Uff... se que voy atrasada con las publicaciones pero no he podido escribir nada, cuando lo intento siempre surge algo(o alguien) que llama mi atención y absorbe mi tiempo. Así que subiré aquí todos los one-shot que logre escribir para este mes.
Pero ya me dejo de tonteras y os dejo leer.

Advertencia: Occ a montones posiblemente, y no mucho sentido.
Esto fue escrito para el tercer día y el tema era vergüenza.
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.X.
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Era un día frío. La nieve caía y todo en el clima invitaba a pasarlo envuelto en una manta bebiendo un café o chocolate caliente mientras se disfruta de la lectura de un buen libro; sin embargo, para Yuri, todo eso carece de importancia.
Todo se vuelve un segundo plano cuando se trata de Víctor.
Y es que, desde que Yuri tenía trece años, su vida y la del pentacampeón, se entralazó de manera irremediable.
Cuando Yuri piensa en eso, recuerda esa historia japonesa de los hilos rojos del destino que el Katsudon le contó una vez, pues había sido ciertamente como algo inevitable lo que los llevó a su situación actual.
Observando la nieve caer a través de la ventana, Yuri esperó a ver el coche azul de Víctor.
Yo... no creo que esto sea buena idea —pronunció mientras miraba a Mila con ojos entrecerrados. No tenía idea porque le había pedido ayuda a ella cuando sabía lo majara que estaba.
Uff... por supuesto que si —ella desestimó con un movimiento de mano—. Cuando veáis los resultados vas agradecerme.
Yuri había mirado aun escéptico la tienda de lencería, sí, habéis leído bien, lencería; y agradeció llevar los lentes oscuros y la enorme bufanda que cubría casi la mitad de su rostro; aunque eso no evitaba que el calor inundara sus mejillas y el fuerte deseo de que la tierra se abriera y se lo tragara, sucediera.
Sabes que... olvide que tenía algo realmente importante que hacer y bueno... —agitó las manos frenéticamente mientras retrocedía. Todo el asunto era una tontería y además, Mila tenía cara de súper villano conspirando para derrocar al héroe y realmente lo aterraba—... yo... me... ¿voy?
Fue lo último que pudo pronunciar antes de ser obligado a entrar a la tienda.
Sus mejillas se volvían rojas como granas solo de recordar el montón de prendas que la encargada y Mila habían decidido le quedarían estupendas. Aunque en parte era su culpa por preguntarle a ella sobre esos temas.
El sonido de un coche entrando al área de estacionamiento lo sacó de sus vergonzosos pensamientos y con una ansiedad creciente miró a Víctor bajar de su auto, el abrigo café, los guantes negros y los lentes oscuros haciéndolo lucir como una estrella de cine.
— Viejo pretencioso —murmuró mientras lo perdía de vista y el nudo en su estómago parecía crecer.
Esto era una pésima idea, tal vez si se apresuraba podía quitarse aquel atuendo.
Asintió y corrió a la habitación, el corazón latiendo rápido y el sudor resbalando por su piel. Jamás volvería a escuchar un consejo de Mila, se prometió. La bata que lo cubría cayó al piso y cuando finalmente sus manos se cerraron en la tela de su camisa de pijama...
— ¿Yura? —la voz de Víctor le hizo sobresaltar, giró ciento ochenta grados de golpe, la camisa aferrada en sus manos como si fuera una especie de salvavidas y el rubor intenso coloreando sus mejillas.
Aquello era tan jodidamente vergonzoso.
— N-no... te escuche entrar —pronunció con la voz ligeramente temblorosa retrocediendo un paso al ver la mirada que Víctor le estaba dando.
— Parecías estar muy distraído —contestó, sus ojos recorriendo de arriba a bajo el cuerpo de Yuri.
— Hahaha... si... yo... —las palabras se atoraron en su garganta mientras observaba a Víctor desabotonar su chaqueta—. Vi-Vi-Víctor...
— ¿Sí?
— La comida...
— Aja...
—... va enfriars... ¡¿EH?!
Y ese fue el preciso momento en que Víctor saltó sobre él. Y es que no es que Víctor fuera una especie de pervertido pero ¿qué otra cosa podía hacer si solo llegar a casa se encontraba a su gatito vestido de aquella forma? El era un simple humano después de todo.
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Y es que todo había iniciado dos noches atrás.
Era una tarde extrañamente tranquila y Víctor y él habían decidido ver una película... de batman; ambos podían ser muy frikis, y bueno, mientras la observaban...
—Creo que sería un increíble Batman —pronunció Víctor con voz grave, tenía esa mirada soñadora y hasta se las había arreglado para poner pose de súper héroe. Yuri no pudo más que reírse, porque Víctor sería la antítesis de lo que era Batman.
— En todo caso... serías Robín, hahahaha —pronunció entre risas y se lo imagino, calzoncillos verdes y capa amarilla, haciendo piruetas en el aire y cantando "fly Robin, fly...".
— Eres tan cruel —pronunció Víctor con un mohín. La expresión herida de su rostro deteniendo con eficacia la hasta hace un par de segundos incontrolables carcajadas de Yuri. Y es que, cuando tienes un gatito con un sentido del humor como aquel, uno tenía que aprender sus trucos.
— Víctor... —comenzó, sabía por experiencia que Víctor podía sentirse ofendido y/o dolido por las cosas más tontas.
— No... ya no digas nada —pronunció de manera dramática y casi se le escapa una risita al ver la mueca de culpa en el rostro de Yuri.
