Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer; este fic está basado en el dorama japonés "Akai ito", la adaptación es mía.

El hilo rojo del destino

El rostro de Bella permanecía alzado, en dirección al cielo; mantenía sus ojos cerrados mientras sentía los copos de nieve aterrizando con delicadeza sobre su piel. Los brazos extendidos, con las palmas bien abiertas, pretendían sostener la mayor cantidad de copos posible, antes de que éstos tocaran el suelo.

Ella disfrutaba el momento de felicidad efímera que le ofrecía un acontecimiento tan común como la nieve en Forks. La misma nieve que la había hecho resbalar incontables veces y aterrizar en el suelo con brusquedad, para después reír descontroladamente. Bella era por naturaleza torpe, así que prefería reírse cada vez que se caía, en lugar de apenarse; el bochorno duraba menos y, en ocasiones, la gente que había observado su caída la acompañaba en las carcajadas.

Habían terminado las vacaciones y con alegría se dirigió a la escuela con su vieja y adorada camioneta roja. Al bajar se había encontrado con la caída grácil de los copos de nieve sobre su cabeza. Se entretuvo varios minutos, así, con los ojos cerrados disfrutando el viento frío, hasta que escuchó que alguien la llamaba

-Bella!, qué estás haciendo, chica loca, está congelando y no entras al edificio- exclamó su amigo de toda la vida, Jacob. Él se acercó y la miró con un gesto burlón. Comenzó a retirarle todos los copos de nieve que se habían quedado atrapados en el largo cabello de Bella- qué clase de conjuro de la suerte raro estás haciendo ahora eh?.

-Ninguno, realmente..bueno, es que pensarás que es una tontería. Si logro atrapar 3 copos de nieve antes de caigan y se deshagan en el suelo, mi deseo se cumplirá- dijo apenada.

-Hmm, y qué deseaste?

-Es un secreto! Si te lo digo no se cumplirá

-Vaya- en ese instante, Jacob empezó a mover sus brazos de forma abrupta intentando agarrar los dichosos tres copos de nieve- Ah! esto es difícil, cómo distingues esas pequeñas cosillas!- Bella lo miraba divertida.

-Qué están haciendo?- gritó Ángela, hermana de Bella, con alegría. Ella había comenzado sus estudios en la Universidad ese mismo día; Jacob, Ángela y Bella habían estudiado juntos casi todo el tiempo; así que ésta era una de las primeras ocasiones en las que se encontrarían separados.

-Hola, Angela..pues ya sabes, esta chica loca con sus amuletos y conjuros- dijo Jacob

-Hmm, ahora lo haces con copos de nieve?- comentó expectante Ángela- qué fue lo que pediste? A mí nunca se me ha cumplido ningún deseo con esas cosas…no sé si realmente funcionen.

-Bueno, para que se te cumplan los deseos, debes tener un corazón tan puro como el de Bella- respondió Jacob.

-Sí, pero tanta pureza es peligrosa. Ah!, por cierto, como ya no estaré con ustedes, tú, Jacob, debes cuidar que ningún muchacho peligroso se acerque a Bella. Ya sabes como son los chicos de tu edad…incluso peor los mayores. Cuida de ella!. En fin, sólo venía a molestarlos un rato y a recoger unos papeles en la dirección. Qué tengan buen día! Deséenme suerte en la Universidad!- exclamó Ángela con gran felicidad. Se fue caminando hacia la dirección. Bella y Jacob la observaron hasta que ella desapareció detrás de las puertas de la preparatoria.

-Vamos! No hay que llegar tarde el primer día.- dijo el joven a su amiga.

-Sí, vamos- contestó Bella con una sonrisa.

El muchacho se encontraba recogiendo la gran cantidad de nieve que cubría el bello prado. En estas épocas, su lugar favorito siempre terminaba recubierto y le era imposible recostarse, a menos de que quiera mojar por completo sus ropas y pescar un resfriado. Una vez que hizo un montón con toda la nieve que pudo recoger, se colocó su mochila y emprendió el corto camino de regreso a su casa. Pasaría rápidamente por ahí para llevarse una bufanda a la escuela. El frío de la mañana ya le había causado un leve malestar en la nariz.

Era temprano, sólo el tío Eleazar se hallaba despierto, tomando café sentado en la mesa del desayunador, mientras leía el periódico.

-Edward, no deberías salir tan descubierto con este frío. Anda, toma algo caliente; sabes que no soy bueno cocinando, me gustaría ofrecerte algo mejor- dijo compungido.

-No te preocupes, ya casi no tengo tiempo. Llegaré tarde. – Edward se apresuró a tomar una bufanda de su closet y justo cuando estaba por salir de casa su tío le llamó.

-Hey, muchacho, toma esto. Piensa en él como un amuleto- Eleazar le dio una barra de chocolate, que Edward no dudó en tomar. Finalmente, el joven se fue a la escuela.

Su tío lo observaba desde lejos con una sonrisa nostálgica. El pobre muchacho aparentaba no necesitar la ayuda de nadie, pero no le haría nada mal recibir un poco del cariño de su madre. Mas los adultos eran incorregibles y el joven había tenido que cargar con ello.

Jacob y Bella se dirigían a sus casilleros. Había un bullicio alegre en la preparatoria esa mañana, a pesar del clima tan extremo.

-Bella!- dijo Alice mientras abrazaba por detrás a su amiga. Alice era una muchacha hiperactiva y alegre. A pesar de su pequeña estatura, parecía contener más vivacidad que un niño de 5 años. Cuando Alice se dio cuenta de que Bella estaba con Jacob, se soltó con reticencia de su amiga y miró al joven tímidamente.

-Bueno, creo que debo irme. Nos vemos, Bella- se despidió Jacob y caminó hacia su salón de clase.

-Oh, Bella, lo siento mucho, no había notado ni siquiera que estabas con él. Interrumpí algo importante- decía sin parar una muy acelerada Alice. Mientras ella se disculpaba tan afanosamente, llegó Jessica gritando alegre.

-Es súper, súper, amor, Bella!. Dime, ha habido algún avance? Anda, cuéntamelo todo. Qué hiciste en vacaciones!- Jessica hablaba y hablaba sin parar.

Contradictoriamente, Bella tenía un carácter mucho más tranquilo. Sus amigas eran efervescentes y alegres, mientras que ella prefería ser callada y meditabunda.

Bella observaba a sus amigas con las mejillas enrojecidas, debido al interrogatorio que le hacían sobre Jacob. Bella no quería hacerse ideas, pero el gusanito de la curiosidad había comenzado a carcomerla.

"Se dice que después de que una persona nace, conocerá aproximadamente a 30, 000 personas antes de su muerte. De esas, trabajará e irá a la escuela con 3,000 Asimismo, de esas 3000, sólo convivirá íntimamente con 300. Entre todos esos encuentros, se dice que el destino tiene concertado a alguien especial únicamente para esta persona, hecha desde antes de su nacimiento. Ese alguien oculto en el destino, está unido a la persona por un hilo rojo atado al dedo meñique. Un hilo invisible para todos. Cuando estos dos individuos se encuentran, el enamoramiento…resulta inevitable."

N/A Aquí está el segundo capítulo de esta linda historia.

Gracias a Tellus por seguir esta historia (es la primerita, qué emoción :DDD) Espero algún comentario o sugerencia ;)

Saludos, Emily :)