Chris Redfield observó con dulzura los enormes orbes azules con un toque de gris de Jill Valentine, quien le sonrió con la misma ternura que él le dedicaba. Tomó su mano delgada y pálida por encima de la mesa y depositó en el dorso de ella un beso.
-Me alegra tenerte de vuelta -sonrió el Redfield mayor.
Valentine sonrió mientras sus lechosas mejillas se encendían como fresas maduras. Después de un año de estar con Chris aun no se acostumbraba a recibir tales comentarios de ese tipo por parte de él, usaba un tono dulce y amoroso, y toda su vida lo había visto en acción, luchando en el campo de batalla con arma en mano, decidido, fuerte y frío a la hora de realizar sus misiones, y verlo de esa forma era extraño para la chica.
-Oh, Chris -inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado, conmovida por la dulzura del tono de voz que él usaba con ella-. Te quiero.
Se quedaron hechizados mirando el uno al otro, admirando sus semblantes sonrientes. Ambos estaban enamorados y eso se podía notar a cientos de kilómetros de distancia.
El sonido de su celular timbrar lo hizo despertar del hermoso trance que en esos momentos experimentaba gracias a la inmensa belleza digna de una diosa que Jill, la propietaria de su corazón, poseía.
-¿Sí? -contestó llevándose el móvil a la oreja, sin dejar de ver a su amada.
-Hey, soy Leon -dijo Kennedy al otro lado de la línea -¿Están todos en sus posiciones?
Chris soltó una pequeña carcajada divertida. Leon se escuchaba tan nervioso como un adolescente tratando de invitar a la chica de sus sueños al baile del Instituto.
-Sí, todos lo están -echó un vistazo a la rubia que llevaba por nombre Sherry Birkin, quién también era parte de la sorpresa que Leon le tenía preparada a Claire.
-Vale… ¡Joder! -exclamó- Está llegando -la comunicación fue cortada por el rubio.
-Está nervioso -se burló Chris.
Jill le sonrió con ternura, se le hacía un gesto tan lindo el hecho de que Leon estuviera preparando todo ese rollo para Claire, la chica de cabello negro deseó con todas sus fuerzas que Chris algún día hiciera algo así por ella.
Alguien encargado de la iluminación en el elegante restaurant hizo que la luz dorada se volviera ligeramente más tenue.
Leon se acercó a Claire para ayudarla a bajar del auto rojo casi del mismo tono que el de su cabello. La joven llevaba puesto un vestido negro y formal que le llegaba un poco más arriba de la rodilla, su cabello estaba peinado en un coleta alta que la caracterizaba, y su fleco rojilo caía por su frente como una cascada.
-Claire -sonrió observándola de arriba a abajo-, te ves hermosa -dijo casi embobado por la apariencia majestuosa de la chica.
-Gracias -rio-. Tú también te ves muy bien -se acercó a su novio para hacer de su corbata suelta un nudo.
-Demonios… olvidé acomodarla -confesó avergonzado mientras observaba a su hermosa chica hacer el nudo rápidamente.
Claire sonrió con ternura y acarició la mejilla de su novio con delicadeza. Sus dedos pudieron sentir el tacto easposo de su barba de tres días. Plantó un tierno beso en sus labios y la tomó elegantemente del brazo para encaminarla dentro de El Gran Espada.
-Hey, qué linda -dijo Chris con amplia sonrisa a su hermana menor. Tomó su mano y la hizo girar.
-Aww, Chris -soltó una risita.
-Claire -sonrió Jill levantándose de su asiento.
Ambas se abrazaron y se saludaron dándose un beso en la mejilla.
Se sentaron en una mesa larga y grande. Sus ojos divisaron a varias personas que no conocía, tal vez eran amigos de su hermano o de Leon. Observó a Steve Burnside conversando energéticamente con Piers Nivans, quien se encontraba a su lado; y junto a él estaba una vieja conocida de Leon, Ashley Graham, la hija de un político de Raccoon city, y a su lado se encontraba una chica rubia y de unos ojos hermosos que tenían una tonalidad grisácea. Esa mujer llamó su atención automáticamente.
