Rodolphus Lestrange, un hombre guapo y adinerado de familia prestigiosa, pero frío y sin corazón, ella no lo amaba ni siquiera le gustaba. Pero tenía que hacerle caso a su madre, no podía renegarle.

Pasaron los días y Bella ya no sonreía como antes ¿como hacerlo si te obligan a casarte con alguien que no quieres?

-Bella ¿ya estás lista? - Alguien pregunto y la puerta se abrió de golpe.

-Si Cissy.

-Oye quita esa cara, sólo es un baile. Estas preciosa- Dijo Narcissa con voz aterciopelada.

-Eso que importa, sabes que hoy tengo que comenzar a "conquistar" a Lestrange- la voz de Bellatrix sonaba apagada y triste.

-Ya basta Bella, huye y cásate con alguien a quien ames, no te condenes a una vida infeliz- ésta vez hablo Andrómeda desde el umbral de la puerta.

Andrómeda, ella y su forma de pensar... Ella y su rebeldía, a ella le valía un pepino el linaje de sangre. Cuánto la querían.

-Oh Ann- Dijo Bella corriendo hacia ella para llorar en su hombro.

-Haz lo que sientas que es correcto, piénsalo bien Bella.- decía mientras acariciaba el rizado cabello de Bellatrix.

"Lo que sientas que es correcto" demonios, Andrómeda siempre había pensado así, era tan liberal, no creía en la pureza de la sangre y para ella todos eran iguales, no quería quedar bien con su madre ni que la aceptara y condenarse a una vida infeliz como ella estaba a punto de hacer. Si, se casaría con Rodolphus sólo porque su madre se lo ordenaba, tan sólo para mantener algo tan estúpido como un linaje de sangre o un apellido respetable.

De todos modos, ella ya estaba rota.

Era una Slytherin desde antes de nacer, fue obligada a practicar artes oscuras y hablar con personas que no le agradaban para nada. Era una niña y la estaban convirtiendo en una mujer tan rápido. Ella sólo quería ser libre y feliz con ella.

Con su hermosa Lana.

Nadie lo sabía, ni siquiera sus hermanas y así se quedaría, siendo un secreto.

Lana Salvatore, el amor de su vida. De cabello ondulado y dorado, ojos miel y piel tostada se había convertido en su todo desde el primer momento en que la vio. En su tercer año en Hogwarts recibió su primer beso y un año después comenzaron a salir en secreto. No eran tiempos fáciles, aunque todo estaba tranquilo en el mundo mágico, las personas juzgaban muy mal. Si tenías preferencias distintas eras tratada despectivamente, tratada como nada. Así que Lana y Bella lo mantuvieron en secreto, lo último que querían era ser separadas porque se amaban tan puramente que estaban dispuestas a hacer todo por su amor.

Se limpió las lágrimas, puso recta su espalda, levantó la barbilla con orgullo y bajó al salón.

Todas las personas ahí tenían expresión de estar oliendo mierda todo el día. Se obligó a sonreír cuando vio a Rodolphus acercarse. Bailaron toda la noche, el chico parecía entusiasmado, para él era un honor bailar con una Black tan hermosa. Bella siempre le había gustado y cuando supo que sería su esposa se enamoró al instante. Al llegar la noche, cuando se despidieron él le entregó una caja de terciopelo negro que contenía una preciosa pulsera de oro blanco y diamantes. Le aseguró que era una joya que llevaba siglos en su familia y que quería que ella la conservara.

-Se te ve bastante bien Bella, te ves hermosa hoy- sonrió y la besó.

Ella no pudo reaccionar porque él salió corriendo del lugar. Se quedó petrificada en su lugar.

-Bueno, eso no me lo esperaba.

Se giró y vio unos reflejos de cabello dorado entre los arbustos.

-Lana!- corrió hacía donde estaba ella y la rodeó con sus brazos, la extrañaba tanto, quería besarla, quería sentirla...

-Oh no Bellatrix, no creerás que te dejaré besarme después de que él lo hizo, verdad?

-A que te refieres, viste que el me besó! No pude reaccionar- murmuró con voz temblorosa.

-Si, vi todo Bella, no importa esto tenía que pasar y lo sabemos- dijo al borde de las lágrimas- No puedes escapar de tu destino, ni yo del mío. Tu familia jamás aceptará que sea mestiza y mucho menos que sea mujer, te amo con toda el alma pero esto terminará mal, te lo aseguro.

Se dio la vuelta y corrió desapareciendo en la obscuridad del jardín de la casa Black.

Bella se quedó en su lugar, con lágrimas cayendo de su hermoso rostro, claro que lo sabía, eso era imposible y ella era demasiado cobarde para luchar por lo que de verdad quería, para luchar en contra de su madre. Estaba totalmente perdida y destrozada. Rota, atada.