VEGAS ATTACK.
Estaba en mi cuarto terminando de meter todas mis cosas en una maleta. Seguramente Alice me mataría al ver que solo llevo una maleta con toda la ropa, pero no necesitaba nada más. Hoy nos íbamos de viaje de estudios y Edward me estaba esperando abajo con su maleta para poder irnos al aeropuerto, donde nos encontraríamos con el resto de estudiantes y profesores.
Terminé de hacer la maleta y la cerré con algo de esfuerzo, estaba a presión. La cogí y comencé a bajar los escalones con mucho cuidado, la maleta pesaba como un demonio. Edward la cogió en los últimos escalones. Caminamos juntos hacia el coche, metimos las maletas en el maletero y nos subimos a su coche. En cuanto lo arrancó nos pusimos en marcha camino al aeropuerto de Seattle.
Comencé a pensar en las cosas que podríamos hacer allí, la condición de Edward para eso era que nos casáramos antes. Quien sabe, si nos casamos allí aquí no es legal, pero estaríamos casados. Y hablando de esa ciudad...
-Edward, tenemos que hablar muy seriamente.- Le comenté.
-Dime.
-Tenemos que hablar sobre condiciones...
-¿Qué condiciones?
-Una: nada de tocar, puedes ver, pero no puedes tocar. Te juro que te echaré al fuego como lo hagas.
Me entraron ganas de tirarlo de nada más imaginarme a Edward tocando a una de esas strippers, me salía fuego de las orejas.
-¿Qué te hace pensar que haría algo así? Digo, a lo mejor es que no confías en mí.- Me dijo con un tono bastante inocente.
-Sí confío en ti, pero tienes un hermano un poco fuera de su orbita. Más te vale hacer caso de todas las reglas que te diga.
-Por ahora, solo me has dicho una.
-Sí, solo le había dicho una de todas las normas. Y, realmente, no me ocurría ninguna otra. Pero seguro que no tardaría mucho en aparecer.
-¿A qué viene ahora todo esto?- Me preguntó después de un tiempo.
-Ya sabes... a la ciudad a la que vamos se le suele llamar: La Ciudad del Pecado. Espero que no peques, Edward, por tu propio bien.- Le advertí con tono malévolo.
Tuve la satisfacción de ver como un estremecimiento le recorría de pies a cabeza, me gustaba ver el poder que podía llegar a tener sobre un vampiro de más de cien años. Sonreí muy contenta, hay veces que me sentía muy protegida por él, y me gustaba sentir que tenía miedo de su mujer descubriera algo suyo.
-¿Qué ha sido ese estremecimiento? ¿Hay algo que no me habías contado?- Le pregunté, mirándolo fijamente para ponerle incómodo.
-No.. nada.
No me tragué la mentira que me había soltado. Como sea algo muy malo...
-Dímelo, Edward.- Le dije con tono firme.
-Emmet.- Soltó con un suspiro.- Quiere que haga cosas que ni tú, ni yo, queremos que yo haga.
-¿Qué clase de cosas?
-Te doy una pequeña pista.- Dijo.- Está cantando todo el rato en su mente: Like a virgin. (n/a: significa: como una vrigen.) Me está poniendo realmente de los nervios.
Juro que no pude contenerme, las carcajadas salieron sin previo aviso de mi cuerpo y comenzaron a sacudirme con fuerza. Edward me miraba con ojos ofendidos.
-No sé de que te quejas, están diciendo toda la verdad. Si hubieras aceptado en su momento, ahora no estarían cantándote esa canción en sus mentes- Le dije una vez que las risas desaparecieron de mi cuerpo.
-Sabes que quiero hacer las cosas bien.- Me susurró.
-En esta época, nadie hace eso de la forma en que tu dices...
Lo dejó pasar y no hablamos mucho más en todo el camino. Pensaba en todas las locuras que podría hacer con Alice y Rosalie, bueno, también con las demás humanas. Le había prohibido a Edward tocar a las mujeres, pero no ver. Quizá yo también podría ver algo interesante, porque para ver chicos sin camiseta ya estaba la manada, no sabéis cuanto disfruto las visitas a la reserva. Me pongo burra, pero mi novio vampiro me pone mucho más que esos perros, él no deja pelos en el sofá.