Todos los presentes se percataron de la presencia de la pareja y las saludaron cortesmente desde sus asientos.
El joven Nivans miró a Claire con una sonrisa débil y casi triste, Piers bajó la mirada, derrotado al ver a la chica que le robaba el sueño todas las noches de la mano de otro hombre que no era él; y Claire pudo notarlo. Se sintió mal por el chico y por ella misma, porque ambos sabía que en un tiempo ellos dos tuvieron algo que ver, y que ese suceso había quedado tan marcado en sus corazones como un tatuaje en la piel.
Claire decidió dejar de lado ese tema que le causaba sensaciones extrañas dentro de sí para dedicarse a Leon y a la atención que las personas ahí presentes le prestaban a ella y a su pareja.
-¿Y cómo te va en trabajo? -preguntó cortezmente Ashley Graham al rubio de orbes azules.
-No me puedo quejar.
-Eso es porque ni siquiera trabajas -bromeó Luis Sera y todos ahí rieron.
Mientras todos reían y hacían bromas sobre diversas cosas además del "trabajo" bien lagado de Leon, Claire sintió el vibrar de su celular dentro de su bolsa de mano decorada con un montón de lentejuelas brillantes. Tomó su celular y discretamente abrió el mensaje.
DE: Piers Nivans
PARA: Claire Redfield
"Te espero afuera del Gran Espada, tengo algo importante que hablar contigo"
Exploró la mesa en busca de Nivans y se dio cuenta casi al instante de que el lugar que temporalmente le pertenecía a él estaba vacío.
-Leon, voy al baño -susurro a su oído-, ya vuelvo.
-Claro -dijo levantándose de su asiento como todo el aballero que estaba hecho.
Caminó rápidamente hasta encontrarse con Piers Nivans al final de las escaleras que conducían a la entrada de Restaurant. Estaba de pie al lado de un hermoso pedestal hecho de piedra.
-Para serte sincero creí que no vendrías -admitió el castaño.
-Ya estoy aquí.
Sonrió y miró los orbes aguamarina de la chica que amaba tanto como sus fuerzas se lo permitían.
-De todas formas, Piers -habló indiferente y se cruzó de brazos- ¿Qué es lo que quieres?
Llevó sus manos a los bolsillos de su pantalón y sacó una diminuta cajita forrada de terciopelo azul y la puso sobre las pequeñas manos de Claire a modo de respuesta a su pregunta previa.
-Ábrela -ordenó.
La Redfield menor obedeció sin vacilar y se encontró con un anillo de matrimonio frente a sus ojos. Era tan hermoso como el anillo que siempre había soñado tener, un diamante brillante de un tamaño considerable adornaba el centro del anillo, parecía estar enrollado por diversos lazos dorados tan finitos como un cabello.
-Piers… -comenzó a decir pero sus palabras fueron interrumpidas por el de orbes color miel.
-Iba a dártelo -confesó-. El día en que te fuíste. Lo he estado guardando durante cinco años.
-Escucha, Leon es mi pareja y…
-Sí, lo sé -volvió a interrumpirle-. No estoy aquí para rogarte que volvamos porque sé que no lo haremos -metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y decidido comenzó a caminar hacia la entrada del Gran Espada-. Quédatelo. Yo ya no lo necesito.
-Piers -lo llamó y siguió hasta quedar al mismo paso que él.
-Dime.
Sus esperanzas de recuperarla y de que ella dejara a Leon para correr a sus brazos habían desaparecido desde hacía ya bastante tiempo. Pero no podía negar el hecho de que cada vez que pronunciaba su nombre de esa manera la pequeña llama de esperanza que residía dentro de su corazón se encendía ligeramente.
-Lo siento -la pelirroja se acerco a él para depositar un tierno beso en la mejilla lampiña de Nivans y luego se adentró al lujoso restaurant.
Y tan rápido como se encendía esa diminuta llama también se apagaba por las frías palabras de Claire.
-Yo también -susurró para sí.
