Turnos de vigilancia
El día se presentó soleado y con una temperatura perfecta para comenzar. Hermione se levantó la primera y se vistió dejando su melena suelta. Bajó a la sala común y allí estaba Harry, esperando a Ron que se le habían pegado las sábanas, algo habitual en él. Harry, al igual que Hermione, estaba muy entusiasmado por empezar.
-¡Buenos días Harry! –dijo Hermione alegre
-¡Buenos días Hermione!, ¿preparada para tu primer día de prefecta?
-Sí, más que lista- vio que su amigo no paraba de mirar las escaleras por si alguien bajaba- Ginny sigue durmiendo, pero tranquilo, no suele tardar mucho en despertarse –ella conocía muy bien a Harry y sabía que, en parte, se había levantado temprano con la esperanza de encontrarse a Ginny y pasar más tiempo con ella.
Ron bajó haciendo un fuerte ruido por las escaleras, aún le costaba abrir los ojos y tenía el pelo algo despeinado.
-Maldita sea, no me acordaba de lo que era levantarse tan temprano
Harry y Hermione soltaron una pequeña carcajada al ver las pintas de su amigo. Tan pronto como pudieron bajaron al Gran Comedor, estaba más lleno de lo que esperaban y al parecer la gente se había levantado alegre. Tanto Harry como Hermione desayunaron poco, pero Ron, como era de esperar, se espabiló cogiendo todos los bollitos que encontraba en la bandeja.
-¿Qué? –dijo Ron con la boca llena y percatándose de las miradas de sus amigos- El desayuno es la comida más importante del día –y siguió engullendo.
Los dos sonrieron porque en realidad echaban mucho de menos esos desayunos. Cuando Ron terminó de desayunar se dirigieron a la clase de Pociones, donde se enteraron de que Slughorn haría un club con los alumnos más selectos, en los que se incluían Harry y Hermione. Eso significaba que dentro de pocas semanas organizaría una cena en la que se podrían llevar invitados. Harry iría con Ginny y Hermione se lo propuso a Ron, el cual aceptó. Los días pasaron rápido y cuando se quisieron dar cuenta estaban a la semana siguiente saliendo del comedor. Esa tarde la profesora McGonagall volvió a citar a los prefectos en su despacho, y Hermione no tardó en acudir.
-Buenas tardes alumnos, el motivo por el que los he reunido esta tarde es debido a los turnos de noche, los cuales empezarán esta noche. El Ministerio de Magia ha decidido que al ser la primera semana no debemos descuidar la seguridad del colegio, así que empezaremos con las Mazmorras y la tercera planta. – Hermione estaba deseosa de una tarea como esa, por fin podría poner en práctica su título de prefecta- Abbott y Goldstein se encargarán de la tercera planta y Granger y Malfoy de las mazmorras.
-Genial –dijo Draco con un tono irónico.
-¿Algo que aportar Malfoy? –preguntó la profesora
-Sí –respondió con desprecio- ¿Hasta qué hora tendré que quedarme?
-Serán avisados esta misma noche, al ser revelados por otros profesores. No se olviden de que deben empezar nada más terminar de cenar. Pueden retirarse.
Malfoy se levantó antes de que a la profesora le diera tiempo de acabar la frase y se marchó rápidamente pasando por el lado de Hermione.
-¡¿Con Draco Malfoy? –dijo Ron muy sorprendido- no puede ser, la profesora McGonagall tiene que haberse equivocado, sabe que no nos aguantamos con ese estúpido.
-Lo sé Ron, pero él es prefecto como yo, y solo estaremos vigilando las Mazmorras él en un lado y yo en otro, ni nos cruzaremos.
-Hermione ten muchísimo cuidado, sé que es muy difícil e improbable que el asesino haya entrado en Hogwarts pero estate alerta, y no me gusta nada que vayas con Malfoy –se preocupó Harry.
-Muchas gracias a los dos, tendré mucho cuidado enserio, ya veréis que no será nada, debo irme ya que he acabado de cenar, deseadme suerte –entonces Hermione se levantó de la mesa despidiéndose de Harry y Ron.
Hermione bajó a las mazmorras haciéndose paso con su varita iluminada. Todo estaba frío y oscuro, apenas entraba la luz de la luna, nunca le había gustado ese lugar. Paseó por el pasillo asegurándose de que todo iba bien, Draco no estaba allí todavía. Al terminar el pasillo se sentó al final de las escaleras, dejó el libro de defensas contra las artes oscuras que se había llevado para empezar a leer el tema en el escalón y empezó a comer un pequeño postre que se trajo del comedor, pero pronto ese aperitivo cayó al suelo debido a un ruido que Hermione escuchó en el pasillo, y un ruido que cada vez se acercaba más. Hermione se puso en pie y señaló a todas partes con la varita. "Hermione esta es tu oportunidad de demostrar que no tienes miedo, que eres valiente y de que no se han equivocado eligiéndote de prefecta"-se dijo así misma- así que se acercó al origen del ruido despacio, unos pasos cada vez más rápidos se aproximaban a ella, no había nada, solo alumbraba la oscuridad.
