Los personajes son de Meyer la trama mía.


– Vamos Rosie, deja de ser dramática y dame un beso.

– ¡Aléjate de mí, Royce!

– No te hagas la difícil, sabes que no te rogaré.

– Que bien, porque no quiero que lo hagas. Terminamos, punto. ¡Quiero que me dejes en paz! – grité.

Algunas personas voltearon a mirarnos. Royce me tomó del brazo y me acercó a él de forma brusca.

– Más te vale que pienses mejor todo esto. Sabes que si me dejas, nunca más podrás volver.

– Eso es lo que más deseo. – dije con sorna.

Torció el gesto.

– Cuando te aburras de tus jueguitos y vengas a mí de rodillas, no te quejes.

Me soltó y, sonriendo cómo si nada pasara, se fue. Los chicos que antes nos miraban comenzaron a murmurar mientras se alejaban. Suspiré. Seguro que un nuevo chisme de Royce y de mí saldría pronto.

Cuando entré a la cafetería muchos me miraron. Royce, sentado en la mesa con los chicos populares me fulminaba con la mirada, en mi lugar, antiguo lugar, había una pelirroja sonriendo autosuficiente con su nueva posición. Rodé mis ojos y me dirigí a una de las mesas vacías al fondo de la cafetería.

La comida de la escuela podía ser realmente asquerosa, y después de encontrar una mosca en mi puré de papas ya no volví a comer nada de ahí.

Saqué de mi mochila un sándwich de atún y una botella de agua. Saqué un libro y me sumergí en él.

El chirrido de la silla siendo arrastrada me sacó de mi ensoñación de príncipes de trajes azules y capas rojas.

Me topé con un par de ojos azules como el cielo, instantáneamente sonreí. Era Emmett.

– Hola.

– ¿Qué haces aquí?

Torcí el gesto.

– Lo siento, no quise incomodarte.

Bajó la vista a su regazo.

– No, está bien. Me sorprende que no te hayas enterado. – Bufé. – Los chismes corren rápido en el instituto de Forks.

Emmett rió. – Pero son solo eso, chismes. No los escucho de cualquier manera.

– Me alegro. – miré la mesa de Royce, él miraba furioso la espalda de Emmett, quien pareció notarlo ya que también volteó.

Se echó a reír.

– Él parece molesto. – se quitó las gafas y las limpió.

– No creo que realmente le importe.

– ¿Por qué no? Quiero decir, eres genial, a mí me importaría.

Me sonrojé.

– Gracias, pero a Royce solo le importa su popularidad.

– Pues es idiota.

– Lo sé.

Mordí mi sándwich. Me di cuenta de que toda la cafetería tenía puesto los ojos sobre nosotros, quise gritarles que no eran tan discretos como creían, pero seguramente ellos no intentaban serlo.

Estaba comenzando a molestarme, así que mejor volví mi vista a Emmett.

– ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con tus amigos? – pregunté con curiosidad

– A ellos no les importa que esté aquí acompañándote.

Me reí.

– Bien, me alegro. Es genial tenerte aquí en vez de estar sola.

– ¿Y qué hay de tus amigos?

Rodé mis ojos.

– Al perecer venían en paquete junto con Royce.

– Entonces no eran buenos amigos.

– No, supongo que no.

– ¡Pero no te preocupes! Ahora me tienes a mí, y te juró que yo jamás te dejaré sola. ¡Palabra de Emmett Oso Cullen! – puso una mano sobre su corazón y sonrió enormemente

Me reí, pero esperé que él jamás rompiera su promesa.


¿Review?