Nota del Traductor: traducción autorizada por George deValier, muchísimas gracias por permitirme traducir esta maravillosa historia Es mi primera traducción así que… sed indulgentes por fa xDD Cualquier recomendación que me ayude a mejorar mi forma de traducir bienvenida es

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No olvidéis comentarle al autor en el fic original lo que os ha parecido su historia ;)


Nota del Autor: No tengo disculpas suficientes para la adorable TCTBS por esta actualización tardía. Las circunstancias me obligaron a retrasarme. Por favor, disfruta el Capítulo Dos de tu regalo de cumpleaños/Navidad/en-general-eres-awesome, cariño.

¡Feliz Navidad!


CAPITULO DOS
Syrup und Sachertorte

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— Y esta otra está hecha con el mejor chocolate negro suizo, mezclado con vainilla y un ligero toque de chili, y a continuación fusionado a la perfección con mi propia receta de pasta choux* con canela.

Los ojos de Matthew se cerraron en el instante en que probó el siguiente pastelito de la bandeja junto a él. El encantador contable se sentó en un taburete alto situado frente a Francis en el mostrador, con la corbata deshecha y el maletín olvidado a un lado. Francis solo podía sonreír embobado, casi dejando escapar pequeños suspiros de entre sus labios. Podría observar a Matthew probando sus deliciosas creaciones todo el día. Llegados a este punto, esa era precisamente su intención. Desde hacía una semana Matthew había venido a la pastelería todas las mañanas, iluminando el día de Francis apenas este comenzaba, dándole algo por lo que esperar cada noche. Al principio Francis le preguntaba por su trabajo a Matthew, pero pronto se hizo obvio que el contable no deseaba hablar de ello. Así que en su lugar hablaban de sus hogares, de música y de arte, de comida, deporte y viajes. Y cuantas más cosas descubría Francis, más deseaba conocer. Por supuesto, se veía ridículamente atraído por Matthew. Como podía no estarlo, era maravilloso, y su pelo era fabuloso. Quería hablar con él, saber como era, lo que pensaba… y no solo acostarse con él. También quería hacerlo, claro, tanto que se le hacía doloroso. Lo que le hacía preguntarse porque no había abordado el tema todavía. Después de todo, había sido ya una semana, si hubiera sido cualquier otro a estas alturas Francis se habría acostado con él y ya lo habría olvidado. Francis se dio cuenta de que era la relación más larga que había tenido nunca, y ni siquiera había una relación.

Era viernes por la tarde y para la absoluta alegría de Francis, Matthew había hecho una parada en su camino a casa después del trabajo. El olor del pan recién hecho emanaba de la cocina, la divina voz de Madame Piaf fluía desde los altavoces, y el atardecer dorado se extendía hasta el infinito. Unos pocos clientes iban y venían, pero toda la atención de Francis estaba en el encantador joven frente a él.

— Oh — dijo Matthew después de tragar la pasta de chocolate. Rio bajito, sacudiendo la cabeza con asombro. — ¿Cómo lo haces Francis? Justo cuando creía que había probado lo más delicioso que se podía crear, ¡me sorprendes con algo mejor!

Francis sabía que era el mejor pastelero que había venido de Paris, pero oír esos cumplidos de Matthew de algún modo significaba mucho más que los miles que había recibido antes. Se encogió de hombros ligeramente y le dio a Matthew una pequeña sonrisa. — Querido, ahora mi objetivo en la vida es seguir sorprendiéndote.

Matthew sonrió, mirándolo con la cabeza gacha a través de las pestañas. — Un objetivo que creo que no tendrás problemas en alcanzar.

Francis sintió su corazón golpeando frenético en su pecho. No estaba seguro de si Matthew intentaba sonar seductor cuando hablaba así, cuando le miraba de esa manera, pero ese misterio solo lo hacía ver más atractivo. Francis no se divertía tanto ligando en años. — Tu fe en mi me halaga.

