Capítulo 2: Un Forajido Más

Nanzhou era un pueblo grande pero estaba muy fraccionado, así que si quería encontrar más variedad en establecimientos tendría que caminar un poco más. La parte donde se encontraba a poco tenía un mercado, un humilde restaurante y el resto eran las casas rurales que adornaban la villa. No había mucho que ver o hacer y mucho menos un lugar donde pudiera descansar, así que se tomó el menor tiempo posible en ir a la plaza y comprar algo de comer para seguir su viaje. Porque no, Yasuo no era tan ingenuo como para considerar de que sus perseguidores no estaban cerca del lugar.

Él había llegado hasta ahí corriendo en una noche, ¿cuánto podrían tardarse ellos en menos de un día?; simplemente no podía arriesgarse a perder.

Dio vueltas por el lugar, andó un poco, pero nada remarcable pasó aquí mientras encontró un camino para llegar al centro de Nanzhou. Sin embargo, una vez alcanzó el sendero, miró a la colina por la que descendió. Cuando hubiera cumplido su cometido, se aseguraría de regresar para visitar la chico y traerle una historia para contar y agradecerle por lo que había hecho, porque aunque hubiese sido poco fue capaz de apaciguar su preocupación.


No sabía por dónde empezar. No tenía pistas, apariencia o siquiera el nombre de quien lo había hecho, ¿cómo iba a encontrarlo? No simplemente podía llegar y preguntar si alguien había visto a un asesino noxiano vagando por ahí, había miles de ellos que seguramente habían pisado tierra jonia y bueno… si son "asesinos" se supone que no deben ser descubiertos, a diferencia de aquellos soldados que van a luchar en el campo abierto a masacrar brutalmente.

En menos de lo que pensó, había llegado a su destino precisamente para descansar. La noche era fría y amenazaba con llover, pero Yasuo tuvo la suerte suficiente como para encontrar una posada en donde descansar antes de que se desatara el caos de la lluvia. Se dijo a sí mismo que dormiría un poco y se prepararía para buscar un nuevo lugar al que huir, pero antes de pagar por su habitación, pensó en las opciones que tenía.

Y no soportó las ganas de ir a dar una vuelta.


—¿Qué sería? —Le preguntó el cantinero en cuanto lo vio sentarse en la barra.

Yasuo ni siquiera pensó en lo que iba a decir: —Algo fuerte, lo que sea.

El dueño le dedicó una mirada escéptica. Pero se encogió de hombros y se dio la vuelta, dispuesto a seguir la orden. La taberna a la que había entrado era de muy pocos lujos, por no decir que no tenía ninguno. El lugar estaba sucio, viejo y lleno de rostros poco amigables regados por todas las mesas que habían, algunos probablemente eran criminales, otros eran hombres ahogados en el alcohol… ¿Quién sabe?

Mientras Yasuo esperaba su trago, un hombre portando una escopeta enorme se sentó a su lado. El tipo tenía una apariencia de pocos amigos y definitivamente no estaba ni cerca a parecer un local. Su cabello castaño oscuro y su barba tan abundante le hicieron difícil saber cuál era el punto donde los dos se separaban, la mirada en sus ojos, el cigarro que había sobre sus labios y las ropas que vestía hicieron obvio que era un extranjero.

—Un whisky. —Se limitó a decir mientras jugaba con el cigarro en sus manos, antes de volverlo a poner sobre su boca. Yasuo decidió que lo mejor sería ignorarlo si no quería buscar pleitos que llamarían la atención. Cuando el trago servido apareció frente a él, Yasuo lo tomó entre sus manos en cuanto el vaso tocó la barra y dio el primer trago.

—¿Qué pasa, amigo? ¿Ahogando las penas? —Preguntó el hombre hablando con el acento más arrastrado que había escuchado, acompañándolo de una sonrisa ladina en su rostro.

Yasuo soltó una risa y dio otro trago, aquella sensación ardiente pasar por su garganta. —Quizás.

Después de eso, ambos decidieron guardar silencio mientras vaciaban sus vasos que se llenaban una y otra vez, limitándose a hacerse compañía el uno al otro. Pasó el tiempo y cuando Yasuo estuvo a punto de acabar su tercer trago, el desconocido se giró hacia él justo antes de quitarse el cigarro de la boca.

—¿Qué te trajo a este bar de mala muerte? Es la primera vez que veo tu cara por aquí —El hombre tenía una voz grave bastante particular, incluso empezaba a sonar como un pequeño taladro en su cabeza, lo cual fue el primer signo de que el licor estaba comenzando a hacer de las suyas. Era algo que Yasuo podía manejar mucho mejor que otras personas, pero aún así dudaba mucho mantenerse controlable si pedía otro trago.

