Bueno ya estoy aquí con nuevo capítulo. Agradezco mil los mensajes y la aceptación de esta histo, espero que os siga gustando ;-)Gracias por leer y por comentar.
HE TENIDO PROBLEMAS A LA HORA DE ACTUALIZAR, SI VEIS QUE HAY ALGUN ERROR, O FALTAN PALABRAS O ESPACIOS... POR FAVOR, AVISADME. LO SIENTO MUCHO...
La vida seguía su camino. La reunión en aquella sala no había significado nada para ella.
Cómo pudo, colocó una vez más las latas de Dr. Pepper alineadas sobre la valla de madera, todas en fila.
El día era perfecto. Calido pero sin ser caluroso. De vez en cuando la temperatura bajaba gracias a una leve brisa fresca, sin llegar a hacer un viento molesto.
La primavera en Nueva York era la mejor estación del año.
Mientras cojeaba un par de metros, se giró para comprobar que todo seguía tal como lo había dejado.
Las latas no se habían caído.
Se paró a la distancia que deseaba y respiró hondo.
Sus pulmones se llenaron de aire puro. Aire de montaña. Sonrío. Adoraba aquella intimidad que le proporcionaba el estar rodeada de naturaleza.
El ambiente siempre la relajaba y era por eso que había decidido pasar más tiempo allí, prácticamente mudándose y olvidándose de la civilización.
Adoraba la soledad que disfrutaba en la cabaña que su padre le había dejado en herencia.
Y adoraba el no tener vecinos y un patio trasero suficiente grande para poder practicar su puntería.
Cargó de nuevo su escopeta Mossberg 500 y se concentró. Apuntó. Disparó. Diana.
Sonrió bajando el arma y viendo como la lata había saltado por los aires y caído en el suelo.
Repitió la acción con el resto de latas. Todas acabaron en el suelo. Se cargó el arma en el hombro para ir a recoger las latas cuando escuchó que un coche aparcaba frente a su hogar.
Posiblemente, podría tratarse del Sheriff del pueblo, quien siendo amigo de la familia, normalmente la visitaba para comprobar que no había sido atacada por ningún oso o que tuviera cualquier problema.
Así era ella en ese momento: Llena de problemas.
Vestida con unos vaqueros rotos y una camisa de cuadros sobre su camiseta negra, se recogió el cabello en pequeño moño con cabellos sueltos.
Una de las latas se le cayó y la pateó con sus Doc Martin marrones llenas de polvo. Paró a recogerla y finalmente llegó, hasta el porche de su cabaña.
Sonrió al ver de quien se trataba.
-Hey-su mirada se relajó- No te esperaba aquí…
Dejó la escopeta apoyada en el pequeño balancín que tenía al lado de la puerta junto las latas que yacían bastante agujereadas.
Se giró de nuevo observando el coche, un Mercedes negro lleno de polvo y sonrió al pensar lo que su amiga debía estar sufriendo al estar allí.
Lanie se acercó hasta Kate y la abrazó con fuerza.
-¿Ahora te has vuelto una leñadora?-dijo señalándola con el dedo y moviéndolo de arriba a abajo.
Kate frunció el ceño y movió su cabeza en negación con una mueca.
-Es cómodo.
Abrió la puerta de madera que constaba con una mosquitera rota y que chirriaba por todos lados y ambas entraron.
-Es antiestético Kate.
-Algunos dirían sexy-dijo la muchacha moviéndose con dificultad por su casa, a pesar que era una cabaña pequeña.
Apenas contaba un salón con un sofá y una mesita, una chimenea para el invierno y una pequeña estantería, no muy grande pero si repleta de libros y revistas.
Separado por una barra había una cocina.
También contaba con dos habitaciones y un sencillo baño. Todo de estética rustica.
-¿Quieres algo de beber?-preguntó Kate desde la cocina.
-Sabes que no he venido aquí por que me encante las latas de cerveza que compras en el supermercado del pueblo ¿Verdad?
-Sólo intentaba ser amable, Lan. –Kate bufó- ¿Quieres o no?
Lanie sonrió divertida.
-¿Café?
Kate asintió.
Mientras la chica estaba preparando el café, su amiga esperaba en el sofá.
-Tú madre me avisó que te habías vuelto aquí… Pensaba que me visitarías el otro día.
Kate regresó al instante con dos cafés y se sentó a su lado.