— Honestamente, Francis — continuó Matthew, sacudiendo suavemente el azúcar de sus manos. — ¡Eres un mago!

Francis llevó una mano a su pecho y le hizo una pequeña reverencia. — Y tú eres demasiado amable y encantador.

— ¡Lo que realmente quiero saber es como no eres del tamaño de una casa! — Matthew se lanzo a si mismo una mirada crítica. — Una semana visitando tu pastelería y estoy seguro de que he ganado cinco kilos.

Francis sonrió burlón. El chico podría haber trabajado en un gimnasio. Hombros anchos, cintura estrecha, delgado con lo que parecía la cantidad idónea de músculo bajo su traje… Francis dejó que sus ojos se perdieran en él. — Tonterías, estás perfecto. Y todo tiene que ver con la moderación, ¿no? Además, me gustan los hombres un poco… blanditos.

Matthew se sonrojó, pero al mismo tiempo se rio. — Bueno, eh, supongo que eso es algo bueno. Si sigo así dentro de poco yo mismo me volveré un pastel.

Francis sonrió encantado. — Entonces tendría que comerte, querido —. Realmente, Matthew se buscaba esas cosas a veces. — Y estoy seguro de que estarías delicioso —. Matthew rodó los ojos en tono burlón, pero en sus mejillas aun se podía ver un delicioso tono rojizo. Francis sintió la sangre en sus venas latir caliente y salvaje. Hora de ver que tan lejos podía llegar. — He estado trabajando en algo especial hoy —. Dijo Francis con astucia, inclinándose sobre el mostrador.

— ¿Oh? — preguntó Matthew interesado, con sus ojos azules brillando intrigados tras sus encantadoras gafas.

— Estos — Francis señaló una fila de crepes en miniatura en una bandeja ante él —, están hechos con un ingrediente secreto muy especial.

Matthew alzó la mirada con los ojos ligeramente entrecerrados. — Dígame más, Monsieur.

Francis se inclinó más hacia Matthew y bajó la voz. — Un buen chef nunca desvela sus secretos.

Matthew se inclinó también, hasta que sus narices casi se rozaron y Francis pudo sentir el olor de su cabello. — ¿Qué hay si me comprometo a no contárselo a nadie? — susurró.

Francis tuvo que contener un suspiro de deseo. Estaba acostumbrado a esta sensación de atracción e intriga. A lo que no estaba acostumbrado era a ese sentimiento abrumador en su pecho cuando Matthew sonreía, esa intensa oleada de calor que se extendía en su interior cuando Matthew parpadeaba lentamente. Francis apretó la mano, clavándose las uñas en la palma. — Bueno — dijo, forzándose a sonreír con naturalidad —, si es una promesa…

Matthew alzó una mano en un gesto de promesa. — Promesa de Scout.

Francis retiró la mano y gritó con horror. — Por favor, dime que no fuiste un boy scout, querido.

Matthew le devolvió una mirada seria e impasible. — Por supuesto que lo fui. Ahí es donde adquirí mi impresionante conocimiento para hacer nudos. Y donde aprendí a no recibir nunca dulces de un extraño.

Francis alzó una ceja maliciosamente. — Nudos, ¿eh? Y… — miró fijamente hacia la bandeja de pasteles. — ¿Dulces?

Los labios de Matthew se torcieron sutilmente hacia arriba. — Nunca dije que fuera un buen scout.

De pronto, Francis sintió demasiado calor para ese frío día de otoño, y casi tuvo el impulso de abanicarse. Se rio entre dientes. — Bueno, ahora realmente no se si puedo confiarte mis secretos.

Matthew alzó la mano. — Lo juro, soy una tumba. Tus pequeños secretos sucios están a salvo conmigo, Francis — le guiñó un ojo, y Francis casi se muerde la lengua. Oh, eso ya era demasiado. El modo en que Matthew se sonrojaba ante los coqueteos atrevidos de Francis, pero sin echarse atrás o sin girar la mirada. El modo en que sabía exactamente como responderle para mantenerlo intrigado y en ascuas. Matthew todavía tenía una especie de inocencia natural en él, pero no era tímido o sumiso. Francis había encontrado en Matthew una mezcla única dulce y embriagadora.