Y es que, pese al exterior duro que Yuri solía proyectar, tenía el corazón más suave que Víctor había tenido la fortuna de conocer. Casi se sintió culpable por manipularlo de aquella manera pero... uno tenía que hacer sus sacrificios. Además, siempre traían beneficios a su relación.
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Entonces, después de una tarde llena de miradas dolidas. Yuri se sintió realmente culpable. Así que, con la postura tensa y la determinación de un soldado a la batalla, al siguiente día se reunió con Mila.
— Necesito tu ayuda —pronunció a regañadientes absteniéndose de llamarle bruja, y tuvo que darse cuenta que aquello no era buena idea cuando los ojos de Mila resplandecieron.
— ¿Sobre qué? —Preguntó, sin embargo, había visto las miradas nerviosas que Yuri le enviaba a su actual entrenador, porque sí, después de que Yakov se había retirado, Víctor había asumido su puesto. Y la mirada fingida de dolor que Víctor le regresaba a cambio.
Quiso reírse de su ingenuo compañero pero aquello tenía la pinta de ser muy entretenido.
Yuri se removió incómodo y contempló el olvidar el asunto, porque francamente era muy tonto pero...
— ¿Y bien? —La voz de Mila lo hizo centrarse de nuevo en ella y con un suspiro aun renuente y poco convencido, le contó su absurda situación.
La risa de Mila llenó el recinto y Yuri se planteó la idea de mudarse de ciudad, cambiarse el nombre y tal vez volverse panadero; nadie sospecharía que él alguna vez había sido patinador profesional, sí, eso sonaba tentador.
— Vas a ayudarme o no —pronunció finalmente con el ceño fruncido y las mejillas sonrojadas.
— Por supuesto que si Gatito, por supuesto que si.
Y esa tuvo que ser su señal para salir corriendo, sin embargo, había ignorado su instinto y se había visto arrastrado a una tienda de lencería fetichista —porque ¿dónde más encontraría ese tipo de ropa?—, y más tarde había salido con un indecente conjunto de Catwoman y otras cosas más que me abstengo de decir por el bien de su dignidad.
— Víctor se va morir —pronunció Mila con una sonrisa descarada y las mejillas de Yuri adquirieron aun más color, no sabía como es que se había dejado convencer para adquirir aquello.
Aunque las orejas son lindas —admitió para si mismo y aun sin estar del todo seguro regresó a su departamento.
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Entonces esa mañana había llamado a Víctor y le había dicho que no se sentía bien y él le había dicho que pasaría a verlo una vez terminara de supervisar a los posibles participantes a la categoría junior.
Yuri se había aseado, y prácticamente había tenido que mentalizarse para usar aquel conjunto.
— No puedo creer... —luchó un poco con los broches del corsé y finalmente se colocó la diadema con las orejas de gato y el antifaz—...que estoy usando esto.
Se observó en el espejo y se sonrojo como un tomate.
Era una pésima idea... debió pedir ayuda al santurrón del Katsudon, pero, para su mala suerte él había regresado a Japón a entrenar al pesado de Minami y lo había dejado a merced de la bruja y el viejo.
El sonido de un coche aparcando lo hizo sobresaltar y correr en busca de una bata. Se apresuró a ponérsela y contuvo la respiración, cuando quince minutos transcurrieron y nada pasó, decidió que lo mejor era quitarse aquello y ocultarlo o quemarlo, y olvidar que alguna vez se había puesto algo así.
Sin embargo, se encontró observándose en el espejo de cuerpo entero. El conjunto negro no se veía tan mal y el látigo le daba el toque justo de rudeza, tal vez podría hacerse un traje para su próxima competencia con esa temática.
Seguro a Víctor le daba algo.
Un poco más seguro y tranquilo se dispuso a esperar a Víctor.
Había sufrido cuatro horas de comentarios inapropiados de Mila para adquirir aquello así que nada podía ser peor. Sin embargo, los nervios regresaron con renovada fuerza cuando observó a Víctor llegar.
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Así es como llegamos al momento actual.
Finalmente, después de una laaarga sesión de smut y de aprender las ventajas y desventajas del traje de Yuri.
Ambos se encontraron con la respiración pesada cómodamente envueltos en los brazos del otro.
— Creo que serias un buen Batman —murmuró Yuri, las mejillas rojas por más que sus recientes actividades.
— ¿Qué? —Víctor preguntó con desconcierto.
Yuri frunció el ceño y se incorporó levemente.
— Ya sabes, la razón por la que estabas molesto y me dabas todas esas miradas —acusó con un gruñido, Víctor podía ser tan infantil y se suponía que él era el niño.
Víctor parpadeó.
— ¡Oh! —exclamó y una risa salió de sus labios. Y es que todo había sido un malentendido, Víctor ya había olvidado lo de la película y si le estaba dando miradas dolidas era porque durante los entrenamientos se la había pasado murmurando con Mila e ignorándolo por completo.
— No le veo la gracia...—refunfuñó—... anciano.
La risa de Víctor se corto y una expresión de dolor surcó su rostro.
— ¡Ah...! Se que soy mayor Yuri pero... —gimoteo—... No tienes que ser cruel.
— P-pero...
— No. Se que eres joven y yo... yo soy simplemente un...

Y aquí vamos otra vez... por fortuna para Yuri aún le quedaban otros cuatro conjuntos de lencería y la idea de ser panadero no sonaba tan mal llegado el momento.