-No tenía ganas… Y estaba cansada-Kate fue sincera.
-No deberías estar aquí sola y lo sabes… Tu pierna…
-Mi NO pierna está bien-replicó Kate con seriedad- Además mi madre se encarga de que el Sheriff le informe de mi estado-bufó.
Lanie dio un sorbo a su café y se quedó callada durante unos segundos. Sabía cuanto le costaba hablar a Kate de la inexistencia de su extremidad y de lo mucho que le estaba costando adaptarse a la prótesis.
-¿Entonces?
-¿Entonces?
-Kate, sabes qué Catskill está a casi 3 horas de Nueva York. Ya sabes a que he venido… Ya que tú estando en Queens –Allí fue dónde se celebró la reunión- no quisiste pasarte ni siquiera a saludar…
Catskill era el pueblo más cercano a su cabaña. A pesar de que el pueblo apenas contaba con unos once mil habitantes, normalmente y sobretodo en verano se llenaba de turistas por sus increíbles montañas y lagos.
Desde que era pequeña y hasta la muerte de su padre, Kate había pasado algunos fines de semanas en aquella cabaña en compañía de sus padres.
A ella no le importaba hacer exactamente 2 horas y cuarenta y ocho minutos para poder olvidarse del trafico de la gran manzana o de los insufribles recuerdos que la atormentaban día si y día también.
-Estuvo bien.
-¿Sólo bien?
-¿Qué quieres que te diga de un encuentro de cuatro perdedores que se reúnen para contar sus penas?
Lanie le devolvió una mirada que hizo a Kate replantearse su respuesta.
-Ok…Estuvo… No sé- la chica se encogió de hombros, se quitó la camisa de cuadros y la dejó a un lado- ¿Bien?
-No sé, tú sabrás…-La forense suspiró- ¿Sacaste algo positivo de ello?
-Oh si.
Ésta vez, Lanie se sorprendió ante la sinceridad de Kate. La miró expectante, esperando que siguiera.
-¿Recuerdas el escritor… Richard Castle?
Lanie frunció el ceño mientras hacía memoria.
-Ese escritor…Cómo no recordarlo. Aquél que… Jenny y tú fuisteis a su firma hace años ¿No?
-Exacto.
-¿Qué pasa con él?
-Es ciego.
Lanie se sorprendió.
-Y un capullo.
La forense torció su cuello ante la falta de delicadeza de su amiga.
-¿Qué?-Kate buscó entre el montón de cosas de la mesita el cigarrillo de vapor. Cuando lo encontró se lo llevó a la boca-¿Que pasa?-preguntó separándolo de sus labios y expulsando el humo- ¿Qué sea ciego le da crédito para que sea un capullo?
-No sé, cariño, pregúntate si a ti te da crédito el ser coja para aislarte de tus amigos y tu familia.
El silencio se hizo presente. La tensión se podía cortar con un cuchillo. La mirada dolida de Kate hizo que Lanie se replanteara su respuesta.
-Lo…
-No.-negó Kate- Tienes razón.
-Ok, si, la tengo.-Hizo una pausa- Cuéntame sobre el escritor…
Kate tiró el cigarrillo y buscó su taza terminándosela de un sorbo. Lanie se la arrebató de las manos y olfateó.
-¿Licor?
- Ron Miel- Kate tosió- He estado algo resfriada-dijo como excusa- Además…Rehabilita el alma-sonrió Kate.
-No tienes perdón…-suspiró su amiga- Y sabes que con la medicación…
Kate rodó los ojos, cansada de todo.
-Entonces… Richard Castle te decepcionó.
Kate se encogió de hombros y se recostó en el sillón dejando sus pies descansando sobre la mesita. Lanie la miró sintiendo compasión de su amiga.
-La verdad hacía tiempo que no salía en las revistas… Ni escribe… Ahora entiendo todo.
La forense asintió escuchando.
-Y es un capullo.
-¿Por qué no vuelves a la reunión, podríais ser amigos?
Kate apretó sus dientes dejando tensa su mandíbula mientras miraba a su amiga.
Había aceptado ir una vez a esa reunión para que dejara de insistirle, pero regresar, ir una segunda vez sería rendirse. No. Ella no pensaba aceptar de nuevo.
Ella no quería saber del problema de otros que hicieran sentir su problema mejor, y mucho menos, deseaba ser amiga de Richard Castle. A pesar de sus increíbles ojos azules.
