Música: Aria - Jupiter

Pareja: Terumi x Todos... TeruAtsu por si acaso. (Afuro Terumi x Fubuki Atsuya)

Advertencias: Malas palabras.

Dedicado a Pau-Chan Espitia con amorch.


Unforgettable Valentine

Dramatic Valentine

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Terumi Afuro. Veinticinco años de edad. Casado con su trabajo y sin muchas ganas de salir en ese día tan rosa. Lo menos que quería era andar por las calles para toparse con corazones en todas partes hasta llegar al punto de sentirse mareado, esa era una de las razones por las cuales prefería estar en casa. La segunda era evitar recordar su miserable destino: soltero para toda la eternidad.

El rubio de ojos rojos se había enamorado un par de veces en el pasado, sin embargo no salió como esperaba. El amor no era tan fácil como lo hacían ver en los cuentos. Los humanos suelen complicarse la vida con ese sentimiento, y se repetía. Lástima que un humano se haya atrevido a soltar semejante barbaridad estando perdidamente embobado gracias a cierto joven de nombre Fubuki Shirou. Al principio solo eran miradas y cuando esas sensaciones se transformaron en cosquilleos estomacales se dio cuenta que era un verdadero idiota. Shirou estaba con Shuuya.

Como era de esperarse no intentó nada, esperó mucho tiempo para olvidarse del sentimiento. Su mejor amigo Hera fue el principal consuelo durante un par de años, no lo llegó a amar pero el clavo terminó sacando al otro clavo. Los clandestinos tampoco hacían mal.

Luego llegó Kishibe Taiga. Un alumno nueve años menor que se ganó toda su confianza siendo él mismo. Su pupilo era extremadamente adorable cuando se lo proponía. Y como si hubiese vendido su alma al demonio, tenía a sus pies a un menor de edad en menos de lo esperado. La relación era muy tranquila entre ambos hasta que el mismo Terumi decidió dejarlo todo. Razón principal: no era buena persona para tal corazón puro. Taiga aún amaba a su maestro.

En resumen, su vida amorosa había sido un drama digno de escribir. Le sorprendió el razonamiento al leer su diario, todo estaba documentado con su puño y letra. Cada momento. Se sintió nostálgico de repente.

Extrañaba los ojos de Shirou.

Las palabras de Hera.

Los besos de Taiga.

—Al carajo. —cerró su libreta de pasta dura.

Entonces el destino volvió a hacerle una jugada muy interesante al entrenador coreano. Había un dicho muy interesante que no encajaba en la situación pero lo recordó fugazmente: Quien busca encuentra.

Lo divertido es que Terumi no fue quien buscó, sino que lo buscaron a él.

— ¿Qué no piensas abrirme, idiota? —se escuchó tras la puerta del departamento.

Afuro se paró de la comodidad de su silla y recargó su espalda en la entrada.

—Por mí quédate afuera. —bromeó. — ¿Qué te trajo a Corea?

—Un puto avión, inteligente. —musitó el contrario.

—Grosero.

—Abre.

Llegó de repente en el transcurso de un melancólico San Valentín, con forma de un hombre rebelde de veinticuatro años vestido de negro y con una bufanda azul rodeando su cuello. Los ojos eran conocidos, la expresión sí era todo lo contrario. Ya lo conocía, ese cabello color melón por sin ningún lado y su linda forma de tocar la puerta le sacaron una sonrisa inmediata.

—Bienvenido a casa, Atsuya.

—N-no es como si viniera a quedarme. —a pesar de sus palabras, las maletas detrás de él terminaron contradiciendo. El sonrojo en sus mejillas fue notable. —Afuro… no vuelvas a huir del país sin despedirte.

Tal vez no era mala idea dejar la amargura a un lado, así como el menor dejó el orgullo para decirle aquellas palabras. Siempre lo había considerado un amor clandestino, no sería mala idea dejarse hacer y deshacer por ese joven. Quizá era la manera que tenía la vida para disculparse por tantas desilusiones.