Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling.

Pues como todo el día llevo pensando en la trama no me resistí a hacer este pequeño capi. Serán uno o dos más antes de que Astoria llegué a Hogwarts. Todo esto es en 1993, el año de El prisionero de Azkaban.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

2.-No, Mademoiselle

Era una tarde algo calurosa, de un domingo 22 de Agosto. En exactamente 7 días más la pequeña Astoria tendría oficialmente 11 años y en solamente 10 días estaría de camino a Beauxbatons y su hermana de camino a Hogwarts.

La pequeña de 10, que insistía tener 11 aun cuando faltaban 7 días para su cumpleaños, practicaba Ballet en el gran salón de su casa. Pierna hacía atrás... flexión... media punta... vuelta... Cada que daba vuelta su pequeño traje azul se revoloteaba junto a su cabello y dejaba ver las mallas color negro que cubría lo que el traje descubría. Un moño azul adornaba el cabello caoba, así como listones también azules se cruzaban sutilmente por sus delgadas piernas hasta llegar a esas zapatillas de punta suave igualmente azules.

Porque a Astoria Greengrass le encantaba el azul. A pesar de que muchos que la conocían a ella y a su hermana decían que aquello era extraño, pues mientras Daphne que tenía los ojos azules como su madre, amaba el verde; Astoria que heredó las esmeraldas de su padre le gustaba el azul. De pequeñas cuando recibían regalos como ropa en esos colores, siempre la intercambiaban, aun cuando a la mayor le quedara justo y a la menor le quedase grande. Todo aquello solo había enfatizado más las personalidades de las chicas, porque una Slytherin era verde como las serpientes y una Beauxbatons era azul como una mariposa. Porque una era inteligentemente altanera y cruel, mientras la otra era dulcemente astuta y ambiciosa.

Astoria seguía sumergida en su mundo, dando giros y dejándose llevar por la música, tan absorta estaba en su mundo que no notó cuando su padre interrumpió en la habitación y con su varita detuvo la música.

—¿Papá? - preguntó confusa y parpadeando.

—Princesa, tenemos que hablar – dijo tranquilamente su padre. La niña hizo una pequeña reverencia y luego asistió.

Dis-moi père – le contestó en perfecto francés mientras se acercaba y sonreía ampliamente.

A él se le rompió el corazón, pero si no decía de una vez las cosas serían peor.

—No iras a Francia – soltó sin encontrar una mejor forma de dar la noticias. Pero se arrepintió a los pocos segundos cuando la carita linda se descompuso en una mueca de dolor.

—¿Qué? ¿Por qué? - dijo en un hilo de voz, mientras sus ojos verdes de abrían a la máxima expresión y solo un segundo pasó para que las lágrimas se hicieran presentes. La pequeña castaña caminó hacia atrás, hasta topar con la mesa de centro y accidentalmente calló sentada sobre ella — ¡¿Por qué? ¡Yo... yo te juró que me portaré bien... que seré educada... que escribiré todos los días... practicaré mi Ingles – comenzó a argumentar entre sollozos.

A su padre se le partió el corazón al verle así. Se arrepintió no solo de decírselo, si no de ocultárselo. Debió de habérselo dicho antes... pero antes de que pudiera explicarle las cosas a su hija, Astoria salió corriendo.

—¡No es cierto! ¡No es cierto! - gritó.

Su madre que apenas iba a entrar al salón para ver cómo iban las cosas, sintió como la empujaban. Su hija había pasado a un lado de ella gritando y corriendo. Un berrinche impropio de la castaña, pero muy bien justificado si tomábamos en cuenta lo que acaba de ocurrir.

—¿Qué tan malo sería dejar que se fuera a Francia? - preguntó la señora que se acercó tristemente a su marido.

—Ya hablamos de esto. Si no empiezan a convivir, será difícil que lleguen a tener un buen matrimonio.

—Pero entonces ¿Por qué no decirle la verdad? - insistió la mujer.

—Dejemos que tenga libertad, no es lo mismo convivir cuando eres libre, a convivir cuando sabes que al final de cuentas ya tienes un esposo. Dejemos que traté gente y conviva, que conozca el mundo... ¿Y quién sabe? - sonrió de lado — Con suerte y se enamora de Malfoy antes de saber que será su esposo.

—Pero, cariño – siguió aferrada — Según Daphne, Draco tiene una novia. Esa muchacha, Pansy. Sería mejor decir la verdad, aunque sea para que Astoria entienda porque su sueño se derrumbó.

—Ya amor, son solo niños.

—Eso mismo dijimos Narcisa y yo cuando los comprometieron.

—Amor. Por favor. Ya acordamos que el compromiso no será público hasta los 17 de Astoria. Nuestra hija es fuerte y te aseguro que superará lo de Francia. Ya verás que será un digna Slytherin – concluyó con una sonrisa y abrazando a su esposa.

Los dos estaban preocupados y se sentían mal. Pero ninguno lo admitiría. Ninguno admitiría lo mal padres que se sentían por ocultarle todo aquello a su niña.

Así de igual manera ninguno notó que detrás de la puerta entre abierta se encontraba la pequeña Astoria. La niña había regresado para tomar sus cosas, pues no le gustaba dejarlas a la merced de Daphne. Y sin querer, escuchó la respuesta a su gran "¿Por qué?"... ¿Por qué no se podía ir a Francia? ¿Por qué no podía cumplir sus sueños?... ¿Por qué?... Por Draco Malfoy.

Por culpa de él tenía que ir a Hogwarts y no a Beauxbatons. Por culpa de él hablaría Ingles en lugar de Francés, por su culpa dejaría el piano y el ballet para escuchar coros acompañados con sapos y ver juegos de Quidditch...

¡Aquello era una broma! ¡Una terrible y maldita broma! No podía ser verdad, no debía de ser verdad.

Salió corriendo de la mansión sin reparar en el daño que el jardín le podía hacer a sus zapatillas. Corrió hasta adentrarse al laberinto de los dragones. Se adentró hasta que ya no supo hacía donde ir, hasta caer en cuenta de que se había perdido.

Calló de rodillas y comenzó a llorar a gritos. Maldecía a sus padres por ocultarle aquello y dejar que construyera. Porque ellos la dejaron soñar, aun sabiendo que los sueños se romperían tarde que temprano. Maldecía a su hermana, por hablar tanto de Hogwarts, de Slytherin y de Pansy. Porque ahora sabía lo que le esperaba y siempre lo había detestado. Ella no pertenecía allí.

Pero por sobre todas las cosas... Maldecía a Draco Malfoy, por el simple hecho de existir, por ser la razón por la cual todo aquello estaba pasando.

Lo odiaba. Lo odiaba más de lo que una niña de 10 años podía llegar a ver odiado en su corta vida. Porque ese sentimiento de desprecio y de ganas de destruir era nuevo en ella y le estaba carcomiendo el alma.


Sé que esta cortito, pero es justo la escena que quería poner y ya estoy en la que sigue. ^^ Espero que la disfrutaran y me dejen comentarios. Besos y gracias por leer.