Lanie se acomodó mejor. No pensaba desistir. Tenía que conseguir sacar a Kate de su aislamiento. Ser la misma Kate de antes, la que no vestía como un leñador, o como una lesbiana. La Kate que disfrutaba de la vida, que no se teñía el pelo o se hacía pendientes, la que no se aislaba en la montaña y se olvidaba de lo que era vivir.
-Venga Kate, tienes tu apartamento en Tribeca aún… Si realmente quisieras vivir aquí con tu escopeta, tus latas, el perro que de vez en cuando te visita y los mosquitos ya te habrías deshecho de él.
-Es simple… Apego-suspiró- No quiero volver. Estoy bien aquí, y si estoy allí… Mi madre me atormentará a llamadas.
-Ella se preocupa.
-Pues no se preocupó tanto cuando se volvió a casar.
-Estas comportándote como si tuvieras quince años y tienes el doble. ¿Te das cuenta?
-Lo siento-masculló alzando la voz- Pensaba que después de perder una pierna tenía derecho a quejarme de otras cosas y que me complacieran por pena.
Lanie suspiró exasperada pero colmándose de paciencia.
-No pienso irme de aquí hasta que no aceptes volver.
-Pues iré sacando unas sábanas…
-Eres insufrible. –Lanie le señaló con el dedo- Además, ¿Sabes qué? Jenny va a organizar una cena la semana que viene… Otra más si-añadió al ver los ojos en blanco de su amiga- Esta vez quiere contarnos algo importante…
-No pienso ir.
-No fuiste a su boda, Kate…
-Si que fui, fui a la ceremonia, pero no quería ir al baile…
Lanie no dijo nada. No hizo falta. Ambas sabían el motivo por el que Kate no quería ir a la celebración de la boda de sus amigos, su falta de confianza después de la perdida de su miembro.
-Se lo debes.
-¿Y eso por qué?
-Tú les presentaste… Si Kevin y ella están juntos… Si van a dar esa noticia…
-¿¡Jenny está embarazada!?
Lanie apretó sus labios.
-Oh, si lo está-sonrió Kate. Hacía tiempo que no sonreía tan sinceramente, pero la alegría que estaba sintiendo en ese momento por su amiga era totalmente sincera.- Wow… Pero cuanto…
La forense se levantó tomando las dos tazas vacías y las llevó a la cocina. Regresó al salón, pero se quedó de pie con intención de marcharse a pesar que no llevaba ni una hora con su amiga a la que hacía semanas que no veía.
-Si quieres saber el resto… Deberás venir.
-Eres muy pesada, Lan.
-Kate…-esta vez el suspiro de Lanie fue de completo cansancio y decepción- Por favor. No sólo lo hagas por ella… Hazlo por ti, empieza a vivir de nuevo. No eres la única que ha pasado por esto y…
Vio la cara de Kate y decidió terminar de presionarla. Se despidió de ella despeinándola cariñosamente para llamar su atención y la abrazó con fuerza diciéndole que esperaba verla pronto, a ser posible en Remy's.
Kate escuchó el ruido de las ruedas del coche de Lanie al echar marcha atrás en el camino de tierra y gravilla y suspiró recostándose de nuevo en el sofá, dándole vueltas a todos los pensamientos y recuerdos que tomaban vida propia en su mente.
Tchaikowsky. Overture 1812.
La música clásica resonaba por todo su hogar y disfrutaba de ello.
A través de la música viajaba a otro lugar, otro lugar que no fuera su silencioso y solitario loft.
Un loft que había tenido que remodelar para su comodidad y por culpa de su condición.
Pero si había algo que no había remodelado era su estudio, lo había dejado intacto, con seguramente y tal y como recordaba sus libros, su sofá, su televisión y su amado y preciado tocadiscos.
Siguió el ritmo con sus propias manos como si el mismo fuera el director de una orquesta y tuviera que guiar a todos esos instrumentos que interpretaban la obra. Tal cómo hacía el enmascarado en V for Vendetta cuando hacía estallar el Old Bailey.
Flautín, Flautas, Oboe, Trompetas, Tubas, Trombones, Bombos, Violines, todos ellos y más se sincronizaban a la perfección para hacerle sentir vivo, para hacerle sentir la música en todo su ser.
