia hija y no les importaba!
Esa misma tarde fui a casa con Lucy a escondidas para prepararnos y partir esa misma noche a lo desconocido. Agarre una mochila y me vestí con ropa que no llama la atención. Dentro de la mochila puse una muda más de ropa, una linterna, mis ahorros, un neceser de baño, un anotador y una birome, y las dos pusimos lo más importante: nuestros libros de Crepúsculo.
Estábamos bajando las escaleras, cuando nos cruzamos con mi padre. Lucy me mira y tira de mi brazo, pero mi padre nos alcanza y me agarra del brazo libre:
-¿A dónde crees que vas?- dice enojado y con cara de asco.
-Voy a la casa de Lucy a dormir.-digo mirando cómplice a Lucy, no sé dónde salió esa respuesta pero estaba agradecida…
-No vas a ningún lado. Vos te quedas en esta casa y no se habla más. Vos Jackson-dirigiéndose despectivamente a mí amiga- a tu casa.
-¡No! ¡Ya no más!- grito y tiro del brazo de Lucy para salir por la escalera de incendios y comenzamos a correr.
No sé cuánto corrimos, corrimos hasta no escuchar los gritos de mi padre llamándome y lo que si se, es que no miramos atrás, ya no lo haríamos más.
Cuando verificamos que nadie nos seguía, nos adentramos en la estación de tren. Ahí pedimos unos pasajes de New York hasta Philadelphia. Nos despedimos de nuestra gran y amada ciudad y entramos en el tren.
Viajamos muchas horas, no sé con exactitud cuántas, pero embarcamos a la noche y nos despertamos al mediodía, y a mí me entro el pánico. ¿Qué había hecho?, ¿Me perdonarían mis padres?, ¿Me dejarían volver?, ¿Los había decepcionado?
-Lucy, ¿dónde estamos?- le pregunto no disimulando nada bien mi miedo.
-Tranquila Niki- dice desperezándose- ya pronto llegaremos- Eso tranquiliza un cuarto de mi preocupación y decido ir a comer algo.
Cuando estaba en el vagón comedor el tren para. Me arrimo a una ventana para saber en dónde carajos estábamos. Lo único que vi fue nada, solo árboles y lluvia, mucha lluvia. Me apresuro a encontrar a Lucy, pues sabía que no la pasaba bien durante los chaparrones, pero me despreocupe cuando la vi durmiendo plácidamente en su asiento. Si había algo que envidiaba de Lucy, era su facilidad para dormir en cualquier lado o situación.
Después de dos horas más, decido despertar a Lucy ya que el tren seguía sin avanzar. Cuando logré despertarla le susurro:
-Lucy, el tren no avanza.
Lucy iba a replicar algo, pero su voz quedó tapada por el altavoz del tren avisando a los pasajeros que pasarían a ver los boletos. ¡Mierda! Ahora sí, estábamos en problemas, éramos menores, se supone que no debemos viajar solas. Me entro el pánico nuevamente y me temblaban las piernas, Lucy en cambio, se paró, tomo sus cosas y tironeo de mí para que reaccionara. Me pare de golpe y seguí a Lucy por los pasillos del tren, hasta llegar a una puerta cerca de las calderas, ya que según Lucy, este era el último lugar donde pasarían los guardias.
Abrió la puerta con mi ayuda y el tren emprendió su movimiento otra vez. -¡Genial!- pensé para mis adentros. Lucy me miro y con su mirada me dijo lo que tenía pensado, lo que yo temía. La miro con mi mirada más asesina y con eso le digo –Ni pienses que salte de aquí-
-Es ahora o nunca. Mientras más tardes, más rápido se mueve el tren ¿Quieres volver con tu familia?
Con lágrimas en mis ojos y todavía temblando, sujeto bien fuerte mis pertenecías y Lucy toma mi mano para infundirme valor. En un abrir y cerrar de ojos estamos en el aire cayendo a la húmeda tierra musgosa. Ahí Lucy comenzó a apretar mi mano cada vez más fuerte hasta que entendí. Estábamos empapadas, la tormenta había empeorado.
