El manga/anime "Inuyasha" y todos sus personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi. Yo sólo los tomo prestados para participar en el Concurso de Navidad "Operación R.E.G.A.L.O." del foro "¡Siéntate!", en respuesta al deseo de Skyler Streat en la categoría de parejas crack.


2
Defectuosa
803 palabras

Su esposo regresó en la noche, poco antes de la hora de dormir. No cenó, pero acompañó a Sesshoumaru a la cama. Aunque el niño fuera tan hermético, estaba claro que se encontraba en la etapa de querer atención por parte de su padre, lo que él demostraba buscándolo con la mirada, siguiéndole y hasta imitándolo. Irasue aún recordaba aquella ocasión cuando le sorprendió intentando atarse el cabello como él. Por supuesto que ella, como buena madre, le peinó así —aunque dijera que no quería— por todo un mes, hasta que se hartó.

¿Llegaría el día que su hijo regresara a su dependencia por ella, como cuando era más pequeño? Seguramente no. Él era tan independiente.

—Sesshoumaru volvió a decir algo sobre que eres rara —escuchó de parte de su esposo mientras se desnudaba a la hora de colocarse su ropa de dormir.

—Y miren quién lo dice —Irasue observó a su reflejo fruncir el ceño, afectando esa piel tersa y creándole un marco de disgusto a los ojos dorados.

El hombre atractivo continuó molestándola, o al menos eso le parecía. Su elección de palabras no siempre era la correcta. Eso pasaba cuando se era una persona que se dejaba manejar por sus emociones, tan despierto.

—Quien te escuchara diría que no lo quieres.

Irasue chasqueó la lengua, a pesar de que eso fuera «inadecuado» para una mujer adulta. Estaba en su habitación, podía hacer lo que quisiera.

—Si yo soy rara, él también lo es. Se parece más a mí que a ti.

—Espera a que crezca.

La mujer dejó de cepillarse el cabello y le observó con el rabillo del ojo en el proceso para recostarse en su cama. El torso fuerte y bronceado contrastaba tanto con la piel pálida de Sesshoumaru, quien era casi un calco de su madre, con la diferencia de ese aire más reservado que ella denominaba de «muñeco diabólico». El orgullo debió heredarlo de su padre.

Irasue vio rápidamente los mensajes de su celular, recordando los pendientes de mañana y, curiosamente, se dio cuenta de que tenía un espacio en su agenda. Se concentró tanto tratando de recordar qué reunión debió haberse cancelado a última hora, que sólo se percató de las intensiones de su esposo cuando sintió que el colchón se sumía y, después, la cabeza de éste recostándose en su regazo.

—Estorbas —le dijo con un disgusto simulado por una costumbre que le forzaba a la comunicación.

—¿Algo qué contar? —él le preguntó. Se cubrió con una sábana y con ello dictó que no iba a moverse.

«Engreído», ella pensó. Siempre fue así, desde niños. Iba de un lado a otro con su autosuficiencia y talento, pensando que todos le seguirían por ser él, y extrañamente no se equivocó.

—Nada. La gente es igual de incompetente que siempre —Irasue soltó una indirecta muy sencilla.

Su esposo levantó el rostro. Por supuesto que se veía molesto. A él no le gustaba que se le señalaran sus errores.

—Fue de un momento a otro. Sólo se me pasó.

«Excusas» ella le dijo sin palabras. El pretender ponerlo todo en un plato causaba deficiencias.

Irasue sintió satisfacción al ver las grietas y no dudó en presionar un poco más: —Tienes razón: Sesshoumaru se ha vuelto salvaje. Eso debe venir de tu parte.

—Mientras no le saque un ojo a nadie… —en lugar de enojarse, el hombre se vio como un estúpido de sonrisa amplia. Al ver el destello de una dentadura blanca, le hizo recordar algo más.

—También hay una nueva empleada en su salón —ella soltó, sorprendiéndose por liderar una conversación.

—Ah —él bostezó.

—Un poco entrometida —además, compartía el mismo mal que su esposo. Lo vio en su mirada brillante: era del tipo que confiaba demasiado fácil en las personas.

Ella pretendía decírselo, pero al bajar la mirada le encontró dormido. Lo quiso empujar hacia su lado de la cama, pero sintió compasión ante tal imagen tan lamentable. Un hombre adulto no debería verse indefenso al dormir.

Fue suave en honor a su amistad de años, por el recuerdo de la rara y el problemático contra el mundo opaco, no tan coloridos ni capaces como ellos. Tan buenos que se decidió el que casarse sería beneficioso para ambos y, viéndolo objetivamente, así era.

¿Sentimientos más allá de eso? Irasue no los tenía, al menos no como debería.

Aquellos a los que les permitió ver entre las rendijas de su superficie dura le dijeron que estaba defectuosa, todos menos el hombre con el que compartía una cama, una casa, una familia… Estaban atados desde muchos más años que esos siete de matrimonio; y ella se vio desde lejos, encontrándose estable y cómoda, con una persona con quien hablar con lo que calificaba como «complicidad».

Casarse con el Taishou al menos ayudó a ahuyentar susurros y fantasmas.


NOTA:

-«Inu no Taishou» no tiene un nombre, ese es un apodo. Por esa razón coloqué sólo el «Taishou» para referirme a él. Al igual que «Irasue», cuyo nombre fue inventado por el fandom.


¡Hola! ¿Muy pronto? Me he decidido a escribir una viñeta diaria. ¿Qué pasa si no lo cumplo? Al siguiente serán dos, y así hasta que se me quite esta mala costumbre de distraerme tan fácilmente.

Agradecimientos a Nena Taisho por su review. Ayuda a mi mente que tiende a ser insegura.

Me despido con la promesa del mañana y la pregunta del día (¿?): ¿Están bien las personalidades? Es complicado manejar personajes de los que se sabe tan poco sin caer en el headcanon y hasta las garras tentadoras del fanon.