Respiró profundamente y se sintió de nuevo transportado por esa obra maestra hacia la victoriosa resistencia rusa por la cual había sido escrita por Tchaikowsky, o incluso podía imaginarse en el Carnegie Hall en su inauguració pesar que no tenía nada que ver con la historia de los Estados Unidos, recordaba como más de una vez se había interpretado esta obra para celebrar la independencia.
Sonrió recordando como adoraba los festejos del 4 de julio. Sus fuegos artificiales que jamás volvería a ver con sus ojos. El olor a Hot Dog. La presencia de su hija. Las risas con sus amigos. El sexo en la playa que solía tener y del cual hacía años no disfrutaba…
Se sintió de nuevo deprimido.
Y justo cuando la música estaba en todo su esplendor en su magnifico Crosley CR6249A de última generación el cual había comprado por Amazon a un precio la mar de asequible, de repente, dejó de sonar. El sonido que hace el disco cuando alguien quita sin miramientos la aguja sobre él le alertó que alguien había llegado.
Temió por que el vinilo se hubiera rayado.
Aspiró el aroma a un caro perfume francés y enseguida la reconoció.
Normalmente era consciente de que sus otros sentidos se habían agudizado, sin embargo si ponía la música tan alto era por que quería olvidarse del mundo durante un buen rato sin estar pendiente si escuchaba o olía algo. O si recibía alguna visita.
-Te ibas a quedar sordo.
Castle gruñó.
-¿Te imaginas? Ciego y sordo. Que desperdicio. –Se irguió quedando sentado en su sillón- ¿La próxima vez, podrías tener más cuidado, por favor?
-Por supuesto, hijo.
-¿Qué haces aquí, mamá?
-Es viernes.
-Oh cierto… Te toca comprobar que esté vivo.
Martha Rodgers hizo una mueca de tristeza. Por suerte su hijo no la podía ver, aunque sabía que él era consciente de todo y sabía interpretar a la perfección ese silencio.
Alargó su mano y acarició con ternura el rostro de su hijo. Su pequeño, o no tan pequeño, que ya contaba con 42 años, era el hombre de su vida, y se sentía realmente mal al no poder ayudarlo, al no poder evitar que sufriera y eso era algo que le atormentaba desde siempre.
Primero fue cuando con seis años le hizo la temida pregunta. ¿Dónde está mi padre? Ella no supo como contestarle y finalmente le tuvo que contar una historia que poco a poco fue acercándose a la verdad. Él se acostumbró al hecho de no tener padre… Más tarde, no pudo evitar que sufriera con las primeras decepciones en el amor, a la tierna edad de los quince años, o al sentirse fuera de lugar en una escuela que había entrado por su increíble talento en literatura.
Después, no pudo evitar que sufriera con su divorcio, o con algunos momentos duros con las ventas de sus primeros libros, sin embargo él siempre tenía una sonrisa y una positividad que le ayudaban a dirigir su vida sin preocuparse, de fiesta en fiesta, de chica en chica, de libro en libro, cuidando de Alexis, hasta que llegó el momento más crudo de su vida, dos años atrás.
El último golpe que no había podido evitar. El peor de todos y con ello… El distanciamiento de Alexis, su encierro personal, su alejamiento de la realidad… Su soledad.
-Pues ya ves-dijo Richard, sacándola de sus pensamientos- Estoy bien-dijo a pesar que no sonó convincente.-Aunque sabes que no hace falta que te preocupes y vengas… Puedes llamarme… o Puedes hablar con…
-Me encanta visitar a mi hijo, ya que no me deja vivir con él.
Ella había estado un tiempo viviendo con él cuando se había divorciado de su segundo marido, se había arruinado y Rick aun cuidaba de Alexis.
Sin embargo, desde su ceguera… Todo había cambiado.
Martha bajó su mano y apretó la de Rick. Éste hizo una mueca, casi sonriendo.
-Deberías afeitarte…
-Ya sabes que Melisa…
-¿Cuándo viene?
-Cuando yo la llame.
-¿Y piensas hacerlo o dejarás que te crezca más la barba?
Castle bufó.
-¿Y que más da?-se encogió de hombros- Seguro que me hace más interesante…
-Pensaba que la habías contratado para que te ayudara una o dos veces por semana…
-Si, pero le he dado vacaciones indefinidas…
-¿Y Alicia?-preguntó Martha mirando todo a su alrededor- Esto está hecho un desastre…
-Madre-masculló Castle apretando sus labios- No te preocupes ok, Alicia vendrá mañana lo limpiará todo y ya está. Melisa puede venir el lunes y afeitarme…Aunque estoy aprendiendo a hacerlo yo solito-dijo alzando los dos pulgares.
