Disclaimer: Los personajes obviamente pertenecen a nuestro querido tío Rick Riordan, yo solo juego con ellos sin ningún fin de lucro.

Este fic participa del reto "Solangelo fever" del foro El Monte Olimpo.


PoV Will Solace

Hoy aunque un día más de vida, iba a tratar de que fuera el más increíble que hubiera tenido. No había nada en el mundo que pudiera arruinarlo y aunque fuera muy pesimista tampoco mejorarlo. Tenía una categoría de normal, casi monótono.

°No tenía clases.

°Estaba pronosticado un ardiente sol, después de muchos tristes días de lluvia.

°Iba a ir a la playa a jugar voleibol.

En fin un día con posibilidades de ser grandioso

Se arregló con algo sencillo; unos bermudas, unas sandalias de playa y una chaqueta. Y obviamente lo indispensable: unas gafas de sol. No necesitaba más. Su hermanastra Rachel le iba a proporcionar lo demás que pudiera llegar a necesitar.

Salió de la casa para dirigirse a su cochera donde se encontraba su...

-¡Will!- su prima Annabeth venia corriendo en ropa de dormir desde la casa de su novio Percy. Era un tío educado, amable y todo los adjetivos que se le pudieran poner, pero había dormido con su prima, después tenía que darle cuentas.- ¿Te puedo pedir un favor?

-Hola Annabeth, ¿cómo estás? Yo también estoy muy bien- la rubia que tenía frente a él lo fulminó con su mirada.- ¿Que deseas?

-El primo de mi novio necesita que lo lleven al campamento y pensé en que podrías llevarlo. Vas para allá, ¿no?- le pregunto con una ceja alzada con obvio cuestionamiento.

Se le había olvidado que su prima estaba obsesionada con la escuela, sino fuera por Percy vivirá metida entre libros y con miles de gatos. Sólo por eso, dejo de lado el sermón por dormir con su prima.

-¿Quién es su primo?- pregunte. No tenía pensado llevar a nadie a ningún lado, solo quería alargar la conversación. Nada, y mucho menos nadie iba a lograr que se desviara hacía un posible paraíso.

-No sé si lo conoces. Su nombre es Nico di Angelo.- el rubio se quedó quieto por un momento que pasó desapercibido por todos.

Nico di Angelo. Claro que lo conocía.

Era el dueño de sus sueños. No había momento en que no quisiera saber dónde está. Podrían llamarlo un acosador pero un día para ser grandioso era indispensable como mínimo verlo un pequeño momento.

Volteo hacia el susodicho levantando sus gafas.

Sus ojos azules conectaron con los carbón de él... Tal vez solo fue un momento. Menos de un minuto. Pero hubo una conexión. Como si estuvieran destinados. Aunque suene ridículo.

-Entonces, ¿lo llevas?- di un asentimiento sin dudarlo, pero no prestándole mucha atención.

El pelinegro aparto la mirada hacia su primo.

Will con una sonrisa observo como Nico golpeo a Percy en las espinillas.

-Bueno, vamos no queremos que llegue tarde.- dije con una sonrisa maliciosa. Tenía un plan increíble desde hace tiempo, y era hora de ponerlo en marcha.


Al caminar, Will se había adelantado de Annabeth. No quería admitir que sus pies, su cerebro, su... Todo él quería estar cerca de Nico.

-Yo puedo defenderme solo. Muchas gracias.- el sarcasmo era evidente en su voz.

Sin poder evitarlo, me acerque por la espalda conteniéndome el agarrarlo, el tocarlo.

-¿Defenderte de quién?- le susurre con lentitud, dejando que su aroma penetrara mi olfato. Que mi oído se ensordeciera con el latir de su corazón y los sonidos de su respiración agitada.

El joven se quedó tenso y se envaro completamente. Por suerte aun le ganaba con casi diez centímetros.

-Annabeth dice que necesitas un aventón al campamento. Así que vámonos, llegamos tarde.-Me puse a un lado de él, y observándolo aunque el me ignorara. Muy dentro de mí resintió este hecho.- Adiós Annie... Adiós Percy.- concluí con un tono un poco seco, y dando simplemente un gesto con la mano.

Se escuchaban de lejos el camino forzado de mi acompañante.

Al llegar a la casa, volteé.

-Espérame aquí.- entre a la cochera.

Me acerque a la repisa y tome las llaves del coche descapotable regalo de su padre. Era cómodo, agradable, limpio y... espacioso.

No pensándolo ni unos minutos, soltó las llaves y agarró otras sin dudarlo.

Se montó en la motocicleta y salió.

-Oh no. Ni creas que yo me voy a subir a eso.- dijo con un gruñido. Una linda arruga se le formo encima de las cejas.

-Súbete- dije con calma, pero en mi interior no dejaba de rogar que lo hiciera pronto.- Estamos perdiendo tiempo.