Francis suspiró dramáticamente y extendió las manos con derrota. — Muy bien, tú ganas — se agachó lentamente, cogió uno de los pequeños crepes enrollados y lo levantó con delicadeza. Los ojos de Matthew siguieron sus manos todo el tiempo. Francis sonrió. — Sirope de arce, querido.

La boca de Matthew de abrió y sus ojos azules se encontraron con los de Francis. — Oh —, susurró, sintiendo sus hombros tensarse y mordiendo su labio inferior con sus dientes. Su pecho se hinchó cuando respiró hondo, y sus ojos se oscurecieron cuando se volvieron a la crepe. Francis sintió su sangre arder bajo su piel. — Oh —, dijo Matthew de nuevo, aun con las mejillas rojizas. — ¿Sirope de arce?

Francis podía sentir su sonrisa crecer salvajemente. Pero Dios, cuando Matthew respiraba y suspiraba así, ¿cómo podría controlarse a si mismo? — Su favorito, ¿no? — preguntó en broma.

— Sí — Matthew respondió demasiado rápido. Francis podía verle retorcer los pies bajo el mostrador de cristal.

Francis se felicitó en silencio. Él acababa de encontrar el ingrediente secreto para volver de inmediato las cosas a su favor. — ¿Te gustaría…? — dejó la frase sin terminar esperando la contestación del otro.

Matthew abrió la boca, despacio, expectante. — ¡Sí! Déjame probarlo, por favor…

El modo en que Matthew dijo "por favor" hizo que ciertas partes de su cuerpo se dispararan, calientes, salvajes, con deseo. De pronto, una semana le pareció mucho, mucho tiempo. — Por supuesto que debes probarlo —. Él hizo como si le fuera a pasar la crepe a Matthew, que se inclinaba expectante hacia adelante, hasta que se detuvo de pronto y se retiró. Se limitó a sonreír amablemente cuando Matthew frunció las cejas. — Dime, Mathieu. ¿Qué planeas hacer este fin de semana?

Matthew miró seriamente la crepe entre los dedos de Francis, pero luego se encontró con la mirada fija y burlona de Francis. Bajó rápidamente la vista. — No mucho. Todavía tengo unas pocas cajas sin desempacar.

Francis no podía creerlo. Todavía respiraba algo agitado, pero una vez que conocía en juego de Francis, estaba decidido a no perder. — No, no, no querido —, le guiñó un ojo. — Tengo una idea mejor. ¿Qué piensas de…? Oh, ¿pero qué estoy haciendo? Aquí. Prueba este — Francis le tendió la crepe. Matthew lo miró con recelo, incluso después del vistazo anterior.

— ¿Por qué?

Francis intentó no reír complacido. — ¡Porque después no podrás decir que no!

Matthew alzó las cejas. — Bueno. Debo comprobarlo.

Los labios de Matthew se sintieron tan suaves, tan cálidos contra sus dedos. Francis apretó su otra mano en un puño y se mordió el labio conteniendo un gemido. Sintió el ligero roce de la lengua de Matthew en la punta de su dedo y una descarga eléctrica lo atravesó. Los ojos de Matthew se cerraron con un parpadeo, después los abrió lentamente y estos se encontraron con Francis con una oscura y ardiente intensidad.

La campanilla sobre la puerta resonó con alegría y una voz potente resonó a través de la tienda. — ¿Dónde está mi tarta?

Matthew se giró hacia atrás y rápidamente se cubrió la boca con la mano. Francis gimió para sus adentros. ¿Por qué, por qué, por qué? Presentarle a Matthew a su ruidoso y narcisista mejor amigo alemán con exceso de confianza no era parte del plan de seducción de Francis.

— ¡Gilbert! — exclamó Francis con sarcástico deleite y verdaderamente frustrado. — Justo a tiempo como siempre.