-Hola sangre sucia –susurró una voz detrás de ella.
Dio la vuelta para ver de quien se trataba y una potente luz que venía de una varita la cegó. Escuchó pequeñas risas y cuando pudo abrir los ojos vio que se trataba de Pansy Parkinson, pertenecía a la casa de Slytherin y llevaba enamorada de Draco desde que ella recordaba, su oscuro pelo negro le hacía contraste con su pálida piel, y sus ojos negros la miraban con asco. Estaba en frente de Hermione con una sonrisa malvada, apuntándola con la varita, apunto de hacer algo…
-¡Pansy! Te he dicho que no hicieras ruido, ¿estás sorda o qué? –Draco apareció detrás y se acercó a ella, ignorando por completo que Hermione estuviera allí- Vaya vaya… ¿divirtiéndote Granger?-dijo mirando el libro de defensa contra las artes oscuras que Hermione sujetaba, y después volvió a fulminarla con la mirada, una mirada de ojos grises, mientras Pansy le reía todo lo que él decía.
-No, vigilando, y tú deberías hacer lo mismo –dijo Hermione recuperándose del susto.
-¿Qué te parece eso? Una asquerosa sangre sucia diciéndome lo que tengo que hacer –la observó de arriba abajo y soltó una pequeña risa- Anda vamos Pansy, y como vuelvas a hacer ruido te largas de aquí ¿lo captas? –por un momento dejó de mirar a Hermione para hacerle entender a Pansy que no estaba bromeando.
Pansy agarró del brazo a Draco y los dos se dirigieron a un cuartillo donde Snape guardaba los frascos cuando era profesor de pociones, se encerraron y Hermione tuvo que aguantar durante toda la noche las risitas que salían de allí y a Pansy gritando, no muy fuerte, el nombre de Draco. Hermione seguía leyendo en el escalón y tras un buen rato de jaleo se abrió la puerta y escuchó como Pansy, colocándose bien la falda se despedía de Malfoy. Draco suspiró de satisfacción y se encaminó hacia Hermione, pero esta vez, ella se le adelantó.
-Ya veo que bien cumples tus obligaciones, deberías de estar vigilando porque te recuerdo que es cosa de los dos y no pienso tragarme yo todo el trabajo ¿entiendes? –le advirtió señalándolo con un dedo amenazador.
-Calma Granger, primero, no me vuelvas a señalar así –dijo retirándole el dedo se su cara y acercándose a ella- y segundo, yo hago lo que me da la gana, y si no quiero quedarme vigilando la mierda esta no lo hago, así que déjame en paz y no te metas en mi camino ¿entiendes tú? – la miró durante unos segundos y fue hasta otro cuartillo, tan pequeño que solo cabían ellos dos en el centro. Hermione lo siguió.
-Claro que puedes hacer lo que te dé la gana y yo que me alegro de no tener que verte pero el problema es que los DOS estamos metidos en esto, por lo que si tú haces algo mal también me perjudica a mí –Draco estaba dándole la espalda buscando algo en las estanterías, y Hermione se encontraba enfadada detrás suya intentando que la escuchara-.
-¿Puedes dejar de gritar? Me está doliendo ya la cabeza – se dio la vuelta con una botella de cerveza en la mano y rápidamente Hermione se la quitó.
-No, hasta que no me hagas caso
Draco empezó a enfurecerse y cuando iba a empezar a discutir con ella escucharon un ruido seguido de una sombra y del golpe de la botella de cerveza que Hermione, del susto había tirado al suelo y se había roto en pedazos.
-¿Qué ha sido eso? –preguntó ella asustada.
Los dos estaban fijando la mirada fuera del cuartillo y Malfoy sacó su varita, Hermione se la había dejado en la escalera.
-¡Lumos! –la varita de Draco se encendió y él dio unos pasos hacia delante, Hermione estaba detrás suya, pero tropezó con una caja que sobresalía en el suelo y cayó. Draco escuchó el grito ahogado y se dio la vuelta, pero Hermione no estaba, había desaparecido.
-¿Granger? ¿Cómo es posible? – se preguntó Draco sin saber qué había pasado y sin saber qué hacer.