-Si… Pues la última vez te diste un buen corte…Si quieres puedo yo…
-No, es igual.
-Ya noto tu confianza-contestó Martha en un tono se quedaron unos segundos en silencio.-¿Y la reunión?
-Ya fui.
-¿Y como te fue?
-Pues como siempre- estiró todo su cuerpo- Luke quejándose… Marge llorando, lo mismo de siempre… Voy, escucho las penas de otros…y…Ah, bueno vino una chica nueva.
-¿Ah si?
-Si, parece joven.
Martha sonrió.
-¿Y…?
-Y nada. Parece tener muchos problemas, y aún no estoy seguro del motivo que la llevó a la reunión.
-¿Y si vas y le preguntas?
Rick soltó una risa irónica y de repente se vio acudiendo de nuevo a la reunión para buscar a esa chica… No. Si iba a la reunión era por satisfacer los deseos de redención de su madre, no por otra cosa.
-Preguntar cual es el problema es lo primero que te dicen que no hagas, sabes. Tiene que salir de uno mismo…
-Pues yo creo hijo, que tal vez si ella entabló conversación contigo, tal vez puedas ayudarla… Además, si le preguntas no creo que sea capaz de pegar a un ciego
-No sé si fiarme madre...-Estaba seguro que esa chica... Sería capaz de pegarle si la ponía de los nervios, fuera ciego, sordo o mudo.
-Si le ayudas sería un bonito gesto Richard.
-No creo que ella vuelva.
-Pues tú SI tienes que volver-Martha se levantó- El miércoles. No lo olvides.
-No, apuntalo en el calendario y luego lo leo JA JA JA.
-No tiene gracia-Martha se acercó a su hijo y le dio un beso en la mejilla- Hasta el viernes, cariño.
-Hasta el viernes, madre-sonrió Castle.
A pesar de sus quejas, adoraba las visitas de su madre. Suspiró y volvió a recostarse cuando escuchó la puerta cerrarse después de escuchar como ella le dejaba un mensaje de alerta para el miércoles en su agenda electrónica. Ahora no había forma de olvidarse de esa estupida reunión.
Apretó el botón de su reloj especial de su muñeca y una vocecilla cantó la hora.
Tocó la puerta y tras recibir un sonoro 'Adelante', entró en aquella sala justo cuando Luke estaba contando que había estado apunto de caer de nuevo en las drogas.
Suspiró.
Anthony le dio la bienvenida. Él, en un ágil y elegante movimiento, casi de ninja, desplegó su bastón blanco, el cual normalmente no utilizaba gracias a las leves sombras que conseguía ver; pero con las prisas que llevaba, no quería parecer un inútil y tropezarse.
Avanzó alrededor de las sillas, mientras que los presentes decidieron seguir escuchando y Luke siguió hablando para no hacerle sentir peor.
Le dio con el bastón a las patas de una silla. Posó la mano en el respaldo y comprobó que estaba vacía. Se sentó.
Aspiró hondo y a sus fosas nasales llegó un reconocido olor a cerezas.
-Tú…-susurró.
-Si, por lo visto no habían más sillas vacías-contestó irónica y de mala gana, pues al otro lado de la sala habían tres sillas vacías.
-Pues puedes cambiarte si lo deseas-dijo captando el tono. Castle clavó su perfil al frente, de dónde provenía la voz de Luke y decidió ignorar a la chica de su izquierda.-O puede que al ser coja prefieras quedarte aquí, Beckett bueno Kate…-terminó recordando su nombre cuando se habían conocido.
Kate frunció sus labios y clavó su dura mirada en el cuerpo de él, a pesar que sabía que no podía verla. Sintió una rabia crecer en su interior y al mismo tiempo se preguntó como él sabía de su discapacidad.
Cruzó sus brazos y volvió a mirar al frente… Había sido un tremendo error regresar a Nueva York y sobretodo, acudir de nuevo a esa absurda reunión…
Pero lo que si tenía claro es que no iba a dejar amedrentarse por ese hombre... Si quería guerra, la tendría, pero nadie le contestaba así y se iba de rositas... Claro que ella se lo había buscado con el tono ácido con el que le había hablado...