Gilbert atravesó la tienda como un cañón, agarrando un cupcake mientras lo hacía. — Yeah, yeah, estoy aquí por mi tarta de cumpleaños y más vale que sea increíble.

— Pensaba que la fiesta era una sorpresa — Francis dirigió la frase a Roderich, que seguía resignado al alemán casi a trompicones.

— Ya sabes como es él — Roderich le arrebató el cupcake a Gilbert de la mano y lo fulminó con una mirada de advertencia.

Francis lo conocía perfectamente. El más mínimo indicio de que alguien estaba preparando algo para su cumpleaños, y Gilbert se habría quejado, engatusado, entrometido y presionado hasta enterarse del más mínimo detalle. Gilbert sonrió con suficiencia. — No podéis ocultarme nada, malditos.

— Antonio le contó — dijo Roderich simplemente.

Francis rodó los ojos. Por supuesto que Antonio le contó. — Porque no me sorprende. No obstante, Gilbert, te estás adelantando, mon ami.

— De qué estás hablando, ¡es casi día seis! Será mejor que tengas mi sachertorte lista o yo… — Gilbert se detuvo, mirando a Matthew como si recién se hubiera fijado en él. Su expresión se tornó brevemente en blanco, antes de mostrar una maliciosa sonrisa. — Déjame adivinar. Elegiste el éclair.

Matthew se puso rojo. Francis apretó los dientes. Roderich golpeó a Gilbert en un hombro.

— ¡Ay! ¿Qué? Esto es maltrato conyugal, podría presentar una demanda…

— Debo disculparme — dijo Roderich, sonriendo a Matthew digno y educado como siempre. — La inteligencia de Gilbert para relacionarse con la gente dejó de progresar en cuarto de primaria.

— ¡Roderich, Gilbert! — exclamó Francis, interrumpiendo a Gilbert antes de que soltara algo vulgar o inapropiado. — Este es Matthew. Un amigo. Estábamos ocupados — le remarcó la palabra a Gilbert, quien alzó las cejas.

— Encantado de conocerte — dijo Matthew suavemente. El pecho de Francis se hinchó y su columna vertebral se estremeció al ver como Matthew se inclinaba titubeante. Esa timidez que mostraba de vez en cuando resultaba demasiado tentadora. Y pensar que apenas hace unos momentos esos labios sonrientes habían estado contra los dedos de Francis…

Roderich respondió al saludo de Matthew con un educado apretón de manos. — Igualmente —. Los modales de Roderich eran, como siempre, impecables. Francis nunca supo que había visto el refinado austriaco en Gilbert, quien ahora se encontraba apoyado contra el mostrador mirando a Matthew de arriba abajo.

— Así que, Matt, dime. ¿Cuánto tiempo le llevó a mon ami Francis?

Matthew lo miró confuso. — ¿Cuánto tiempo?

— Sí, ya sabes — Gilbert señaló los infames éclairs bajo el mostrador de cristal. — En poner uno de estos dos en tu boca para…

Francis agarró a Gilbert por el cuello de su camisa, tirando de él sobre el mostrador, y le susurró al oído. — Una palabra más y te juro que le contaré a Roderich sobre el striptease en Nueva York el mes pasado.

Gilbert entornó sus ojos. — Bien jugado, señor —. Cuando Francis lo soltó, Gilbert aclaró su garganta y se enderezó el cuello de la camisa. — Dame mi maldita tarta.

Francis sonrió triunfante. — Un momento, señor —. Caminó hasta la parte trasera de la tienda, escuchando a Roderich tras él.

— ¿Qué fue eso, Gilbert?

— ¡Nada! ¿No hace calor aquí? Así que, Matt, ¿a qué te dedicas? Déjame adivinar, inversor bancario. Ey, ¿eso son crepes de sirope de arce?