-¿Que no tienes un carro u otra cosa que no sea... esto?- Will con impaciencia noto, como di Angelo observaba el reloj con nerviosismo. Era evidente que se le estaba haciendo tarde.

-Mi moto es genial y muy segura. No tienes por qué tener miedo.- dije con un toque burlesco, con la intención de si hería su orgullo lo convencería más rápido.

-NO... TENGO... MIEDO.- gruño. Mi fuero interno estaba deleitándose de su cercanía.

-Eso lo veremos...- susurre-. Agárrate fuerte, que solo tenemos veinte minutos.- dije soltando una carcajada por la adrenalina que no muy tarde iba a empezar a sentirse.

De un momento a otro, sin esperar ese tipo de reacción por parte de su cuerpo. Todo dentro de él sintió como si estuviera en una rebelión. Su estómago estaba lleno de choques eléctricos; su corazón empezó a sufrir una taquicardia que podía conducir muy probablemente a un infarto por el deleite. Su cabeza empezó a zumbar y sin poder evitarlo empezó a fantasear.

"A lo lejos se podía apreciar a dos chicos. Uno con el cabello rubio como el sol, con un bronceado y ojos azules penetrantes, venía agarrado de la mano de un joven de cabellos como la noche, piel pálida y ojos iguales a unos pozos sacados del mismo Inframundo.

Venían caminado desde el horizonte, el de donde era lo menos importante, lo que en verdad valía era el futuro al cual caminaban.

Se detuvieron en medio de la playa. El sol ya se estaba ocultando, y la oscuridad empezaba a cobrar fuerzas.

Se observaron a los ojos y mientras el ocaso ocurría, sus rostros se iban acercando, fundiéndose en un tierno beso justo en el momento en que el caluroso y radiante día se fundía con la fría y oscura noche, dando a lugar a un perfecto balance."

Enfoque mi mente y arranque, no queriendo delatar mi vacilación.

Sintiendo como Nico empezaba a aflojar los brazos, con una mano la sujete fuertemente con un poco de miedo a que se hiciera algún daño.

-¿QUÉ?, ¡ESTAS LOCO! ¡No te sueltes!- gruñí con rabia. Quería verlo a los ojos y averiguar el porqué de esa locura que estaba a punto de realizar.

Hoy, podía afirmar a los cuatro vientos que estaba en el Eliseo, no sabía que había hecho para merecerlo pero lo aceptaba sin ninguna queja. Estaba en la gloria.

Sabiendo que estaba empezando a pensar locuras, aumento la velocidad en una cantidad de locura. Entre más rápido llegaran al Campamento, podía fantasear todo lo que quisiera.

-Puedes bajar la velocidad de esta estúpida moto.- gruño.

Mi cuerpo se erizo de satisfacción y por una tonta locura, empezó a pensar que sus cuerpos encajaban a la perfección.

-No le digas estúpida.- dije con voz ronca.

-Pues entonces reduce la velocidad.- gruño sin despegar la cabeza. Los ecos de su voz entraron como un masaje por los músculos de mi espalda.

-No. Tienes que llegar a tiempo.- volví a aumentar la velocidad. Daba gracias a Clarisse por haberme enseñado trucos para mantener el equilibrio cuando la velocidad incrementa tan estrepitosamente.

Sintió las tersas manos aferrándose a su abdomen.

Si no tuviera un poco de sentido común y sentido de supervivencia hubiera divagado sobre lo que haría si estuvieran los dos en el suelo.

Empezó a sudar. Nico lo estaba empezando a poner nervioso, y no es como si en un futuro más adelante lo fuera admitir. Para futuras referencias el sol estaba demasiado abrazador y al tener unas manos fuertemente agarradas de él, hacía que transpirara.

"Ya vamos a llegar. Ya vamos a llegar. Ya vamos a llegar." recito con insistencia.

Después de un tiempo, se pudo apreciar un grande y frondoso pino que reflejaba la entrada del Campamento.

-Llegamos.- solté un suspiro. No huno ninguna respuesta.

Will asustado, pensando que pudo haberse caído por allí y el sin darse cuenta, volteo con urgencia. Sus rostros quedaron a pocos segundos. Ruborizado regreso a su posición original.

-Nico, llegamos.- Quedo en blanco, solamente se apretó más a él.- Llegaras tarde a con Dionisio.- moviendo sus manos con delicadeza, Nico reacciono. A medias.

Para su diversión bajo de la moto con movimientos mecánicos. Había logrado dejarlo en shock, era todo un récord.

No pude evitar soltar una estruendosa carcajada al verlo como me mataba con su mirada.

Era guapísimo. Tenía un dios en persona.

-No te enojes di Angelo. Llegaste temprano, con siete minutos de anticipación. Deberías agradecérmelo.- le di mi mejor sonrisa. No sé qué ocasionaba en mí, pero no podía dejar de fastidiarlo. Amaba verlo enfurruñado-. Pero, será en otra ocasión pues tengo una cita con las cálidas playas de Nueva York.

