—¿Qué tanto me amas?—pregunto la chica de profundos ojos color miel a un jovencito de pequeños ojos negros como la noche.

—Tanto que no hay palabras para decírtelo—respondió travieso que la hizo reír.

—¡Mentira! Por supuesto que puedes decírmelo—refunfuño soltando bruscamente su mano, tratando de esconder su sonrisa.

—No, no puedo. Mi amor por ti no tiene dimensiones exactas—refuto poéticamente, haciéndola estallar a carcajadas.

—A veces puedes ser tan cursi—comento con una pequeña sonrisa, al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban. Él se acercó a la joven castaña y le dio un profundo beso en los labios para después mirarse a los ojos. Ella amaba observar sus ojos, pues en sus pupilas podía ver una noche con un millón de estrellas y eso le hacía pensar que esto reflejaba el amor que el sentía por ella.

—¿Qué tanto miras?—inquirió con una sonrisa coqueta, tomándola de la cintura. Ella sintió un escalofrió recorrerle el cuerpo, como la primera vez que sus dedos se rozaron.

—Estoy pensando seriamente en robarme tus ojos—le devolvió la sonrisa y lo abrazo con toda la fuerza que tuvo—¿Me dejaras algún día?—pregunto abruptamente con miedo en la voz. A veces cuando tenían esos momentos tan perfectos y llenos de amor, tenía miedo de parpadear y perderlo todo.

—¡Jamás!—contesto enseguida—. Te he dicho que nunca me separare de ti—la miro a los ojos—no sé por qué aun lo dudas.

—Perdón—se disculpó avergonzada—, solo quería volver asegurarme.

—Bueno.

—Aun así tengo otra pregunta—dijo tomando su mano para continuar caminando, se habían perdido en su mundo que olvidaron que estaban en medio de la banqueta.

—Dime—él sabía que ella era muy curiosa y eso podía desesperar a cualquier otra persona, pero él siempre fue muy paciente con ella. Podía responder a todas y cada una de las preguntas que ella quisiera hacer.

—¿Me amas tanto como para morir si yo muero?—inquirió con seriedad lo que hizo que el dejara de caminar. Nunca le había hecho semejante pregunta, esperaba a que ella se riera y dijera que había sido una broma; pero no fue así lo que le hizo saber que ella hablaba enserio.

—Si por supuesto que sí. No podría vivir sin ti—respondió con la misma seriedad que ella tomo. No tenía que pensarlo demasiado, en realidad la amaba tanto que si por alguna cosa del destino ella muriera, el no soportaría su ausencia.

—¿Estás seguro de tu respuesta?—indago con severidad.

—Segurísimo—respondió con decisión—, nunca he estado más seguro en mi vida ¿Por qué lo preguntas Marian?

—Por nada—sonrió malévolamente, lo que le produjo un escalofrió ella estaba planeando algo que no le gustaría.

Ambos retomaron su camino a casa sin volver a tocar el tema. Caminaron por una extensa avenida donde apenas y circulaban algunos autos. Caminaban apresuradamente porque ya era tarde y la ciudad se volvía peligrosa. Christopher quería adivinar que era aquello que ella estaba planeando, pero como siempre ocurría no podía adivinarlo.

—Mañana cumpliremos tres años de estar juntos y fue exactamente en esa banca—señalo hacia esta mientras pasaban caminando por el parque—donde me dijiste que querías salir conmigo. Chris—volteo a verlo—, ¿sientes por mí lo mismo que ese primer día?—el cerro los ojos y negó con la cabeza. Casi al instante sintió como la mano de Marian que estaba entre la suya perdió fuerza, pero no pudo zafarse de su agarre por que el aun la sostenía—¿No?—inquirió asustada por esa respuesta, él se rio. No entendía por qué ella olvidaba todo con facilidad.

—¡Marian! Te he dicho que te amo—ella se sonrojo—Obviamente no puedo quererte o sentir los mismo que ese día, porque ahora esto es mucho más grande lo que siento por ti. Dime ¿Cuántas veces tendré que repetírtelo para que lo entiendas?—ella lo miro con ternura.

—Ninguna—la casa de Marian ya estaba justo frente a ellos así que se detuvieron.

—¿Ninguna? ¿De verdad?—inquirió sorprendido.

—Si, mañana lo veras amor—se acercó a darle un pequeño beso de despedida y se fue corriendo. Chris quedo estupefacto observando como hui sin decirle más y dejándolo intrigado. Odiaba con todo su ser que lo dejara lleno de dudas, esa noche no dormiría por pensar en que era lo que ella haría y que pintaba a ser una gran locura.

A la mañana siguiente, Chris esperaba impacientemente a Marian en el pórtico de su casa. Tal como habían acordado, ella arribo en el jeep y toco el claxon:

—¡Vamos, sube!, el camino es largo—menciono con emoción. El sonrió, pues adoraba verla tan alegre. Enseguida se montó al auto y después de darse un pequeño beso emprendieron el camino cantando las canciones que sonaban en el reproductor. A Chris le dio mala espina pues aquel disco tenia canciones que en apariencia si no tenías conocimiento del inglés podrías pensar que eran canciones alegres; pero que en realidad guardaban una oscura letra como: "Just Breathe" de Pearl Jam y "Skyway Avenue2 de We the Kings que le erizaron la piel. Observo a su novia cantarlas con tal emoción que aunque quería tratar de no sentirse preocupado por lo que en su pequeña cabeza pasaba, no podía evitarlo. Trato de tranquilizarse, no podía estar pensando en hacer una locura y mucho menos el día de su aniversario. El día era precioso, ella se veía hermosa y feliz, estaban saliendo de la pequeña ciudad dirigiéndose a otra aún más grande y divertida, en realidad estaba siendo un gran aniversario y él estaba entrando en pánico.

