Capítulo 1/Chapter 1
Lo que más valoras/What you value the most

— ¿Qué es lo que más valoras?

De repente Airen se despertó con un escalofrío recorriendo su cuerpo sudoroso. Una voz de pesadilla lo había sacado de su estado de sueño. Airen estaba bien despierto, sin ninguna somnolencia, debido a la pesadilla que acababa de experimentar. Era justo la hora de levantarse. Airen salió rápido de la cama, y fue a ducharse y a vestirse. Era la hora de desayunar, para lo cual debería ir al comedor que estaba en la planta baja del edificio.

Ya vestido, el entrenador sacó de una caja con una tapa transparente seis cápsulas que comprimían sus seis pokémon y echó un vistazo a las zonas superiores de las seis, de color carmesí, para poder ver por la parte traslúcida a sus chicos, a los cuales les dedicó una sonrisa matutina, antes de introducir en sus bolsillos las seis balls. Estaba listo para ir a desayunar.

El comedor era inmenso, con grandes mesas repletas de sillas a ambos lados. En las esquinas, comida en plan buffet libre. Airen comió unas tostadas y un café a toda velocidad y volvió a su habitación a la carrera, donde encontró un sobre bajo la puerta. El joven entrenador abrió la puerta y recogió y abrió el sobre, cuyo contenido rezaba:

"Estimado alumno Airen Sidos

Deberá usted dirigirse a las 9:00 horas a las instalaciones del laboratorio cercano a la residencia, donde recibirá sus clases desde septiembre hasta diciembre.

Atte. El director"

Airen dejó escapar una sonrisa pícara y dejó la carta en la mesa, dejó su cazadora negra en la cama y se quedó con una camiseta azul marino y unos vaqueros. Salió de la habitación, cerró la puerta y echó a andar hacia el laboratorio…

Subió una pequeña escalera y se plantó ante las puertas del edificio, transparentes como su principal material, el cristal. Las puertas salieron hacia fuera y se abrieron, para regocijo del joven estudiante, que se internó en el edificio.

Aquello por dentro era una maravilla. Las paredes metálicas blancas, las puertas automáticas, todo lo que daba al exterior estaba acristalado. Transmitía sobriedad y elegancia a la vez. A Airen le encantaba aquel edificio.

—Oh, tú eres el nuevo— una voz femenina sacó a Airen de su ensoñación.

Airen bajó la vista y vio a la susodicha persona. Era una asistenta de laboratorio, Con una blusa blanca y unos vaqueros cubiertos por una clásica bata blanca que llevaba desabrochada, tenía ojos verdes y el pelo castaño claro recogido en un moño. Airen le echó unos veinte años más o menos. Tenía pinta de ser la novata de la instalación.

— Sí— contestó Airen

— Sígueme. Por cierto, me llamo Cecile.

— Airen, encantado.

Airen le estrechó la mano a Cecile, que le guió al lugar donde pasarían la mañana en labores de investigación. El estudiante en prácticas no reconocía ningún rostro familiar, por lo que preguntó a su nueva profesora:

— ¿No han venido más estudiantes?

A lo que Cecile respondió:

— No, los demás habrán ido en grupos a otros lugares. El único destinado al laboratorio eres tú.

— Vale…
Subieron a la segunda planta en ascensor. El ascensor también estaba acristalado, dando sensación de elegancia y deleitando al personal con unas esplendorosas vistas de la residencia de estudiantes, la pradera y el bosque del fondo, atravesado por una carretera.

— Vamos— le avisó Cecile

Cecile y Airen bajaron del ascensor y el joven entrenador le siguió los pasos a la que sería su mentora. Cruzaron un pasillo, y tras pasar dos puertas, entraron por la tercera a mano derecha.

Era una habitación amplia, con microscopios, piezas metálicas pequeñas de distintas formas y tamaño, pokéballs y un montón de dispositivos de diferentes formas y utilidades que Airen fue incapaz de identificar. A un lado de la sala, un buen escritorio de un tamaño considerable lleno de papeles cuidadosamente apilados y ordenados. Sobre el escritorio también descansaba un pequeño contenedor

— Bienvenido a mi despacho

— (Tiene despacho propio…)

— ¿Te gusta?

— Está bien

— Aquí me organizo. También tengo mis pequeños logros personales. — Dijo Cecile mientras señalaba los distintos dispositivos.

La investigadora cogió unos papeles de su mesa.

— Vamos a una sala de investigación cercana.

Cecile abandonó el despachó y Airen la siguió. Bajaron por unas escaleras de caracol, con peldaños de madera, aunque fuertes y resistentes, a una zona de la planta baja totalmente inaccesible por otros medios. Era un pasillo corto, con cuatro puertas que llevaban a cuatro salas de investigación distintas.

— Bienvenido a…— El mensaje de Cecile fue cortado repentinamente por el brutal sonido de una explosión y el subsecuente temblor. La pared del fondo había recibido daños considerables y por el enorme agujero que le había causado la explosión entraba el humo a raudales. El fuerte rugido de un motor empezó a hacer temblar los tímpanos de Airen y Cecile. Una enorme motocicleta de gran tamaño entró por el agujero de la pared, iba directa a embestir a la joven investigadora.

— ¡Te tenemos, asquerosa!— Gritó al asaltante desde la moto. Un hombre rapado al cero con un chaleco de cuero negro y unos vaqueros.

Airen no supo lo que le empujó a actuar en ese momento, pero simplemente reaccionó. Su cuerpo simplemente se movió. Se movió de un salto hacia Cecile. Le apoyó las manos en la espalda y aplicó la fuerza necesaria para sacarla de la trayectoria de la moto. Al precio de recibir el impacto él mismo.

¡ZAS!

La motocicleta embistió brutalmente a Airen en el pecho y lo lanzó volando varios metros hacia atrás, hasta que se golpeó con la pared. Tras el impacto, Airen, con un hilo de sangre cayendo de su boca, cerró los ojos y cayó seco al suelo…

Cecile huyó de la escena, para buscar ayuda. Cuando llegó, acompañada por un par de científicos con sus Pokémon, ya parecía demasiado tarde. El asaltante había desahuciado a Airen de sus Pokémon, y el joven yacía más muerto que vivo en el suelo de aquella sala. Pero no estaba solo… Alguien cuidaba ya de él…