Francis sacó su increíble sachertorte de la cocina, luego regresó al mostrador para encontrar a Gilbert dando buena cuenta de los crepes y a Roderich preguntando educadamente a Matthew sobre su trabajo. Francis estaba a punto de salvar a Matthew de un tema que sabía que el contable odiaba, cuando Gilbert lo agarró de una mano y lo arrastró bajo el mostrador.

— ¿Qué demonios está pasando? — susurró. — ¿Ya le pediste al Estudioso Señor Contable para salir?

Francis no quería darle explicaciones en ese momento, y no así. Sabía que sus amigos no lo entenderían, pensarían que esa sería una relación como las otras.

— Mira, solo lo conozco desde hace unos días.

Gilbert lo miró sin comprender. — ¿Estás bromeando? ¿Unos días? La semana pasada te lo montaste en el baño de hombres.

Francis miró preocupado hacia Matthew. — ¡Shh, no grites!

— ¡Se suponía que íbamos a ver una película! — Dijo Gilbert más alto. — ¡Después saliste al baño dos minutos y un instante después estabas camino de casa con algún tipo!

— Escucha, no fue así exactamente como…

— ¡Tuve que ver la película solo! ¿Sabes que ridículo se ve un hombre adulto viendo "El Gato con Botas" solo? ¡Pensé que alguien llamaría a la policía!

Merde, Gilbert, podrías simplemente…

— Tío, lo único que digo es que si puedes llevarte a alguien a la cama en el tiempo que tardas en mear, unos días es como una relación a largo plazo.

Francis lo fulminó con la mirada. Gilbert le sostuvo la mirada. — ¿Terminaste? — preguntó Francis finalmente. — ¿Sabes que eres increíblemente grosero, verdad, querido?

— Pff, suenas como Roderich. A mi modo de ver solo hay tres posibles explicaciones aquí — Gilbert enumeró con los dedos. — Uno: no te gusta. Dos: no le gustas. Tres… — Gilbert sonrió. Merde, podía ser tan odioso con esa asquerosa sonrisa. — Él de verdad te gusta.

Quizás sus amigos sí podían entenderle después de todo. Francis se encogió de hombros en un intento de parecer indiferente. — ¿Y qué si lo hace?

Los ojos de Gilbert se iluminaron de modo un tanto familiar, de un preocupante y maquiavélico modo. —Ohhh. Bien, bien. — Volvió a sonreír antes de salir de detrás del mostrador. Se deslizó junto a Matthew y se inclinó demasiado cerca. — Matt, amigo mío. No estoy seguro de si Francis te lo ha contado ya, aunque no se porque me imagino que no lo hizo, pero hay una fiesta awesome planeada para mañana por la noche para celebrar el increíble momento en el cual el mundo cambió, mi llegada al mundo veintiocho años atrás. Tú, por supuesto, debes asistir.

Matthew se veía algo desconcertado. — ¿Debería?

— Deberías. Las fiestas en la Casa Beilschmidt tienden a ser un poco salvajes, así que tráete un cambio de pantalones — Francis golpeó su frente con su mano mientras Gilbert continuaba. — En cuanto a los regalos, soy partidario de los pantalones de seda, las pipas de fumar talladas en el siglo diecisiete, y los disfraces de My Little Ponies…

— Por favor no traigas nada —, interrumpió Roderich.

— Oh, nah, con unos calcetines o algo así bastará…

— Siente libre de ignorarlo, todo el mundo lo hace — Roderich pateó a Gilbert en la espinilla, y de algún modo consiguió hacerlo elegantemente. — Pero Francis ya debió haberte invitado. Nos vemos allí, ¿de acuerdo?

— Bueno, esto, — Matthew lanzó una mirada de reojo a Francis. — Eso suena genial, pero la verdad, Francis no me ha invitado.

Francis tragó saliva mientras Gilbert y Roderich lo miraban. Gilbert sacudió la cabeza disgustado. — Que poco tacto tienes, bastardo francés.

— ¿YO tengo poco tacto? Querido, viniendo de ti, que incluso tu maravillosa sachertorte tiene más que tú. Además, me interrumpisteis antes de que tuviera oportunidad.