Aunque las playas podrían esperar. Ni entregándome la misma inmortalidad podían hacer que dejara este magnífico momento. Preferiría un minuto más con él, a cualquier tesoro que me pudieran ofrecer.

Me coloque de nuevo los lentes. Rachel me debería de querer matar por llegar tarde.

-¿Que no tienes clases hoy?- su voz estaba cargada de confusión. Volteé a verlo con curiosidad.

-Jaja. No, ¿porque lo crees?- mi rostro mostraba diversión.

-Annabeth dijo que tenías que venir aquí.

-Oh no, hoy lo tengo libre. Por eso voy a la playa.- puse otra vez mi mirada en el horizonte.

-Entonces si no tenías que venir, ¿por qué me trajiste?- la incertidumbre en su voz, me paralizo.

¿Por qué lo traje, si había dicho que nada ni nadie me desviarían de mi destino?

Podría mentirle y decirle que soy muy buena persona y me sentiría muy mal si no lo ayudaba.

O que simplemente quería hacerle un favor a una de mis primas favoritas, como lo era Annabeth.

O simplemente le podía decía la verdad, aun con todo el riesgo que eso supondría.

-Quería estar un tiempo contigo a solas, ¿qué más?- era una verdad a medias, pero valía. Me incline hacia él.

Tenía que sentir sus carnosos labios sobre los míos.

Debía sorber el sabor de ellos.

Quería embriagarme con el sentimiento.

Al verlo paralizado, no pude evitar sentir dos cosas:

*Emoción, por la posible ilusión de que me correspondiera.

*Tristeza, por el remoto caso de que me rechazara.

La tentación era demasiada al tenerlo tan cerca. Solo un roce podía calmarme.

Su aliento olía a menta. Su corazón al parecer amenazaba con salirse.

Al ver que Nico cerró los ojos, algo hizo clic en mi mente.

Así no podía ser el primer beso que le daría. No frente al campamento. No en esta situación.

Me acerque a su oído.

-Tal vez para la otra.- a propósito hice que mi aliento lo golpeara, casi como una caricia.

Me acomode y encendí la motocicleta antes de arrepentirme.

-Nos vemos luego Nico, y tal vez ahora si te bese.- grite. Claro que si lo besaría. Nada de un tal vez.

Sin mirar hacia atrás arranque la moto. Tuve que aferrarme por un pequeño bache ocasionado por las lluvias anteriores.

Ya un poquito lejos, no pude evitar soltar una carcajada. Meses queriendo estar cerca de Nico di Angelo. Casi abrazarlo y por fin ocurrió.

En la mañana sí que estaba equivocado. Mi día sí pudo mejorar. Se volvió el mejor día de toda mi vida. De toda mi existencia.


-Haz estado muy callado Will, ni siquiera has querido jugar con nosotros. Me dejaste morir, tuve que jugar con el blandengue de Octavian.- no aparte la vista del horizonte. Se podía apreciar el contacto del mar con el cielo. Fundiéndose en uno solo.

-Estoy en una calma total Rachel.- despegue la vista y la coloque en la pelirroja de ojos verdes de mi lado-. Estoy enamorado.

Involuntariamente me salió un suspiro cargado de sentimientos.

-¿Qué paso?- dijo emocionada.

Le conté toda mi odisea de la mañana en pequeños intervalos, porque cada vez que describía mis emociones soltaba un gritito.

Hasta que llegue al momento en que casi besaba a Nico, por lo cual me golpeo con su puño en mi brazo.

-¿Por qué fue eso?- gruñí mientras me sobaba.

-Eres un tonto. Él quería que lo besaras, ¿por qué si no cerraría los ojos?- al escuchar eso no pude evitar tirarme en la tierra mirando las nubes. Estaba en éxtasis.

Ignore todo a no alrededor.

No supe cuánto tiempo paso, pero cuando mire alrededor ya estaba atardeciendo y no había casi nadie.

Me pare y con todo lo que mis pulmones pudieran permitir grite:

-¡TE AMO NICO DI ANGELO! ¡Todo por esa increíble moto!

Me solté a reír.

-¿Qué dijiste?- una voz se escuchó detrás.

Y yo conocía a la persona a quien le pertenecía.

Me di la vuelta y allí se encontraba él.

Abrí los ojos con pánico.


Nota de autor:

Bueno ahora si acabe el fic.

Esta historia tiene mucha continuación, en donde lo tengo escrito, es por eso que esta abierto el final, pero si me atrevía a ponerlo, podría llegar a superar las 10000 palabras y estaría en contra de las reglas.

Espero que lo hayan disfrutado y manden review con sus comentarios, todos son muy bien recibidos.

Nos leemos pronto.

Ciao

CecyBlack