Pero aquel pensamiento positivo se borró cuando el auto se estaciono frente al rascacielos más alto de toda la ciudad. Una enorme torre de negocios donde también había un restaurante y otros lugares de entretenimiento.

Después de hacer los trámites de acceso, se montaron al elevador que los llevaría hasta la azotea:

—¿A dónde vamos Marian?—inquirió atemorizado tragando saliva, mientras observaba en la pequeña pantalla del elevador la cuenta progresiva de los pisos que avanzaban.

—¡A saltar!—exclamo emocionada. Chris sintió empalidecer y sus piernas se convirtieron en un par de hilos con cada paso que daban.

—¿Estás hablando enserio?—pregunto con dificultad esperando oír otra clase de respuesta.

—Si, saltaremos del edificio juntos—asevero. El moreno trago saliva y sintió el miedo recorrerle el cuerpo, su novia había perdido el juicio. No pensaba que su idea de morir era parte de un plan que ella había estado pensando por varios días y no solo eso, había elegido la peor forma de suicidio de las miles que existían saltar de un edificio. Chris sufría de fobia a las alturas por lo que su suicidio implicaría mucho sufrimiento al morir. ¿Qué no se suponía que los suicidas querían acabar con su sufrimiento no aumentarlo?, se preguntó a si mismo pues no era capaz de emitir sonido alguno o de pensar coherentemente. Unos segundos después estaban en el techo del enorme edificio, Marian sostenía con fuerza la mano de Chris que temblaba de miedo con cada paso que daba. Esperaron unos eternos segundos en los que el joven estaba ensimismado y perdiéndose de lo que pasaba a su alrededor, no podía pensar en otra cosa que no fuese en la altura de la construcción. Ya empezaba a sudar frio cuando sintió el tirón de Marian para dirigirse a la orilla del edificio:

—Dime—susurro la castaña con alegría, mientras el pelo de ambos se movía por las pequeñas ráfagas de viento que pasaban—¿Cuánto me amas?—pregunto mirándolo a los ojos. El joven suspiro profundo al mismo tiempo que miro hacia el vacío. Su muerte sería tan dolorosa, pensó. Ella lo tomo de la barbilla y lo obligo a ver aquellos orbes color miel que tanto le gustaban. Habían compartido tres maravillosos años de su vida y si ella estaba decidida a hacerlo, él también se olvidaría de su fobia y la seguiría:

—¡Tanto, como para cometer esta locura!—exclamo con una tímida sonrisa.

—Estaremos bien, lo prometo—le devolvió la sonrisa. El asintió con la cabeza e inhalo profundamente para no entrar en pánico—¡No dolerá nada!—se tomaron de la mano y el tomo la decisión de darle un apasionado beso—Gracias por hacer esto conmigo—susurro al terminar—¿Listo?—pregunto con emoción. El apretó con fuerza su pequeña mano.

—Si—respondió con dificultad y los dos dieron un paso adelanto, haciéndolos caer por el edificio de setenta pisos. Por la fuerza de la caída tuvieron que soltarse las manos para no dislocarse el brazo, así que Chris cerro los ojos con fuerza, una serie de escalofríos recorrieron su cuerpo y pensó que se desmayaría antes de tocar el suelo pues nunca había sentido tanto pánico, sin embargo estos pararon cuando sintió la cuerda que tenía amarrada en los pies regresarlo. En ese momento, en medio de la caótica ciudad lo único que podía escuchar era la risa de Marian que disfrutaba de ver su sufrimiento. Había elegido el bungie para ayudarlo a superar su fobia, pero él no creía que hubiese tenido un buen resultado se habían convertido en los cinco minutos más aterradores de su vida. El personal del lugar los bajo de la cuerda:

—¡Feliz aniversario amor!—exclamo la joven abrazándolo. Ella estaba sonriendo por la palideces que mostraba Chris.

—Tu querías matarme ¿verdad?—inquirió devolviéndole el abrazo con un movimiento robótico, aun temblaba por el miedo.

—Ahora sé que si morirías conmigo—susurro y le dio un pequeño beso en los labios—. Pero no quiero morir aun, tenemos muchas cosas que hacer antes de morir como terminar nuestra mudanza al departamento, comprar una casa enorme, formar una preciosa familia, adquirir un par de autos no estaría mal, vacaciones en Disney con los niños—el negó con la cabeza y como parecía no quererse callar pensando en voz alta su futuro empezó a caminar hacia la salida—¡Oh vamos Chris!—se rio—. No te enfades, en unos años pensaras que este fue el mejor aniversario que hayamos tenido jamás—él se rio, desde el momento en que la conoció, sabía que estaba loca y eso era lo que lo mantenía tan enamorado, asi que no podía enfadarse. Espero a que ella lo alcanzara para caminar juntos de la mano hasta el auto.