—Bueno, —Empezó a decir Yasuo mientras terminaba de beber la última gota del vaso. —No es como si tu fueras más lugareño que yo —Y escuchó una pequeña carcajada por parte del otro.

Touché —Murmuró, antes de pedir otro vaso de Whisky el cual el cantinero llenó gustosamente.

Yasuo se quedó con la vista perdida en la nada, con el dedo índice de su mano derecha dibujando círculos en la madera de la barra, un tanto perdido en sus pensamientos. —Estoy buscando a alguien. —Decidió contestar.

El desconocido se giró hacia él con una expresión llena de curiosidad. —¿Alguien? ¿Alguna chica, quizás? —El hombre no pudo evitar decir aquello entre risas. —Si se van es mejor dejarlas ir, créeme.

Yasuo sonrió y negó con la cabeza. —No, estoy buscando a un noxiano.

La risa del sujeto se apagó, para ser reemplazada por una expresión dudosa. —¿Un noxiano? ¿En medio de esta guerra?

—Precisamente por eso lo busco, manchó mi nombre y lo tengo que hacer pagar. —Yasuo apretó los puños, empezando a llenarse de ira. El desconocido le puso una mano en el hombro de forma amistosa.

—Calma, compañero, —Y le dio un par de golpes en la espalda. —Si hay algo en lo que soy bueno, es encontrando criminales.

Yasuo se enderezó inmediatamente al oírlo decir aquello, sintiendo una emoción irracional al tener un aparente punto de referencia para empezar a buscar al verdadero asesino. Estaba a punto de hablar pero su boca se cerró tan rápido como la abrió, pues apenas pudo recordar que lo que sabía del noxiano se reducía a nada.

—El problema es que no sé nada de él —Murmuró Yasuo, conservando la esperanza de que este hombre supiera qué hacer, pero este sólo torció su boca en una mueca de preocupación e incómodamente empezó a rascarse la barba en su mentón.

—Bueno, eso realmente es un problema...

—Y no es todo —Le interrumpió Yasuo antes de reírse, expresando completamente el nerviosismo que sentía. —Todos creen que soy el verdadero asesino, así que básicamente estoy huyendo de las autoridades.

El hombre abrió los ojos en sorpresa y alcanzó su escopeta en un movimiento tan rápido que Yasuo pudo perfectamente compararlo con la rapidez con la que él desenfundaba su espada. Las dos enormes bocas del cañón colisionaron contra su cuello y pudo oír el click del seguro del arma ser desactivado.

El cantinero se alejó del par, el miedo que sintió escrito por toda su cara. Algunos hombres empezaron a evacuar la cantina, mientras otros sólo se quedaron a observar.

—¿Quién iba a creer que me iba a encontrar con una bolsa de dinero en este bar de segunda mano? —Susurró el sujeto, sus labios formando una sonrisa.

Yasuo no dijo nada y alzó las manos de forma defensiva, —Matarme no te va a dar un sólo centavo, aún no han oficializado una recompensa para mí. —La verdad era que Yasuo no sabía si esto era cierto, pues no es como si estuviera muy al tanto de su situación judicial ahora que huía del Consejo, pero en sus experiencias previas siempre oía que se tomaban su tiempo para decidir un precio por las cabezas de los criminales; sin embargo, si había pasado un poco menos de dos días y estaban decidiendo el destino de la cabeza de alguien que mató a un anciano, la recompensa por el "espadachín fugitivo" no debía estar lejos de regarse por toda Jonia.

—Un delincuente muerto siempre será mejor que uno vivo —Le contestó el sujeto, antes de ponerse un cigarro en la boca con su mano libre.

Yasuo apretó los dientes e inclinó su rostro para acercarse al hombre. —¡Ya te dije que soy inocente! —Le respondió en lo que pareció un grito entre murmullos, el viento en el exterior haciendo temblar las ventanas.

—¿Crees que soy estúpido? Ya he lidiado con gente como tú, escurridizos y llenos de mentiras, no podrás engañarme a , chico.

Yasuo chasqueó la lengua y en menos de lo que el hombre pudo reaccionar, su espada se encontró en el cuello ajeno, la punta amenazando con cortar finamente la piel del otro, sus miradas cruzándose brevemente de una forma amenazadora.

—No soy un asesino —Empezó a decir Yasuo, aligerando el contacto entre la espada y la carne del desconocido, sus ojos llenos de sinceridad y una pequeña parte de desesperación que sólo una persona prestando completa atención podría reconocer. —Sólo... soy un hombre con muy mala suerte.

Por un momento, el extraño no se quiso fiar de sus palabras, sus ojos escaneando el rostro del espadachín e intentando descifrar las verdaderas intenciones de quien él llamaba "criminal", sin dejar ni un sólo momento el firme agarre en su atemorizante arma de fuego. Todos en el bar estaban guardando silencio, expectantes a qué era lo que iba a pasar entre el par que amenazaba con asesinarse el uno al otro.