Antes de darme cuenta, ya estábamos saliendo del coche porque habíamos llegado a nuestro destino. Al entrar, me fijé en que había pocas personas de nuestro curso, faltaba mucha gente por llegar. Llegué a la conclusión de que la forma de conducir de Edward tenía algo que ver con el que hubiésemos llegado muy temprano.
-Ahora tendremos que esperar, todo es culpa de tu forma de conducir.- Le reproché.
-Hace dos minutos no te quejabas tanto.- Me respondió.
-Porque estaba distraída.
Lo dejó pasar, por ahora. Sigo sin saber como no me ha arrojado por las escaleras, con algunas cosas tan estúpidas que le decía de vez en cuando... Pero como me quería mucho mucho, no me decía nada. Era una condenada suertuda.
Me acerqué a Mike, uno de los pocos estudiante que había a estas horas. Edward había salido un momento para hablar por el móvil con Jasper.
-Hola, Mike.- Le saludé.
-Bella, quiero ensayar un saludo, ¿puedo?- Me preguntó.
-Claro, pero no me mates del susto, por favor.
Se dio la vuelta para darme la espalda, para después volverse a girar con su mano tendida hacia mí.
-Hola. Soy Mike Newton, veinte de largo y tres de ancho.- Me dijo.
No me pude aguantar, fue más de lo que pude soportar. Me eché a reír como nunca lo había echo antes en toda mi vida, era un saludo totalmente ridículo. Paré de reír cuando sentí una mano helada posarse encima de mi hombro.
-Ya puedes dejar tus mentira para otro momento Newton, ahora larga te de aquí, tengo que hablar con MI novia.- Dijo la voz amenazante de mi vampiro.
-Hasta luego, Bella.- Me dijo Mike antes de irse por la dirección opuesta a la de nosotros.
-¿A qué ha venido todo eso?- Le exigí a Edward.
Su cara estaba deformada en furia, furia hacia mi amigo humano. Me gustaba la parte de Edward posesivo, pero tampoco quería que se pasase de la raya.
-Te lo estaba diciendo en serio, no era ninguna práctica de saludo.- Me contestó.
-Dudo que sea cierto lo que él ha dicho.
-No es cierto, creo que no llega ni a los diez centímetros. Es absurdo.
-¿Y tú? ¿ A cuánto llegas?.- Le pregunté, con ganas de jugar un rato.
-Llego a los veinte centímetros, nunca lo dudes.- Dijo mientras me cogía por la cintura y me besaba apasionadamente.
Tenía un ojo abierto mientras sus labios se movían contra los míos. Había muchas chicas que se quedaban viendo más de la cuenta. Hubo una que me mando una mirada de suficiencia, y yo le saqué el dedo corazón. La chica se fue ofendido por el mismo camino por el que había venido.
Me sentí importante. Edward se separó al momento de necesitar mucho el aire, recordé que lo necesitaba para poder seguir con vida.
En nuestro pequeño desliz, habían llegado casi todos los alumnos que faltaban y dos profesores. Una profesora se acercó a nosotros.
-Agradecería que no os mostrarais tan fogosos en público.- No dijo y se marchó.
Edward y yo nos miramos y rompimos a reír. Al cabo de diez minutos, todos los alumnos estaban presentes en el aeropuerto, los Cullen incluidos. El profesor nos pidió nuestros carnets de identidad y comenzamos el vuelo camino a una nueva aventura en mi vida humana. Con sentada Alice a mi lado, por supuesto.
Hola.. Los personajes pertenecen a Meyer y todo eso.
Espero que no me queráis matar por describir tan poco el beso, pero es que, aunque muchas a mi edad ya se han besado con alguien, yo no tengo ninguna experiencia. Por eso evito describir demasiado esas situaciones, lo escribo de lo que leo.
Espero que os haya gustado, porque estoy muerta de sueño. Son las doce menos cuarto de la noche en mi país. Dejadme vuestra opinión.