— No más excusas. Me avergüenzo de ti, Francis. Pensé que tú eras bueno en este tipo de cosas, tienes suficiente práctica… — el ataque verbal de Gilbert se convirtió en un grito incoherente cuando nuevamente Roderich lo golpeó en la espinilla. — Joder, tío, ¿puedes dejar de atacarme físicamente por hoy?

Roderich cogió la caja de la tarta con gracia y rapidez antes de empujar a Gilbert hacia la puerta. — Tenemos que irnos. Gracias por la tarta, Francis. Ha sido un verdadero placer conocerte, Matthew, y espero verte mañana a la noche.

Gilbert lanzó una larga e intensa mirada a Francis, mientras Roderich seguía tirando del cuello de su camisa. Alzó dos dedos en dirección a Francis, luego a Matthew. — Man up, bro.

La puerta se cerró tras ellos y Francis dejó escapar un profundo suspiro. Matthew se veía algo abrumado.

— Me disculpo — dijo Francis, molesto por la interrupción pero con una encantadora sonrisa. — Suele ser mejor ir conociendo a Gilbert más despacio. O nada en absoluto.

Matthew negó con la cabeza y se arregló la corbata con torpeza. — No, yo debería ser el que se disculpara. Cuando dije que no me habías invitado, no pretendía que sonara como… como si estuviera esperando que lo hicieras, o…

— ¿No quieres?

Matthew pareció abatido por un momento, antes de simular una expresión indiferente. — Lo siento, no quiero que te sientas obligado. — Francis se golpeó mentalmente, Matthew debió haberlo malinterpretado. — Creí que… — repitió. — Quiero decir, ellos debieron de pensar que había algo entre nosotros. Oh, y las crepes estaban increíbles, por cierto.

Francis contuvo una risita. — Se que lo estaban.

— De todos modos, lo que me ibas a preguntar antes de que nos interrumpieran, la respuesta hubiera sido sí.

Y de nuevo, Matthew era totalmente adorable. El corazón de Francis pegó un salto, y supo que no podía andarse con rodeos y dejar pasar esa oportunidad. — Ya veo. Me alegro de escuchar eso, temía que tuviéramos un dilema.

Los ojos de Matthew brillaron esperanzados, pero su expresión todavía se mantenía algo insegura. — ¿Lo tenemos?

Francis se inclinó con los brazos sobre el mostrador y agachó la cabeza, entrecerrando los ojos y los labios de manera seductora. — No puedo permitir que nuestra primera cita sea en la fiesta de cumpleaños de mi molesto amigo.

Matthew abrió los ojos, llenos de esperanza, y ladeó la cabeza con curiosidad. — ¿Cita?

— Sí, querido, solo tenemos una noche para arreglar esta situación, y una única opción. Cena conmigo. Esta noche.

Matthew parpadeó en silencio un par de veces antes de que una tímida sonrisa se extendiera lentamente por su cara. Se sacudió el pelo hacia atrás y se encogió de hombros en un claro intento de perecer indiferente. — Claro. ¿Por qué no?

Francis sintió sus mejillas calentarse ante la cautivadora sonrisa. Si había alguna duda de si Matthew estaba interesado en ir más allá, estas acababan de ser totalmente desechadas. — ¡Maravilloso, querido! Y conozco el lugar perfecto. Dime… ¿te gusta la comida italiana?

Continuará...


Nota de la traductora: Dios mío, ¿cuánto he tardado? Tenéis mi permiso para lapidarme si queréis... u.u En fin, podría hablar sobre mis exámenes a fin de curso, mi falta de tiempo, etecé, etecé, pero solo serían excusas, pa que mentir xD Soy lo peor ;_; Prometo que el capi 3 vendrá muuuucho antes xDD ¡Nos vemoss! :)

* Pasta Choux: preparación de masa típica francesa de algunos pasteles, que se caracterizan por tener una masa muy ligera. Se suele comer fría y a menudo rellena con otros ingredientes que pueden ser dulces o salados.