Pero el sujeto bajó lentamente su mano liberando a Yasuo del arma que le apuntaba, para luego alcanzar el encendedor que guardaba en uno de los bolsillos de su pantalón y acercar pacientemente la llama para quemar la punta del cigarro que había sostenido en su boca los último minutos. Yasuo, por otro lado, bajó por completo su espada y la guardó donde pertenecía, mostrando que no pretendía luchar con él.

El hombre hizo un gesto para llamar al cantinero, que se había alejado de ellos a una distancia prudente para no terminar con un agujero de bala o una rebanada atravesando su cuerpo. A pesar de desconfiar de los dos sujetos que por poco terminan haciendo de su bar una escena del crimen, se acercó, nervioso de que alguno de ellos terminara por hacerle algo.

—Uno más de Whisky —Dijo el extraño antes de levantar el vaso vacío que había entre sus manos. El cantinero obedeció inmediatamente y, alcanzando una botella de las muchas que tenía, llenó el trago nuevamente. Pasaron un par de segundos y los clientes en el bar volvieron a sus conversaciones y sus vidas, todos ellos dejando pasar otra de esas peleas que muchos de ellos ya habían presenciado.

—Graves —Murmuró el sujeto antes de llevarse el trago a la boca.

—¿Perdón? —Preguntó Yasuo, arqueando una ceja ante lo que el otro acababa de decir.

—No me había presentado, ¿verdad? —Le dijo, antes de girar su rostro y sonreírle de esa forma tan particular. —Mi nombre es Graves y tenías razón cuando dijiste que yo no era un lugareño. Vengo de Aguas Turbias y bueno, al igual que tú, estoy buscando a alguien.

Yasuo suspiró, apoyando su codo derecho sobre la barra. —Yo soy Yasuo y… —Su voz se perdió en el aire buscando algo más que decir acerca de él. —...y soy un maestro de viento.

Graves silbó al escuchar lo último. —¿Un maestro de viento? ¿ósea que vas tirando tornados y cosas así?

Yasuo soltó una carcajada, —No creo que eso sea posible, pero si puedo utilizar el viento para potenciar los ataques de mi espada.

Por un largo tiempo, la conversación entre ambos no se detuvo; Graves contando la cantidad de veces que se había metido en problemas y Yasuo riendo ante cada una de las anécdotas. Él había sido criado en Jonia toda su vida, no había salido mucho de ahí así que menos habría viajado fuera de ciudad natal, por lo que al oír a otro hablar de la cantidad de historias de tantos lugares diferentes, sintió algo de envidia.

No fue sino hasta horas en la madrugada que el cantinero cerró el bar y sacó a todos los clientes sin importarle si estaban en condiciones o no de regresar a sus casas.

Graves acabó su cuarto cigarro de esa noche. —Me dijiste que buscabas a un noxiano, ¿verdad? —Preguntó, antes de empezar a caminar las desoladas calles de la pequeña villa.

—Te falto la parte de 'asesino' —Murmuró Yasuo, contemplando la oscuridad en la que estaba. A estas horas ni de chiste iba a encontrar un lugar "decente" donde dormir.

Su amigo lo miró mientras se conservaba pensativo. —¿Estás seguro que era un 'asesino'? ¿O era acaso un soldado que de un golpe de gracia terminó dejándote una mala baraja? Ya sabes, alguien como Darius o Draven…

Yasuo asintió con la cabeza, sin tener ni la menor idea de quién eran esos dos que acababa de mencionar. —Es complicado, pero quien sea que fuese, sabía que yo estaba protegiendo al Anciano; esperó a que me fuera, se escabulló dentro del templo y lo asesinó. Obviamente, cuando lo encontraron muerto yo era el único sospechoso… —Yasuo soltó un suspiro y se pasó una mano por la frente. —Fui lo suficientemente estúpido como para creer que si detenía a cualquier soldado intentando entrar, el Anciano estaría fuera de peligro… Y bueno, lo hice: Obligué a las tropas de Noxus a retirarse y cambie el rumbo del conflicto pero… ahora todo mi honor se ha ido a la basura.

Graves le dio un par de golpes amistosos en al espalda. —No te desanimes, compañero. Creo que puedo ayudarte a encontrar a tu amiguito noxiano y tú… ya resolverás cuales sean tus asuntos con él.

Yasuo lo miró con incredulidad, —¿Y qué planeas? No conozco absolutamente nada de él.

—Yo no, pero un amigo mío puede ayudarte a encontrarlo —Graves sonrió al ver el rostro de sorpresa que enseñó Yasuo al oírlo. —Su nombre es Zac y vive en Zaun.

El espadachín soltó una carcajada. —¿Zaun? ¿Cómo quieres que salga de aquí si pronto mi rostro estará pegado por todos lados? Es más, ya estoy dudando de salir de este pueblo ileso.

Graves negó con la cabeza, desaprobando las palabras ajenas, —Amigo mío, cuando te conviertes en un forajido tienes que aprender a jugar bien tus cartas. —Yasuo arqueó una ceja, esperando a que continuara. —Y bueno, estás con el mejor estafador de toda Aguas Turbias, ¡No tienes de qué preocuparte!

Yasuo abrió los ojos en sorpresa, riendo por lo bajo. —Recomendaría que la próxima vez incluyas eso en tu introducción…


El sol estaba por salir, los finísimos hilos de luz que se colaban entre las montañas más lejanas fue suficiente para darle a Yasuo ganas de fallecer en el acto. Cerró sus ojos y cubrió la poca luz que había con el dorso de su mano, intentando no perder de vista los pies de Graves que lo guiaban por el sendero más insoportable que había andado en su vida; estaba lleno de curvas, huecos, ramas que lo hacían tropezar todo el tiempo y como si no fuera suficiente, estaba sufriendo con un dolor de cabeza insoportable.

—Y sólo te tomaste tres vasos —Rió Graves al verlo gruñir de la agonía.

—Ya decía yo que ese trago era sospechosamente manejable. —Yasuo se masajeó el puente de la nariz con sus dedos, como si de esta forma fuera a disipar la jaqueca que tenía. —Creo que voy a explotar.

—No te pongas a llorar ahora, —Graves se detuvo repentinamente justo después de decir eso, señalando un muelle que nacía en una especie de río. —Qué suerte la nuestra, ¡Llegamos antes del amanecer! —Y sin prevenirlo sintió al pobre Yasuo chocando contra su espalda con una resaca insoportable. Ese golpecito fue suficiente para enviar un millón de martillazos contra su cabeza que le quebraron hasta el último hueso.

Yasuo soltó un quejido lleno de dolor, sólo para que el otro soltara una carcajada más.

—Sí, muy gracioso… —Murmuró el samurai.

Graves ignoró sus quejas y continuo por el camino hasta llegar al pequeño y viejo muelle. El forastero tocó con sus zapatos el suelo y el ruido de la madera resonó por todo el lugar, el eco de los golpes viajando rápidamente, alertando a los alrededores de los dos intrusos inesperados que ahí esperaban.

—Tiempo sin verte, Graves —Una voz ronca sonó cerca de ellos; Yasuo se alarmó por completó y llevó sus manos a su espada, listo para atacar. Para su sorpresa se trataba nada más y nada menos que de un anciano común y corriente. —¿Gustas un paseo?

—No, esta vez mi amigo aquí necesita un viajecito hasta la casa de Jackson, espero no te moleste —El anciano le negó con la cabeza y Graves sonrió. Se giró hacia Yasuo y le dio un par de palmadas en la espalda. —Este señor te llevará a la casa de un tipo que me debe un par de cosas, dile que vas de parte mía y te llevará a Zaun sin problema alguno.

Yasuo entrecerró los ojos ante la luz y volvió a gruñir antes de hablar: —¿Ese tal Jackson?

Graves rió —Así es.

—¿Por qué haces esto por mí? —Inquirió el samurai, quien arregló su espada contra su cintura y agarró la mochila con sus pertenencias asegurándose de que estuviera bien cerrada.

Graves rió por lo bajo, colocando sus dos manos a los lados de su cadera. —Tú y yo no somos tan diferentes: Unos pobres diablos traicionados que viven de su suerte.

Yasuo sonrió. —Prometo pagarte algún día, Graves, en serio agradezco lo que haces.

Graves asintió al oírlo y despreocupadamente sacó el primer cigarro de esa mañana, —Sólo te doy un consejo, Yasuo. —El susodicho arqueó una ceja, sorprendido de escucharlo usar su nombre. —Sea lo que sea que busques, nunca arrincones algo que es peor que tú.

Yasuo frunció el ceño y agachó la cabeza, él realmente no tenía ni idea de quien iba a detrás, pero poco le importaba saber si era peligroso o atemorizante, ¿Ya no tenía nada que perder, o sí? —No te preocupes, sé lo que hago. —Estrecharon sus manos, despidiéndose finalmente.

Graves le hizo un ademán con la cabeza, viéndolo caminar a través del muelle hasta la pequeña balsa que el anciano había traído y, una vez puso ambos pies en el bote, el viejo comenzó a navegar. Yasuo pensó que no era necesario despedirse de nuevo, así que conservó su vista hacia delante sentándose cómodamente en una de las tablas; pero el mal sabor de saber que ahora estaba solo lo obligó a mirar hacia atrás en busca de la sonrisa perversa y la mirada pícara del tal "estafador".

Pero cuando se giró Graves ya se había ido de ahí.